LA HISTORIA DEL DOCTOR MONTERO (16.09.2014)

Posted on septiembre 13, 2014

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UNA HISTORIA MERECEDORA DE HABER SIDO AL FIN RECONOCIDA

AL DOCTOR MONTERO

Ignacio Trillo.

Victoria Guerrero Montero, nieta del doctor Montero en el homenaje a su abuelo

Victoria Guerrero Montero, nieta del doctor Montero dando lectura en el homenaje a su abuelo en el Centro de Salud de Jimena (25.07.2014). En primera fila sentado, mirando a la cámara, José María, el hijo varon que vive y es el memor (nacido el 11.08.1933), al igual que sus hernanas mayores que le siguen sentadas a su izquierda: Carmen y María Teresa.

El pasado dos de septiembre de este 2014, recibí un mensaje a través de mi portal de Facebook de una ciudadana algecireña, pero en sus entrañas paisana del mismo gaditano pueblo que me vio nacer, Jimena de la Frontera. No la tenía agregada en esa cuenta internauta ni contaba con el placer de conocerla. Su nombre: Victoria Guerrero Montero.

Se me presentó como nieta del doctor don José Montero Asenjo, jimenato, médico, colega de profesión de mi padre y amigo de mi familia, al margen de ideologías de las que entonces, en plena postguerra bajo el franquismo, no se hablaban por miedo.

Me escribía a colación de su abuelo. Inmediatamente hizo catapultarme al pasado. La imagen del buen hombre la recordaba con nitidez. Quedó latente en mi retina a la vez que con peculiar cariño en ese recuerdo proveniente de mi infancia y adolescencia que transcurrió.

Cartel de la corrida de toros de aquel trágico 17 de agosto 1961

Cartel de la corrida de toros de aquel trágico 17 de agosto 1961

Victoria, como principal motivo de su comunicación, me habló de la altruista labor que como médico desempeñó su abuelo asistiendo a heridos y a contusionados en aquella apocalíptica tarde del 17 de agosto de 1961 en que se hundió la plaza de toros portátil de Jimena, abarrotada de espectadores y con el toro de lidia recién salido al ruedo. Sin embargo, echaba de menos que no hubiera sido reflejada en mis artículos escritos sobre esa tragedia.

Inmediatamente recuperé de mi privilegiada memoria una frase de reconocimiento a esa ingente labor que realizó el doctor Montero en aquella larga y dramática noche y madrugada.

Lo comentó mi padre, también médico, cuando en ese preciso momento no daba abasto para atender igualmente en su clínica a tanto siniestrado por los retorcidos hierros o los restos de maderas del coso taurino derruido. Por entonces, no existían centros de salud. Los propios accidentados de aquella caótica tarde noche se repartían para su atención médica, por colapso de heridos en la consulta de mi padre que estaba en la parte baja del pueblo, según fuera su gravedad o pudieran o no subir a pie o ayudados la cuesta de la calle Sevilla, bien para ser atendidos igualmente en la consulta del doctor Marina, a mitad de la pendiente, o más arriba en la del doctor Montero, ya que los escasos coches existentes eran insuficientes para el traslado de tantos siniestrados, con el balance final de cinco fallecidos y un millar de heridos.

Centenares de heridos y seis muertos en el hundimiento de la plaza de toros

Más de ochocientos heridos y cinco muertos fue el balance trágico en el hundimiento de la plaza de toros

Esta no diferenciación entre el ingente trabajo que tenían que llevar a cabo los tres médicos existentes en ese momento en el pueblo de Jimena, se realizaba a pesar de que el doctor Montero en el ejercicio de sus libertades fundamentales había sido duramente represaliado por el Régimen de Franco con la separación de por vida de su condición de médico de la sanidad pública. Sólo podía atender a pacientes como actividad privada en una época donde los bolsillos de los jimenatos estaban en su mayoría tan vacíos como sus estómagos.

No fue el caso de aquella noche, porque la situación lo requería y porque el doctor Montero asimismo era una persona muy humana y solidaria.

En su modesta consulta y de igual manera que los demás profesionales de la sanidad pública jimenata, don José Montero se puso la bata blanca de faena para atender generosamente y de forma altruista a cuantos le llegaran contusionados, sangrados, fracturados o mutilados por los hierros o las maderas del anillo del redondel taurino hecho chatarras.

No dudé en prometerle a Victoria que esa memoria rescatada por ella, inmediatamente lo trasladaría, en justo reconocimiento a su abuelo, a mi blog en el reportaje que escribí sobre aquel trágico suceso. Y así quedó reflejado al día siguiente: LA TRAGEDIA TAURINA DE JIMENA EN 1961 https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/08/17/29346/

La placa en el Centro de Salud en homenaje al doctor Montero

La placa en el Centro de Salud en homenaje al doctor Montero

A continuación, establecida la mutua confianza en esta primera vez que nos comunicábamos, me envió varios enlaces que recogían el homenaje de reconocimiento a su abuelo que apenas un mes antes, 25.07.2014, había realizado el Pleno del ayuntamiento de Jimena con la unanimidad de todos los partidos políticos representados (PP, PSOE e IU) y secundado por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) de la Junta de Andalucía.

La iniciativa había partido del cronista oficial, el entrañable farmacéutico y amigo, José Regueira Ramos, que tan meritoria labor lleva a cabo para la puesta en valor de la historia de Jimena, la de sus hijos más sobresalientes, así como apoyando a las nuevas promesas locales de futuro para que no vean frustradas su desarrollo.

Esa consideración tan especial que hubo ese día con ese acto de homenaje hacia el doctor Montero quedó reflejada, tal como pude visionar, en una placa, que fue descubierta por su hijo, José María, junto a sus hermanas, María Teresa y Carmen, y que figura colocada en el nuevo Centro de Salud que fue inaugurado por las autoridades políticas y sanitarias, acompañados de paisanos y de la amplia familia Montero que abarca ya cuatro generaciones.

Asistentes amigos y familiares del doctor Montero

Asistentes al acto de homenaje del doctor Montero, compuestos de amigos y familiares.

Le manifesté a Victoria mi pesar por no haberlo llegado a saber y haberme personado en el acto, no por cumplido sino por merecimiento del doctor Montero. Asimismo, en homenaje a quienes como él, en tan difícil trance de la historia de nuestro país, hubieron de padecer en sus vidas sacrificios tan extremos, solidarizándome aunque fuera `post mortem´ con su abuelo.

Más, cuando en su persona, más allá de la consideración especial como injusto represaliado político de la sanidad pública, se hacía un explícito reconocimiento, extensible a los demás facultativos rurales, que, como mi padre, ejercieron la medicina en tan oscura y penuria época, practicando la profesión en horario de veinticuatro horas y teniendo las consultas en los propios domicilios familiares a las que personalmente habían dotados, a costa de sus propias economías particulares, de material adecuado para atender a todo tipo de enfermedades y a las urgencias que acontecieran.

De igual forma, le comenté que tuve que abandonar el pueblo de Jimena en el año 1966 porque no había Instituto, para proseguir estudiando el bachiller superior en Madrid donde vivía la familia de mi padre, y ya no volví a ver a su abuelo, porque, un año antes, por su mal estado de salud física y económica, se había tenido que marchar a San Roque con su hija María Teresa y ya no regresó más, falleciendo en agosto de 1967, según tuve conocimiento.

El doctor Montero con su esposa, doña Magdalena, su madre y cinco de los seis hijos que tuvo.

El doctor don José Montero Asenjo, con su esposa, doña Magdalena Núñez Gallardo, su suegra, doña María Gallardo, y cinco de los seis hijos que tuvo, El menor José María aún no había nacido, estaba en el momento de la foto en el embarazo de la madre. Enero 1933

Victoria, que tan amablemente me había remitido los enlaces de la grabación del acto de homenaje a su abuelo, a pesar de la avanzada hora de madrugada que era y que a la mañana siguiente trabajaba, hizo que no pudiera irme a la cama sin visionarlos, así como, reteniendo el sueño que me alertaba, cuando finalicé de contemplarlos, tuve fuerzas para mandarle un correo al cronista oficial de Jimena, José Regueira, gallego de origen y jimenato de honor adoptivo, rogándole que me enviara su intervención escrita sobre la semblanza biográfica del doctor Montero, de cara a que apareciera en este Blog como contribución, asimismo, a ese héroe en silencioque tanto sufrió por ser leal a sus convicciones ideológicas y al orden constitucional de aquel aciago periodo.

Pocas horas después, amablemente, Regueira me lo hizo llegar.

El doctor Montero que recuuerdo, junto a sus hijas, Carmen (a la izquierda de la foto) y María Teresa.

El doctor Montero que recuerdo, junto a sus hijas, Carmen (a la izquierda de la foto) y María Teresa.

Al día siguiente, recuperé de mi ordenador lo que sobre el doctor Montero escribí, como notas locales que desarrollé, atendiendo a la petición que me hizo el alcalde, Ildefonso Gómez Ramos, tras el Pregón de feria con el que me dirigí al pueblo de Jimena en el mes de agosto del año 2003. De igual manera, lo incluyo en este homenaje como recuerdo hacia él, tal como en nuestro primer contacto se lo adelanté a su nieta Victoria, y que lo llevaría a cabo en el primer hueco que tuviera entre mis múltiples ocupaciones.

En la misma dirección, esa misma tarde estuvimos ampliamente charlando por teléfono ya con el efecto y la complicidad de quienes se conocen de toda la vida. Quedó en enviarme las escasas fotos de que dispone sobre la vida de su abuelo que son las que, junto a otras que he podido recopilar, acompañan e ilustran este relato.

LA SEMBLANZA DEL DOCTOR DON JOSÉ MONTERIO ASENJO

José Regueira Ramos. Cronista Oficial de Jimena

José Regueira, cronista oficial de Jimena, en el acto de homenaje al doctor Montero

José Regueira, cronista oficial de Jimena, en el acto de homenaje al doctor Montero

Conocí a don José Montero en los últimos años de su vida, que coincidieron con mis primeros años en Jimena, al inicio de los años sesenta. Mi condición de vecino de Jimena data desde noviembre de 1960 procedente de La Coruña, lo que me permitió coincidir algunos años con él como convecino.

Aunque habían transcurrido ya más de veinte años de la finalización de la guerra civil, todavía imperaba un claro temor a hablar de hechos derivados de esa tragedia que afectó a numerosas familias jimenatas. Menos todavía se hablaba de las represalias subsiguientes padecidas por personas no adictas al Régimen. Faltaban quince años todavía para la desaparición de Franco y el miedo era la tónica general.

En la primera casa, tras antes de llegar al edificio del ayuntamiento.

En la primera casa, tras antes de llegar al edificio del ayuntamiento, vivía y tenía su consulta.

Tengo muy presente la imagen de aquel anciano y achacoso médico apartado del ejercicio profesional en cargos oficiales. Vivía dos o tres casas por encima del Ayuntamiento (1), enfrente de la actual Biblioteca o de la Casa de la Cultura. Curiosamente, el lugar ocupado antiguamente por el Pósito que en esos años era cuartel de la guardia civil y durante y después de la guerra era el lugar de represión, según informa José Algarbani en su libro “Y Jimena se vistió de negro”. Venía los días en que sus achaques no eran muy agudos a tomar café al bar de Gabriel “El Bollito”, situado enfrente de la Pensión “La Perla”, actualmente propiedad del Ayuntamiento, donde se hizo recientemente una restauración aún no terminada.

La custa de calle Sevilla que tanto le costaba subir al doctor Montero, con descansos agarrándose a las rejas.

La empinada calle Sevilla que ya con avanzada edad tanto le costaba subir al doctor Montero, con descansos agarrándose a las rejas de las casas.

La imagen que conservo es la de un anciano de muy buen carácter, frecuentemente risueño, para el que el desplazamiento de poco más de cien metros entre su casa y el bar se convertía en un trayecto difícil de recorrer, especialmente en su regreso por la calle Sevilla (entonces de José Antonio Primo de Rivera). La empinada cuesta se convertía en un ejercicio de alpinismo que sólo podía superar apoyándose en las paredes de las casas, sujetándose a las rejas y haciendo descansos cada quince o veinte metros. Jamás le oí ninguna queja ni alusión a su historial represivo.

Todos los testimonios de vecinos de Jimena cuyo recuerdo conservo de entonces y los que he podido consultar ahora con motivo de este expediente, coinciden en un elogio unánime hacia sus valores humanos y su altruismo profesional al servicio de los más débiles y necesitados, a los que prestaba servicios médicos de forma totalmente desinteresada.

El Dr Montero con 24 años (1916), médico por la Facultad de Medicina de Cádiz

El Dr. Montero con 24 años (1916), médico por la Facultad de Medicina de Cádiz (6)

Datos biográficos:

Don José Montero Asenjo nació en Jimena de la Frontera e 23 de junio de 1892, vivió prácticamente toda su vida (excepto los años que estuvo en la cárcel) en su pueblo y murió en 1967 en San Roque, en la casa de su hija María Teresa, que lo había acogido dado su precario estado de salud y su ruina económica.

Era miembro de la Logia Masónica Fénix de los Valles nº 66 de Jimena, desde su fundación al principio de los años treinta del siglo pasado, en la que desempeñó diferentes cargos, entre ellos el de tesorero y posteriormente el de Venerable Maestro.

Don José Montero Asenjo y su esposa doña Núñez Gallardo

Don José Montero Asenjo casada con doña Magdalena Núñez Gallardo en 1919

Ejercía como médico con plaza como “Médico de Asistencia Domiciliaria”, que era la denominación de la época para la modalidad de ejercicio de casa en casa, ya que no existía ningún local sanitario adecuado para el ejercicio de la medicina. Su primera plaza fue en el pueblo jiennense de Los Villares, en cuyo Colegio Médico estuvo colegiado desde 1917 a 1921. Fue la única localidad donde ejerció fuera de Jimena.

Ángeles Vázquez, otra ilustre jimenata que sufriera la barbarie golpista del 18 de julio, autora de

Ángeles Vázquez, otra ilustre jimenata, hija predilecta, que sufriera la barbarie golpista del 18 de julio, autora, en su trilogía sobre los efectos de la guerra civil en el pueblo, del libro: “Un boomerang en Jimena de la Frontera”

Debido a esta militancia masónica, cuando las tropas sublevadas iban a entrar en Jimena en septiembre de 1936, huyó de la población a través de los montes hacia zona republicana a la vecina provincia de Málaga, siendo capturado en febrero de 1937 por las tropas franquistas. Fue la célebre huida (léase “juía”) de la que fue protagonista la inmensa mayoría de la población de Jimena y que tan magnífica y dramáticamente relató la jimenata Ángeles Vázquez en su trascendente libro, “Un boomerang en Jimena de la Frontera”. En este éxodo le acompañaron su esposa y sus seis hijos. Su casa fue saqueada, llevándose todos los enseres domiciliarios, libros de medicina e instrumental médico.

En la zona republicana, inmediatamente ofreció sus servicios de médico, tan necesarios para atender a la población residente y a la ingente cantidad de población huida de las poblaciones a donde iba llegando el ejército sublevado.

La justicia militar, justicia de terror según lo publicado sobre aquel año

La justicia militar, justicia de terror, según lo publicado sobre por Gutiérrez Molina sobre aquellos siniestros años en la provincia de Cádiz.

Al ser detenido se le encarceló y se le hizo Consejo de Guerra en Algeciras el día 26 de abril de 1937. Se le aplicó el Código de Justicia Militar y se le condenó por “masón” (todavía no se había constituido el Tribunal de Represión de la Masonería), por “auxilio a la rebelión” y por haber sido militarizado en zona roja como alférez médico. Por todas estas acusaciones se le pidió la última pena, siendo condenado finalmente a veinte años de prisión.

Comedor de la cárcel del Puerto de Santa María con presos republicanos.

Comedor de la cárcel del Puerto de Santa María lleno de presos republicanos.

Permaneció en la Prisión del Puerto de Santa María desde febrero de 1937 hasta agosto de 1940, en cuya fecha se le liberó por reducción de la pena. A su llegada a la Estación de Jimena el pueblo en masa le hizo un entusiástico recibimiento, dada la popularidad y el afecto que el pueblo profesaba a don José.

Pr´plogo a la Ley contra la masonería de 1941

Prólogo de la Ley sobre represión de la masonería y el comunismo de 1940 que le fue aplicado con carácter retroactivo al doctor Montero.

Al constituirse el Tribunal para la Represión de la Masonería es llamado a Madrid. Tanto él como la familia pensaban que se trataba de un mero trámite burocrático pero nuevamente se le procesa en 1942 y es condenado a otros doce años y un día de prisión, conmutada luego por seis años (2)

Fue encarcelado primero en la Prisión del Dueso (Santoña, Cantabria) y luego en la de Burgos. José Algarbani, en su obra “Y Jimena se vistió de negro” dice también que estuvo en la colonia penitenciaria de la Isla de San Simón, en la isla de Vigo, pero en la documentación que se me entregó no figura la estancia en esta prisión, de la que tampoco tienen noticia sus familiares.

Sanitarios republicanos en la cárcel de Burgos

Sanitarios republicanos represaliados por los felones sublevados en la cárcel de Burgos junto al doctor Montero. Abril 1944. (7) 

Además fue inhabilitado a perpetuidad para el ejercicio profesional y para ocupar cualquier cargo del Estado e incluso puestos de responsabilidad privados.

El doctor Montero era médico titular de Asistencia Pública Domiciliaria de Jimena en esos años treinta republicano y médico de la Sociedad Industrial y Agrícola del Guadiaro (SIAG).

El doctor Montero durante la IIº República

El doctor Montero durante la IIº República

Al ser encarcelado se le condenó también a la retirada de su plaza de médico titular a perpetuidad, así como la de ocupar cualquier cargo oficial. Los encargados de la SIAG y concretamente su administrador en San Martín del Tesorillo D. Raimundo Burguera tuvieron un correcto comportamiento con él al ser condenado. Le dieron un empleo de cobrador en Tesorillo a su hijo mayor, Paco, al que luego emplearon en Madrid en la empresa Uralita, propiedad de la Casa March (4). Años más tarde, emplearon igualmente a su hijo menor, José María. Cuando salió de la cárcel le concedieron al propio don José Montero la representación de esta empresa para Jimena.

Doña Magdalena, con cinco de los seis hijos, ya el mayor, Paco, trabajaba en Tesorillo en la casa March, mientras el doctor Montero estaba encarcelado.

Doña Magdalena Nuñez Gallardo, con cinco de los seis hijos que tuvo con don José Montero (de izda a dcha: María Teresa, Carmen, José María, Juan y Victoria. El mayor, Paco, ausente en la foto es porque ya trabajaba en El Tesorillo en las propiedades del banquero don Juan March Ordinas. Mientras, el doctor Montero estaba ya encarcelado. 10.08.1939.

Al menos en los últimos años tenía la asistencia médica de alguna Mutua o empresa de Seguros como La Unión y el Fénix, pero estas compensaciones eran insuficientes para atender sus necesidades familiares.

En los años de su encarcelamiento en los que sus hijos eran menores la familia pasó muchas penalidades, que continuaron posteriormente. Ello le obligó en los últimos años de su vida a solicitar del Colegio Médico alguna ayuda para poder sobrevivir, lo que se le concedió ya a última hora, cuando estaba recogido en casa de alguna de sus hijas (5)

san pablo maquis hijo de montero guardias civiles

LA GRAN CONTRADICCIÓN DE UNA DRAMÁTICA HISTORIA. Año 1940. En la foto, Paco Montero Núñez, el segundo por la izquierda (hijo mayor del matrimonio del pueblo de Jimena entre el médico don José Montero Asenjo y Magdalena Núñez Gallardo) con un compañero pagador, en su tarea de abonar periódicamente, con dinero líquido que portan en los serones de telas que cuelgan de los lomos del ganado que montan, las nóminas a los trabajadores de las distintas fincas de las colonias agrícolas de San Pablo de Buceite y San Martín del Tesorillo, cuya titularidad venía siendo desde el otoño de 1930 de Juan March Ordinas, antes de los Larios, siendo escotados por la Guardia Civil ante el temor de que “los hombres de la sierra” los asaltaran para robarles el dinero. Mientras, el médico don José Montero Asenjo, padre del citado Paco, que había sido contratado antes del inicio del Golpe de Estado de 1936 por el propio Juan March Ordines, como médico de los trabajadores de estas colonias, se hallaba en la cárcel de Burgos, condenado por un tribunal militar franquista, al ser calificado de masón y republicano. A la vez, Juan March Ordines, había sido quién contribuyó económicamente de forma decisoria al Golpe de Estado del 18 de julio contra el ordenamiento constitucional republicano. Asimismo, fue quién mediante su administrador en Tesorillo, Raimundo Burguera Verdera, contrató al joven Paco Montero Nuñez en tareas administrativas en sus propiedades agrícolas ante la penuria que sufría la familia Montero por no tener los ingresos correspondientes al ejercicio profesional de su padre que se encontraba en prisión. De igual forma, las influencias de Juan March Ordines llevaron a salvar al doctor Montero de que se ejecutase la pena de muerte a que fue condenado, siendo sustituida por largos años de cárcel. Fuente: “Memoria de una cigüeña” de María Teresa Montero Núñez, hija del doctor Montero.

(1) Calle José Antonio Primo de Rivera, 89, hoy calle Sevilla como se denominó de toda la vida, también popularmente se conservó tal denominación bajo el franquismo, que da nombre a la Cañada histórica que iba desde el campo de Gibraltar a la capital hispalense. Las calles rebautizadas por el franquismo, a pesar de la larga Era en que se mantuvo, cuatro décadas, no hizo mella entre los jimenatos. Así, la calle Padre Marcelino y Justo, siempre se llamó calle Romo, o la de Héroes de Toledo, Fuente Nueva. Restablecida la democracia volvieron oficialmente a sus tradicionales nominaciones.

(2) Unidas las dos condenas y sumados los tiempos conmutados, don José Montero salió definitivamente de la cárcel en el año 1948 tras pedir, su hijo mayor Paco, benevolencia argumentando la frágil situación económica en que se encontraba la familia y el hecho de haber vuelto a ser condenado su padre cuando ya lo habían juzgado y penado la condena con cárcel.

(3) Durante la IIª República don José Montero, según recoge José Algarbani, el historiador de la guerra civil en el Campo de Gibraltar, fue miembro destacado de Unión Republicana. Este partido aglutinó a la gran masa de la burguesía avanzada socialmente, sus militantes eran especialmente intelectuales y profesionales y sus votantes procedían sobre todo de las clases medias progresistas. Tuvo como líder nacional a Diego Martínez Barrios y en las elecciones generales de febrero de 1936 sería cuarta fuerza política con 38 diputados, e, integrado en el Frente Popular que ganó esos comicios, entraría a formar parte del Gobierno hasta 1939,  final de la guerra con victoria de los golpistas.

Nota en la prensa del periódico “Área del Campo de Gibraltar” en su edición del domingo 27 de agosto informando del fallecimiento del doctor Montero ocurrido el lunes día 21.

Nota en la prensa del periódico “Área del Campo de Gibraltar” en su edición del domingo 27 de agosto informando del fallecimiento del doctor Montero que había ocurrido el lunes día 21 de ese mes.

(4) El titular de la Casa March, dueño en los años cuarenta de gran parte de El Tesorillo y San Pablo de Buceite, las dos grandes pedanías de Jimena de la Frontera, como tierras recorridas por el río Guadiaro, fue Juan March Ordians, conocido banquero y hombre de negocios mallorquín, asimismo conspirador permanente contra la IIª República y financiador de la sublevación franquista contra el ordenamiento constitucional.

(5) Don José Montero, ya muy enfermo, murió en agosto de 1967 en San Roque en la casa de su hija María Teresa donde pasó sus últimos dos años. Las secuelas de la estancia tiempo atrás en las ímprobas cárceles franquistas le pasaron factura en su pleura pulmonar.

(6). El doctor Montero hizo la carrera sanitaria en Cádiz que solo tenía como centro universitario superior una prestigiada Facultad de Medicina, fundada oficialmente en 1845 aunque con enormes antecedentes anteriores como enseñanza de la salud por la Armada con especializaciones como Medicina y Cirugía que fue la primera en Europa, y que, cubriendo los Distritos de Cádiz, Huelva, Málaga, Islas Canarias y Posesiones del Norte de África, era dependiente entonces de la Universidad de Sevilla. La Universidad de Cádiz no se creó hasta 1979.

En el patio del penal de Burgos el doctor Montero matando el tiempo con otros presidiarios políticos a cuenta de la nevada habida.

En el patio del penal de Burgos el doctor Montero matando el tiempo y el frio con otros presidiarios políticos a cuenta de la nevada habida ya helada. Año 1943

(7) Identificación del personal sanitario encarcelado en la prisión de Burgos que figura en la foto y que me ha sido facilitado por la propia Victoria Guerrero Montero ya que su tía, la hija del doctor Montero, María Teresa, ha tenido a buen recaudo durante las décadas que duró el franquismo hasta que ya en democracia lo publicó en su libro “Memorias de una cigüeña” de edición limitada. Atención historiadores de ese periodo y familiares de víctimas y represaliados por la sublevación sediciosa, pues es la primera vez que aparece publicado en la Red. De izquierda a derecha (de pie): Juan Rubio Ortiz (de Almería); José L. Serrano Salagavar, médico (Cádiz); Filomeno García Ballester, médico (Cartagena, Murcia); Antonio Luffo Ramos, médico (Cádiz); José Montero Asenjo, médico (Jimena de la Frontera, Cádiz), le he situado una flecha como indicación; Antonio Santos Gutíerrez, médico (Málaga); Juan Montaña, médico (Vigo, Pontevedra); Francisco Chacón Martorell, practicante (La Línea de la Concepción, Cádiz); Eduardo Alfonso, médico (Madrid); Julio López Orozco, médico (Elche, Alicante); Francisco Florido del Río, veterinario (Málaga); Jose Porra Bandera, farmacéutico (Málaga); Eliseo García Ramírez, médico (Madrid); Julio Serrano del Reino, médico (Cádiz) Sentados, de izquierda a derecha: Enrique Ordaz Caballero, practicante (Cádiz); Gustavo Cevallos, médico oficial (Burgos); Manuel Torres Oliveros, médico (Madrid); Antonio Pérez Caravante, practicante (La Línea de la Concepción, Cádiz) y Eugenio de Grau, médico (Barcelona)

LOS RECUERDOS DE MI INFANCIA HACIA EL DOCTOR MONTERO

Ignacio Trillo.

Placa del pregón de la feria de agosto 2003 que dí. Se recoge la calle San Sebastián donde nací y viví, en el número 10.

Placa del pregón de la feria de agosto 2003 que di. Se recoge la calle San Sebastián donde nací y viví, en el número 10.

A continuación transcribo unas anécdotas que hice referencia, tal como ya introduje, sobre el doctor Montero en el Pregón que llevé a cabo en la inauguración de la feria de agosto del 2003, gracias a la invitación que me cursó el alcalde de Jimena, Ildefonso Gómez, así como el gran amigo de siempre, edil y primer teniente de alcalde, Andrés Beffa, y que remato en su último apartado sobre lo que ahora ya conozco de su meritoria biografía.

Colegio de médicos Cádiz 1950

Inventario de médicos en 1950 en la provincia de Cádiz

Inventario municipalizado de los médicos que en 1950 ejercían en la provincia de Cádiz. El caso que nos ocupa de Jimena de la Frontera.

Por aquel entonces, en época de tantas penurias, me refiero a la década de los cincuenta y principios de los sesenta del pasado siglo XX, aparte de La Estación donde ejercía el doctor don Manuel Lastres Abente, la población del casco urbano de Jimena, junto a las diversas huertas y cortijos, tenía la suerte de contar con tres médicos. Dos ejercían la sanidad pública, mi padre, Juan Trillo Trillo, y el doctor don Juan Marina, cuyo segundo apellido, Bocanegra, nos hacía mucha gracia a los niños de mi edad, quizás por asociarlo a algún personaje cómico de películas de matiné.

Explicación sobre los masones

Explicación de quienes son, según los masones

El tercero, el doctor Montero, estaba condenado a ejercer la medicina sólo en el ámbito privado por ser desafecto al Régimen franquista; se murmuraba que durante la II República había sido masón. Esta expresión sonaba como muy mal, porque el Dictador, apenas que articulaba su simple y `patriótico´ discurso, la primera palabra de descalificación, de la larga lista de enemigos de España, que le salía de su siniestra alma, era la de masón, para a continuación seguir condenando a las tinieblas o al paredón con las de judío y comunista.

El ambiente, ya bajo el franquismo, de persecución contra los masones

El ambiente, ya bajo el franquismo, de persecución contra los masones

Después, ya de mayor, supe que optar por la condición de masón no era acabar como una persona satánica sino, por el contrario, humanista, con una concepción laica de la vida, sin apego a las supersticiones derivadas de los dogmas de fe religiosos, optando en todo momento por un compromiso de comportamiento ético y fraternal entre los seres humanos con apuesta siempre decidida por el respeto a los derechos humanos.

Importantes personajes intelectuales y del mundo de la cultura, por ser hijos de la Ilustración y contra la intolerancia, lo fueron en aquel periodo tan agitado de nuestra historia, tales como: Álvaro de Albornoz, Ángel Galarza, Ángel Ossorio y Gallardo, Augusto Barcia, Miguel Maura, Eduardo Ortega y Gasset, Jiménez de Asúa, José Bergamín, José Prat, Manuel Azaña, Manuel de Irujo, Niceto Alcalá-Zamora, Pedro Rico, Victoria Kent, .. incluso el general Aranda, sublevado en Oviedo a favor de Franco.  También fueron masones los más grandes fabricantes de coches: Henry Ford, los Chrysler y Andrés Citröen. Es más, igualmente figuran los libertadores americanos, como el cubano José Martí, los estadounidenses George Washington y Benjamin Franklin, el venezolano Simón Bolivar, el mexicano Benito Juárez, el cubano José Martí…, como asimismo: Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln, Franklin D. Roosevelt, Winston Churchill, al igual que se podía hablar de grandes filósofos, artistas y escritores. Incluso, el hermano de Franco, Ramón, insigne aviador y militar fue masón y republicano convencido.

RAMON_FRANCO AÑO 1926

Ramón, la antítesis de Francisco Franco su hermano. militar y héroe mundial con el vuelo Plus Ultra al ser el primer aviador que atravesó el Atlántico. Fue republicano y masón. Año 1926.

De investigaciones posteriores en España se ha sabido que el odio que Franco profesó contra la masonería estaba basado en que le fue denegada su solicitud de ingreso en dos ocasiones. Primero, en la década de los años veinte del siglo XX, cuando lo intentó en Larache siendo teniente coronel, y en 1932, ya bajo la IIª República, en Madrid siendo general. Su negativa teórica a recibir ascensos en su carrera militar por méritos de guerra y luego hacer todo lo contrario aceptándolos encantado no fue considerado ético.

Pero, retornando a mi época, lo único cierto que recordaba de aquella infancia, es que el doctor Montero me caía muy bien y era muy bueno. Además, muy generoso conmigo; en cada circunstancia que me veía, me llamaba y me regalaba un caramelo de los que siempre llevaba en su bolsillo.

Los sanitarios, exceptuando a los farmacuéutiicos, de Jimena, compañeros del doctor Monterode aquella época con sus esposas. De derecha a izquierda: María Romero, José Malagón (practicante), Isidoro Sánchez (veterinario), Conchita Sánchez, Isabel Huertas y Juan Ignacio Trillo (médico) Lo completan Juan Marina, médico y Miguel Cuenca, practicante.

Sanitarios de Jimena, compañeros del doctor Montero de aquella época con sus esposas. De derecha a izquierda: María Romero Gómez y José Malagón Galeote (practicante), Isidoro Sánchez Vega (veterinario), y Conchita Vázquez Vega, Isabel Huertas García y Juan Ignacio Trillo Trillo (médico), mis progenitores Lo completan, ausentes en la foto, Juan Marina Bocanegra, médico, Miguel Cuenca Avilés, practicante, y Antonio Ojeda Moreno, dentista y practicante en San Pablo de Buceite. También los farmacéuticos, Antonio Mata Gómez, que lo sustituyó José Regueira Ramos, y el otro farmacéutico, enfrente de donde vivió el doctor Montero, José Sánchez de Medina y Ayala.

Una tarde, tendría unos cuatro años, encontrándose sentado en la terraza del bar de Ernesto Cuenca Cobalea, por entonces ubicado en El Paseo del pueblo cercano a la plaza de la Constitución, los suegros del veterinario del pueblo, don Isidoro Sánchez, que estaban de vacaciones procedente de su lugar de residencia, el Larache magrebí, por entonces formando parte del colonial Protectorado español, me reclamaron para darme unas chucherías de regalo, a lo que acudí diligentemente. De regreso al Paseo, todo contento y corriendo, tropecé y me di un buen guarrazo; los caramelos quedaron esparcidos por el suelo y mi ceja izquierda infortunadamente fue a dar contra el pequeño bordillo de lozas de piedras que daba acceso a la explanada, separando el Paseo de la Plaza. Un reguero de sangre alarmó a los primeros asustados que me socorrieron. Rápidamente me trasladaron a la clínica de mi padre. Al encontrarse mi progenitor ausente, solicitaron la inmediata comparecencia de otro médico. Localizado de inmediato el doctor Montero, procedió a realizarme allí mismo la cura adecuada. Me cogió varios puntos de sutura para cegar la brecha abierta. Antes me había limpiado y desinfectado la herida. Lo realizó, cogiendo de la vitrina de mi padre un botecito de polvos de “Azol”.

A la misma edad, aquí subido en el triciclo, a escasos metros de donde medí el porrazo, en el escalón que había entre El Paseo y la plaza, hoy de la Constitución

A la misma edad, aquí subido en el triciclo, a escasos metros de donde me di el porrazo, en el escalón de piedra que se ve y que había entre El Paseo y la plaza, hoy de la Constitución

Cuando dos días después mi padre procedió a abrir el esparadrapo con la gasa para analizar la evolución de la lesión y proceder a su limpieza, se encontró con una ingrata sorpresa. La zona siniestrada ofrecía un feísimo aspecto. La raja continuaba abierta a pesar de los puntos y la piel aparecía como quemada. Indagada la causa de lo acontecido, la aclaración se halló en el interior del propio envase del desinfectante “Azol”; se encontraba a tope pero de otros polvos, de bicarbonato de sosa para el estómago de la marca, “Torres Muñoz”.

El tarro de polvos de Azol que motivó el equívoco.

El tarro de polvos de “Azol” que motivó el equívoco.

Las dolencias estomacales de mi padre, producto de sus malas y tardías digestiones, las paliaba con ese alivio.

Para que nunca le faltara, las tenía distribuidas por varios sitios de la casa que él solo controlaba en tarros de envases farmacéuticos ya vacíos de medicamentos. Así pues, cogido a tiempo y realizada una limpieza a fondo de la referida lesión, no tendría mayores consecuencias que me pudieran aquejar al globo ocular. No obstante, me quedaría marcada la huella de una larga y ancha cicatriz que, como continuidad de la ceja, me sigue acompañando como monumento a la caótica dispersión de la adicción de mi padre al milagroso polvo; a él le gustaba calificarlo así, por su efecto inmediato sobre la acumulación de gases que le mortificaba asiduamente el estómago ante la hernia de hiato que padecía y que fatalmente también heredé y me sigue acompañando, ya sin combatirlo con bicarbonato de sosa pero sí a base de “Almax” y “Omeprazol”.

La bella casa de don Juan Marina donde vivía y tenía su consulta médica en calle Sevilla

La bella casa de don Juan Marina Bocanegra donde vivía y tenía su consulta médica en calle Sevilla. Foto de Fernando Gómez en blanco y negro.

El otro médico, don Juan Marina Bocanegra, aun estando en el sector público no se destacaba tampoco por sus elogios al Régimen de Franco, ni porque tan siquiera llegara a pisar una iglesia. De él se decía, en los medios oficiales, también en tono peyorativo, que era un liberal.

A mí todo esto me desentonaba, me chirriaba, no me cuadraba con los esquemas teóricos que me intentaban inculcar. Un lío qué ideologías eran las buenas y cuales las malas. Ambos doctores eran de muy alto nivel cultural, amables, simpáticos, ocurrentes, exquisitamente educados y afables, amigos de mi familia; si bien, tal vez para anular discrepancias improbables de conciliar, desechaban hablar de política o de temas religiosos entre ellos.

Guillermo Ortega, el otro médico que ejerció en Jimena bajo la IIª República y que al igual que el doctor Montoro, sufriría la persecución del franquismo

Guillermo Ortega Durán, el otro médico que ejerció en Jimena bajo la IIª República y que al igual que el doctor Montero, sufriría la persecución del franquismo.

La realidad es que los profesionales de la sanidad que lo habían ejercido en el pasado en el pueblo de Jimena –década de los años treinta- se habían caracterizados por sus simpatías y militancia en el republicanismo. Por ello pagaron un altísimo precio. Así, el farmacéutico Diego Pitalua, que junto a sus dos hijos, José y Francisco, fueron fusilados por los sublevados.

Asimismo, a destacar, el médico don Guillermo Ortega Durán, originario del malagueño, aunque cercano a Jimena, municipio de Montejaque, donde nació en 1889, por tanto tres años menor que el doctor Montero, su íntimo amigo, colega de profesión y ambos profesos republicanos. Hizo la carrera de medicina, también en Cádiz.

En Jimena, ejerció el doctor Ortega su primer destino como médico. Además fue convencido masón y presidió a nivel local el partido político, Unión Republicana, que liderara a nivel nacional, Diego Martínez Barrio, que asimismo era jefe de la logia masónica en España.

Tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones generales celebradas el 16 de febrero de 1936, cesó en Jimena una Comisión Gestora que llevaba los asuntos del Ayuntamiento cuyo equipo de Gobierno municipal había dimitido en noviembre de 1935. Fue sustituida por otra Comisión Gestora presidida por Cristóbal Vera Sarabia y donde el médico, Guillermo Ortega Durán, era el vicepresidente. Con el levantamiento golpista en julio de 1936, quedó cesado este órgano local. Una vez consolidada la ocupación militar, Octubre de 1936, los sediciosos nombraron otra Comisión Gestora, que ya presidió, Diego Meléndez Ramos.

En septiembre de 1936, cuando los sediciosos precisamente ya estaban tomando Jimena y se escuchaban y sentían sus disparos y cañonazos, el doctor Ortega huyó de Jimena a caballo junto al doctor Montero y ambas familias, monte a través, primero con destino a Casares y luego a Estepona y Málaga.

En el caso del doctor Montero, caída Málaga en poder franquista en febrero de 1937, al retornar voluntariamente a Jimena, puesto que consideraba que no había cometido delito alguno, fue detenido en Estepona, siendo juzgado en Algeciras donde sería condenado a la pena de muerte y luego sustituida por 20 años de reclusión, pasando a la cárcel del Puerto de Santa María. Posteriormente se le quedó reducida en años.

En cuanto al doctor Ortega, no fiándose de los golpistas, siguió huyendo de Málaga a Almería, hasta llegar a Alicante, en tanto barcos de la Alemanía de Hitler a favor de Franco bombardeaban desde el mar el litoral terrestre y por el aire lo hacían aviones pilotados por militares sublevados, a pesar de que eran decenas de miles las personas civiles y desarmadas que huían en su mayoría, ancianos, mujeres y niños.

Otra jimenata, ángeles Vázquez León, que huyó con la misma suerte y recorrido que el doctor ortega. Ella acabó con 15 años, de enfermera en el hospital provincial de Alicante.

Otra jimenata, Ángeles Vázquez León, que huyó con la misma suerte y recorrido que el doctor Ortega. Sufriría como nadie el camino andando por la carretera desde Málaga a Almería en tanto era bombardeada por mar y aire. Acabó, contando con 15 años, de enfermera en el Hospital Provincial de Alicante.

Don Guillermo Ortega Durán a continuación prestó sus servicios sanitarios en la capital alicantina como director del Hospital del Socorro rojo de San Vicente en Alicante. Allí estuvo hasta que a finales de marzo de 1939 fue ocupada la ciudad por las tropas franquistas.

A continuación, el doctor Ortega pasó en barco a Tánger, y de allí a Casablanca donde se reunió con su esposa e hijos que habían llegado antes y lo estaban esperando. El doctor Ortega temiendo que pudiera ser detenido en cualquier momento para ser entregado a los franquistas, por su propia seguridad y el mejor fin de que no sufriera más su familia, en tanto su esposa e hijos retornaban a España se embarcó en solitario, atravesando el Atlántico, para establecerse en México, en concreto en la Baja California donde vivió durante nueve años.

Quizás la fuerza y la red que gozaba allí la masonería entre el exilio español, donde la profunda huella de Martínez Barrios que llegó a ser presidente de la República española en el destierro no era ajena, llevó al doctor Ortega a refugiarse en esa concreta área geográfica azteca. 

Pensó en volver cuanto antes, pero los avatares históricos siguieron favoreciendo la consolidación del Régimen franquista y acabó quedándose definitivamente en tierras latinoamericanas sin poder retornar, como ocurrió con tantos otros españoles que tuvieron que marchar al exilio.

Recuerdo aquí también al bueno de don Antonio Machado que murió pocos días después de su exilio, pero, en el caso de este médico que ejerció en Jimena, no tan tempranamente ni en tierras francesas sino venezolanas y hasta pasada una década después. Y es que don Guillermo Ortega Durán murió en Caracas, en diciembre de 1949, contando con sesenta años, adonde había llegado en mayo de ese mismo año, ya aquejado de una grave enfermedad, al encuentro de su influyente primo hermano por doble apellido, doctor don José Luis Ortega Durán, médico también y asimismo oriundo de la Serranía de Ronda y exiliado en esa capital bolivariana,  que en aquel instante era una eminencia en la medicina y en la política gubernamental venezolana.

La primera promoción de postgraduado de Psiquiatría en Venezuela donde el papel del dr don José Luis Ortega, hermano de don Guillermo, fue crucial

Sin la creación de la Universidad Central de Venezuela, a la que tanto contribuyó el doctor don José Luis Ortega Durán, la primera promoción de médicos postgraduados de Psiquiatría (1959) no se habría producido.

Y es que el doctor don José Luis Ortega Durán, como ya he indicado, primo hermano por partida doble de don Guillermo, nació en Ronda el último día del mes de enero del año 1905; por tanto dieciséis años menor. Se doctoró por la Universidad de Madrid e hizo el postgraduado en Barcelona.

A pesar de su juventud, fue un reconocido psiquiatra, su especialización médica, siendo loada su labor en Cataluña bajo el Gobierno de la Generalitat en la IIª República. Se casó en 1936 en Barcelona con la venezolana, Cristina Sánchez, cuñada del Dr. Isaac Pardo, famoso médico tisiólogo; ambos procedentes del citado país caribeño y exiliados en Barcelona por mor de  la dictadura de José Vicente Gómez que entonces gobernaba dicha nación bolivariana.

Al final de la guerra civil, tomada Barcelona en enero 1939 por las tropas franquistas, José Luis Ortega Durán y familia huyeron a París y de allí a Venezuela, patria de su esposa, donde llegaron en ese mismo año.

En este país latinoamericano, lograría ser una gran eminencia. Sería varias veces condecorado, tanto en las esferas sanitarias, sociales, universitarias como políticas. Fue en el año 1949 cofundador de la Universidad Central de Venezuela, donde ejerció como titular de varias cátedras, gozando de la confianza y del prestigio de los más altos dignatarios del Estado, como el propio presidente de aquella República, Rómulo Betancourt.

En 1965, producto de un ictus cerebral que le da, hallándose en París, acontece su muerte repentina, contando con la misma edad que había muerto su primo hermano, el doctor don Guillermo Ortega Durán. Sus restos mortales fueron trasladados a Caracas donde recibieron sepultura.

El nieto, Juan José Montero Ortega, descendiente de la unión a través de dos de sus hijos, de las familias de los Montero y Ortega, los dos médicos que tenía Jimena en la IIª República y que fueron represaliados por el franquismo

El nieto, Juan José Montero Ortega, descendiente mayor de la unión de las familias de los médicos Montero y Ortega en sus hijos Juan y Rosa María.

Ahora, he tenido conocimiento también, por Victoria Guerrero Montero, que uno de los hijos del matrimonio constituido por el doctor don José Montero Asenjo y doña Magdalena Núñez, de nombre Juan, el cuarto en descendencia, se casó con una hija, de los cuatro, dos mujeres y dos varones, que tuvo el doctor don Guillermo Ortega Durán con doña Pura Terrones Villanueva, de nombre Rosa María. Tuvieron tres hijos, dos varones y una mujer. Entre ellos, Juan José, el mayor, que acompaña en foto a esta narración.

Fue uno de los nietos que se dirigió al público asistente en el homenaje a su abuelo, el doctor Montero, al final de julio del 2014, en el acto que se le dispensó en el centro de Salud de Jimena con la puesta al público de una Placa en su recuerdo y honor.

La que más tarde sería esposa del doctor Ortega, doña Concepción Terrones Villanueva, “doña Pura”, había nacido en el granadino pueblo de Baza, y ejerció el magisterio en el pueblo de Jimena a lo largo de los años veinte y los que le siguieron de algo más de la mitad de la década de los treinta en tanto duró la IIª República.

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Concepción Terrones Villanueva, “Doña Pura”, la novena en la tercera fila con un bebé en los brazos con su alumnado de Jimena en la década de los años veinte en su etapa de docente.

Así, cuando llegó al pueblo de Jimena, se hospedó en la misma fonda en que se alojaba el doctor Ortega, tal vez pudo ser, Pensión “La Perla”, situada a mitad de la calle Sevilla, más arriba de la hoy Farmacia Regueira. Allí surgió la relación sentimental que desembocó en el matrimonio.

En la guerra y después, Doña Pura, huyendo del avance de las tropas golpistas, acompañaría hasta Alicante a su marido. Luego, adelantándose, saldría de España hasta esperarlo en Casablanca.

En su retorno al país, Doña Pura, cuyo único “delito” consistió en haber ejercido la docencia, sufriría igualmente la represión franquista, en tanto temiendo por su vida, su marido médico, don Guillermo, tal como ya se ha descrito, se exilió en México.

En este sentido, doña Pura fue despojada de la plaza de maestra que tenía en Jimena y de la linda casa familiar, situada enfrente del Ayuntamiento, que fue incautada por las tropas rebeldes al orden constitucional con la ocupación militar de la misma para establecer su cuartel. Ya más tarde, destinaron a doña Pura al pueblo sevillano de Los Corrales, para acabar en Algeciras pero montando su propia academia privada de enseñanza. Enormes elogios le dispensa Ángeles Vázquez León, que fue alumna suya en los años republicanos, en su libro “La Jimena de mi niñez”.

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Doña Pura Terrones, su hija, la novia Rosa María Ortega Terrones, el novio, Juan Montero Núñez, y su padre el doctor don José Montero, las la ceremonia matrimonial. Año 1959. Algeciras. Fuente: Ediciones OBA. 

Boda entre Juan Montero Núñez y Rosa María Ortega Terrones. Los padrinos, el doctor Montero y doña Pura.

Algeciras año 1959. Boda entre Juan Montero Núñez y Rosa María Ortega Terrones. Los padrinos, el doctor Montero y doña Pura. El padre de la novia, el doctor don Guillermo Ortega Durán, ya había fallecido en el exilio en Caracas diez años antes.

Se puede afirmar, por tanto, que la relación entre los doctores Montero y Ortega, más allá de la medicina, de sus estudios universitarios en Cádiz, de Jimena como destino para el ejercicio de la profesión, del ideario benefactor de la masonería que compartían, de la política como servicio público, y de la persecución y represión franquista que ambos sufrieron, acontecida en la convulsa y dura etapa que vivieron de forma tan tremendamente intensa y hasta el final de manera tan dura e injusta, continúa hasta nuestros días a través de sus herederos por la fusión familiar que sucedió en el año 1959 mediante el matrimonio contraído, entre, Juan Montero Núñez y Rosa María Ortega Terrones, y cuyo enlace se celebró en Algeciras, y donde doña Pura hizo de madrina y el doctor Montero de padrino de ceremonia. 

Como tantos paisanos, ambos doctores y sus familiares fueron perseguidos por el único delito que se les acusaba, que sus tendencias políticas estaban acordes con la legalidad republicana vigente en aquel momento y refrendada en las urnas por la soberanía popular.

Juan March, el hombre más rico de España en 1936, banquero y contrabandista que con más de mil millones de aquellas pesetas financió el golpe de Estado de Franco. La prensa inglesa decía que March movía la mano y Franco se le cuadraba.

Juan March, el hombre más rico de España en 1936, banquero y contrabandista que con más de mil millones de aquellas pesetas financió el golpe de Estado de Franco. La prensa inglesa llegó a publicar que March movía la mano y Franco se le cuadraba.

Y encima esa represión no quedó limitada a la etapa bélica. Cuando concluyó la guerra, un jurado al efecto constituido en Jimena, catalogó públicamente a los vecinos entre adeptos al nuevo Régimen y desafectos. Estos últimos, la mayoría, de la que asimismo formaba parte el doctor Montero y la familia Ortega, sufrirían no sólo la pérdida de sus derechos cívicos sino de igual forma los de cualquier otra índole, incluida la laboral y profesional. Les fueron negados los certificados de buena conducta que expedían la Guardia Civil y el cura párroco, condiciones necesarias e imprescindibles para poder desarrollar una vida normal, moverse de un municipio a otro, o para acceder a muchos de los exiguos trabajos que por entonces se podían realizar.

En el caso del doctor Montero, tal como ya se ha indicado, al menos la vida laboral de sus hijos como la reducción de sus penas carcelarias, hallaron compasión paradójicamente en la influyente mano de la Casa cuyo titular, Juan March, fue quien financió el golpe de Estado que protagonizó el general Franco. Fue quizás el único respiro que en aquel tiempo casualmente tuvo el coherente y comprometido doctor Montero con sus irrenunciables valores personales.

EL DOCTOR MONTERO, EMPRESARIO DE CINE-TEATRO

Estado actual que ofrece la casa donde tuvo su domicilio y clínica el doctor Montero y donde estuvo el cine, hoy convertido en ampliación del Ayuntamiento. Detrás de ese edificio ahora municipal, yacen las gradas de piedra intactas del cine.

Estado actual que ofrece la casa en que tuvo su domicilio y clínica el doctor Montero, calle Sevilla 89, y al lado donde se hallaba el cine, hoy convertido en ampliación del Ayuntamiento. Detrás del  edificio, ahora municipal, yacen intactas las gradas de piedra del cine.

De esas primeras escenas que se tiene conciencia en la niñez, recuerdo gratamente cuando los sábados por la tarde me llevaban a ver los guiñoles a un cine de verano que existió en una de las casas más arriba del Ayuntamiento, al lado de donde vivía el doctor Montero, adonde creo que además vi mi primera película de cine cómico mudo para niños, en blanco y negro, y otra de barcos y piratas en color.

Más tarde, aquella sala se cerró y tiempo después, tras estar largo tiempo abandonada, a principios de los años setenta sirvió su parcela para construir un inmueble y un moderno mercado de abastos.

Fachada completa del hoy edificio municipal que fue en el pasado la del cine del doctor Montero.

Fachada completa del hoy edificio municipal que fue en el pasado la del cine del doctor Montero.

En fechas recientes, en dicho espacio, derruido el anterior mercado, ha sido elevado un edificio municipal como ampliación de los servicios del Ayuntamiento que incluye un nuevo salón de Plenos.

Y he aquí que adentrándome en la biografía del doctor Montero de la mano de su nieta, Victoria, he descubierto además el carácter polifacético de su abuelo. Fue el propietario y empresario de aquella sala de espectáculos al aire libre. Para ello, antes de la guerra adquirió las casas colindantes a su consulta y domicilio particular de cara a construir dicho cine.

Espacio para el celuloide, gozaba de amplia pantalla, escenario, patio de arena para sillas y fondo de gradas de piedras que acogían a unos trescientos espectadores. Revolucionó al pueblo con anterioridad al inicio de la sublevación facciosa de 1936 y su apertura siguió largo tiempo después a pesar de las penosas peripecias que le ocurrieron al doctor Montero. Por allí pasaron compañías de varietés, de teatro, se daban bailes, se proyectaba cine donde los jimenatos vieron en sus cintas a todos los artistas de la época, tales como Miguel Ligero, Manolo Caracol, Lola Flores en sus comienzos…

Moisés Guerrero Moreno y Victoria Montero Nuñez, tercera en la descendencia del doctor Montero, progenitores de Vctoria, celebrando su boda en el cine. También se ve al doctor Montero.

Moisés Guerrero Moreno y Victoria Montero Núñez, tercera en la descendencia del matrimonio Montero-Núñez, progenitores de Victoria, celebrando su boda en el cine el 19.03.1949. También se ve al doctor Montero de lado con su calva.

En dicho lugar, se daban de igual forma banquetes de bodas, como aconteció en 1949 con la hija del doctor Montero, Victoria, casada con  Moisés Guerrero Moreno, los progenitores de la nieta que me ilustra esta interesante historia, Victoria.

Los niños de entonces que sus familias no tenían dinero para sacarse las entradas, se subían al barranco de atrás de cara a ver gratis desde la altura las películas y demás eventos que allí se celebraban. No obstante, el franquismo triunfante prohibió allí los bailes en tanto duró su guerra, como ahora hacen con estas actividades lúdicas los talibanes de ámbito islámico, a la vez que aconteció con los famosos carnavales de Jimena aunque éstos quedaron proscritos con prolongación en el tiempo hasta la llegada de la democracia.

Caarnet de operador de cine de José María Montero Núñez. Málaga, 3 de abril 1953

Carnet de operador de cine de José María Montero Núñez. Málaga, 3 de abril 1953

El negocio cinematográfico fue fundamentalmente familiar. El inicial operador del montaje de las películas y de su proyección fue José Liñán Jiménez, el cartero, al que le sucedió a finales de los años cuarentas e inicios de los cincuentas el hijo del doctor Montero, José María, para lo cual hubo de sacarse  en 1954 el carnet de operador en Málaga de cara a poder proyectar. Poco tiempo después, cerró el cine.

Desde 1943 a 1945, tiempos en los que también el doctor Montero se hallaba encarcelado en Burgos, estuvo de taquillera su hija, Victoria. Sobre 1950, la que pasó a vender las entradas fue Isabel Sánchez Montero, su sobrina, hija de la única hermana que tuvo, Dolores Montero Asenjo. 

El cura Luis Alegre subido a un asno, justo donde estaba el Cine Capitol. El carácter tolerante y de buen humor del Dr Montero quedaba latente, jugando con dicho clérigo al dominó en el Bar de Bollito, y al que, además, entre ficha y ficha, le cantaBa:

El cura Luis Alegre subido a un asno, justo donde estaba el Cine Capitol que continuó al del Dr. Montero. El carácter tolerante y de buen humor del médico siempre fue latente, jugando con dicho clérigo al dominó en el Bar de Gabriel “El Bollito”, y al que, además, entre ficha y ficha, le cantaba: “Todo el tiempo, cura curoso, metío en un pozo”.

Tras la salida del doctor Montero de la cárcel de Burgos, año de 1947, por la penuria económica que lógicamente arrastraba la familia, se asoció con otros dos jimenatos, Bartolomé Macías González (padre del profesor y periodista Andrés y de mi entrañable amigo, José María) y José Sánchez, que tenía un bar en las proximidades de correos. Le pagaban una cantidad por llevar la gestión del ambigú que estaba en su interior.

Ya a mediados de la década de los cincuenta, ambos negocios, cine y bar, se cerraron definitivamente y don José Montero lo vendió a “los Luques” (José y Sebastián Luque Huertas).

No obstante, el cine no desapareció de Jimena puesto que en el barrio de abajo, a inicios de la calle Sevilla, ya existía el cine Capitol, propiedad del empresario agrícola, Antonio Ramos, -antes, de los hermanos Luque (también: José y Sebastián)- que tenía como gerente a su yerno, Antonio Sabau, casado con su hija Eugenia, y para el montaje y proyección figuraba Gonzalo Saavedra. De portero, Agustín el marido de Frasquita “La de los churros”, y de acomodador, José Tinajero.

Estado de buena conservación pero de total abandono que presentan las gradas de aquel cinedel cine

Estado de buena conservación pero de total abandono que presentan las gradas de aquel cine

Afortunadamente queda aún la huella de la existencia del local cinematográfico del doctor Montero en las gradas de piedras que estaban a su fondo, y que han perdurado hasta la fecha, salvándose de la contrucción del mercado y ahora de la ampliación del Ayuntamiento, por constituir un muro de contención que da seguridad a las edificaciones que hay detrás con gran desnivel de altura. La calidad de su conservación denota que fueron construidas con una gran profesionalidad. Lo lamentable es que ofrezcan desde hace años un estado de total abandono.

Impecable el graderío a pesar de su abandono

Impecable el graderío a pesar de su abandono

En Estados Unidos, una reliquia, como ese cinematográfico graderío que se conserva y que supuestamente data de principios del siglo XX, tendría la calificación de especial protección y de enorme atracción para visitantes. En España, sabemos que tenemos una historia mucho más antigua y valiosos monumentos del pasado, pero he manejado anteriormente el término supuesto porque pudiera ocurrir que esas pétreas gradas fueran más pretéritas que cuando adquirió ese espacio el doctor Montero, o que estuvieran ya allí o fueran trasladadas al efecto pieza a pieza desde otro anfiteatro que hubiera existido en el pueblo.

Al Ayuntamiento de Jimena le correspondería, quizás en colaboración con otras entidades u organismos oficiales, salir de la duda, pero en todo caso velar por la limpieza de ese entorno e incorporarlo al circuito de visitas para que sea afamado y visto por paisanos y turistas. Sería también una contribución al conocimiento, junto a la historia de Jimena, de la biografía del doctor Montero.

La descendencia del matrimonio Montero Nuñez, hijos, nietos biznietos y tataranietos, citados en el bar Cuenca de Jimena para conmemorar al doctor Montero.

La descendencia del matrimonio Montero Nuñez, hijos (sobreviven, de izquierda a derecha sentados en el centro de la foto, Carmen, José María y María Teresa) nietos, bisnietos y tataranietos, citados expresamente desde distintos puntos de la geografía en el bar Cuenca de Jimena para el homenaje que en el Centro de Salud se le dio al doctor Montero. 25.07.2014   

ANEXO 1: POST AUTOBIOGRÁFICOS RELACIONADOS CON MI VIVENCIA EN LA JIMENA DE LA FRONTERA QUE ME VIO NACER Y TRANSCURRIR HASTA MI ADOLESCENCIA

CÓMO ÉRAMOS: ADOLESCENCIA, SCOUT Y MÚSICA (contiene la música que oíamos de Radio Gibraltar y los discos de vinilo que nos llegaban desde El Peñón) https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/11/01/12928/

HACIA EL IIº REENCUENTRO DE LOS CLUBES DE JIMENA (18.04.2015) Tal como somos, medio siglo después de aquella adolescencia:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/04/17/25415/

CUANDO DE NIÑO ME FUI DE CINE  (un apunte biográfico de mi infancia con la actriz sueca, Anita Ekberg, el español Fernando Fernán Gómez y el italiano, Vitorio de Sica ) https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/10/02/11624/

TOROS Y FÚTBOL EN LA JIMENA DE 1957 (16.09.2015)  (crónica de una historia local que recupero limpiando bolsas de recortes de prensa y apuntes manuscritos  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/09/15/26318/

CÓMO LLEGÓ LA IIª REPÚBLICA Y SU PRIMER ALCALDE A MI PUEBLO (La sencilla historia sobre cómo se enteraron radiofónicamente de la llegada de este evento) https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/04/14/6767/

LA HISTORIA DEL DOCTOR MONTERO (una sacrificada y sufrida biografía por del médico de mi pueblo comprometido con la causa de la democracia y la IIª República):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/09/13/23993/

CRISIS Y EMIGRACIÓN EN EL MEDIO RURAL:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/02/24/25187/

MI PESADILLA CON WERT (el relato a través del sueño sobre el modelo de enseñanza bajo el franquismo y que al parecer tenemos que volver)  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/03/18/6032/

GIBRALTAR, ESA GRAN COARTADA DE RAJOY: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2013/08/12/18762/

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