BARBERÍAS Y PELUQUERÍAS DE JIMENA 27.01.2017

Posted on enero 25, 2017

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BARBERÍAS Y PELUQUERÍAS DE JIMENA.

Ignacio Trillo

Calle San Sebastían, a pie de la casa donde naci, de la mano de mi mdre y mi padre. Detrás de mi madre vestida de luto por la muerte de su padre, mi abuelo, Bartolo, asomando la cabeza de Ángeles Gil, la mujer del barbero, Juan León. Año 1951. Fuente: Foto propia.

Calle San Sebastían de Jimena, al fondo el Castillo, a pie de la casa donde nací, de la mano de mi madre y mi padre. Detrás de mi madre, que está vestida de negro por el luto ante la muerte de su padre, mi abuelo, Bartolo, aparece por la puerta de su casa, asomando la cabeza, Ángeles Gil, la mujer del barbero, Juan León. Año 1951. Fuente: Foto propia.

Justo al lado del portal de la casa que me vio nacer, ubicada en calle San Sebastián, se hallaba la barbería de Juan León Luque. Estaba casado con Ángeles Gil y tuvieron dos hijas, Margari y Mariana.

Margari León Gil, nueva peluquera.

Margari León Gil, nueva peluquera. Año 1961. Ediciones OBA

Cuando Margari llegó a la mayoría de edad, el padre le montó una peluquería, paralelo a su cuarto de pelar. Para ese nuevo uso, abrió en su fachada una nueva puerta de entrada a la casa y conservó el lindo ventanal con reja saliente a la acera que ya poseía para que continuara entrando la luz natural a la vez que se mantuvieran las vistas desde el interior a la calle, convirtiendo la anterior habitación usada como dormitorio matrimonial en el nuevo salón capilar para la belleza femenina.

Así pues, mi infancia y adolescencia estuvieron muy unidas a estos oficios que originaban autoempleos en aquel apretado tiempo pleno de limitaciones.

Antiguamente, las barberías habían sido exclusivamente para pelar y afeitar a varones hasta que abrieron las de mujeres. Fue a partir de ese momento cuando empezó a introducirse la denominación de peluquerías.

Aconteció en el barrio arriba de Jimena por donde comenzó la innovadora atención al público femenino para el cuidado al cabello, inicialmente solo para las adultas por la precariedad económica que atravesaban las economías familiares.

La primera peluquera de Jimena,

La primera peluquera de Jimena, María de los Ángeles León Riquelme, “María León”, con 54 años.  Año 1961. Fuente Ediciones OBA.

“María León” con 14 años. Año 1921. Ediciones OBA.

La primera que irrumpió fue la peluquería de María de los Ángeles León Riquelme, “María León” (1), que incluso prestaba servicio a domicilio al objeto de hacer la permanente a sus clientas en sus casas.

Se la veía asiduamente por la calle ataviada con un maletín lleno de rulos que servían para envolver en caliente el cabello de las mujeres de cara a que pasadas unas horas se pudiera realizar el peinado apetecido.

Su salón de atención al cabello femenino estaba situado en la calle Sevilla, casi enfrente de donde se ubicaba la barbería de Frasquito Sánchez, entre la sastrería del maestro Miguel Cárdenas y la confitería de Ángel Durán, marido de la maestra doña Julia.

Las peluqueras, Juana Caba Gutiérrez e Isabel Caba Gutiérrez. Entre ambas, Olimpia Mostazo Caba. Año 1959. Fuente: Ediciones OBA.

Las peluqueras, Juana e Isabel Caba Gutiérrez. Entre ambas, Olimpia Mostazo Caba. Año 1959. Fuente: Ediciones OBA.

Más tarde, también en calle Sevilla y en la acera de enfrente, las hermanas Cavas, Isabel, Antonia y Juana, abrieron otra peluquería para el cuidado de la estética del pelo femenino. Caía un poco más abajo de la de María León, por debajo del comercio de tejidos de Juan Romero, aunque antes de llegar a las cuatro esquinas del barrio arriba que marcaba en aquella época una especie de frontera social entre el vecindario, constituidas por: el bar España de Frasquito Vargas Domínguez; la embarrada que estaba enfrente; Créditos Castilla, de José Castilla García; y la tienda de tejido de los hermanos Calleja, hijos de la viuda Aurora Limón que tenía otro comercio pero de mercería en la acera de enfrente, algo más abajo y por encima del Cuartel de la Guardia Civil.

Raimunda Rey

La peluquera, Raimunda Rey de la Torre. Año 1949. Ediciones OBA.

La peluquera, Juana Rey. Ediciones OBA.

La peluquera, Juana Rey de la Torre. Año 1959. Ediciones OBA.

En el barrio abajo, la primera peluquería femenina que hubo, correspondió su titularidad a la hermanas, Raimunda y Juana Rey de la Torre, instalada en la calle Larga. Posteriormente en la calle paralela, San Sebastián, aperturó la ya citada de Margari León Gil.

Este último establecimiento tuvo un enorme éxito. Estaba puesta al día en las nuevas modas y tendencias de peinados y cortes del pelo femenino del momento.

Había pasado el tiempo de la estética capilar de las mujeres basada en los rizos, los caracolillos en la frente o las largas trenzas, a otras más novedosas. Las jovencitas pudientes se sumaban ya como clientas.

Las nuevas tendencias de moda de peinados femeninos en la década de los sesenta del siglo XX. Fuente: Google

Las nuevas tendencias de moda de peinados femeninos en la década de los sesenta del siglo XX. Fuente: Google

Para las más tempranas de edad esa modernidad consistía en portar melenas totalmente lisas, para lo que empleaban para lograrlo hasta planchas caseras, que acompañaban de felpas.

Chicas ye-ye de Jimena: Pili, Amelia Carrasco, Irene Muñoz (fallecida), Adelaida Cuenca, Eloisa Castilla, Irene Durán, Cristina Pérez, Laura Rubia y Antoñita Canto.

Chicas ye-ye de Jimena: Pili Alonso, Amelia Carrasco, Irene Muñoz, Adelaida Cuenca, Eloisa Castilla, Irene Durán, Cristina Pérez, Laura Rubia y Antoñita Canto. Año 1967. Fuente: Ediciones OBA.

Hasta planchas caseras se empleaban tras el lavado y enrulado del cabello femenino para alisarlo. Año 1965. Fuente: Google. Google.

Hasta planchas caseras se empleaban tras el lavado y enrulado del cabello femenino para alisarlo. Año 1965. Fuente: Google. 

Para las señoras, se empezó a llevar el pelo cardado para modelarse unos empinados moños cogidos por detrás con horquillas.

Peinados de estas jimenatas en el año 1939. Fuente: Ediciones OBA.

Peinados de estas jimenatas en el año 1939. Fuente: Ediciones OBA.

Peinados de finales de la década de los cuarenta y comienzo de los cincuenta. Las jimenatas: Antonia Torres Luque, Rosa Rodríguez Macías y Ana Mari Montero Torres. Fuente ediciones OBA.

Peinados de finales de la década de los cuarenta y comienzo de los cincuenta. Las jimenatas: Antonia Torres Luque, Rosa Rodríguez Macías y Ana Mari Montero Torres. Fuente: Ediciones OBA.

Estética de los peinados en jimenatas del año 1953. En imagen tomada en la escuela nacional, Carmen García de la Torre, María, Mari Lobillo Martínez, Julia Pérez Navarro y Carmen Montero Núñez. Fuente: Ediciones OBA.

Estética de los peinados en jimenatas del año 1953 y de las escuelas nacionales. En imagen, Carmen García de la Torre, María, Mari Lobillo Martínez, Julia Pérez Navarro y Carmen Montero Núñez. Fuente: Ediciones OBA.

Una década posteropr, año 1963, nuevos peinados entre las jimenatas. Fuente: Ediciones OBA.

Una década posterior, año 1963, nuevos peinados entre las jimenatas. Las hermanas Barranco Bueno: Francisca, Juana, Ángeles, Ana, Josefa y Encarna. Fuente: Ediciones OBA.

Eran parecidos a los roetes de tela que se ponían en la cabeza, pero de pelo, para llevar encima los cántaros de agua con milagroso equilibrio sin sujeción alguna. No obstante, algunos más primitivos del pueblo traducían este revolucionario peinado con la frase a lo bestia: “Fulana, ha salido de la peluquería con una `privá´ de vaca encima del tarro”.

Los secadores modernos del momento. Fuente: Blog Tendencias.en Peluquerías

Los secadores modernos del momento. 1962. Fuente: Blog `Tendencias.en Peluquerías´.

De todas formas, en esas nuevas tendencias seguían siendo indispensables domesticar el  pelo a base de rulos que hasta entonces se habían puestos las mujeres para las permanentes. Pero ya no se necesitaban tener esos tubos un día entero puestos.

Antes, había sido normal ver salir a las señoras de sus domicilios con destino a la calle con las cabelleras enruladas, aireándolas en público en tanto hacían los menesteres a que hubiera lugar.

A partir de ese momento, eran emperifolladas las cabezas con rulos en la propia peluquería, a la par que mermadas de humedad con unos pedazos de secadores de diseños extraplanetarios que hacían mucho ruido y en cuyas bocas metían la cabeza para su oreo. Por tanto, tras el lavado del cabello, y el tinte en el caso que fuera requerido, efectuado en el interior de la propia peluquería, en apenas una hora de estar recibiendo una ventolera de aire caliente en la testa entubada, salía el pelo en condiciones de abordar a continuación el tipo de peinado preferido por la adulta o la jovencita clienta.

Sorteo de la miili para destinos

Sorteo del servicio militar obligatorio para destinos, lo más parecido a una lotería. Fuente: Google.

Por cierto, un domingo por la mañana que tenía lugar la fiesta de los quintos, consistente en dar a conocer el resultado del sorteo sobre los distintos destinos militares que esperaban a los llamados a fila de reemplazo para servir a España; aunque algunos de ellos acabaran, tras el periodo de instrucción, sirviendo no a la Patria sino a los jefes u oficiales militares como empleados gratis en las tareas del hogar de sus particulares domicilios; sucedió un episodio humorístico relacionado con estas nuevas técnicas de peinados.

Desde primera hora de la mañana, aparecían los futuros soldados pintorreados y vestidos de disfraces haciendo de las suyas. Unas veces en plan divertido, y otras en forma de gamberradas; dependiendo de la hora que fuera, donde la bebida podía haber subido ya demasiados grados.

Quinta 1967 en el Paseo. Ediciones OBA

Quinta 1967 en el Paseo. Fuente: Ediciones OBA.

Las gentes del pueblo salían de sus portales, ante el ruido, los disfraces y los cantes que acompañaban a los futuros soldados, con picantes letras verdosas inventadas para la ocasión, de cara a compartir u observar la juerga. Estos mozos, una vez exhibido el numerito que se hubieran preparado como complemento, solían  pasar la gorrilla a los presentes para recaudar fondos que les permitieran seguir bebiendo.

Esa mañanas, cuando pasaban por la calle San Sebastián donde yo vivía, se originó un gran revuelo;  riéndose el personal de las caras pintadas que portaban estos quintos, de sus máscaras y de los cachondeos que se traían.

Estaba recién abierta la primera peluquería moderna de señoras que irrumpió en el pueblo, la referida de la hija del barbero Juan León, Margari. El escándalo, jolgorio y ruido procedente del exterior hizo salir, para no perderse cuanto estaba pasando, a las clientas que en esos momentos estaban arreglándose sus cabellos.

Quinta 1946 en Cádiz. Fuente: Ediciones OBA

Quinta de jimenatos de 1946 en Cádiz para asistir al sorteo de la mili. Fuente: Ediciones OBA

Al visualizar la concurrencia de la calle el estado de adefesio que presentaban las usuarias que salían a tropel de este establecimiento capilar a medio peinar: unas con los rulos medio puestos, otras con el pelo en fase de avanzado escardado, pareciendo nubes de algodón de azúcar de feria pegadas a sus tarros, o con la peineta marrón a modo de teja incrustada en el cráneo a medio poner, o llevando moños empinados a medio horquillar; el descojone fue generalizado.

Ello dio lugar a que esas féminas del salón de belleza, algunas de las cuales habían dejado de tener coyunturalmente sus cabezas enclaustradas en esos secadores de diseño astral, pasaran, en milésimas de segundo, de pretender ser espectadoras de las payasadas de los quintos, a convertirse en las protagonistas para las bromas por las risas que provocaron.

Una carcajada contagiosa de la chiquillería allí concentrada recayó hacia ellas, generando que la diversión ante los futuros reclutas se trasladara hacía la contemplación con mofa de las cabezas de esas vecinas, cuyo estado de presencia resultaba más gracioso que el que podían ofrecer los manidos reclutas que cada año llevaban a cabo parecidas tonterías.

Fue tanto el revuelo que se organizó sobre las asiduas de la peluquería, viéndose rodeadas y con el dedo de los chavales señalando sus molleras a medio ondular o cardar, que tuvieron que retornar de inmediato y un tanto sonrojadas al interior del salón de belleza y sin que les hubiera dado tiempo a completar el espectáculo que realizaba la futura milicia. Una vez dentro del salón, me imagino que se mirarían al espejo y descubrirían la mamarrachada en el que se encontraban, dando razón al simpático regocijo que había provocado su inacabado estado capilar, pareciéndose más a unas espantapájaros; así al menos fue apreciado por los niños de aquel tiempo.

NO-DO. Noticiario y Documentales que situaban obligatoriamente como aperitivo

NO-DO. Noticiario y Documentales que se situaban obligatoriamente en los cines como aperitivo antes de proyectarse la película anunciada. Fuente: Diario El Mundo 03.11.2015.

Las barberías o peluquerías en aquel tiempo por los chismorreteos que se glosaban eran lo más aproximado a auténticos “Sálvame”, sin que hubiera irrumpido aun la televisión. Otras veces, se convertían en auténticos ateneos populares para la reflexión y la conversación sobre cuanto acontecía a nivel local. Igualmente, para el intercambio de noticias, rumores o interpretación de lo que sucediera en la esfera nacional e internacional, según se había escuchado por la radio o visto en el No-Do (Noticiero y Documentales oficiales del Régimen) de obligatoria inserción en el cine antes de la proyección de la película anunciada.

En pleno apagón informativo de la Dictadura, estos comentarios derivaban en auténticas tertulias de lo más peregrinas en sus contenidos, quizás por la autocensura latente por aquello de que pudiera trascender al cuartel de la Guardia Civil o al cura.

El maestro barbero, Juan León, de joven. Año 1930. Fuente Ediciones OBA.

El maestro barbero, Juan León, de joven con sombrero que se llamaba “de galleta”, hecha de buena paja trenzada. Año 1930. Fuente Ediciones OBA.

En lo que se refiere a las barberías para hombres, era las que frecuentaba, la mitad de la asistencia que acudía a la de mi vecino Juan León era para pelarse o afeitarse y en la otra proporción para pasar el rato.

Horas y horas, oyendo o hablando sobre lo que viniera a cuento y para permutar palique con los que comparecían a pelarse, afeitarse la barba, que le dieran un repaso a los tolanos, que le despejaran las orejas, interna y externamente, de vellos, o que le recortaran los nenes tan de moda en aquella infancia.

Mientras el maestro barbero afilaba la navaja en la cinta de cuero, presto para entrar en faena, el discípulo del barbero -aprendiz que contaba entre diez y trece años de edad (era una época donde no se aplicaba ninguna de las cláusulas de la teórica legislación laboral existente sobre la protección al menor)- necesitaba un banquillo de madera que le aportara la altura necesaria para alcanzar la tez del acomodado cliente que se encontraba sentado o tendido sobre lo que llamábamos el mágico asiento mecánico de pelar (2).

Los sillones que nos parecían mágicos

Los modernos sillones de las barberías que nos parecían mágicos. Fuente: TioJimeno, 10.06.2016.

Y es que nos parecía galáctico que ese sillón se pudiera subir, bajar o extenderse, con tan solo variar de sitio la barra adosada a su lateral derecho, a modo de caja de cambio de la velocidad de un coche; aunque en este caso se tratara de un auto estático y anclado en el suelo.

El aprendiz del maestro barbero enjabona al cliente para resblanceder la barba del cliente para que entre mejor la cuchilla del barbero a la vez que no la fina navaja del maestro. Fuente;

El aprendiz del maestro barbero, subido a un cajón y aún de pantalones cortos, enjabona la barba del cliente para reblandecer sus pelos, al objeto de que entre mejor la cuchilla del barbero  y no raye la fina hoja de la navaja. Fuente: Blog El Bulevar de Peluquería.

Atento a cuanto se dijera en ese cuartito, el niño principiante con la brocha iba, una y otra vez, enjabonando y reblandeciendo la cerrada barba de la dura piel de los camperos; hosca y con profundos surcos, curtida por el largo tiempo expuesta al sol. Lo realizaba, antes de que el barbero entrara en su labor y la rasurara con una larga navaja metálica y afinada que impresionaba, tras haberle esquilado anteriormente con las tijeras la lana de pelo que portaba.

El maestro barbero desenfundando las navajas

El maestro barbero desenfundando las navajas para elegir una de ellas para el afeitado. Fuente: Google.

En este sobrecogimiento para el afeitado, previamente, el maestro barbero procedía a extraer la cuchilla y desplegarla de su funda. Como si de un ritual de sacrificio humano se tratara. En mi atenta observancia infantil lo asociada al modo de entrar a matar un torero a la res, disponiéndose a rematar la faena.

Así me parecía, cuando el maestro barbero, en silencio y concentrado, bajaba el brazo desde la altura y girando la axila situaba la cuchilla con destino a empezar el afeitado por la patilla o por el bigote; en esta última operación, sujetando a la par con los dedos de la otra mano la nariz del cliente para estirarle la piel de su labio superior y así procurar no cortarle, acabando con rasurarle la superficie de la tez en condiciones, incluidos los pelillos que le salían de los orificios del olfato para lo que se auxiliaba también de unas tijeras.

Demasiados días enteros sin afeitar, delataban las púas que erizaban algunos de los castigados rostros de estos clientes. Habían regresado del campo tras recoger la cosecha agrícola, coincidiendo con las vísperas de Semana Santa, San Juan o San Miguel; o habían bajado de la sierra, después de haber ejercitado las podas arbóreas, los acopios de leñas, el descorche o el carboneo.

Grupos de jimenatos trabajando en el campo en la siega o arando la tierra con los bueyes que al cabo de semanas o meses aparecían por las barberías. Fuente: Ediciones OBA

Grupos de jimenatos trabajando en el campo en la siega o arando la tierra con los bueyes que al cabo de semanas o meses aparecían por las barberías. Fuente: Ediciones OBA.

Campesinos, jornaleros o arrieros provenientes de distintas fincas y cortijos esparcidos a lo largo y ancho del municipio (Buendía, La Morisca, La Herradura, El Marqués, La Majada del Lobo, El Polvorín, El Esparragal, Buenas Noches, Las Mesas, Las Lomas, La Barca Moreno, Barría, Majarambú, La Sauceda, El Marrufo, Las Limas…) o de los núcleos de diseminados (Marchenilla, Sambana, El Corchado, Montenegral, El Villar…)

Y entre los concurrentes, los coloquios o los chascarrillos se hacían de lo más frecuentes y amenos.

En la de Juan León eran célebres las peripecias que a su modo contaba, Miguel Reyes, “Miguelito el Gordo”, el patriarca de la saga familiar, hombre que me aparecía muy anciano a la vez que dotado de una gran vitalidad. De oronda figura y muy afable, siempre sonriente, con improvisada y caricaturizada ficción en la narración de historietas que embelesaban al personal.

De ese modo, un día, con su habitual faja negra a modo de cinturón -otras veces aparecía con una soga por encima de la barriga y próximo a sus sobacos que sujetaban sus calzones para que no se le cayeran- llegó a la barbería y dando las buenas se sentó. Pidió en tono irónico que por favor un alma caritativa se apiadara de él y le sirviera tres vasos bien llenos de agua.

En plan iluso, como si viniera saciado de comer, cuando en realidad lo más probable es que trajera un tremebundo apetito que devoraba su vacío estómago, la hambruna de postguerra todavía hacía estragos, dijo, con su cerrado léxico de típico serrano jimenato: “geztoy zediento debio a ké me gé kitao la jambre co’una peshá ge ritra ge shorizo y molziya, a lá ke le gé jacompañao una telera ge pan ke po lo meno pezaa dié kilo, y ge la ke mián zalio, coltándola co’ú jocino, juna gebaná ke paezian tolta”, lo que en su transposición al castellano actual sería literalmente traducido por: “estoy sediento debido a que me he quitado el hambre con un montón de ristras de chorizos y morcillas, a las que he acompañados de una telera de pan que por lo menos pesaba diez kilos, y de la que me han salido, cortándola con un hocino, unas rebanadas que parecían tortas”.

Mariana, la hija menor del barbero, Juan León.

Mariana, la hija menor del barbero, Juan León. Año 1969. Ediciones OBA

Cuando todavía no se habían acallados las risas como respuestas a su glosa, a continuación pasaba -poniéndose torpemente de pie, le pesaban sus kilos, para escenificar un brindis a los demás- a beberse de un tirón, sin pausa alguna, los tres vasos de agua que ya le había puesto a su disposición la hija menor del barbero, Mariana, la hermana de Margari.

Seguramente, le servía para serenar en su interior el ajetreo de sus tripas por el recuerdo de los ansiados embutidos mentados que tan siquiera había husmeados.

De ahí, ya con el estómago aplacado por el abuso del líquido elemento, pasaba Miguelito a prolongar ininterrumpidamente su chistoso repertorio.

Aquel mediodía, le interrogó a continuación al maestro barbero sobre si ese agua que le había traído su hija, y que había relamido hasta la última gota, era abundante en hierro: “no fuera ser que me pasara lo del otro día – proseguía el ocurrente Miguel- que me eché de un pipo un trago hasta dejarlo seco y el agua que bebí que la habían traído de la fuente del Regüé era tan herrumbrosa que poco después escupía cada gargajo que cuando caía al suelo sonaba como un tornillo”.

Tras causar una risotada contagiosa que inundaba la sala de la barbería y duraba unos cuantos minutos, tomaba asiento de nuevo para reposar su gruesa anatomía, como si nada del otro mundo hubiera revelado. La silla sobre la que se asestaba Miguel tenía que ser, de entre las que le hubieran sido ofrecidas al llegar, de la madera más sólida, amplia y sin brazos, para que pudiera caber su amplia culata y se sostuviera sin romperse.

La fuente

“La fuente “El Regüé” está situada en Jimena de la Frontera (Cádiz), en la margen izquierda del río Hozgarganta, frente al Cao de la Real Fábrica de Artillería que está en la orilla opuesta. Su origen se remonta al siglo XVIII y (…) se abastecían los jimenatos (…) Hoy día la fuente está abandonada y sin uso (…)”. Fuente: Manantiales y Fuentes de Andalucía. Manuel Limón Andamoyo. 

Entretanto transcurrían las horas, no paraba de relatar las cosas más singulares y estrambóticas con trazas de haber sucedido realmente, extraídas de su inventada cosecha particular. Y mientras intervenía, el silencio se hacía total, hasta que alguno de los presentes no podía resistirse más y arrancaba con una carcajada que contagiaba al resto del personal, incluida la sonora risa carraspeante que al final emitía el propio Miguel que a duras penas podía acabar su gracia, siempre inspirada en una lunática certeza que se había producido.

Trampas y alúas que se empleaban para la cacería de pequeñas aves, los llamados pajaritos. Fuente: Google.

Trampas y alúas (hormigas con alas) que se empleaban para la cacería de pequeñas aves, los llamados pajaritos. Fuente: Google.

Ese día, una vez calmado el regocijo, también pasó a referir que le dolía mucho la espalda. Decía que venía baldado. Al interrogarle uno de los presentes que a qué se debía tal sufrimiento, la respuesta de Miguel, en su línea, no se hizo esperar: “Pues muy sencillo, de agacharme y levantarme. Estoy preparando para el domingo que viene una cacería con trampas acompañado del amigo, El Bambi, y me he pegado toda la mañana trabando las patas de las alúas para que no se me escapen”.

Otro jolgorio, aún de mayor intensidad, explosionaba entre la asistencia, dando paso a algunas pataletas en el suelo producto de la irreprimible risotada que había contagiado a la concurrencia, con alguna que otra voz que apenas le podía chillar: “¡¡¡no sigas Miguel, no sigas que me meo, que me meooo…!!!”.

Miguel, solía llevar una tupida e incipiente barba canosa de una semana. Cuando le llegaba la vez para su corte capilar o facial, siempre le decía lo mismo a Juan: “¡vamos a dejarlo para mañana!, ¡que pase el siguiente!”.

Estaba tieso de dinero, tan normal entonces. Lo suyo era echar el rato, divertir a los demás y de camino, con sus habladurías, que se olvidara de él ese insaciable buche que poseía y que en tantas contingencias a lo largo del día debía embutir para poder salvaguardar su gruesa figura.

Cuando no estaba de cháchara en algún establecimiento público, se encontraba en silencio, sentado en un escalón de la acara de la casa de las hermanas Gómez Sánchez, situada enfrente del final de la cuesta de la calle Romo, en las cuatro esquinas del barrio abajo, cuyo vecino que daba a continuación, separado por el callejón de San Francisco, era precisamente otra barbería, la de Pedro León, hermano de Juan y del mismo oficio, siempre acompañado de sus muletas por la pérdida de una pierna; salón de pelar que daba entrada a la calle Sevilla y cuyos dos hijos, Juan y Manolo, se turnaban vendiendo entradas en la taquilla del cine Capitol que estaba en la fachada de enfrente.

Escalones en los que se sentaba Miguel Reyes de la casa de las cuatro esquinas sonse aquó observamos la familia Gómez Sánchez que la habitaban junto s las familias Vallecillo y Mostazo. Fuente: Ediciones OBA.

Escalones en los que se sentaba Miguel Reyes del portal de la casa de las cuatro esquinas donde aquí observamos la presencia de la familia Gómez Sánchez que la habitaban junto en la misma imagen, las familias Iglesias Gómez, Gómez Vallecillo, Mostazo Gómez y Gil Gómez. Año 1960. Fuente: Ediciones OBA.

En esa estática posición, Miguel con su inseparable gorra que siempre le acompañaba junto a un palillo de diente en la boca sin parar de darle vueltas, observaba el paso del tiempo y las gentes que discurrían, al igual que, me imagino, fijándose al detalle de cuanto le rodeaba para poder aumentar el inventario de sus múltiples chascarros.

En sus referencias, Miguel, utilizaba muchas dicciones que formaban parte del común y particular argot local, tales como: díceselo (díselo), naide (nadie), deseguida (enseguida), dientista (dentista), malangen (mal ángel, soso), esaborio (desaborido), enterao (enterado, chulo), ancá (a la casa de), seña (señora), golido (olido), trompenzón (tropezón)…

Diario `Pueblo´. Fuente:

Diario `Pueblo´. Fuente: Página Web, “Todo Colección”.

Otra causa empleaba para entrar en una barbería era la lectura del periódico que hubiera sin importar de la fecha que fuera. El diario de prensa que estaba a disposición de los clientes de la barbería de Juan León, era “Pueblo”; noticiero oficial del nacional-sindicalismo vertical que dirigiera el demagogo, populista y falangista, Emilio Romero, de tendencioso contenido. Esta publicación con titulares sensacionalistas y loas al Régimen, como no podía ser de otra manera, más por la estricta censura existente, encerraba la trampa de ser destinada a gentes humildes y trabajadoras. Así se presentaba como lo más socialmente reivindicativo, avanzado y de “izquierda” que se podía leer entonces.

El maestro, Andrés Sarrias.

El maestro, Andrés Sarrias Navarro y detrás Francisco Delgado Bernal. Fuente: Ediciones OBA.

Continuando mi deambular por las barberías que frecuentaba, en este otro caso sin que fuera para pelarme, no puedo olvidar al maestro Andrés Sarrias Navarro, de extraordinaria humanidad y buena gente; dotado de esa chispa especial que le caracterizaba como persona inteligente e ingeniosa en sus reflexiones y comentarios. Tremendo aficionado al fútbol, colchonero del Atlético de Madrid, fue jugador, árbitro y entrenador de los equipos juveniles del pueblo.

En esta faceta, lo que más le gustaba era aprenderse de memoria las alineaciones del Athlétic de Bilbao y de otros equipos vascos, como el Sestao,  Alavés, Eibar, Real Unión, Baracaldo, Basconia o Real Sociedad, por los apellidos tan largos y complicados de expresar y que con la seriedad que lo hacía de un tirón, hecho nada fácil, gesticulando a la vez su rostro y moviendo la boca hacia sus laterales, hacía estallar la risa de la concurrencia, para continuar imitando las distintas voces de los locutores de las retransmisiones radiofónicas y hasta las pausas de los anuncios publicitados; todo sin interrupción y sin que se le cortara la respiración.

Era un hombre de mensaje directo, preciso y hasta poético, dotado de una fina gracia satírica y burlesca. Hablador empedernido, ejemplo de auténtica cultura popular sin haber tenido que pasar por la Universidad, impensable entonces para los de su más que modesta procedencia social. En aquel tiempo, sólo nos estaba reservada la superior institución académica para una estricta y selecta minoría de privilegiados.

El maestro Sarrias tenía respuesta ingeniosa y profunda a las mezquindades humanas con su templada y disuasoria guasa con la que solía rematar con contundencia. Su barbería estaba situada al inicio de calle Sevilla, justo enfrente del Banco Hispano Americano; entidad financiera más conocida entonces por el apellido de sus directores, antes Caro y luego Bersabé. Era punto de inexcusable encuentro y parada para quienes pasábamos por allí.

Aunque ya se ha escrito alguna que otra versión de oídas que se le aproxima (3), voy a referir tal y como se produjo, con el nombre exacto del banco aludido, esta anécdota que redunda en lo aseverado sobre la personalidad de Sarrias. Una mañana, se le presentó el indigente Felipe, que andaba rutinariamente por la calle Sevilla en su petición cotidiana de limosnas. Le requirió al maestro barbero el consiguiente aguinaldo que decía prestado pero que nunca devolvía. El maestro barbero esta vez y para disuadirle definitivamente a que lo repitiera, tuvo muy bien pensado la réplica a darle. Le alegó, poniéndose tremendamente serio y mirándole fijamente a los ojos para darle todo viso de credibilidad, lo siguiente: “Mira Felipe, eso ya nunca va a ser de ser posible. Acabo de llegar a un acuerdo con el Banco Hispano. Ni yo puedo prestar dinero, ni ellos pueden pelar a nadie”.

Año 1951. Agachados: Guillermo Jiménez Caballero/ Pepe Valdivia/ Ángel Calle/ Antonio Mata Gómez/ Diego Caballero Espejo/ Manolo González León/ Detrás y de pie: Manolo González León/ Mariano González León/ Desconocido/ Félix Trullor/ Andrés Sarrias Gómez/ Desconocido/ Juan Rondán Fernández, padre de Juan Rondán Angulo. Fuente: Ediciones OBA.

Año 1951. El maestro Andrés Sarrias, el quinto de pie. Agachados: Guillermo Jiménez Caballero/ Pepe Valdivia/ Ángel Calle/ Antonio Mata Gómez/ Diego Caballero Espejo/ Manolo González León/ Detrás y de pie: Manolo González León/ Mariano González León/ Salvador Sánchez Gil/ Félix Trullor/ Andrés Sarrias Navarro/ Desconocido/ Juan Rondán Fernández, padre de Juan Rondán Angulo. Fuente: Ediciones OBA.

Con este mismo gracejo, tan propio de él, otro día, a colación de que habían abierto un nuevo bar de lo más moderno y con una alargada barra al lado de su barbería, de nombre “El Satélite”, bromearía autodenominándolo, bar “Mi Ruina”.

Ante ello, una tarde le consulté que a qué venía ese rebautizo. Sin pestañear me respondió: “pues muy sencillo, Juan Ignacio. Hoy, por ejemplo, en todo el día  he ganado quince pesetas pelando, y ahí”; apuntando con su dedo en plan maldito en dirección al luminoso letrero de reclamo que detallaba su apelativo -formada sus letras sobre una madera que tenía clavada multitud de redondeles de chapitas clavadas de distintos colores que se movían con el aire, parecidas a las monedas de los dos reales de entonces, cincuenta céntimos de la peseta, que tenían un agujero en el centro y llevaban incrustadas un ancla en su reverso – sobresaliente a la fachada, a la vez que levantaba la voz: “¡¡me he gastado en vino, veinticinco!! ¿No es para que sea mi ruina?”. Concisa, rotunda y convincente explicación la del maestro.

dos-reales

Reverso de las monedas de dos reales, cincuenta céntimo de la peseta, entonces de cauce legal. Fuente: Web “www.todocolección.net”

En otra ocasión, regresaba a Jimena; eran mis primeras vacaciones de verano después de una ausencia de meses, desconocida hasta entonces desde que me parió mi madre. Venía de estudiar quinto de bachiller en Madrid, adonde tuve que marchar obligado por la inexistencia de Instituto en Jimena. El aprobado del curso completo me había resultado todo un poema. Hube de adaptarme a los métodos de aprendizaje y de enseñanza allí imperantes, ajenas al memorismo que, bajo amenaza de ganarte un buen reglazo en la palma de la mano si no te sabías bien la lección, hasta entonces había experimentado en la Academia San José de Calasanz de Jimena, fundada por don Antonio Puchán, hombre bueno y docente que tanto hizo por la formación de mi generación.

Asimismo, tuve que superar una dura adaptación al nuevo medio que pasé a vivir. De la libertad, vida cotidiana y social que gozaba en nuestro entorno rural donde todos los vecinos se conocen, pasé a desenvolverme en la supervivencia disciplinada de la selva de la gran capital. Lejana, sórdida e insociable a pesar de que moraban millones de personas. Anónimo paisanaje urbano adonde todo el mundo era extraño. No conocían ni al del portal de al lado. Ni se saludaban tan siquiera para darse las buenas cuando se cruzaban.

Todo eran prisas y el tiempo transcurría a gran velocidad, frente al lento circular de las manillas del reloj que solía suceder en Jimena. Monótona, vertiginosa y deshumanizada enjambre donde además le faltaba campo, monte y tampoco tenía río en sus alrededores. Nada se divisaba en su horizonte más allá de una multitud de bloques edificados y agolpados. Por la noche, carecía de cielo, como consecuencia de la contaminación lumínica. Las estrellas estaban ausentes y la luna apenas se dejaba ver.

Igualmente, me costó una barbaridad tener que acomodarme a las nuevas amistades que me eché, tan distintas a las directas de Jimena que había mamado desde que salí a la luz procedente del vientre de mi madre.

En Madrid, en el centro y a ambos lados, dos compañero de curso de sexto de bachiller del Innstituto, Ramiro de Maeztu. Año1968. Foto prropia.

Estando ya en Madrid, en el centro y a ambos lados, dos compañeros de curso de sexto de bachiller del Instituto, Ramiro de Maeztu. Viaje de estudios. Año 1968. Foto propia.

En este sentido, el recuerdo y el deseo de volver a pisar nuestro pueblo y hallarme de nuevo con mi familia y amigos fue un contrarreloj estresante. Me generaba un obsesivo repaso a los días que me iban faltando para que mi reencuentro con el pueblo se produjera lo antes posible. Lo echaba mucho de menos… En resumidas cuentas había soportado bastante mal ese primer curso fuera del ambiente de toda mi corta vida aún transcurrida.

Pues bien, tras ese fin de curso, apenas llegué al pueblo con ese mono que traía a lo que había sido hasta entonces mi ambiente habitual, el único familiarizado, fui, entre otros vecinos, a saludar al maestro Sarrias.

Tras darle efusivamente la mano, y de su parte preguntarme qué cómo me había ido; espontáneamente, pero como obviando entrar en el recuerdo de los múltiples sinsabores experimentados, me vino con gran euforia una respuesta fácil: “aquí estoy de nuevo, maestro, para pasar unas merecidas vacaciones”.

Quizás había utilizado inapropiadamente el vocablo merecidas, en vez de lo que debió haber sido más correcto, deseadas.

Era atardecer; en ese soplo de lapso, un trabajador del campo volaba cuesta arriba camino de su casa con una taleguilla a sus espaldas. No se detuvo pero nos dirigió desde la calle un saludo. El maestro barbero tras corresponderle, abstrayéndose hacia su interior, fijó su atenta mirada en mí, para expresarme a continuación: “mira ese pobre hombre qué contento va. Sube la cuesta como una bala ¡Cuántos callos llevarán sus manos y sudores habrán corrido hoy por su frente! ¡Con el calor que ha hecho…!,  aunque con sus veinte duritos de jornal en el bolsillo que tan merecidamente se habrá ganado”.

Seguidamente, Sarria bajó la cabeza y reflexionó en voz baja. Sin tono de reproche alguno, le oí murmurar para sus adentros: “¡cuántas vacaciones se habrá merecido ese desdichado que acaba de pasar y que nunca las tuvo…!”.

Lo interpreté, no como una recriminación sino como una sana e innata lección de rebeldía social. Es a lo que me referí antes. Su escuela, con gran conciencia de su condición de clase humilde, había consistido en la observación y captación de cuanto acontecía en la calle.

Diario Marca

Diario Marca, el periódico que estaba en la barbería del maestro Sarrias a disposición de los clientes. Fuente: Página Web “Todo Colección”.

La radio que tenía en el pequeño cuartito de pelar era la que le informaba de todo. La lectura que se le conocía era la del diario deportivo, “Marca”, por ser el periódico más favorable a sus colores rojiblancos. La publicación la ponía a disposición de los asiduos visitantes a su local donde siempre tuvo colgado en la pared el póster de Abelardo, histórico futbolista del Atlético, cartel cada vez más pálido de los tantos rayos de luz y leyendas que se habían entretejidos en su barbería.

Abelardo, el jugador del Atlético de Madrid, preferido por el maestro Andrés Sarrías. Fuente:

Abelardo, el jugador del Atlético de Madrid, preferido por el maestro Andrés Sarrías. Fuente: Google.

Descanse en paz, quién a tan temprana edad nos dejó y en el mejor momento para su estabilidad laboral. Por su amor al balompié, y su dedicación a transmitirlo a las nuevas generaciones, hoy el nombre de Andrés Sarrias, en merecido reconocimiento, reluce, también será como homenaje a su chispa de humor, en el campo de fútbol de Jimena.

´Barbería de Juan Sánchez. Fuente: Ediciones OBA.

Barbería de Antonio Sánchez Román, pelando a Jorge Rocha Sánchez. Fuente: Ediciones OBA.

Otra barbería: la del maestro Antonio Sánchez, estaba situada en lo que actualmente es calle Jincaleta, antes denominada, Calvo Sotelo. Aquí, las conversaciones entre los chiquillos igualmente eran monotemáticas, siempre alrededor del fútbol, pero en esta ocasión teniendo como eje central los colores del Barça, por ser el dueño del oficio un auténtico hincha ‘culé´.

José María Macías Sánchez, mi mejor amigo desde la infancia, a mano derecha de donde me encuentro, en el Paseo. Agosto 1953, contando ambos algo más de dos años y medio. Foto propia.

José María Macías Sánchez, mi mejor amigo desde la infancia, a mano derecha de la posición en que me encuentro; ambos en el antiguo Paseo. Año 1953, contando los dos con algo más de dos años y medio. Foto propia.

Allí iba acompañado de mi gran amigo, José María Macías Sánchez, igualmente auténtico forofo azulgrana como su hermano mayor, Andrés. No lo hacíamos para pelarnos, él siempre iba a la barbería del maestro Sarrias del que era su principal admirador nato, aunque yo si fui cliente temporal de Antonio Sánchez.

Ocurrió a raíz de que a mi madre no le gustaban los pelados que me realizaba Juan León. Decía que se pasaba de rosca y me dejaba la cabeza, más en vísperas de ferias, como una bola de billar, resaltando aun más las orejas de soplillos que me caracterizaban cuando chico. Además, mis amigos se metían mucho conmigo, diciéndome que se me veían los sesos y hasta correr los pensamientos.

Los periódicos que procedentes de Barcelona estaban a disposición de los clientes y aficionados al fútbol en la barbería del maestro Juan Sánchez. Fuente

Los periódicos que procedentes de Barcelona estaban a disposición de los clientes y aficionados al fútbol a los colores del Barça, en la barbería del maestro Juan Sánchez. Fuente: Página Web “Todo Colección”.

No obstante, por lo que más nos personábamos en esa barbería era para ver las fotos de los periódicos y semanarios deportivos catalanes que con varios días de retraso le llegaban a este barbero por correo, empaquetado y enrollado, procedentes de Barcelona, y que estaba en los asientos de espera a disposición igualmente del público que se pasaba por allí.

Antonio Sánchez en su faena con las tijeras. Fuente: TíoJimeno 22.03.2007

El maestro barbero, Antonio Sánchez Román, en su faena con las tijeras pelando a José Ricardo Gómez . Fuente: TíoJimeno, 22.03.2007.

Al igual que su colega, Juan León, este afable paisano de su mismo oficio y de palabras justas, siempre fue un extraordinario aficionado a los jilgueros y canarios, cuyas crías nacían, dentro de las jaulas que tenía colgadas en las propias paredes de la barbería, en la misma cautividad con que se hallaban las aves progenitoras. Eran fringílidos de pedigrí, cuyos cantos como reclamo animaban los aires de silencio cuando se echaban en falta a los asiduos clientes.

Salvador Rocha Rey, barbero, comercial y sacamuelas- Fuente: Ediciones OBA.

Salvador Rocha Rey, barbero, comercial y sacamuelas- Año 1950. Fuente: Ediciones OBA.

Jimena en aquel tiempo tenía dieciséis barberías, trece en el pueblo y otras tres en la estación de Los Ángeles (4). En algunas de ellas, como la de Rocha en el barrio arriba, con carencia de dentistas en el pueblo, sacaba las muelas de aquellos que ya no podían resistir más el dolor y el sufrimiento.

En este sentido, al barbero, Juan León, le vi arrancar algún que otro diente a pelo, sin anestesia, sirviéndose de unas tenazas iguales a las que se emplean en las carpinterías y cuyos gritos de dolor provenientes del paciente en el instante de producirse la extracción eran oídos en toda la calle y alrededores. También observé cómo los afligidos salían de la barbería con los pómulos hinchados y un trapo impregnado de alcohol y hasta de coñac metido en la encía para prevenir posibles infecciones e intentar cortar el chorro de la hemorragia de sangre producto

Eran tiempos en que no habían llegado a Jimena las máquinas eléctricas de afeitar, como tampoco las maquinillas de usar y tirar, ni los secadores caseros. Salíamos de pelarnos, impregnados hasta la coronilla de brillantina, con un olor que nos delataba de dónde veníamos. Como los cogotes blancos, de tantos polvos talcos que se nos echaban para remate y como punto y final, de cara a paliar cualquier irritación de la piel y a los que una suave brocha afinaba su capa de densidad antes de ponernos de pie para marcharnos.

´Barbería, el inmenso babero que cubría gran parte del cliente para que el pelo no le cayera en la ropa.

Barbería, el inmenso babero que cubría gran parte del cliente para que el pelo no le cayera en la ropa. Fuente: Blog, `Gotas de tiempo´

Y a huir, no sin antes quitarnos la media sábana blanca cerrada entre alfileres con que a modo de babero se nos envolvía fuertemente alrededor del cuello desde el inicio de la operación de pelado. Servía para que el pelo que se fuera cortando no fuera depositado sobre la ropa que lleváramos o para que no se nos colara por su interior y se nos pegara a la piel proporcionándonos los picores de rigor. Acababa la sesión con la sacudida por el maestro de esa tela para que no quedara adherido ningún trozo de cabello y estar lista para ser empleada con el siguiente cliente, con visos de continuidad ininterrumpida y sin tener que pasar durante un tiempo por panera alguna para su lavado.

Herramientas de la barbería. Fuente: El Blog de Tuico.

Herramientas de la barbería. Fuente: El Blog de Tuico.

Tijeras, peines, navajas, brochas (5), baberos, alfileres…, eran, por tanto, los utensilios principales de este oficio empleados por el maestro barbero con especial destreza y en jornadas interminables.

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Con la llegada de la Beatlemanía empezamos a demorar nuestra presencia en las barberías por dejarnos el pelo y las patillas largas. Aquí vemos una foto del conjunto musical  En el asiento Paul McCartney, y de pie, el barbero, George Harrison, John Lennon y Ringo Starr, que una de sus famosas canciones está dedicada precisamente a la barbería y peluquería Penny Lane de Liverpool. Aquí los vemos en su primera etapa.  Año 1964. Fuente: Blog de Gerardo Weiss, barbero bonaerense que bautizó su barbería con el nombre de The Beatles.

Tiempo después, con pesar y bronca para nuestras familias, llegó la época musical de la nueva ola del yenkanismo, el yeyeismo y la beatlemanía, que se sucedió con continuidad y hasta simultaneidad. Con ello, empezamos a dejarnos el pelo y las patillas más largas que los antiguos bandoleros de la sierra. Alargábamos el tiempo para nuestras personaciones en las barberías, ya a partir de entonces tan solo para repasarnos solo parcialmente nuestras cabelleras, y a navaja. En tanto, cuando nos lavábamos la cabeza en las casas nos hacíamos la manta para que quedara el pelo lo más lacio posible. Los de los pelánganos, pelambreras o melenudos, nos calificaban nuestros mayores.

También, con prejuicio pero respetuoso, la disimulada mirada de reojo, cuando nos veían pasar de largo, de estos grandes profesionales barberos que tanta vida dio a Jimena y que con tanto mimo asearon nuestras cabezas.

Bibliografía: Otras columnas escritas sobre las barberías de Jimena:

(1).- 07.09.2007.- LAS BARBERÍAS DE MI PUEBLO. JIMENA DE LA FRONTERA: 1950-2007. Por Francisco Jiménez Jiménez, en su Blog “Rflx-s”: http://rflx-s.blogspot.com.es/2007/09/las-barberas-de-mi-pueblo.html

(2).- 20.04.2009.- Publicación “TíoJimeno”, por Francisco Jiménez Jiménez, “Currini”. El Sillón del Barbero…. por Currini

(3).-  10.06.2016.- “Barberías”, por Francisco Quirós “Pacurro”:   http://noticiasdesanpablodebuceite.blogspot.com.es/2016/06/barberias-por-francisco-quiros-pacurro.html

(4) 27.07.2011.- LAS BARBERÍAS DE ANTAÑO EN JIMENA. RECOPILACIÓN DEL GRUPO ” DENOMINADOR COMÚN” EN FACEBOOK. Por Francisco Jiménez Jiménez, en su Blog “Rflx-s”: http://rflx-s.blogspot.com.es/2011/07/las-barberias-de-antano-en-jimena.html

(5).- 15.02.2012. Publicación “TíoJimeno”, por Francisco Jiménez Jiménez, “Currini”: La brocha de afeitar… por Currini.

ANEXO I: POST AUTOBIOGRÁFICOS RELACIONADOS CON MI VIVENCIA EN LA JIMENA DE LA FRONTERA QUE ME VIO NACER Y TRANSCURRIR HASTA MI ADOLESCENCIA.

LA GRAN NEVADA DE 1954 EN JIMENA (20.01.2017):  (El 3 de febrero de 1954) Jimena de la Frontera amaneció como nunca, con una inmensa nevada que casi todo lo cubría. Y en este caso desconocido y que no se ha vuelto a reproducir, narro cual fue la reacción de sus habitantes hasta que primero se heló y luego se derritió:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/01/19/30456/

LA DIVISIÓN AZUL EN JIMENA (09.01.2017) El relato de esta aventura del franquismo en apoyo a Adolfo Hitler, adonde llegaron dos jimenatos que atravesaron sinsabores múltiples por las penurias que padecieron:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/01/08/30335/

LOS ORÍGENES DEL FÚTBOL EN JIMENA (21.12.2016) La historia de la creación del club deportivo Jimena de fútbol asi como sus antecedentes, reconstruido a través de unos recortes familiares que casualmente hallé: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/12/19/30130/

LA TELEVISIÓN LLEGÓ A JIMENA A TRAVÉS DE SAN PABLO (21.10.2016) Las peripecias que ocurrieron cuando aparecieron los primeros televisores y cómo contribuyó a cambiar ciertas pautas del comportamiento de las gentes del pueblo:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/10/19/29752/

LA NOVENA QUE VIVÍ (01.09.2016): Cómo fueron a lo largo de mi infancia los nueve días dedicados a la patrona de la localidad, la Reina de los Ángeles, en la barriada que lleva su nombre y estación de tren, culminada el fin de semana de la primera semana de septiembre: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/09/01/29468/

DESGRACIA TAURINA EN JIMENA (17.08.2016): El hundimiento de la plaza de toros de Jimena acontecido el 17 de agosto de 1961, donde hubo cinco muertos y cientos de heridos, entre ellas la hija del Primer Ministro de Reino Unido: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/08/17/29346/

EL PREGÓN A JIMENA QUE NO FUE (01.06.2016): En el año 2003 el ayuntamiento me nombró pregonero de aquella feria de Agosto. Cuando subí al escenario, me olvidé del guión que llevaba escrito para entregarme a las historias de mi infancia y adolescencia que me inspiraban los vecinos presentes. Ahora, localizado el texto que llevada redactado porque se me extravió, lo hago público :  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/05/29/28784/

EL CINE DE VERANO EN JIMENA (13.05.2016): Recorrido por lo que fue esta sala cinematográfica en la temporada veraniega y calurosa: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/05/13/28738/

EL CINE CAPITOL (25.04.2016): Radiografía sobre la sala cinematográfica y espectadores de invierno en Jimena: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/04/25/28693/

BARES DE JIMENA (04.04.2016): Descripción sobre bares y clientes que lo visitaban para beber, tapear y charlar: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/04/04/28375/

LA GASTRONOMÍA JIMENATA QUE FUE (03.03.2016) Un recorrido por los platos tradicionales, con el recetario de sus ingredientes y su evolución hasta hoy:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/03/03/28125/

ENTRAÑABLE AURELIO (19.02.2016) De la mano del taxista de Jimena recorriendo aquellas carreteras, paisajes y paisanajes de mi infancia en los coches de la época:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/02/19/27623/

LA MIRADA A LA GUERRA DESDE LA NIÑEZ (01.12.201) Cómo viví desde chico la Guerra Fría que se desarrollaba, como el accidente de bombas atómica caídas en Palomares, el bloqueo a Cuba por el despliegue de los misiles soviéticos o la carrera espacial:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/12/01/26981/

CÓMO ÉRAMOS: ADOLESCENCIA, SCOUT Y MÚSICA (01.11.2012) Contiene las relaciones y vivencias de aquellos jóvenes y la música que oíamos de Radio Gibraltar así como los discos de vinilo que nos llegaban desde El Peñón:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/11/01/12928/

HACIA EL IIº REENCUENTRO DE LOS CLUBES DE JIMENA (18.04.2015) Tal como somos, medio siglo después de aquella adolescencia:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/04/17/25415/

CUANDO DE NIÑO ME FUI DE CINE  (02.10.2012) Un apunte biográfico de mi infancia con la actriz sueca, Anita Ekberg, el español Fernando Fernán Gómez y el italiano, Vittorio de Sica:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/10/02/11624/

TOROS EN LA JIMENA DE 1957 (16.09.2015)  Crónica de una historia local que recupero limpiando bolsas de recortes de prensa y apuntes manuscritos del pasado:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/09/15/26318/

CÓMO LLEGÓ LA IIª REPÚBLICA Y SU PRIMER ALCALDE A MI PUEBLO (13.04.2014) La sencilla historia sobre cómo se enteraron radiofónicamente de la llegada de este acontecimiento histórico:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/04/13/22541/

LA HISTORIA DEL DOCTOR MONTERO (13.09.2014) Una sacrificada y sufrida biografía la del médico de mi pueblo comprometido con la causa de la democracia y la IIª República:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/09/13/23993/

CRISIS Y EMIGRACIÓN EN EL MEDIO RURAL (24.02. 2015) Cómo fue y las secuelas dejadas por la emigración de la décda de los sesenta del pasado siglo:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/02/24/25187/

MI PESADILLA CON WERT (18.03.2012) El relato a través del sueño sobre el modelo de enseñanza bajo el franquismo y que al parecer tenemos que volver con la LOMCE:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/03/18/6032/

GIBRALTAR, ESA GRAN COARTADA DE RAJOY (12.08.2013) No solo le sirvió el estribillo, “Gibraltar español”, a Franco para desviar las tensiones contra su Régimen, sino que también lo ha empleado Rajoy para tapar su corrupción):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2013/08/12/18762/

ANEXO II: TRILOGÍA SOBRE CASTELLAR DE LA FRONTERA.

DE JIMENA A CASTELLAR PARA VER MI PRIMERA NOVILLADA (06.11.2016) Cómo percibí el lugar en que se celebró y el transcurso de mi primera asistencia a una peculiar corrida taurina: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/11/06/29871/

LA CASTELLAR QUE CONOCÍ EN 1960 (06.12.2016): En qué situación de extremo subdesarrollo se encontraba este municipio y el cambio espectacular que se produjo en tan poco tiempo:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/12/06/29970/

CASTELLAR Y LA CASA DUCAL DE MEDINACELI (26.12.2016): Historia de Castellar y de la casa nobiliaria que la dominó durante un largo periodo con prácticas semifeudales y las distintos avatares divergentes que les vinieron sucediendo: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/12/25/30239/ 

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