“LAS PLAYAS” DEL MUNICIPIO DE JIMENA (16.03.2017)

Posted on marzo 13, 2017

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“LAS PLAYAS” DEL MUNICIPIO DE JIMENA

Ignacio Trillo

De los siete municipios que constituyen la Comarca del Campo de Gibraltar, Jimena junto a Castellar, ambos de la Frontera, son los únicos que no tienen fachada al mar.

Gráfico de los siete municipios que constituyen la Comarca del Campo de Gibraltar donde se observa que ni Jimena ni Castellar tienen salida al mar. Fuente: Wikipedia.

Cuando bien entrada la década de los sesenta del pasado siglo empezó a ponerse de moda como fenómeno de masas ir los domingos de verano a la playa para darse un chapuzón y ponerse moreno, los privilegiados del pueblo ya habíamos experimentado ese destino; primero, dirigiéndonos a la de Punta Chullera de Manilva, y más tarde a la del Rinconcillo de Algeciras.

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Domingo, 19 de julio de 1959. A la entrada de Jimena, en los aledaños del jardín, para salir con rumbo a Algeciras a la playa del Rinconcillo en el Seat 600 familiar que estaba recién estrenado. Clarita lleva en sus brazos a mi hermano pequeño, Francisco Javier. Mi otro hermano, Miguel Ángel, en el centro. Mi madre, Isabel Huertas García, detrás. A continuación, me tenéis con el salvavidas ya preparado para no ahogarme; y en mi otra mano, agarrando el asa de una garrafilla con agua de la fuente del Regüé para no deshidratarnos. Fuente: Propia.

Playa de El Rinconcillo, ya en los años sesenta del siglo pasado. Fuente: “Memoria de Algeciras”.

Sin embargo, los habitantes de la pedanía de San Martín del Tesorillo fueron más prematuros por hallarse más cercanos al mar. Pocos años antes ya venían desplazándose a su más cercano litoral, la playa de la Ensenada. En dicha Cala, en 1960, finalizaría la construcción y quedaría inaugurado el hotel Patricia. Este enclave, Torreguadiaro, pasó en pocos años de vivir de la pesca para hacerlo del turismo y la construcción.

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Año 1958. Familia del Tesorillo en la playa La Ensenada que sería posteriormente conocida como la del Hotel Patricia, cuya inauguración tuvo lugar el año 1960. Al fondo, sobre la colina, el cuartel de la Guardia Civil que fuera construido en la década de los años veinte del siglo pasado. Fuente: “Quiero Tesorillo”.

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Año 1958. Playa de la Ensenada de Torreguadiaro. A mano derecha está hoy el Hotel Patricia. Detrás de las fotografiadas se hallan los actuales edificios, Patricia Park y Torre del Rey. Las dos mujeres que se ven son: Carmina Martín Sánchez (En bañador) y detrás su hermana Laly. El fotógrafo fue Juan Domínguez, esposo de Carmina. Fuente: “Mira Torreguadiaro”. José Sánchez Moreno.

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Año 1960. Construcción en la playa de la Ensenada de Torreguadiaro del Hotel Patricia. A mano derecha, la venta San Bernardo. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

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Año 1962, el recién inaugurado Hotel Patricia en su fachada a la carretera nacional 340 a su paso por Torreguadiaro. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

El litoral marítimo algecireño del Rinconcillo, auténtica playa popular, de tanto “especial” y campogibraltareño visitante, aparecía en verano los domingos repleta de bañistas. Y hasta la bandera, los días 18 de julio por ser oficialmente festivos al conmemorarse la sublevación franquista y haber cierta liquidez dineraria en los bolsillos de aquellos que cobraban pagas extraordinarias.

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La playa del Rinconcillo de bote en bote un 18 de julio de la década de los sesenta. Fuente: José María García Eiras. “Memoria de Algeciras”.

No eran tiempos para que la mayoría de los jimenatos supiéramos nadar, más allá de aquellos varones osados que lo aprendieron por sus propias piernas y brazos en plan autodidactas y sufriendo algún que otro contratiempo, o ahogadilla, en las charcas del río Hozgarganta, nuestra auténtica playa interior; bien, en El Tragante, Tío Quiñones o en La Peña Gorda, cuando no en La Tosca en los años que sucedían grandes precipitaciones y se conservaba en la fecha del estío cierto nivel de agua.

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Año 1958. Río Hozgarganta. La charca: La Tosca. Fuente: Sprint. Ediciones OBA.

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Año 1958. Río Hozgarganta. Charca: Tío Quiñones. Foto: Sprint. Ediciones OBA.

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Año 1959. Charca El Quiñones en el río Hozgarganta. Figuran aquí los siguientes jimenatos. Sentados: Pepe Lobillo Martínez, Antonio Garrido Fernández. Derecha: Paco Carrión Moreno. Detrás: Fermín León Díaz y Eduardo Rodríguez Pérez. Fuente: Ediciones OBA.

La playa del Rinconcillo ofrecía como atracciones primordiales, aparte de tener justo enfrente la vista del Peñón de Gibraltar, que era muy poco profunda y con escaso oleaje. Generaba la suficiente confianza entre las familias para que se atrevieran a entrar en sus aguas, primordialmente la infancia y las mujeres, consideradas en aquel tiempo, también en esta materia, los colectivos más vulnerables para no contraer riesgos donde no hicieran pies.

Era época donde el machismo reinante hacía que muchas madres estimaran que ya no tenían edad para ponerse en bañador. Entraban en el agua salada arremangándose la ropa que portaban, incluidas las enaguas que llevaban debajo de las faldas, para que no se mojara. Solo era para refrescarse, no para bañarse.

Década de los cincuenta. La playa del Rinconcillo, la preferida no solo por los algecireños sino también por las familias campogibratareñas. Fuente: “Memoria de Algeciras”. Alberto Herrera.

Así, en el Rinconcillo se podían meter unos metros mar adentro de donde se producía el choque de las olas con la barra de arena para remojarse las partes inferiores de sus cuerpos. Además, ayudadas con sus manos, se echaban agua en las mejillas, en el cuello y en la nuca. Así no había el más mínimo peligro de ahogarse ni de que se cortara la digestión, aunque no exentas del lanzamiento de algunos gritos, pero de jolgorios, al sentir en su piel el contacto con el liquido helado por no estar habituadas a la frialdad. Se decía que la salinidad que contenía era muy buena para rebajar las varices o prevenirlas.

No obstante, por aquello de que de vez en cuando tras el fluir de las olas había resaca, se alertaba que podía llevarse a los bañistas mar adentro hasta tragárselos y aparecer días después ahogados y tirados a distancia, al menos por las playas de Tarifa, y encima con el buche repleto de agua. Ello hacía que quienes con traje de baño se introducían más al interior de la masa de agua y como medida de prevención se acompañaran de salvavidas de fabricación casera, bien para ponérselos rodeando la cintura o para agarrarse a ellos.

Por prudencia y también para asustarnos, mi tío Paco nos advertía que las corrientes marinas del Estrecho eran muy traicioneras y nos podía llevar adonde no hiciéramos pies hasta que nos comiera un tiburón, así que debíamos tener mucho cuidado.

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Año 1953. Playa de Punta Chullera, alrededor del salvavidas de la goma de una rueda de coche, mis tías y primas. Fuente: Propia.

Estos salvavidas consistían en las típicas gomas circulares infladas, tremendamente regastadas y parcheadas en sus cubiertas de color negro o anaranjado, procedentes de las cámaras de las ruedas de los vehículos, inservibles ya para el tránsito rodado. Igualmente se empleaban para este uso las de los interiores de los neumáticos de los tractores; en este caso más bien por familias numerosas.

A este último formato, aprovechando sus vastas dimensiones, se le podía también amarrar unas maderas por debajo de su redondel para que pudiera encarnar, en modelo circular, a las actuales Zodiac, aunque sin motor. Así servía de barquitas para los chaveas, acompañándose de un par de paletas de madera a modo de remos para simular dirigirse de un lado a otro, siempre cerquita de la orilla, aunque las mayoría de las veces fueran tiradas por las manos de sus mayores.

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Barca hecha con la goma de la cámara de un tractor a la que se se le amarraban por debajo unas tablas. Fuente: Google.

En el mismo sentido, para uso individual se empleaban flotadores compuestos de tacos de corchos procedentes de los abundantes alcornoques existentes en nuestro medio natural, en formas de planchas planas entrelazadas unas con otras con ataduras y donde los extremos de las cuerdas nos lo amarraban a la cintura.

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Chiringuitos a pie de playa para protegerse del sol y para comer y consumir bebidas. Fuente: “Memoria de Algeciras”.

Además, el Rinconcillo ofrecía como ventaja, a diferencia de Punta Chullera, una infraestructura fija de chiringuitos instalados donde cobijarse a la sombra para no coger una solina, que luego nos diera dolores de cabeza o nos produjera quemaduras en la piel, a la vez que permitía que se pudiera comer bajo sus chambados con los alimentos traídos desde las casas, en ollas o fiambreras, siempre que al menos la bebida que se consumiera fuera servida y cobrada por el establecimiento.

En mi familia, tal y como ya apunté, nos adelantamos en fecha a la casuística anterior. Desde el primer quinquenio de los años cincuenta, mucho antes de que en el año 1959 llegara el Seat 600 a mi casa, mi tío Domingo Casas, veterinario de La Estación de Jimena, debido a que era uno de los escasos particulares que poseía entonces coche, nos empezó a llevar algunos domingos de verano con su Ford a la playa malagueña de Punta Chullera, pequeño cabo rocoso localizado en el malagueño término municipal de Manilva, fronterizo a la provincia de Cádiz.

Coche de época de los años treinta del siglo pasado parecido al de mi tío Domingo donde íbamos dos familias y pico a la playa de Punta Chullera. Fuente: Villafundacion.org.

Este auto, de segunda mano, se lo había comprado al obispo anglicano del Peñón de Gibraltar.

Mi tío Domingo, hizo muy buenas migas con el pastor protestante de la jerarquía eclesiástica gibraltareña por su alto nivel intelectual y por ser como él un amante de los libros y empedernido lector. Su amistad estuvo por encima del anticlericalismo y el ateísmo militante que profesaba, que además lo explicitaba por donde pasara y sin disimularlo. En aquella época represiva, y de tanto nacional-catolicismo, no le dio más quebraderos de cabeza a mi tío al estar protegido por su cuñado, el auditor coronel Julio Cazorla, abogado y militar franquista en la reserva, un rara avis liberal en ese ejército golpista y africanista, que se estableció para residenciar por temporadas en San Pablo de Buceite, pedanía jimenata.

La siempre disposición del influyente Cazorla para hacer recomendaciones a favor de los sampableños, tuvo su reconocimiento. Su apellido, aunque fuera oriundo de Sevilla, sigue figurando, aún en democracia y sin que sea cuestionada por nadie, como leyenda de una de sus principales calles.

Año 1912. La familia Larios, dueños de Tesorillo y San Pablo de Buceite, en la playa de El Rinconcillo. Esta saga tenía una casa de residencia en Guadacorte, municipio de Los Barrios. Fuente: “Memoria de Algeciras”. Javier Gutiérrez R.

Niños de la familia Larios, dueños de Tesorillo y San Pablo de Buceite en la playa de El Rinconcillo. Año 1912. Fuente: “Memoria de Algeciras”. Javier Gutiérrez-R.

San Pablo de Buceite, al igual que San Martín del Tesorillo, entonces pedanía de Jimena, fue propiedad desde 1928 de don Juan March, antes del Marqués de Larios, y tras su partición en lotes parcelarios en el año 1945 fueron vendidos a nuevos propietarios, lo que propició la irrupción de una nueva clase de pequeños agricultores y hortelanos muy trabajadores e innovadores.

A colación del apunte explicitado sobre el Coronel Julio Cazorla y el vecindario de San Pablo de Buceite, me voy a permitir, haciendo un paréntesis, resaltar que en aquella España tan profunda y dogmática este núcleo poblacional era un admirable islote de tolerancia, liberalidad y nada chauvinista.

En este sentido, las dos personas influyentes que más hicieron en aquel tiempo por el vecindario sampableña precisamente no eran nativos. Fueron: de un lado, don Julio Cazorla; y de otra, don Antonio Ojeda, el practicante.

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La Estación de tren de San Pablo de Buceite, dentro de la línea de ferrocarril, Algeciras-Jimena-Ronda-Bobadilla. El dificultoso tramo, Jimena-Ronda, sería construído entre 1890 y 1892. Fuente: Buceite.com

Don Antonio, llegó a San Pablo en los años cincuenta del siglo pasado procedente del también gaditano municipio de Zahara de la Sierra, lugar donde vivió en convivencia plena con la vecindad hasta que aconteció su fallecimiento en julio del año 2009.

El Coronel Cazorla, persona afable, extrovertida, de gran vitalidad y muy amante de las fiestas, aterrizó en San Pablo, años antes que don Antonio, casado con una aborigen también sevillana, Luz Casas, hermana de mi tío Domingo el veterinario de la Estación de Jimena, con la que no tuvo descendencia. Vivió en la calle Real número dos y más tarde se compró a la entrada de este poblado una casa de campo con una huerta.

Pues bien, Cazorla, cuando ni se divisaba en el horizonte la ley de divorcio de Francisco Fernández Ordóñez, entonces en la UCD y formando parte del Gobierno de Adolfo Suárez, acabó separándose de su esposa para convivir sin enmascaramientos, continuando además sus habituales estancias en San Pablo que lo seguía alternando con Sevilla, con la empleada que tenía para las tareas domésticas en su domicilio sampableño: una bella mujer de etnia gitana con la que tuvo una hija que hizo carrera universitaria y sacó unas difíciles oposiciones a uno de los cuerpos más elitistas del Estado.

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Mi tío Domingo Casas, veterinario, un gran amante del mar. Año 1954 sobre un barco. Fuente: Propia.

Volviendo al coche de mi tío Domingo. Debido a las características tan pesadas del vehículo, más los kilos de cuantos íbamos en su interior y la carga adicional que llevábamos de cacharros, y sobre todo motivado por la situación desastrosa que presentaba en aquel tiempo el pavimento de la carretera desde Jimena en dirección a la costa, llena de baches y apenas sin asfaltar, la velocidad máxima que llegaría a alcanzar no creo que sobrepasara los 20 Km/hora en su itinerario semanal.

Ese Ford era de color negro, modelo más bien parecido al que aparece en las películas de blanco y negro de Al Capone, con asientos de tres hileras, el del centro plegable, y cuyas ruedas de repuestos iban acopladas sobre las hendiduras huecas que presentaban los dos guardabarros delanteros.

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Una parte de la expedición transportada en el Ford encabezada por mis tíos, Domingo Casas, Rosario Hueras y Elvira Trillo, junto a mis primos, Lolita y Domin, en la playa “Punta Chullera” posando tras la roca. Detrás se observa el mar. Verano año 1951. Fuente: Propia.

A este  tenor, viajábamos en dirección al litoral un total de diez personas, entre mayores y niños. Si venían algunos más y no cabíamos, entonces mi tío sacaba las dos ruedas de repuesto de los guardabarros y las amarraba al portaequipaje que iba en el trasero del vehículo ya que era fácil que pincháramos en el trayecto.

Y en los huecos que habían dejado libres las ruedas, entronizados en los dos guardabarros de las ruedas delanteras, se creaban para el viaje dos nuevas plazas infantiles, donde íbamos, mi primo Domin y yo.

A ambos, se nos protegía la cabeza del sol con una gorrilla y para nuestra seguridad se nos proveía de un rudimentario cinturón, por entonces inexistentes en los vehículos y no exigibles por las normas de tráfico, utilizando el mismo material de goma elástica, con los dos ganchillos metálicos en sus extremos, que se empleaba para que no se cayera la carga de bultos que fuera en el portaequipaje. A la vez, se nos protegían los ojos del polvo que iba soltando el paso del coche por el nada firme de la carretera con las gafas para ver el fondo del mar que luego utilizábamos bajo el agua salada de “Punta Chullera” para recoger, junto a las rocas en su parte hundida, lapas o conchas marinas.

Se puede, por tanto, a raíz de esta novedosa experiencia, especular con que los cinturones de seguridad de los vehículos modernos, una vez que se instalaron en los asientos de los coches con obligatoriedad de su uso, al constatarse que su inexistencia para prevenir víctimas en los accidentes de circulación por carreteras era la causa principal de mortandad, pudieran tener, décadas antes, sin saberlo y sin que trascendiera, su origen o antecedente en esta experiencia de mi tío Domingo sucedida en su Ford.

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Calle Romo de Jimena. Año 1953. Fuente: Ediciones OBA.

El domingo que íbamos a la playa, nos levantábamos muy temprano. Mi tío, partiendo desde La Estación y ya con su familia montada, nos recogía al comienzo de la calle Romo, única entrada entonces al pueblo y de doble dirección, aunque por lo escaso del parque móvil existente era casi imposible que se cruzaran dos vehículos. La sobrecarga de personas y trastos hacían imposible, ante la carencia de fuerza suficiente en el motor del Ford, que subiera  la empinada, empedrada y dificultosa calzada hasta llegar a las cuatro esquinas del barrio abajo e ir a la calle San Sebastián donde vivía mi familia.

Ni que decir tiene que este vehículo carecía de automatismo para la puesta en marcha de su motor. Había que efectuarlo con una manivela que se acoplaba al coche por su parte delantera cercano al parachoques delantero donde se hallaba el motor, y a darle vueltas con mucho cuidado hasta que se oyera un estruendoso ruido y se pusiera a temblar toda la carrocería.

Una manivela de arranque manual de uno de los coches antiguos.:.Fuente: Fierrosclasicos.com.

Gran parte del tiempo del viaje de ida a la playa, lo aprovechaba mi tío para vacunar a la ganadería de sus clientes, obligándose a realizar alguna que otra parada o desviándonos a fincas siempre que fueran colindantes a la carretera y tuvieran buenos accesos.

Lo mayor aventura de ese traslado a la Costa consistía en el corto recorrido que teníamos que hacer, inmediatamente que se pasaba por San Martín del Tesorillo, a través del puente de tablas de construcción militar que se alzaba sobre el río Guadiaro que siempre llevaba un respetable caudal de agua. Era de una sola dirección, y las traviesas de madera de ese destartalado e inestable tramo de la red viaria ya en ese tiempo no ofrecían mucha fijación.

Fue construido a partir de 1938 por las brigadas de trabajadores compuestos de presos políticos republicanos dentro de un plan comarcal que fue trazado por los sublevados franquistas para hacer posible un ulterior ataque al Peñón de Gibraltar, o, en el caso de un desembarco invasor enemigo por esa estratégica Bahía, punto del encuentro del océano Atlántico con el mar Mediterráneo, disponer de una infraestructura de comunicación y avituallamiento terrestre para repelerlo o poder replegarse en dirección a la Serranía de Ronda donde hacerse fuerte aprovechando la dificultosa accidentalidad montañosa de su geografía.

puente guadiaro nuevo rosa grande

El puente de madera de Tesorillo sobre el río Guadiaro fue construido por un Batallón Penitenciario formado por unos seiscientos presos republicanos, donde había numerosos vascos, que se alojaron en un campamento que se desplegó en las inmediaciones al pueblo a lo largo de los años 1939 y 1940 en que duraron los trabajos. Dependían del destacamento militar número 94, con sede en Algeciras. Fuente y foto: “Historia de San Martín del Tesorillo en la España Contemporánea”. Autor: Jerónimo Sánchez Blanco.

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Campamento instalado en 1939 en El Cerro del Galgo en San Martín del Tesorillo para los presos republicanos que elevaron el puente de madera sobre el río Guadiaro. Posteriormente, se construyó el firme asfaltado de la carretera de Tesorillo, que pasó a llamarse `pista militar´, hasta su entronque con la vía provincial que iba de Algeciras a Jimena, que databa de tierra compactada desde la época de la Dictadura de Primo de Rivera, antes camino de caballería, para llevar los productos agrarios de los Larios a la Estación de tren de Castellar. Entre Jimena y San Pablo de Buceite, hubo otro batallón de presos políticos republicanos para la construcción de la carretera con sus puentes desde Jimena a Ronda. A pesar de que el titular de esta valiosa imagen, oriundo del malagueño municipio de Algarrobo, quizás por miedo aún a aquel turbulento tiempo de represión, la situó para despiste en el año 1935 y referida a unas maniobras militares que no consta en ninguno de los archivos municipales ni otos oficiales. Fuente: Blog de Paqurro.

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Tesorilleros asomados al flamante puente de madera con sus barandillas en perfecto estado. Fuente: “Quiero a Tesorillo”. Ernesto González Lobo.

Juan Gutiérrez López, trabajador en esta construcción ya fallecido, en sus semblanzas personales que ha dejado escrito y que amablemente me pasa su sobrino a través de la tesorilloróloga. Rosa Estorach, escribe en detalle sobre este puente de madera:

“Tenía ocho pilares de madera ensamblada y arriostrada entre sí con pivotes también de madera y cobijados de hormigón metidos en tierra a una profundidad de diez y quince metros. Tenía pasillos laterales para los peatones y su barandilla correspondiente. Cuando el día 12 de dicho mes de Diciembre de 1.940 se inaugura, acuden al acto infinidad de Jefes Militares de todo el Campo de Gibraltar y da comienzo dicho acto con el paso por dicho puente de camiones cargados con sacos de cemento para probar la resistencia. El primer camión que pasó, fue el conducido por José Segarra, valenciano por más señas. A mí me tocó también el honor de ser el segundo camionero en cruzar el puente. Llevaba también un camión militar, marca H.C. (ruso, por más señas) marcado con el nº 6 en sus costados con una carga de cemento de diez mil kilos. A continuación, fueron pasando uno tras otro, hasta un total de 12 camiones en aquella mañana de frío intenso con una escarcha que calaba los huesos. Después de más de veinte años de servicio, una gran riada el día 16 de Febrero de 1.963, derrumbó el llamado puente militar, partiéndolo en dos. Todos lo sentimos de verdad porque el Puente era imprescindible, necesario para la vida y el mismo desarrollo económico de San Martín del Tesorillo. Muchos contratiempos y duras penas, costó a este pueblo el derrumbamiento del puente y hasta entonces no supimos palpar en toda su extensión la necesidad del paso de ese puente obligado para tantas cosas”.

Antes de que fuera inaugurado el puente de madera de los militares en 1940, una barcaza que había a la salida de Tesorillo en el cauce del río Guadiaro se encargaba de transportar al personal de una orilla a otra. Fuente: “Quiero a Tesorillo”.

ford lobo tesorillo guadiaro

Los coches solo podían atravesar el cauce del río Guadiaro en este tramo cercano a Tesorillo antes de hacerse el puente de madera, en época de bajada del caudal de agua del río. Por el contrario tenían que dar la vuelta por otra carretera que se llamaba de “Arenillas”, que procedente de la carretera de la Costa, a la altura de donde se halla ahora Sotogrande, conectaba con la de Algeciras a Ronda, cercana a La Almoraima de Castellar de la Frontera. Aquí se observa el coche con matrícula de 1927 del médico de Tesorillo, don Ernesto Lobo Hernández-Rubio. Los niños que figuran en la imagen de esta instantánea puede estar motivada para posar por una parada del vehículo para aprovechar el instante de su paso por el río para lavarlo. Fuente: Rosa Estorach.

Cruzar el puente con el coche de mi tío, era toda una odisea. Nos bajábamos del vehículo, excepción hecha de mi tío que conducía, para que la carga que tenía que atravesar el puente fuera la mínima posible.

Supervisábamos, con antelación a que lo recorriera el vehículo, que todas las maderas y traviesas sueltas del puente estuvieran bien puestas; a la vez, que no hubiera puntillas sobresalientes para que no pincharan las ruedas. Sí había alguna balda fuera de su lugar, las teníamos que reponer a un estado de relativa seguridad para el paso del coche.

A continuación, mi tío en solitario emprendía el itinerario al volante. Mientras tanto, su esposa, mi tía Rosario, en el extremo anterior del puente, sobre suelo firme, había comenzado a rezarle a la Reina de los Ángeles para que la arriesgada operación saliera bien.

puente sobre el río Guadiaro Tesorillo

El tesorillero, Vladimiro Carreras, con la mano cogida al niño, Miguel Ángel Cadesal , paseando por el puente donde se aprecia la irregularidad que ofrece ya su superficie maderera y con ausencia de listones en sus barandillas. Año 1960. Fuente: “Quiero a Tesorillo”.

Situación de deterioro del puente al final de su uso. Año 1963, días antes que una riada se lo llevara. Rosa Estorach, acompañado de su hermana mayor, María. Fuente: “Quiero a Tesorillo”. Rosa Estorach.

antiguo puente de madera de el tesorillo

Estado del puente con inseguridad en sus barandillas laterales y por el vegetal acumulado en sus pilares que ofrecía en el año 1960 cuando, observe la derecha de la foto, ya estaba avanzando la obra de construcción de los pilares de hormigón para un nuevo puente paralelo. Fuente: “Quiero Tesorillo”. Rosa Estorach.

Detrás del coche, y a una prudente distancia, los demás íbamos andando, y de camino, corrigiendo la posición de alguna traviesa que el tránsito del automóvil hubiera alterado de posición para que en plan solidario no tuviera problemas el coche que apareciera después para de igual forma recorrerlo. Me acuerdo aún el crujiente sonido de la estructura del puente a la travesía del Ford.

Una vez superado el suspense, nos volvíamos a subir todos al coche, prosiguiendo la ruta, ya por la irregular rodadura del suelo firme medio asfaltado hasta que por fin veíamos el mar, pasada la curva donde se ubicaría poco tiempo después, año 1960, el Hostal Las Camelias, entonces un merendero.

Torreguadiaro Bar Jimmys.

La recta de Torreguadiaro, tras la curva del Hostal las Camelias. En ella se puede ver al fondo el Peñón de Gibraltar. También a la izquierda una laguna, llamada entonces, “La Charca” que se mantenía con agua todo el año. Asimismo, la Torre Vigía, auténtico icono en aquel tiempo de este entorno. La edificación blanca que se visualia fue un Bar-Restaurante con decoración y ambiente británico llamado al principio: JIMMYS. Los propietarios eran un matrimonio inglés: Harry Williams Watelman Walden y Eleonor, Este bar era popularmente conocido por “La Borracha” debido a que se cerraba al público cuando el matrimonio que lo regentaba ya no se podía poner de pie por el nivel etílico alcanzado. Posteriormente, lo tuvo Vicente Monge Belled, pasando a ser conocido por Restaurante ,”Vicente”. Más tarde sería demolido. El terreno que se aprecia, actualmente es parte de un aparcamiento: Fuente: El Periódico Sotogrande, Pepe Sánchez Moreno y “Mira Torreguadiaro”.

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Año 1959. Merendero Las Camelias, donde en el año 1965 se construiría el Hostal Las Camelias. Fuente: “Mira Torreguadiaro.

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Mira 1.961. El Merendero Las Camelias que pasó a llamarse Restaurant. En la entrada está José Gallardo Ramón, mas conocido por Pepín el de Las Camelias, porque con su mujer, Camelia León, de origen valenciana, comenzó el negocio. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

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Año 1961.- Aparcamiento del Resurant Las Camelias. En la foto, el dueño, Pepín Gallardo Ramón, con su hijo, José Enrique, que en la actualidad regenta el Hostal Las Camelias que se elevaría sobre ese mismo solar. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

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Año 1964. Sobre ese mismo espacio, antes merendero y luego restaurant, sería construido el Hostal Las Camelias y cuya evolución de vértigo en tan corto periodo de tiempo explica igualmente la que sufrió Torreguadiaro. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

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Año 1974. Hostal Las Camelias. Al fondo el Peñón de Gibraltar. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

Cuando tiempo después vi la película de David Lean, “El puente sobre el Río Kway”, se me quedó muy grabado la pesadilla de lo que en ese trayecto tesorillero camino de la playa Punta Chullera nos podía acontecer si a alguien le hubiera dado por dinamitar el fondo del río para hacer saltar los frágiles soportes que fijaban la estructura maderera de dicha pasarela y que cubría las dos riberas del caudal que llevara el Guadiaro, más ateniéndonos a la altura que mostraba el Ford en su travesía. Por tanto, nos podía suceder a lo que le aconteció al tren de esa película que voló por los aires sobre aquel torrente de agua en las lejanas tierras tailandesas, donde no tuvo que sobrevivir nadie.

cartel del puente sobre el río kwai 1957

La película que tuvo los silbidos más famosos de la historia del cine, pero como banda sonora. Con siete Oscars se estrenó en España en el año 1958. Me recordó en demasía el Puente de madera de Tesorillo sobre el río Guadiaro. En este film, fueron presos británicos, no repubblicanos españoles, hechos por los japoneses, no por los franquistas, los que construyeron este puente también de madera, para que pasara, no coches como el Ford de mi tío sino una línea de ferrocarril que conectara Siam con Birmania. Fuente: Google.

Entonces fue cuando le cogí miedo; antes había sido todo risas ante la aventura de la misión. Pero ya para ese momento, empezaron las obras de construcción del nuevo puente sobre el río Guadiaro que sería inaugurado en el año 1962, con el mismo armazón de hormigón que aún sigue en uso, quedando el de madera de exclusivo uso peatonal hasta que en febrero del año 1963 se lo llevó una crecida del río.

Trabajadores del puente Tesorillo 1962

Trabajadores del nuevo puente de Tesorillo, ya de hormigón y asfaltado, sobre el río Guadiaro que sustituiría al de madera para el tránsito rodado y motorizado en el año 1962. Fuente: Portal de Facebook: “Quiero a Tesorillo”.

puente tesorillo año 1961 1962

Carretera desde la Costa a Tesorillo, a la altura del Secadero (Casares, Málaga) donde se encuentra el límite con el municipio de Jimena, ya aproximándose a la finalización del nuevo puente de hormigón sobre el río Guadiaro. Se percibe en la obra del puente una grua. Fuente: Miguel Solis Domínguez, “Quiero a Tesorillo”.

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Tal y como quedó el nuevo puente de hormigón y con asfaltado en su pavimentación. Fuente: “Quiero a Tesorillo”.

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El nuevo puente sobre el río Guadiaro. Fuente: Rosa Estorach.

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Nuevo puente sobre el río Guadiaro y los restos que quedaron del antiguo, una vez que se lo llevó la riada en febrero de 1963. Fuente: “Quiero a Tesorillo”. Rosa Estorach.

Era una coyuntura en que la jimenata pedanía de San Martín del Tesorillo estaba presenciando la llegada, cada vez más numerosa, de familias valencianas dedicadas al cultivo de los agrios y de los encharcados arrozales, con molestos mosquitos en abundancia, comenzando a ser una de las particularidades específicas de los campos de esta zona; cuyos pequeños propietarios, empezaron a generar una alta prosperidad, infundiendo una aureola levantina en las nuevas casas que se fueron construyendo bien distintas a la del pueblo de Jimena así como el protagonismo de la palmera en el ornamentado urbano, con un notable incremento del parque de carricoches, fundamentalmente agrícolas, y de camiones de transportes, lo que hizo también necesario acelerar la construcción del nuevo puente

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Trabajadores de Tesorillo plantando arroz. Década de los cincuenta. Fuente: “Quiero a Tesorillo”.

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Trabajadores de Tesorillo plantando arroz. Década de los cincuenta. Fuente: “Quiero a Tesorillo”.

A mi tío Domingo le encantaba la pesca submarina. En Chullera había en abundancia. Las playas entonces estaban desiertas, con aguas cristalinas y una gran riqueza en flora y fauna marina como constantes vitales de un mar mucho menos intervenido por la acción humana que el que actualmente se presenta. En todo caso, solo a algún que otro yanito de Gibraltar nos lo encontrábamos raramente compartiendo el espacio litoral y siempre situado a bastante distancia. Era impensable que pocos años después se masificara la arena de la playa y el proceso urbanizador lo ocupara todo, tal y como sucedió.

torreguadiaro 1959

Año 1959. La carretera nacional 340 a su paso por Torreguadiaro apenas sin urbanizar. Se puede apreciar desde la izquierda de la imagen, que ya estaba iniciada la construcción del hotel Patricia. Que al otro lado del viario se halla a continuación la Venta San Bernardo que fue construida en el año 1900 y estuvo abierta hasta la década de los setenta. Enfrente, el cuartel de la Guardia Civil edificado en los años veinte y que estaría abierto hasta finales de la década de los noventa. Siguiendo la ruta y encima de la colina que hay sobre el acantilado, se halla la Casa Fuerte, otro cuartel de la Guardia Civil (antes del golpe de Estado de 1936 fue cuartel de Carabineros de importancia estratégica de control desde Gibraltar a Málaga, que tenía competencias en materia de aduanas y vigilancia de fronteras, puertos y litoral, como servicio fiscal y de represión del contrabando) que entraría antes en desuso, final de los años sesenta, y sería abandonado y luego derruido. A sus pies, en esta zona llamada de San Diego, se encuentra la playa de Cala Sardina que hasta el final de esta foto daba con Punta Chullera, que era a la playa donde nos llevaba mi tío Domingo desde la mitad de esa década de los cincuenta. Esa alargada línea litoral que se ve al fondo, estaba reservada y vigilada por la Guardia Civil para su uso exclusivo por el Gobernador “yanito” de Gibraltar, familia e invitados. Además en ese tramos de la carretera recta que se aprecia por encima está el límite de las provincias de Cádiz con Málaga, fronterizo de los municipios de San Roque y Manilva, Costa de la Luz que empieza en Ayamonte (Huelva) y comienzo de la Costa del Sol. Foto: “Mira Torreguadiaro”.

En este sentido, cercano al lugar de la playa donde íbamos, límite de las provincias de Cádiz con Málaga, se encontraba, con enorme longitud de línea marítima y aprovechando un enorme resguardo, la playa Cala Sardina, una zona de costa temporalmente privatizada. Estaba delimitada y confinada de forma natural por el acantilado que daba a la carretera nacional 340. El color de la arena era algo más oscura y su textura de mayor grosor que la de las otras zonas colindantes debido al depósito de acarreos de origen fluvial procedente del arroyo de Calataraje que cuando llevaba agua desembocaba por allí.

Familia británica de Gibraltar de playa. Fuente: “Memoria de Algeciras”.

Era para uso y disfrute exclusivo del primer ministro de Gibraltar, que entonces llamábamos, gobernador del Peñón. A ambos extremos de su orilla, se posicionaban sendas parejas de guardias civiles con los mosquetones sobre los hombros a cuestas sujetas por correas, dotadas de capotes verdes y pañuelos blancos que caían por detrás de los tricornios para proteger sus cogotes del sol. La misión encomendada, era impedir, en prevención de molestias y para preservar la intimidad así como por medida de seguridad, la circulación de cualquier usuario de playa o pescador en torno a ese teórico dominio público, en tanto esa influyente familia de habla inglesa se encontrara disfrutando del sol y baño en su borde marítimo.

A lo mejor sucedía, coincidiendo con una soflama de Franco, bien desde el Palacio del Pardo o en alguna entrevista en el yate Azor pescando atunes preparados previamente para salir en las portadas y que superaban en dimensiones la escasa altura de talla del Dictador, dando sus habituales discursos patrioteros sobre la maldad intrínseca de los británicos por disponer en suelo patrio de una colonia en “el corazón de los españoles”.

El Dictador, Francisco Franco, en el yate Azor, haciéndose una foto con un atún de mayor talla que su limitada altura, aparentando que lo había pescado. Foto: Archivo del diario “El País”.

Este cuerpo de agentes de la autoridad, de color verde que protegía a la autoridad gibraltareña, que unos llamaban, la benemérita, otros, picoletos, por el tricornio de tres picos, e incluso pescadores de la zona, los denominaban arenques por ir en parejas, también pululaba por la arena de la playa donde estaba desplegada, de un sitio a otro, en labores de vigilancia para evitar el contrabando gibraltareño que desembarcaba por la noche procedente del interior del mar y de día para velar por la moral y las buenas costumbres de las personas que posaran en nuestro litoral.

Vigilando costas guardia civil

Guardia civil vigilando la playa para la seguridad, prevenir el contrabando y el buen cumplimiento de las normas sobre el textil que tenían que emplear los bañistas. Fuente: Google.

Estaba muy reciente, según llegaron a contar en una de esas paradas que para fumarse un pitillo hacían junto a mi tío, unas disposiciones gubernativas que prohibían el uso de dos piezas como bañador de las mujeres y del slip en los hombres. Para la bañista, anatómicamente desarrollada, era de obligado cumplimiento que llevara su vientre, pecho y espalda cubierta, completando el bajo de su textil con una faldita. Para los varones, les estaría reservado, según esa misma orden ministerial, unos pantalones de diseño más futbolero que bañista.

midiendo llanito tesorillo

Mediciones de comprobación del cumplimiento de la normativa de decencia moral exigible para permanecer en la playa y bañarse. Fuente: Google.

Este precepto, daría lugar, años después, con la llegada del turismo extranjero, a algunas esperpénticas escenas y a más de una anécdota, typical spanish, protagonizados por esos súper abrigados guardias civiles que se esforzaban en impedir que “las suecas” tomaran el sol español ligeras de textil.

O sea, la propaganda franquista fomentaba oficialmente la llegada de visitantes, pero temerosos del contagio por los reprimidos españolitos de sus usos y hábitos de moda tan pecaminosos contra la moral católica y apostólica, se intentaban aplicar unas victorianas normas que podían amedrentar para repetir en el futuro nuevas estancias vacacionales. Aunque, para que eso no ocurriera, se acudía a machaconas campaña, con aires de canción del verano, que decía: “España tiene seguro de sol”.

Para coronar toda esta parafernalia, el equipo de desinformación y turismo que comandaba el ministro, don Manuel Fraga Iribarne, encontró en 1963 la feliz y casposa idea de síntesis propagandística en el eslogan: “Spain is different”, para la promoción de nuestro país en el extranjero, que más allá de su intención, servía para justificar toda esta celtibérica y contradictoria actuación de la sui géneris Dictadura, encaminada ya por la senda del desarrollismo, que padecíamos nativos y forasteros.

Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo del Dictador Franco, autor de la campaña para atraer a turistas “Spain is different”. Fuente: Blog La Alacena de las Ideas.

No obstante, hasta esa moratina fue trastocándose con el discurrir de los años.

Así, dando un salto en el tiempo y siendo adolescente, en una de esas noches estivales de veraneo con mis padres en Torreguadiaro, junto al Hotel Patricia que estaba ya construido había una discoteca Santa Fe, en el bajo del restaurante, Agustino, donde viví una escena que explica sobradamente el gran cambio que en materia de relajación de ancestros prejuicios se estaba operando.

hotel patricia restaurante agustino torreguadiario playa

Vista panorámica que ofrecía en 1964 la playa de la Ensenada de Torreguadiaro, que sería más conocida una vez que se construyó el hotel, la playa del Patricia. A mano izquierda, en blanco con teja, aparece la Venta San Bernardo. y al otro lado de la carretera el Restaurante Agustino, que antes se llamó Le París, y debajo estaba la discoteca Santa Fe. Al lado, hacia su derecha, el Hotel Patricia. Fuente: “Mira Torreguadiaro”.

Encontrándome en la terraza de la discoteca acompañado de una joven escocesa, de nombre Patricia, dándonos una tregua a los cuerpos tras haberlo sometido al meneo frenético del ritmo de la música anglosajona de moda en el interior de la pista de baile; mientras intimidábamos a la luz de la luna llena, de pronto, en el silencio de la noche interrumpido tan solo por los golpes de las olas del mar, comenzamos a oír una acelerada cadena de jadeos y susurros, inmensamente sensuales, procedente del suelo firme de la arena de la playa. Nos asomamos por su antepecho de medio cuerpo compuesto por balaustres de bloques de de rasillas abiertas con huecos y no dimos crédito, menos yo.

guardia civil mili

Reclamo para hacer el servicio militar en la Guardia Civil. Fuente: El Blog de los Guardias Civiles Auxiliares.

Un joven guardia civil, de los que hacían la mili en ese cuerpo y se encontraba en labores de vigilancia en esa zona costera, se hallaba sobre la superficie de la arena tumbado bocarriba, uniformado al completo, con su tricornio y correas, con el armamento reglamentario en su funda, mientras una fémina de aspecto también guiri posaba bocabajo haciendo flexiones encima de él, del mismo modo vestida,…

“¡Cómo estaban cambiando los tiempos!”, pensé. Tras ese instante, cada vez que me encontraba con un guardia civil uniformado, seguía reflexionando sobre la kafkiana escena que había contemplado, encontrándole un nuevo sentido, sin que hubiera pasado por la imaginación ni tan siquiera de su fundador, el Duque de Ahumada, al corte recto que por detrás ofrece el tricornio.

torreguadiaro trillo ag 1967

Playa de Torreguadiaro donde me encuentro de vacaciones en primer plano y detrás de mi cabeza sobresale la terraza de la discoteca del restaurante Agustino y al fondo las casas blancas es el cuartel de la Guardia Civil. De portero, parando el balón, un nativo del lugar. Año 1967. Foto: Propia.

Volviendo a años atrás, aquel litoral de Punta Chullera transcurría entre calas vírgenes, porque el proceso de urbanización residencial, que tan abrumadamente empezó a ocupar con posterioridad nuestras costas, no se había presentado aunque estaba en puertas.

Nos llevábamos entonces comida a la playa como si fuéramos a permanecer en sus aguas de baño una semana. Cargábamos igualmente con numerosas cantimploras y garrafas vacías, porque se nos decía que el agua que había en una fuente cercana a Punta Chullera tenía una gran riqueza en hierro. Ello conllevó a que la ingenua de mi prima Mari Luz le preguntara a su padre que si por beber mucha agua con esa propiedad se le podía poner el estómago mohoso.

playa chullera miguel domin y yo

Agosto de 1957. En playa Punta Chullera. Mi primo Domingo Casas, y mi hermano, Miguel Ángel, a mi derecha. Fuente: Propia.

chullera agua roca

En las aguas trasparentes de playa Chullera, mis primas y tía junto a la roca. Año 1952. Fuente propia.

Nos poníamos colorados como salmonetes de estar todo el día expuesto al sol; quemadito y predispuesto a que jornadas posteriores mudáramos la piel.

Ni la crema “Nivea” impedía que en más de una ocasión, debido a la insolación que habíamos recibido, tuviéramos fiebre al día siguiente.

También recuerdo que algunas veces, antes de retirarnos por la tarde de la playa, a consecuencia de los pegotes de alquitrán que reposaban en la arena o en las rocas procedente del tráfico marítimo, bien procedentes de limpiezas de barcos o de la refinería de petróleo que hubiera en Gibraltar, teníamos que rasparnos las plantas de los pies con conchas de almejas, para a continuación acabar la limpieza con un trapo impregnado de gasolina que nuestras previsoras madres habían echado en el interior de un tarro por si se presentaba esa fatalidad.

Y a la vuelta del litoral, realizábamos una parada en la venta San Bernardo, que estaba cerca de Punta Chullera, para que los mayores tomaran un café y así hacer el trayecto más espabilado, en tanto los niños seguíamos merendando. Enfrente y al otro lado de la carretera, estaba el cuartel de la Guardia Civil de Torreguadiaro.

venta bernardo ana cristina sánchez rey torreguadiaro

Venta San Bernabé. Construida a principio del siglo XX por Bernabé Sánchez y Dolores Navarro. Casa de postas, lugar en el que se realizaba el cambio de caballos para las diligencias que hacían el recorrido desde el Campo de Gibraltar hacia Málaga. También era sitio de descanso para las caballerías, y  de pernocta de los propietarios; es decir, aquel lugar hacia las veces de posada. En las paredes que daban al patio se podían ver las argollas que se usaban para amarrar a los caballerías. Con el paso del tiempo, ese camino de tierra a Málaga pasó a ser una carretera asfaltada, la nacional 340 de Cádiz a Barcelona. Ocurrió alrededor de 1920. La actividad de la Venta se vio mermada por la llegada de los vehículos a motor, pero no dejó de ser un referente en la zona. A partir de entonces se dedicó más a la actividad de bar-tienda, y así continuó hasta su cierre en la década de los 70, ya regentada por Encarnación Sánchez Navarro -hija de los fundadores- y por su esposo, Pepe Martín Bascuñana. Esta Venta fue la primera construcción que se hizo en Torreguadiaro, con la sola excepción de Casafuerte, cuartel de carabineros, y otra próxima a la Torre Vigía. En el mismo sitio actualmente se halla el edificio Torremar. Foto cedida por Luis Martín Sánchez (hijo de Encarnación y Pepe) Fuente: Pepe Sánchez Moreno en “Mira Torreguadiaro”.

A continuación ya no parábamos hasta llegar de nuevo al puente de madera de Tesorillo sobre el río Guadiaro para realizar la misma operación en su travesía y los mismos rezos de mi tía Rosario.

Cuando llegábamos al pueblo, mi tío Domingo nos dejaba otra vez junto al parque que existía a la entrada del pueblo, y de ahí teníamos que subir la cuesta Romo andando, apechando además con todos los utensilios playeros y la comida sobrante.

Mientras descargábamos el vehículo; irrumpía la mujer del jardinero, Antonio Pajares, que era quien cuidaba el parque que se hizo sobre la plaza de toros que existió y que ahora ocupa el IES Reina de los Ángeles. Con vestido siempre negro como las señoras antiguas y tres pelos en la barbilla que nunca se depiló, provechaba nuestra llegada para salir de su casa, en el interior del recinto del jardín, a cotillear con mi madre.

Pedro Reyes, D R sánchez, Antonio Garrido, Antonio Pajares, M A. E.C C jimena

En el Parque a la entrada a Jimena. Pedro Reyes, Diego Rocha Sánchez, Antonio Garrido, Antonio Pajares (el jardinero con su inseparable bastón y su faja) el cura Manuel Alegre y Ernesto Cuenca Cobalea. Fuente: Ediciones OBA.

Le interpelaba la buena mujer a su entender, con que cómo era posible que viniéramos de un sitio sin resguardo del sol para que nos diera la calor. Cuando mi progenitora le contaba que eso de ir a la playa para ponerse moreno se estaba poniendo muy de moda, la tradicional señora no salía de su asombro y le espetaba, en su propia reflexión y con tono de cierta xenofobia, por otro lado nada excepcional sino tan corriente entonces: “¡que cómo era posible que a las gentes les gustara estar tiznados para parecerse a los gitanos!”.

En tan solo un lapso de tiempo y distante de un par de decenas de kilómetros, aparecía nuevamente la profundidad del abismo que separaban dos tiempos, el que se iba a marchar y el que anunciaba con venir.

ANEXO I: POST AUTOBIOGRÁFICOS RELACIONADOS CON MI VIVENCIA EN LA JIMENA DE LA FRONTERA QUE ME VIO NACER Y TRANSCURRIR HASTA MI ADOLESCENCIA.

COCHES Y CARRETERAS DE AQUELLA JIMENA (06.03.2017) Un recorrido de época sobre los primeros coches que llegaron al mercado, cómo se conducían, qué reacción provocaba entre la población y como eran las infernales carreteras por donde transitaban:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/03/06/31255/

LA MUERTE DE LOS PAPAS DE ROMA DESDE JIMENA (25.02.2017) Al igual que pudo suceder en cualquier otro punto del medio rural en aquella España tan profunda y de tan obligada religiosidad oficial, relato aquí desde el prisma de la infancia cómo se vivió en el pueblo que me vio nacer la muerte en tan solo cinco años de dos Pontífices del Vaticano, Pío XII y Juan XXII: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/02/25/31152/

EL CUENTO DE LA CIGÜEÑA Y LA REPRODUCCIÓN (17.02.2017) La historia de una infancia donde la escuela para la enseñanza de la hechos mas elementales, considerados por la moralina estrecha imperante como delicados y no aptos para menores, se aprendían en la calle a través del contacto directo de los amigos, tales como de donde venían los recién nacidos y como las parejas engendraban a sus descendientes. https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/02/17/31102/

UN JIMENATO EN LA FERIA DE TESORILLO (15.02.2017): Un recorrido por las relaciones entre personas de distinto sexo acontecido a lo largo de una gran parte del siglo XX, tomando como hilo argumental de la narrativa la historia real sobre los avatares que le acontecen a un jimenato que fue a ligar a la feria del Corpus de la entonces pedanía y hoy entidad local autónoma, San Martín del Tesorillo: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/02/15/30992/

LOS ÁNGELES Y JIMENA CON LA FAMILIA LASTRES (05.02.2017): Pasado más de medio siglo, un recorrido por la Jimena y su Estación de tren de los Ángeles acompañado de una familia de octogenarios que así la vivieron en su tiempo de juventud y que tras marcharse del municipio han viajado de nuevo para volverla a recordar:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/02/05/30708/

BARBERÍAS Y PELUQUERÍAS DE JIMENA (27.01.2017): La sociología que envolvía a la clientela, tertulias y prensa que se leía en aquellas barberías de la década de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, así como lo que significó la irrupción en el pueblo de las peluquerías para señoras: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/01/25/30573/

LA GRAN NEVADA DE 1954 EN JIMENA (20.01.2017):  (El 3 de febrero de 1954) Jimena de la Frontera amaneció como nunca, con una inmensa nevada que casi todo lo cubría. Y en este caso desconocido y que no se ha vuelto a reproducir, narro cual fue la reacción de sus habitantes hasta que primero se heló y luego se derritió:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/01/19/30456/

LA DIVISIÓN AZUL EN JIMENA (09.01.2017): El relato de esta aventura del franquismo en apoyo a Adolfo Hitler, adonde llegaron dos jimenatos que atravesaron sinsabores múltiples por las penurias que padecieron:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/01/08/30335/

LOS ORÍGENES DEL FÚTBOL EN JIMENA (21.12.2016): La historia de la creación del club deportivo Jimena de fútbol asi como sus antecedentes, reconstruido a través de unos recortes familiares que casualmente hallé: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/12/19/30130/

LA TELEVISIÓN LLEGÓ A JIMENA A TRAVÉS DE SAN PABLO (21.10.2016): Las peripecias que ocurrieron cuando aparecieron los primeros televisores y cómo contribuyó a cambiar ciertas pautas del comportamiento de las gentes del pueblo:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/10/19/29752/

LA NOVENA QUE VIVÍ (01.09.2016): Cómo fueron a lo largo de mi infancia los nueve días dedicados a la patrona de la localidad, la Reina de los Ángeles, en la barriada que lleva su nombre y estación de tren, culminada el fin de semana de la primera semana de septiembre: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/09/01/29468/

TRAGEDIA TAURINA EN ALCALÁ LA REAL (26.08.2016): En el jienense pueblo de Alcalá La Real, cuatro años antes de que se hundiera la plaza de toros de Jimena de la Frontera, también había ocurrido un episodio de similares características:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/08/26/29375/

DESGRACIA TAURINA EN JIMENA (17.08.2016): El hundimiento de la plaza de toros de Jimena acontecido el 17 de agosto de 1961, donde hubo cinco muertos y cientos de heridos, entre ellas la hija del Primer Ministro de Reino Unido: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/08/17/29346/

EL PREGÓN A JIMENA QUE NO FUE (01.06.2016): En el año 2003 el ayuntamiento me nombró pregonero de aquella feria de Agosto. Cuando subí al escenario, me olvidé del guión que llevaba escrito para entregarme a las historias de mi infancia y adolescencia que me inspiraban los vecinos presentes. Ahora, localizado el texto que llevada redactado porque se me extravió, lo hago público :  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/05/29/28784/

EL CINE DE VERANO EN JIMENA (13.05.2016): Recorrido por lo que fue esta sala cinematográfica en la temporada veraniega y calurosa: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/05/13/28738/

EL CINE CAPITOL (25.04.2016): Radiografía sobre la sala cinematográfica y espectadores de invierno en Jimena: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/04/25/28693/

BARES DE JIMENA (04.04.2016): Descripción sobre bares y clientes que lo visitaban para beber, tapear y charlar: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/04/04/28375/

LA GASTRONOMÍA JIMENATA QUE FUE (03.03.2016): Un recorrido por los platos tradicionales, con el recetario de sus ingredientes y su evolución hasta hoy:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/03/03/28125/

ENTRAÑABLE AURELIO (19.02.2016) De la mano del taxista de Jimena recorriendo aquellas carreteras, paisajes y paisanajes de mi infancia en los coches de la época:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/02/19/27623/

LA MIRADA A LA GUERRA DESDE LA NIÑEZ (01.12.201): Cómo viví desde chico la Guerra Fría que se desarrollaba, como el accidente de bombas atómica caídas en Palomares, el bloqueo a Cuba por el despliegue de los misiles soviéticos o la carrera espacial:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/12/01/26981/

TOROS EN LA JIMENA DE 1957 (16.09.2015):  Crónica de una historia local que recupero limpiando bolsas de recortes de prensa y apuntes manuscritos del pasado:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/09/15/26318/

CÓMO ÉRAMOS: ADOLESCENCIA, SCOUT Y MÚSICA (01.11.2012) Contiene las relaciones y vivencias de aquellos jóvenes y la música que oíamos de Radio Gibraltar así como los discos de vinilo que nos llegaban desde El Peñón:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/11/01/12928/

HACIA EL IIº REENCUENTRO DE LOS CLUBES DE JIMENA (18.04.2015): Tal como somos, medio siglo después de aquella adolescencia:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/04/17/25415/

CUANDO DE NIÑO ME FUI DE CINE  (02.10.2012): Un apunte biográfico de mi infancia con la actriz sueca, Anita Ekberg, el español Fernando Fernán Gómez y el italiano, Vittorio de Sica:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/10/02/11624/

CÓMO LLEGÓ LA IIª REPÚBLICA Y SU PRIMER ALCALDE A MI PUEBLO (13.04.2014) La sencilla historia sobre cómo se enteraron radiofónicamente de la llegada de este acontecimiento histórico:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/04/13/22541/

LA HISTORIA DEL DOCTOR MONTERO (13.09.2014): Una sacrificada y sufrida biografía la del médico de mi pueblo comprometido con la causa de la democracia y la IIª República:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/09/13/23993/

CRISIS Y EMIGRACIÓN EN EL MEDIO RURAL (24.02. 2015): Cómo fue y las secuelas dejadas por la emigración de la décda de los sesenta del pasado siglo:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/02/24/25187/

MI PESADILLA CON WERT (18.03.2012): El relato a través del sueño sobre el modelo de enseñanza bajo el franquismo y que al parecer tenemos que volver con la LOMCE:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/03/18/6032/

GIBRALTAR, ESA GRAN COARTADA DE RAJOY (12.08.2013): No solo le sirvió el estribillo, “Gibraltar español”, a Franco para desviar las tensiones contra su Régimen, sino que también lo ha empleado Rajoy para tapar su corrupción):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2013/08/12/18762/

ANEXO II: TRILOGÍA SOBRE CASTELLAR DE LA FRONTERA.

DE JIMENA A CASTELLAR PARA VER MI PRIMERA NOVILLADA (06.11.2016): Cómo percibí el lugar en que se celebró y el transcurso de mi primera asistencia a una peculiar corrida taurina: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/11/06/29871/

LA CASTELLAR QUE CONOCÍ EN 1960 (06.12.2016): En qué situación de extremo subdesarrollo se encontraba este municipio y el cambio espectacular que se produjo en tan poco tiempo:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/12/06/29970/

CASTELLAR Y LA CASA DUCAL DE MEDINACELI (26.12.2016): Historia de Castellar y de la casa nobiliaria que la dominó durante un largo periodo con prácticas semifeudales y las distintos avatares divergentes que les vinieron sucediendo: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/12/25/30239/ 

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