ENTRAÑABLE AURELIO (19.02.2016)

Posted on febrero 19, 2016

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ENTRAÑABLE AURELIO

Ignacio Trillo

He tenido ocasión, durante una nueva estancia en mi pueblo natal, Jimena de la Frontera, de volver a sumergirme en la infancia. Esta vez la visita ha estado motivada por el homenaje que se le ha rendido al ex edil socialista y ex alcalde de San Pablo de Buceite, Andrés Beffa, jubilado de la vida política institucional, no de la laboral, y al que fui invitado expresamente por achacárseme el hecho de haberlo introducirlo a temprana edad -aún bajo la Dictadura- en el noble y entonces peligroso ejercicio de la política. Anuncio desde ya que otro día escribiré sobre este clandestino episodio.

andrés feffa ignacio trillo

Andrés Beffa e Ignacio Trillo. Fecha: 6 de febrero 2016

Ahora lo que voy a relatar es el encuentro que mantuve con un entrañable personaje del pueblo: el chófer y conductor de taxis, Aurelio Collado Riquelme; hombre bueno, autodidacta, prudente y locuaz a la vez que discreto.  

Aurelio, joven

Aurelio, siendo joven

Le di la grata sorpresa de presentarme en su casa de la Estación de Jimena sin avisar, después de casi medio siglo de no haber hablado con él tranquilamente. Ambos abrimos evocaciones de la memoria.

El encuentro lógicamente fue de lo más emotivo. Durante el par de horas que duró, hicimos un amplio recorrido, pleno de anécdotas compartidas; yo, desde el recuerdo de mi niñez y él como conductor en aquella Andalucía profunda surcada de infernales carreteras y coches deteriorados.

El primer vehículo que recuerdo -siendo muy pequeño- hacía el transporte público entre Jimena y su Estación de tren, separados por dos kilómetros. Al auto en cuestión se le llamaba “La Barrunta”, conducido por el gran amigo de mi familia ya desaparecida, el entonces joven, Aurelio.

la barrunta aurelio 1951 jimena

Aurelio, primero a la izquierda, con 18 años, recién sacado el carnet de conducir, aún conservando el cabello, junto a un grupo de amigos. Ya conducía dicho vehículo un año antes con un permiso que obtuvo solo para hacer el trayecto de ida y vuelta del pueblo a la estación sin poderse salir de ese itinerario. Detrás, “La Barrunta”, primer vehículo de fabricación jimenata. Año: 1951.

“La Barrunta” fue, quizá, el primitivo coche, y tal vez el único, fabricado, `made in Jimena´. Su motor procedía del desguace en Gibraltar de un auto que databa de la Segunda Guerra Mundial. El chasis se lo hizo Sebastián Zarza, titular del único taller para coches y motos existente en La Estación. Y qué decir de su estructura de madera, confeccionada en la carpintería de Sarrias y Gómez del mismo lugar.

jimena garcia bravo estación 1955 1

Jimena de la Frontera. El puente sobre el arroyo García Bravo, situado a mitad de la distancia con la Barriada de la Estación de tren. Año: 1955

Hecho normal, contrario a lo que parecería hoy en día, era que al `refrito´ vehículo en sus cortos y múltiples viajes de cada jornada, de vez en cuando, se le saliera alguna rueda, pinchara o reventara. Por tanto, nunca se sabía con exactitud y seguridad lo que podía durar el recorrido.

En una ocasión, el traqueteo de la parada en seco por la salida de la rueda trasera fue de tal calibre, que un viajero no habitual, el juez en San Roque, empujado por el golpe, se le fue el cuerpo hacia adelante, balanceando la cabeza hacia su pecho hasta encontrarse por medio y enfrente con la cara de una conocida vecina de la calle Larga que iba en el asiento de delante, preciso instante en que a su vez había girado la cabeza hacia atrás para ver qué ocurría, encontrándose, `ipso facto´ como impacto, con el desagradable chasco de sentir clavada la dentadura postiza del magistrado en su pómulo izquierdo, prótesis bucal que además acabó fuera de la originaria cavidad en dirección al suelo.

barrunta jimena 1960

“La Barrunta” en una de sus averías. Año: 1955

El siniestro, que gozó de enorme chanza, fue largamente comentado entre el paisanaje. La accidentada necesitó la presencia de mi padre, médico, para realizarle varias suturas en su fisonomía facial al objeto de cerrarle la herida.

El cariño que siendo muy pequeño le tenía a Aurelio era tal que el día de Reyes, cumpliendo además cuatro años, me echaron de regalo un camión de madera con conductor incluido. Inmediatamente, a esa figurita de papel cartón que estaba dentro de la cabina, la bauticé con el nombre de Aurelio. Una tarde, cuando regresé a casa de la mano de una adulta, después de haber jugado en El Paseo, me di cuenta que la efigie había desaparecido de su interior. Me la tiré entera llorando desconsoladamente, diciéndole a mi madre: “¡Mamá, se ha perdido Aurelio… se ha perdido Aurelio… !

jimena trillo 11.11.1955 aurelio

Aquí contaba con 4 años y 10 meses. Jugando en el patio de mi casa de Jimena con el camión a cuyo conductor llamé Aurelio y ya lo había perdido. Fecha: 11 Noviembre de 1955.

Tiempo más tarde, Aurelio, ya con taxi propio, un Seat 1400, hizo que mi familia para largos recorridos prescindiera del tren exprés, antes utilizado, para ir al jienense pueblo de Rus, lugar de nacimiento de mi padre.

Seat-1400

La parte delantera interior del SEAT 1400, donde nos tirábamos entre 13 y 14 horas de viajes con paradas, para hacer el recorrido desde Jimena de la Frontera a Rus. Mi padre delante acompañando a Aurelio, y mi madre con sus tres hijos detrás. Año: 1960.

Con anterioridad, tomábamos ese convoy ferroviario en la Estación de Jimena que tenía parada. Procedía de Algeciras, con salida a las ocho de la tarde y destino a Madrid, donde solía llegar entre las nueve y las diez de la mañana del día siguiente. Pues bien, en una de las paradas intermedias, en concreto, en la Estación Linares-Baeza, alrededor de las cuatro de la madrugada, era donde nos bajábamos, dando así fin a nuestro desplazamiento, considerado en aquel tiempo de muy largo itinerario por la distancia separadora con Jimena. No obstante, aún necesitábamos la asistencia de un taxi para culminar la ruta prevista.

Isabel Tren Jimena Aurelio

Mi madre, Isabel, sentada en el tren expresso con destino a Linares-Baeza. Año: 1956

Por tanto,  Aurelio, posteriormente, fue el encargado de transportarnos por carretera con su taxi a lo largo de ese mismo trayecto, coincidiendo normalmente en fecha con el tórrido verano vacacional. Aunque también, en alguna ocasión, con el frío invierno, para asistir en la primera semana de febrero a la fiesta de San Blas, patrón de ese pueblo de Jaén, residencia de mis cuatro tíos, hermanos de mi padre. De esos varios días que dura la fiesta, no me olvidaré el día de san Blasillo, en el interior de una casa de amplio salón repleta de varones tirando en su interior cohetes y “rateros” (carretilla) en tanto todos corría y gritaban de risa de un rincón al otro para no quemarse. Horrible.

En todas las ocasiones, salíamos de Jimena al amanecer, sobre la siete de la mañana, almorzábamos a la tres de la tarde en Santa Fe (Granada), merendábamos en Campillos de Arenas (Jaén), y, a las diez o las once de la noche, llegábamos al destino. Quince horas de tremenda paliza, con varias vomiteras incluidas, a lo largo de un itinerario que ahora en coche se puede hacer en menos de cuatro.

Rus panorámica 10.12.1956

Rus (Jaen) cómo estaba en nuestras primeras visitas. Fecha 10.12.1956.

La primera vez que llegué a esta villa era muy pequeño. Me impresionó cuanto contemplaba. Sobre todo, el interior de la inmensa casa en que vivía la familia de mi padre, de aire señorial aunque sencilla, y donde todo añoraba aquel presente olivarero.

Mi padre y abuela Juan Trillo Antonia

Mi abuela Antonia, con treinta y un año,  y mi padre, Juan Ignacio, con nueve años, ambos nacidos en Rus. Año 1920.

Rus Juan Trillo Diciembre 1929

Mi padre con 18 años. Al fondo Rus. Fecha: Diciembre de 1929. 

Lo he ido recordando con Aurelio. Al atardecer, los mulos procedentes de las faenas del campo entraban hasta el fondo del inmueble por el portal principal desde la calle, sita cerca del centro del pueblo, y para lo que todo estaba preparado. Una línea con escasa anchura empedrada y acerada en su superficie atravesaba el portal, recorría la planta baja y desembocaba en un lindo patio, para que las pisadas de sus cascos no dejaran huella ni rompieran ninguna de las losetas ubicadas a sus laterales. No había que mudar de sitio ningún mueble de los situados en ese espacio. Parecía que los animales estaban educados; ni tan siquiera había que mover las dos mecedoras colindantes que sobresalían, situadas a mitad de esa travesía y donde mis tías sesteaban en las calurosas sobremesas del estío.

familia de rus aurelio

Los cuatro hermanos de mi padre y su madre, que vivían en la casa de Rus y que tanta amistad tuvieron con Aurelio, al que consideraban como de la familia. Así, mis cuatro tíos, todos solteros (de izquierda a derecha): Elvira, Blas, Paco y Margarita, y en el centro, mi abuela Antonia. Fecha 1954.

El largo pasillo daba, superando un alto escalón, a un lindo patio lleno de arriates y macetas que colgaban de sus muros. Tenía una gran parra, que hacía sombra en verano. En el centro había un pozo protegido por armadura de hierro circular de barrotes que se elevaba desde el suelo firme a la altura del pecho para que nadie pudiera caerse en su interior, acabando como estética decorativa con un arco de unos dos metros en vertical soldado a cada lado de su diámetro. Dotado de una carrucha y soga para meter y sacar cargado de agua un cubo metálico, el pozo conservaba el buen nivel el líquido elemento durante todo el año; ofreciendo, por tanto, grandes diferencias con los existentes en Jimena, que eran totalmente de obras y se secaban conforme avanzaba el estío

parra rus patio aurelio

Mis tía Margarita, y tio Blas, y en el otro extremo mi tía Elvira con uvas en la boca, hermanos de mi padre, junto a un matrimonio también de la familia, bajo la parra en el patio de la casa de Rus, calle Fuentezuela, 14. Año: 1953.

La cocina se alimentaba de leña y carbón. Estaba adosada y abierta en ese espacio libre del patio, Era antesala, con una previa rampa, ya toda de piedra en su superficie, para el acceso a una cuadra con extendido pesebre en tanto los aperos figuraban colgados en sus muros, lugar donde finalizaba la senda que hacían los mulos. Más allá, al fondo, se hallaba otro patio que servía de corral para gallos, gallinas y pavos. Y en un altillo, como planta superior a la cuadra, existía un palomar. El inmueble había sido construido por mi bisabuelo a principios del siglo XX.

aurelio collado riquelme jimena

Aurelio Collado, contando con veinte años. Foto familiar.

Aurelio es un enamorado de los burros. Me contó cómo diariamente, durante su etapa de infancia y adolescencia, transportaba a su madre viuda subido en ese animal. La llevaba, desde Jimena, donde empezaron viviendo en el callejón frente a la farmacia del barrio de abajo, hasta la Estación, en que su progenitora regentaba el almacén de harina de su fusilado padre, que sucedió cuando contaba él tan solo con tres años. Empezó llevando vehículos de motor a los diecisiete con un permiso especial que le concedieron, y un año después con gran jolgorio obtuvo el carnet de conducir, fecha en la que además coincidió con su cambio de domicilio a la Estación, frente al paso a nivel del tren, donde sigue viviendo.

barrunta jimena y burros

Hasta llegar el coche y poder ser accesible para las economías familiares, hecho que aún faltaba mucho tiempo, el burro en Jimena era el medio de transporte y para el trabajo, imprescindible. Año:  1965

Volviendo a la casa de Rus, en la primera planta existían cuatro dormitorios, un saloncito de separación y distribuidor y el cuarto de baño. Además, en un piso más alto, un soberao, que allí le llaman cámara, que albergaba herramientas agrícolas y mobiliario en desuso. Entre ello, perduraban aún dos grandes butacas, una fija con patas y otra que se mecía, ostentando una puertecita con maya en sus bajos y un asiento con una doble tapa; la primera, lisa, sobre la que para comodidad de la persona que se sentaba se le colocaban unos cojines de lanas, y, levantada ésta, aparecía otra con hueco a modo de tapadera de retrete, bajo la cual se encontraba una gran escupidera.

fachada de casa de rus elvira

Fachada de la casa de mis tíos en Rus, calle Fuentezuela, 14. Por las noches en el caluroso verano aparecía la calle con los vecinos en las puertas con sus mecedoras o sillas para tomar el fresco y conversar sobre lo cotidiano. A la izquierda, mi tía Elvira. Fecha: 1971.

Me contaban que mi bisabuela quedó paralítica por una fiebre y allí mismo posada todo el día hacía sus necesidades fisiológicas.

Si salías a la calle de ese pueblo, se contemplaba una arquitectura donde sus diseños y fachadas tenían una fuerte impronta castellana. En verano, el aroma al alpechín del aceite estaba muy presente, como en el invierno, el incienso de la leña de madera de olivo quemada que salía por las cuantiosas chimeneas caseras que habían.

La plaza, donde se ubica el Ayuntamiento y jugábamos los niños sin parar, también era bien distinta a la de Jimena. Cuadrada de forma irregular, estaba bordeada en uno de sus laterales por unos soportales, refugio para la lluvia a la vez que para el calor. En cuanto a la gastronomía local, siempre estaban presentes la aceituna y el aceite de oliva; se tratara del menú de la mañana, almuerzo, merienda o de la cena.

rus plaza del ayuntamiento aurelio

La plaza del ayuntamiento de Rus, donde jugábamos la infancia. Siempre me resultó curioso esos soportales, a mano izquierda de la imagen, donde solíamos refugiarnos del sofocante solano en verano y del agua en invierno. Foto actual.

Conforme pasaron unos años, cuando llegábamos a Rus nos íbamos dando cuenta con mayor precisión de lo atrasado que se iba quedando en relación a Jimena, La diferencia lo significaba vivir cerca de Gibraltar o de Ceuta, para que las cosas más elementales que habían surgido o progresado, como por ejemplo la plancha eléctrica, fuera algo aún inédita entre estos nativos jienenses. Seguían perdurando, desde tiempos ancestrales, los pedazos de artefactos de hierro negro empleados para que quedase la ropa sin arrugas, y a los que había que introducirles en su interior carbón ardiendo que se extraía del fogón de la cocina que estaba construida en su integridad de obra. Nada del butano o las placas eléctricas que ya empezaron a imponerse en Jimena.

En Rus, el frío en invierno era terrible. Al poco tiempo de meternos en la cama, no sentíamos los pies. Las sábanas estaban hechas un témpano de hielo. El colchón era de de relleno de lana de oveja. Para paliar este gélido ambiente, nos acompañábamos de varias bolsas de gruesa goma de color roja llenas de agua hirviendo que las introducíamos bajo el cobertor para que con ese calorcito pudiéramos coger el sueño.

Llegado el amanecer, la ardiente temperatura había desaparecido. Nos despertábamos tiritando, hechos unos ovillos, con los huesos entumecidos, dando diente con diente, para inmediatamente ir camino de la chimenea -allí fue cuando de pequeñín descubrí ese fabuloso invento que no existía en Jimena- y donde tanto me encantaba observar cómo el fuego iba devorando el tronco de madera. En dicho lugar, cuando nos levantábamos, mis madrugadoras tías nos tenían preparado el desayuno. Junto al café con leche de cabra, no faltaba nunca el hoyo de pan redondo, y para bañarlo, el aceite de la tierra, que era más recio y afrutado que el que teníamos en Jimena, junto a la sal o el azúcar para acompañarlo según los gustos de cada cual.

cooperativa la ruseña aceite aurelio Rus

La Cooperativa de aceite de Rus donde se elaboraba el rico manjar del pueblo, que tanto nos deleitaba el paladar.

En tanto fui creciendo, sufrí en mi paladar las consecuencias de la mentirosa campaña, basada en intereses económicos y guerras de mercados, que se saldó con el triunfo de las tesis anglosajonas, basadas en una teoría pseudocientífica que se extendería por la geografía hispánica, incluida Jimena, sobre lo malísimo que para la salud significaba el consumo del aceite de oliva. Así consiguieron engancharnos, por el contrario, al aceite de girasol y a la mantequilla vegetal. Y cuando en verano regresaba nuevamente a Rus –lugar donde fracasó ese bulo- ya el aceite de Rus me sabía mal, demasiado fuerte, por lo que lo suplía untándole al pan manteca de cerdo; allí no había margarina de la que nos llegaba a mi jimenata casa procedente del contrabandeo con Gibraltar.

Asimismo, dejé de tomar la aceituna de verdeo rajada, que se consumía durante todo el año en Rus acompañando a las comidas. Me resultaban muy ácidas.

mar de oliva de rus aurelio

Rus, un mar de olivar

Esa olivas, las conservada mi familia jienense en unos inmensos recipientes de barro, llamados orzas, estacionadas en el sótano de la casa y al que había que entrar con una vela o un mechero encendido, como motivo de prevención, para comprobar antes si había oxígeno en la sala. Por ello, ese espacio al que rehuía, me representaba toda una aureola de misterio y lugar de posible cobijo de fantasmas. Cuando me amenazaban con encerrarme en el referido subsuelo, como castigo, mi actitud rebelde se trocaba de inmediato en lo más dócil.

Ilustrado el entuerto con el retorno normalizado de los distintos aceites a sus valores reales alimenticios y siendo ya aceptados por los mercados, mi sabor recuperó en plan positivo lo que precisamente sigue siendo uno de mis mayores placeres gastronómicos: desayunar con pan cateto tostado, aceite de oliva y una pizca de sal.

Aurelio, con el que fui haciendo camino de estos íntimos e imborrables recuerdos rescatados, recordaba de la misma manera el riquísimo aceite de oliva puro que en envase de lata de cinco litros le regalaban mis tíos en cada viaje, y que al emprender al día siguiente la ruta de regreso, tras pernoctar en Rus, lo guardaba sigilosamente en su domicilio de la Estación de Jimena para que solo su madre tuviera para sus desayunos y le durara todo el año.

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Cómo no, destacaba la monumentalidad de la iglesia de Rus, Nuestra Señora de la Asunción. Estado actual.

También, me evocó las alfombras que había en el suelo de la casa de mis tíos y que tanto le asombraron. Procedente de vacuno, conservaba el pelo blanco y negro natural del animal sobre el cuero desecado. Y es que uno de mis tíos, Paco, como veterinario, era estudioso y experto de esas reses a la vez que asesor taurómaco de las grandes figuras del toreo de entonces. Posteriormente, ya viviendo en Madrid, pasaría a ser comentarista de este espectáculo en el único canal televisivo de entonces, TVE, simultaneándolo como articulista de la prensa diaria en el periódico `Ya´, y en la especializada.

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Mi tío Paco en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza donde hizo la licenciatura y el doctorado que versó sobre los cuernos del toro. Año 1944.

Inauguración de la plaza de toros de Rus. 3 de agosto de 1930. Foto que conservaba mi tío, veterinario y taurómaco, Francisco Trillo Trillo,

Inauguración de la plaza de toros de Rus. 3 de agosto de 1930. Foto que conservaba mi tío, veterinario y taurómaco, Francisco Trillo Trillo,

Paco Bazán trillo

Mi tío Paco, el veterinario. Siempre que iba a observar las reses bravas portaba los prismáticos y la libretita de notas. Aquí rodeado de ganaderos, a los que estará detallando la psicología y comportamientos que luego tendrían en las plazas los toros observados. Año 1966.

De igual manera, rememoré con Aurelio, cómo nos mareábamos en aquellos largos e interminables viajes; posiblemente acarreado por las emanaciones tóxicas de la pésima calidad de la gasolina y de la mala combustión de esos arcaicos motores que portaban los vehículos de entonces con desprendiendo de enormes tufos; aunque también por las numerosas curvas y rodeos que contenían los trazados de aquellas calamitosas carreteras, diseñadas en muchos de sus trayectos para sortear o facilitar el acceso a grandiosas fincas de influyentes caciques; repletas a su vez de cuantiosos baches que había que ir bordeándolos y sorteándolos para que las yantas del coche no se resintieran a la par que no reventaran o pincharan las gomas de las ruedas.

Cuando cogíamos, yendo a Rus, la ruta por Málaga, recorriendo antes el litoral; en la posterior subida por la carretera de los Montes, teníamos que pararnos en un par de ocasiones para largar a causa de los mareos. Pero si tirábamos por la otra alternativa, por Campillos; de Jimena a Ronda, como mínimo, el desayuno quedaba expeditamente despedido en la cuneta antes de la llegada a la ciudad del Tajo, donde teníamos que reponer lo arrojado; eso sí, casi siempre nos daba tiempo a bajarnos del vehículo. Mi madre nos tenía aleccionados: “Niños, avisad antes de que devolváis, no vayáis a mancharos la ropa o ensuciar el coche”.

En ese interminable itinerario había oportunidad para muchas cosas, sobre todo para hablar de cotidianas historias. Recuerdo en una ocasión que mi padre le preguntó a Aurelio si alguna vez había llegado a coger los 100 Kms/hora; a lo que, en un acto reflejo, como para dar mayor seguridad a la conducción del coche, apretó las manos al pedazo de volante de doble círculo, el inferior metálico y el mayor envuelto de grueso plástico de color gris, y confesó: “Don. Juan, una sola vez, cuesta abajo y camino de Granada. No se puede imaginar lo mal que lo pasé. Fue tal el vértigo que sentí, que inmediatamente frené, bajando a 50 kms/hora para que el susto se me pasase cuanto antes”.

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Cádillac de la época, con que el doctor Augüelles llevó a mi padre a Madrid, llegando a alcanzar en aquellas infernales carreteras los 110Kms/ hora. Año: 1962.

A lo que mi padre le respondió, contándole lo que a él le ocurrió. Tuvo que ir a Madrid, acompañando en viaje de noche a un colega médico de Algeciras, el doctor Argüelles, al que le iban a homenajear y condecorar a la mañana siguiente en el ministerio de Trabajo con la concesión de la medalla al mérito civil por su trabajo realizado en las plazas de toros atendiendo de numerosas cogidas a toreros y subalternos. Montaban en un Cadillac negro que el citado médico adquirió en Gibraltar, y en la recta de Los Palacios, dentro de la provincia de Sevilla, llegó a coger 110 Kms/hora. Mi padre, que iba sentado detrás, decía que mientras el vehículo se mantenía en esa acelerada velocidad, veía pasar a su derecha por la ventanilla pueblos sin que le diera tiempo a contemplarlos más allá de observar momentáneas y fugaces resplandores de luces. Decidió, ante el pánico que le embargaba, cerrar los ojos y encomendarse a lo que Dios tuviera profetizado; así se tranquilizaba un poco y podía, a continuación, quedarse medio dormido.

Varios años después, contando con diecisiete años y estando aún conectado en vacaciones con Jimena, pero estudiando ya en Madrid, volvía a encontrarme con Aurelio cuando llegaba al pueblo. En uno de esos regresos que realicé, tras haber viajado como siempre en tren, desde la estación de ferrocarril al pueblo cogí su taxi. Presumiéndose que el franquismo tenía los días contados y conocedor, algo le habría llegado a sus oídos, de mi inclinación izquierdosa, se me abrió políticamente por primera vez.

estación de jimena 1963 aurelio

Estación de Jimena. Al fondo el edificio de RENFE donde Aurelio solía aparcar para recoger a los pasajeros, y también punto de destino para dejarlos a pie del ferrocarril. En primer plano y a mano izquierda, dos cochinillos cuyo pulular por las calles entonces era normal. Año 1963.

Sin lugar a dudas, era perceptible que el declive político del franquismo podía estar en puertas, si bien aun quedaron unos cuantos y duros años para materializarse, pero era sinónimo en ese gesto de Aurelio de que se respiraba ya un ambiente bien distinto al silencio sepulcral de la postguerra; incluso, se presuponía la forma pacífica en que podría tener lugar, sin mirada atrás, sin revanchismos, y con aires reconciliadores contrarios a lo que trágicamente e inhumanamente acaeció en el golpe de Estado contra la IIª República.

aurelio rindiendo homenaje a sus antepasados

Aurelio, en el cementerio del Castillo, rindiendo emocionado homenaje a las víctimas del franquismo, que tantos años han estado enterradas en las cunetas o en fosas comunes, y entre los que figuran, en esa lápida de reconocimiento de la Memoria Histórica, su padre, sus tíos y otros familiares. Fecha: Noviembre 2013

Esa sorpresiva indicación verbal, me hizo reflexionar en el sentido de pensar para mis adentros: “¡Jo!, ¡hasta Aurelio es de izquierda en Jimena… !” Y es que en aquel periodo, desconocedor aún de sus antecedentes familiares republicanos que tan fatalmente fueron represaliados; en las numerosas horas de viaje que desde mi más tierna infancia había compartido en su grata y amena compañía, ni un solo detalle le había podido interpretar en esa dirección. Aunque por otro lado era lógico que hubiera mantenido esa hermética actitud; había sido el comportamiento generalizado atípicamente normal de la mayoría de la población que tuvo para sobrevivir, más todavía en su caso y además para no importunar a sabiendas de cómo respiraba mi conservadora familia.

Ahora, Aurelio también me ha añadido en esta dirección otra anécdota que mantuvo con mi querido padre, al que tanto disgusto le di por mi posicionamiento político contrapuesto a su pensamiento, al preguntarle una mañana, ya en democracia y en el bar de Cuenca, por mí, anteponiéndome una etiqueta partidaria, a lo que mi padre le contestó: “¡¡¡Aurelio…!!!, ¡¡¡Aurelio…!!!”, y ahí quedó todo, como tan cordial fue siempre la relación.

Hoy, el hijo de Aurelio, Pascual, es el alcalde socialista de Jimena por segunda legislatura. Lejos de la plena satisfacción que me pudiera esperar de Aurelio, en tono agridulce me confesó, con aires resignados y moviendo la cabeza, que en ocasiones es muy desagradecida esa labor y no suficientemente reconocida por la sociedad a pesar de la dedicación y entrega a los demás que exige.

PASCUAL CON BASTÓN DE MANDO y andrés beffa

Pascual Collado, hijo de Aurelio, en su primera toma de posesión como alcalde de Jimena de la Frontera. Detrás a mano derecha, Andrés Baffa, de pie y aplaudiendo, cuyo reciente homenaje me ha provocado este relato. Fecha: Junio 2007.

También Aurelio, pasando a otro plano, me relató las veces que por la profesión de mi padre, (médico de familia y obligado a cubrir un extenso municipio lleno de cortijos y casas de montes, sin horario acotado, en un medio donde más de un noventa por ciento de la población activa vivía de la agricultura, del monte y en menor medida de la ganadería), tuvo que llevarlo con el taxi a deshoras por veredas agrícolas, cuestas y carriles forestales, a sitios que parecían inaccesibles. Igualmente, de la miseria y la podredumbre que en aquellos tiempos se encontraba en esos contornos.

De este modo, me narró una visita de mi padre a una familia enferma que habitaba en pleno monte, donde un matrimonio con cinco niños habían contraído una fiebre muy alta, lo que requirió la urgente presencia del médico. Estaban acostados en grandes piezas de descorches de alcornoque a modo de cama, en un ambiente de pobreza extrema. El padre de los niños, antes de que mi progenitor le pusiera una inyección a cada uno, les avisó: “Ahora tenéis que ser buenos, vais a sentir tan solo la picada de una abeja. Así que a portaros bien”. Era la primera vez que esos chiquillos iban a experimentar este tipo de pinchazo.

descorche jimena 1965

El corcho era una fuente de riqueza muy importante en aquella economía primaria que caracterizaba a Jimena. Fecha: 1965.

Asimismo, me significó Aurelio cómo vivió el drama de que cientos de familias que gravitaban su oficio en hacer carbón en el monte y acarrearlo con burros como arrieros con destino a los núcleos poblados de alrededor, fueran los primeros en verse obligados a emigrar cuando se quedaron sin trabajo, porque apareció y se extendió por el pueblo el butano y los artilugios eléctricos. Los llevaba en su taxi desde el pueblo a la Estación para que cogieran el tren, la mayoría de las veces con ignorado paradero final. Salían, sin contrato alguno, huyendo del hambre, mientras sus seres queridos se despedían de ellos a pie de su taxi con llantos desgarradores como si no volvieran nunca más a verlos.

Se iban con lo puesto, más una maletilla de mimbre hecha por ellos mismos y atadas con una cuerda. Casi todos eran analfabetos. Primero, partieron con destino a Asturias y al País Vasco para ver si los escogían para realizar repoblaciones y tareas selvícolas. Más tarde a Francia, para la recogida de la remolacha. Luego, llegaría el gran proceso migratorio masivo, pero ya teniendo como meta las urbes industriales de Alemania, Francia, Suiza, Barcelona, Bilbao o Madrid. Jimena se quedó casi desierta.

Con el paso del tiempo, Aurelio, para seguir su actividad de taxista, se compraría un Seat 1500, pero ya nuevo. Transcurría la mitad de la década de los sesenta. Y como en Jimena a todo se le acaba sacando punta, el hecho de que tuviera de matrícula, CA-77.715, en pleno boom de la llegada de los primeros televisores y con ellos de la publicidad consumista, popularmente se le apodó al vehículo, `Lejía Los Tres Sietes´. Y a la marca Seat, un mal augurio para ser de estreno: “Siempre Estará Apretando Tornillos”.

aurelio 1500 amigo jimena

Aurelio, contando con 46 años, acompañado de un amigo de La Estación, y con su SEAT 1500 con el que ya contaba desde hacía 12 años. Año: 1978.

Por último, al preguntarle a Aurelio, entre los enormes cambios habidos en todo este vasto periodo de tiempo transcurrido, con cuál de ellos se quedaba como más positivo; sin pensárselo, a bote pronto me respondió: “Sin lugar a dudas que las carreteras ya no pasen por medio de las ciudades”. Era la mayor tortura que le representó en su trabajo. Se acordaba de ciudades, como Lorca y otras, llenas de semáforos y de tráfico rodado.

Y llegó la hora de despedirnos, con la promesa en broma de que no volviera a pasar otro medio siglo para seguir la charla sobre la misma mesa camilla.

Ya de pie, le manifesté que lo había encontrado muy bien, con sus ochenta y tres años cumplidos. Me recordó el grave infarto de corazón que sufrió hacía once años y que gracias al marcapasos que desde entonces porta aún la vida le sonríe. A lo que su lúcida mujer, Francisca, ocho años menor de edad, que nos acompañó todo el tiempo sentada a nuestro lado y sin pestañear un solo momento, nada se perdió por tanto del diálogo mantenido, le animó, diciéndole que se dejara de chaladuras y a ver si se afeitaba esos cuatro pelos que conservaba de su prematura calvicie juvenil y se ponía más moderno y joven, poniéndome a mí como ejemplo a imitar.

Jimena Taxis Aurelio Collado grabado a lápiz

Aurelio, grabado a lápiz. Autor: Salvador Ruíz Morales

Gracias, Aurelio, por la acogida que me dispensaste y el grato momento compartido que me ha servido con sumo placer para recordar y plasmar este relato que te dedico para que no se pierda, como suele ocurrir con tantas otras historias de buenas gentes.

ANEXO: POST AUTOBIOGRÁFICOS RELACIONADOS CON MI VIVENCIA EN LA JIMENA DE LA FRONTERA QUE ME VIO NACER Y TRANSCURRIR HASTA MI ADOLESCENCIA

EL CINE DE VERANO EN JIMENA (13.05.2016): Radiografía sobre la sala cinematográfica y espectadores de invierno en Jimena: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/05/13/28738/

EL CINE CAPITOL (25.04.2016): Radiografía sobre la sala cinematográfica y espectadores de invierno en Jimena: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/04/25/28693/

BARES DE JIMENA (04.04.2016): Descripción sobre bares y clientes que lo visitaban para beber, tapear y charlar: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/04/04/28375/

LA GASTRONOMÍA JIMENATA QUE FUE (03.03.2016) Un recorrido por los platos tradicionales, con el recetario de sus ingredientes y su evolución hasta hoy:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/03/03/28125/

CÓMO ÉRAMOS: ADOLESCENCIA, SCOUT Y MÚSICA (contiene la música que oíamos de Radio Gibraltar y los discos de vinilo que nos llegaban desde El Peñón):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/11/01/12928/

HACIA EL IIº REENCUENTRO DE LOS CLUBES DE JIMENA (18.04.2015) Tal como somos, medio siglo después de aquella adolescencia:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/04/17/25415/

CUANDO DE NIÑO ME FUI DE CINE  (un apunte biográfico de mi infancia con la actriz sueca, Anita Ekberg, el español Fernando Fernán Gómez y el italiano, Vitorio de Sica):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/10/02/11624/

TOROS Y FÚTBOL EN LA JIMENA DE 1957 (16.09.2015)  (crónica de una historia local que recupero limpiando bolsas de recortes de prensa y apuntes manuscritos):   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/09/15/26318/

CÓMO LLEGÓ LA IIª REPÚBLICA Y SU PRIMER ALCALDE A MI PUEBLO (13.04.2014) (La sencilla historia sobre cómo se enteraron radiofónicamente de la llegada de este acontecimiento histórico):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/04/13/22541/

LA MIRADA A LA GUERRA DESDE LA NIÑEZ (02.12.2015):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/12/01/26981/

LA HISTORIA DEL DOCTOR MONTERO (una sacrificada y sufrida biografía por del médico de mi pueblo comprometido con la causa de la democracia y la IIª República):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/09/13/23993/

CRISIS Y EMIGRACIÓN EN EL MEDIO RURAL:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/02/24/25187/

MI PESADILLA CON WERT (el relato a través del sueño sobre el modelo de enseñanza bajo el franquismo y que al parecer tenemos que volver):   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/03/18/6032/

GIBRALTAR, ESA GRAN COARTADA DE RAJOY: no solo le sirvió el estribillo, “Gibraltar español”, a Franco para desviar las tensiones contra su Régimen, sino que también lo ha empleado Rajoy para tapar su corrupción):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2013/08/12/18762/

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