EL DÍA DEL ENTIERRO DE CAPARRÓS

Posted on enero 1, 2018

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PREÁMBULO

Enmarcado en la recuperación de la Memoria Histórico de la Transición y el papel que jugó Andalucía, tras dejar reflejados aquí (1) los antecedentes políticos y organizativos así como el transcurso de la manifestación pro autonomía de Andalucía del 4 de diciembre de 1977 centrada en Málaga, de la que ahora se ha cumplido el 40ª aniversario, doy paso a continuación a relatar cómo viví la jornada de luto del día siguiente en que se produjo el entierro de Manuel José García Caparrós.

EL DÍA DEL ENTIERRO DE CAPARRÓS

Ignacio Trillo

Manuel José García Caparrós, víctima de la manifestación del 4 de diciembre de 1977 en Málaga

Como si de un querido familiar asesinado se tratara, al que había que velar y guardar riguroso luto colectivo, se levantó la consternada ciudadanía malagueña aquel lunes, día 5 de diciembre de 1977.

Esquelas en la prensa en recuerdo a Caparrós

El silencio, en un ambiente ensombrecido y de cólera contenida, reinaba en las calles de la ciudad desde el amanecer. En tanto, seguía siendo vigilada por los mismos efectivos policiales provenientes del siniestro pretérito, no preparados ni mentalizados para hacer frente como servidores públicos a la nueva situación democrática, que el día anterior habían reventado con inusitada violencia la multitudinaria manifestación autonomista.

En aquel tiempo los lunes por la mañana no había prensa por descanso dominical del personal de la redacción y de la impresión. Ya por la tarde, salía en Málaga la “Hoja del Lunes”, de la misma empresa del diario SUR, procedente de la cadena de prensa del Movimiento Nacional aún no privatizado. Daba cuenta con cierto sesgo y tendenciosidad de los sucesos del día anterior, lo que motivó una protesta por la comisión organizadora de la manifestación.

Los escasos medios de prensa andaluces de esa mañana por ser lunes daban cuenta de los sucesos y las emisoras locales recordaban que el entierro del joven Caparrós asesinado sería a las cinco y media de la tarde.

El filo de la madrugada se había cerrado con la única buena nueva acaecida ese domingo: la dimisión como presidente de la Diputación de quien negó que ondease la bandera blanca y verde en el balcón del edificio de la institución provincial, Francisco Cabeza López, siendo la espoleta del conflicto que aconteció.

La dimisión o cese de Francisco Cabeza López, presidente de la Diputación de Málaga, punto de mira como causante de los conflictos que se derivaron tras la disolución de la macro manifestación pro autonómica.

Esa misma mañana, lo primero que hicieron los empleados públicos de la institución provincial al llegar a su trabajo fue colgar una larga enseña andaluza que compraron con sus propios ahorros, desplegándola desde la terraza del edificio de la Diputación, para reparar la dignidad perdida por sus autoridades, acompañada de un crespón negro en solidaria señal de duelo por la muerte de Manuel José García Caparrós.

La extensa bandera andaluza con crespón negro que esa misma mañana del lunes día 5, los empleados públicos de la Diputación desplegaron del edificio 

Esa día tenía previsto investigar sobre el terrero hasta la hora que fuera posible las cargas policiales del día anterior, y después del almuerzo, o bocata, acompañar a Tomás García al entierro de Caparrós para seguir posteriormente la redacción del informe que nos había encargado porque urgía tenerlo listo cuanto antes.

A primera hora de la la mañana, se nos comunicó que Marcelino Camacho viajaría a Málaga para estar presente en nombre de CCOO en las honras fúnebres que se le rendirían a Caparrós. Por la tarde, tras el entierro, se introduciría sobre la marcha una modificación a esa agenda personal programada con motivo de los nuevos y graves incidentes que se reprodujeron. 

En la dirección apuntada de proseguir la investigación de la actuación de los antidisturbios del día anterior, en compañía de José Miguel Hermoso, antes de que el trasiego cotidiano o nuevas incidencias que se pudieran reproducir, borraran las huellas dejadas en el entorno por las cargas policiales habidas en el recorrido de la manifestación del día anterior, reanudamos el trabajo que la tarde anterior habíamos iniciado, consistente en obtener el máximo de datos posibles para emitir en muy corto plazo de tiempo un informe exhaustivo y detallado sobre el episodio represivo.

Así pues, tras haber obtenido respuesta satisfactoria por los numerosos militantes del PCE y otros allegados -como acontecería posteriormente con el joven cenetista y estudiante de Medicina, Carlos Carmona Sánchez, que acompañó en el asiento trasero al herido mortal, Caparrós, en el recorrido que hizo el Simca 1000 de color blanco que lo transportaría desde el puente e Tetuán hasta el hospital de Carlos de Haya- que acudieron voluntariamente al llamamiento interno que hicimos para que se personaran de cara a esclarecer o aportar pruebas sobre lo sucedido, a la vez que para poder contestar a cuanto les planteáramos, teníamos claro la detección de los dos puntos más calientes y conflictivos que se desarrollaron con la disolución de parte de los asistentes a la marcha, en tanto otros participantes llegaron hasta el final del acto previsto.

Descargas policiales en la plaza de la Marina y glorieta del Marqués de Larios, efectuadas para la disolución de la manifestación del día anterior, domingo 4 de diciembre. 

Uno fue la plaza de la Marina, con las iniciales cargas policiales coincidentes en el tiempo con situar la bandera andaluza en el balcón de la Diputación. El otro, lo posteriormente acontecido en el cruce de Alameda de Colón con la Alameda Principal y Puente de Tetuán, que conllevó disparos con armas de fuego por parte de miembros de los antidisturbios con los resultados fatalmente conocidos.

El primer caso, con cronología incluida, no nos ofrecía dudas la manera en que tuvo lugar el despliegue que se efectuó del dispositivo policial ni la forma indiscriminada y brutal en que fueron produciéndose las continuas cargas de los uniformados tendentes a la dispersión de los manifestantes.

En cambio, los enfrentamientos y las refriegas que se produjeron en la Alameda de Colón en su cruce con la Alameda Principal y puente de Tetuán, nos ofrecían dudas porque habían sido contradictorias las manifestaciones de testigos que apuntaban en una doble dirección la intervención policial así como la dirección múltiple de los disparos efectuados con armas de fuego.

La visual que ofrecía el Puente de Tetuán en su conexión con la Alameda Principal entre lanzamientos por la policía de botes de humo de ocultación, granadas lacrimógenos y pelotas de goma, en tanto recibía la réplica de pedradas por parte de los manifestantes ya disueltos.

En ningún momento se nos ocurrió investigar datos sobre el asesinato de Manuel José García Caparrós, porque no era lo que se nos había encargado y la disciplina en aquel tiempo se llevaba muy a rajatabla, a la vez que consideramos una cuestión muy delicada que correspondía resolver a los tribunales de justicia. Más, con el clima de represión, miedo, y persecución, que existía y que recorría en aquel momento la ciudad, por lo que no queríamos ver bloqueadas las declaraciones voluntarias de testigos sobre la línea abierta, o vernos, José Miguel y yo, sentados en un banquillo judicial dando cuenta de una investigación paralela a la de los tribunales.

Manuel García Caparrós, cuando pequeño con su padre, Manuel, y su hermana mayor, Puri.

Manuel José, en su primera comunión.

Manuel José con su padre, Manuel García Olalla, pescador

Manuel José García Caparrós, en una boda de un familiar celebrada antes de su muerte.

Así pues, centrado en la diversa información obtenida por declarantes del día anterior, esa mañana del lunes día 5, ambos nos dirigimos a la zona conflictiva del Puente de Tetuán y aledaños, final de la Alameda Principal y su confluencia con Alameda de Colón, a la búsqueda de vestigios que seguro que encontraríamos sobre los disparos producidos con armas de fuego y restos de materiales antidisturbios.

Como nos entretuvimos un cierto tiempo en la sede de calle Salitre para que nos trajeran una cámara de fotos en condiciones para el caso que contara con foco de aproximación, mientras ordenábamos las notas tomadas la tarde noche anterior, se recibió una llamada de teléfono procedente del abogado, Alfredo Martínez Robles, militante del PCE, que había sido encargado por el padre del joven Caparrós para que se personara como acusación particular en el procedimiento judicial que se empezaba a instruir.

alfredo martínez robles parque caparrós tapado en b y n

Alfredo Martínez Robles, el abogado de la acusación particular de la familia en el caso judicial, Caparrós.

Preguntaba si se encontraba en la sede, José Luis García Arboleya, médico, entonces también militante. Intentaba localizarlo para que se personara en la autopsia que se le iba a efectuar al cadáver esa misma mañana a primera hora.

Supe posteriormente que fue localizado y estuvo presente sin problema alguno, observando los pormenores de esa operación que se llevó a cabo con total profesionalidad y rigurosidad por parte del forense, José Luis Palomo, asistido por el técnico auxiliar, Antonio García de Gálvez.

El entonces responsable de la comisión de sanidad del PCE y miembro del comité local de Málaga capital, José Luis García Arboleya, médico alergólogo, a petición del abogado de la acusación particular de la familia Caparrós, Alfredo Martínez Robles, estuvo presente sin pega alguna en la realización de la autopsia al cadáver.

Orificio de entrada y trayectoria que recorrió la bala que mató a Caparrós.

Entrada de la bala en el cuerpo de Caparrós, debajo de su axila izquierda.

Incisión en el costado derecho de Caparrós realizado por el equipo de urgencia de Carlos de Haya, donde le fue extraída la bala que tenía alojado por debajo de la parte derecha del tórax, tras, en en un recorrido de arriba hacia abajo, atravesarle los pulmones, 

El modelo de pistola, de bala y lugar de fabricación que mató a Manuel José García Caparrós, correspondiente a la Policía Armada: Fuente: Juan Antonio O’Donnell, inspector de policía y de servicio aquel día .

Cuando llegamos al espacio citado del Puente de Tetuán y entorno para rastrearlo, ya se notaba que los servicios de limpieza habían pasado, borrando todo tipo de presencia de piedras y materiales sueltos sobre la calzada, así como latas de los botes de humos o posibles pelotas de goma que pudieran haber estado desperdigadas, no así los grandes maceteros que habían sido empleados como barricadas y que seguían desperdigados aunque movidos de sitio para posibilitar su dible por los vehículos que transitaban.

coches diblando maceteros 4 de diciembre

Coches sorteando los maceteros de la calzada que habían servido el día anterior como barricadas para dificultar el tránsito de los vehículos policiales. Imagen situada al final del puente de Tetuán que continúa con la prolongación de la Alameda, a la altura del edificio de Hacienda que estaba en construcción

Por tanto, tuvimos que centrarnos en los impactos de balas que pudieran apreciarse sobre el mobiliario urbano y las fachadas de los edificios, empezando por el Puente de Tetuán y la acera de los números pares de la Alameda Principal, por ser los puntos más alejados al cuartel de la Policía Armada, ya que temíamos levantar sospechas. El panorama de tensión y recelo seguían estando a flor de piel en la calle.

Posteriormente, nos adentraríamos en la Alameda de Colón, empezando por su intersección con la avenida Comandante Benítez.

En esta tarea, percibimos y fotografiamos las marcas de disparos que aparecían en el edificio de seguros, La Adriática, al inicio de la Alameda Principal en su continuidad con el Puente de Tetuán, correspondiente a la acera de los números pares que daba enfrente a la boca de salida de la Alameda de Colón, donde aparecía agujereado su luminoso de publicidad y cuya bala, o balas, que lo originó tal vez pudiera encontrarse aún en su interior pero por su altura nos resultaba totalmente inaccesible su alcance. También retratamos, por contener rotura por posible impacto de arma de fuego, la marquesina situada casi al lado, en dirección a la plaza de la Marina, donde se hallaba una parada de autobús.

Impacto de bala en la barandilla del Puente de Tetuán sobre el cauce del Guadalmedina

Atravesando la Alameda Principal, tomamos imagen de tiro en la barandilla del Puente de Tetuán que daba en su extremos con el acceso a la Avenida Comandante Benítez, así como una abertura en una de las chapas del kiosco que estaba a pie de una escalerilla de acceso al viaducto sobre el Guadalmedina, donde enfrente en la esquina se supuso que fue tiroteado Caparrós.

A continuación, inspeccionamos externamente el edificio cerrado y abandonado del antiguo diario Sur, donde, por su estado de ruina y rotura generalizada de cristales de sus ventanas, se nos hacía muy difícil diferenciar, signos balísticos, que parecían que los había, de los desconchones y boquetes que previamente tuvieron que existir por el deterioro que ofrecía su fachada. 

Así, hasta que fuimos descubriendo visualmente perforaciones que se hallaban en los troncos de las palmeras situadas en ambas aceras de Alameda de Colón, como posibles lugares donde más disparos con armas de fuego se podían conservar en sus interiores, productos de la acción policial.

Por tanto, empezamos a centrarnos en esos anillos vegetales, donde, según los boquetes que ofrecían los redondeles arbóreos, apreciamos que la mayoría de las posibles tiros policiales se habrían efectuados desde la Alameda de Colón y desde tres posicionamientos distintos de los agentes, apuntando a su vez en una doble dirección inversa, como si en un momento determinado hubieran huido de pánico en sentido contrario: 1).- Desde su entrada, apuntando a mano izquierda hacia el inicio del Puente de Tetuán, y, de frente, a la Alameda Principal, a la vez que a sus propias espaldas en dirección al interior de la misma calle, orientación sur. 2).- Desde la acera donde estaba ubicado el diario Sur y el banco Ibérico, en doble sentido de la acera. 3.- Desde la salida del edificio del acuartelamiento de forma oblicua a la derecha hacía las palmeras que daban a la  acera de enfrente que daban salidas a las calles, Vendeja y Trinidad Grund.

Y una última trayectoria, posiblemente procedentes del final del Puente de Tetuán en su confluencia con la Alameda Principal hacia el interior de Alameda de Colón, dirigidos a las palmeras de la acera de enfrente del diario Sur.

Todos los impactos en doble dirección se hallaban antes de llegar en línea adonde se ubicaba el cuartel de la Policía Armada, conforme se entraba por Alameda Principal. Después, ninguno.

Manifestación del 4 de diciembre. El punto más conflictivo fue la entrada de la Alameda de Colón en su confluencia con Alameda Principal y el Puente de Tetuán, donde en esta imagen apenas se observa nada por los disparos de humo de ocultación en tanto a mano izquierda de la imagen  aparecen dos Land Rover de policías procedentes de la plaza de la Marina para atacar a los que procedentes de la Alameda Principal seguían huyendo hacia el Perchel.

En un tronco de una de las palmeras situadas en la acera de Alameda de Colón, situada enfrente del cuartel de la Policía Armada, antes de llegar en línea y cercano a un kiosco, tomamos fotos al agujero más preciso de los que contemplamos, en su cara que miraba a la entrada de la calle en su confluencia con la Alameda Principal, además con posibilidad de extraer la posible bala de su interior, para lo que alcé a José Miguel al objeto de que llegara a la altura donde se ubicaba, unos tres metro del suelo, y poderla sacar con una navajita que llevaba en el llavero.

En ese instante, percibimos, ya veníamos mosqueados, que individuos de paisanos que presumimos que nos estaban observando desde la distancia, empezaron a acercarse desde ambos lados de esa misma acera, por lo que temiendo perder el material gráfico que ya poseíamos, aunque sin lograr la prueba ansiada por hallarse en la profundidad del tronco y necesitar más tiempo para su extracción, dimos un salto y dejamos de operar para emprender ligeros pasos atravesando la calzada de esa Alameda de Colón de cara a situarnos en la otra acera y así esquivarlos tomando la dirección del Puente de Tetuán por la fachada del antiguo diario Sur para detenernos justo en su confluencia con la avenida Comandante Benítez, porque ya estaba llena de gentes rindiendo homenaje a Caparrós, algunos portando flores y carteles, y era fácil mezclarnos con esa masa humana no creyendo que con el clima antipolicía que existía, osaran introducirse para detenernos.

esquina caparrós 5 diciembre entierro

La esquina de avenida Comandante Benítez con Alameda de Colón, en el antiguo edificio del diario SUR, donde se supuso que fue disparado Caparrós, se convirtió a partir de ese día en punto de peregrinaje de la ciudadanía malagueña para rendirle homenaje.

Pasado unos minutos y asegurados de la esfumación de “la secreta”, salimos por el Puente de Tetuán y dimos un rodeo por los callejones de El Perchel hasta que estuvimos seguros que nadie sospechoso nos seguía. A continuación, cogimos un pasaje que daba con calle Cuarteles y así entramos nuevamente en la sede del PCE de calle Salitre.

Rosa Burgos detalla en su libro con documentos del sumario que esa misma inspección ocular se desarrolló de forma exhaustiva por la comisión judicial con posterioridad, durante dos días, 9 y 10 de diciembre, es decir, cuatro y cinco días después, y los restos balísticos habían sido hechos desaparecer por la propia policía.

Ese mediodía, tal como ya se nos había adelantado, procedente de Madrid llegó a Málaga, Marcelino Camacho, secretario confederal de CCOO y diputado del PCE en las primeras elecciones generales democráticas que había tenido lugar seis meses antes, para asistir al sepelio de Caparrós. Fue recogido en el aeropuerto por Antonio Romero y Salvador Barea, ambos también militantes del PCE, este último responsable de CCOO en Renfe y años después secretario general de CCOO de Málaga en sustitución de Francisco Trujillo, hasta llevarlo a calle Carreterías donde estaba la sede del citado sindicato. Paco Trujillo no pudo desplazarse al aeropuerto ni posteriormente al entierro por estar centrado en los preparativos de la huelga general que iba a tener lugar el día siguiente.

Tampoco Paco Trujillo ni Antonio Romero habían podido estar presentes en la manifestación pro autonómica del domingo, por hallarse en Madrid en la reunión  del Consejo Confederal de CCOO, máximo órgano de dirección de dicho sindicato, y cuando regresaron por la tarde a Málaga se encontraron con el trágico desaguisado ya consumado.

Esa tarde del lunes acompañé al diputado Tomás García al cementerio donde se iba a producir el entierro de Caparrós. En tanto, Juan Cañas, permaneció en la sede provincial del PCE de calle Salitre atento de guardia por lo que pudiera suceder.

Cuando llegamos, la explanada de San Miguel, antesala del cementerio, y aledaños hasta la avenida de Capuchinos se hallaba repleta de gentes desde hacía una hora. El silencio era total obedeciendo las instrucciones impartidas por los sindicatos y partidos políticos. Nadie portaba pancartas ni banderas atendiendo a esa misma recomendación. El servicio de seguridad que había montado CCOO era amplio, ostensible y de efectiva presencia. La policía a petición de los organizadores estuvo totalmente ausente. La mayor composición de los presentes eran trabajadores varones de todas las edades, también en menor cuantía trabajadoras, militantes de partidos de izquierda y universitarios de Económicas, Filosofía y Letras, Ciencias, Magisterio, Perito Industrial… Se cifró entre 30.000 y más de 50.000 los posibles asistentes al sepelio.

El acceso a la explanada del cementerio de San Miguel por la cuesta de la alameda del Patrocinio procedente de la alameda de Capuchinos, ofrecía este aspecto a la hora del entierro.

Asimismo, la otra calle de acceso, y paralela a la anterior, calle Luque, también repleta.

Entre 30.000 y más de 50.000 personas se estimó la cifra de quienes asistieron al entierro de Manuel José Caparrós. Imagen de la explanada del cementerio San Miguel.

Explanada del cementerio de San Miguel que se iba llenando de gentes. En la cruz que se halla como monumento, se observa la única bandera andaluza con el crespón negro que figuró en el acto.

Explanada del cementerio de San Miguel, el aspecto que ofrecía desde una hora antes del inicio del entierro de Manuel José García Caparrós.

Parte de la explanada del cementerio San Miguel abarrotada desde su acceso de entrada por el fondo a través de la alameda del Patrocinio.

No estaban presentes, tal como sucedió en la manifestación del día anterior, familias enteras y personas de toda condición social. El miedo había limitado una mayor asistencia y la rabia contenida se hallaba latente entre los presentes con rostros de tristezas y cabizbajos.

El servicio de orden montado por CCOO nos abrió paso. Allí se encontró Tomás García con Marcelino Camacho que se adentraron hasta el tanatorio donde estaba el féretro para dar el pésame a la familia y a continuación asistir a la misa que fue oficiada por el obispo Buxarrais y que contó con la presencia del alcalde, Luis Merino Bayona.

Salvador Barea, detrás, Antonio Romero, Marcelino Camacho y Antonio Caamaño, militantes de CCOO, sindicato al que pertenecía, Caparrós. A la izquierda de la imagen, donde se ve por detrás un abrigo jaspeado, el padre de Manuel José García Caparrós.

La misa que en la misma necrópolis ofició el obispo, Ramón Buxarrais, con asistencia también del alcalde de Málaga, Luis Merino Bayona.

Una anécdota a señalar del acto fúnebre es que se personó un pequeño grupo de falangistas que se denominaban de izquierda, vestidos de azul. Pertenecían a un núcleo escindido que tenía como líder nacional a Manuel Hedilla, que en el pasado no lejano había roto con el franquismo. Se habían puestos en contacto previamente con los responsables de seguridad para pedir que los dejaran estar presentes, asegurando que nada tenían que ver con la extrema derecha de la FAE, Fuerza Nueva o Guerrilleros de Cristo Rey, para sumarse con total respeto a rendirle homenaje, según dijeron, “al obrero Caparrós”. Años antes, siendo estudiante de Económicas, el responsable en Málaga de este grupo falangista en la Facultad era Pedro Arriola, marido de Celia Villalobos y posterior gurú del PP.

Curioso resultó por tanto que en el silencio del ambiente en tanto el féretro de Manuel José era transportado por sus compañeros de CCOO a hombros, a la masa de puños levantados en alto estuviera este pequeño grupo con su brazo a la romana igualmente elevado, bien acompañado y rodeado, eso sí, en prevención de incidencia, por el servicio de seguridad, sin que se produjera el más mínimo reproche por quienes se hallaban a su alrededor.

El féretro de Manuel José Caparrós desde que llegó al tanatorio del cementerio de San Miguel, fue velado, aparte de su familia, por amigos y compañeros sindicalistas.

Presto para la salida del ataúd del tanatorio, donde estuvo siendo velado hasta el último momento antes de salir para ser introducido en un nicho, no dejó de haber colas para rendirle homenaje.

José Miguel Hermoso, compañero en la investigación sobre las cargas policiales del 4 de diciembre, comprobando el pasillo organizado por el servicio de orden, con dos líneas a cada lado, donde inmediatamente iba a pasar el féretro a cuesta de Manuel José García Caparrós. Le acompaña a su lado derecho con barbas, también estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras, Jesús Gallego, ambos de la dirección del PCE malagueño. El penúltimo en segunda línea a mano derecha de la imagen, Jesús Guillén Plaza, era el responsable de la comarca del Guadalhorce en el comité provincial del PCE, albañil de Alhaurín el Grande.

El padre de Manuel José Caparrós, con abrigo observando las procedencias de las numerosas coronas de flores que llegaban al tanatorio. A la entrada de la puerta con brazalete negro, Eduardo Bazalo, miembro del CCOO de hostelería y de la Agrupación del PCE de El Palo.

Don imágenes, saliendo el féretro del tanatorio con destino al nicho. Es llevado por compañeros de Caparrós de CCOO, de cerveza Victoria e Intelhorce. En primer plano, el padre de Manuel José, Manuel García Olalla. Y a su derecha detrás, Marcelino Camacho.

El ataud a hombro de familiares del joven Caparrós. A mano izquierda cortado en la imagen, el responsable del PCE en Intelhorce y en su extremo a mano derecha con bigote, Arlandi, el secretario del PCE de la Agrupación de Campanillas, ambos militantes de CCOO. Más al fondo con cazadora clara, mirando de perfil, José Antonio Ruiz, “Nono”, con gafas y patillas, del secretariado de CCOO de la ejecutiva de Málaga que nunca abandonó de vigilar el entorno por donde iba el féretro.

La emoción e indignación contenida a veces veía interrumpido el silencio recomendado, donde el servicio de orden debía de mantener difícilmente la situación.

El padre de Manuel José García Caparrós, encabezando la comitiva fúnebre bien sujeto por dos acompañantes ante el deterioro que presentaba. Su hija, Loli, comentaría que cuando llegó al cementerio y vio a su padre era como si hubiese envejecido veinte años en solo un día. Moriría siete años después coincidente con el archivo judicial del sumario. 

Producto de la intensidad y emotividad del momento, cargado a la vez de rabia e indignación, tuvieron lugar varios desvanecimientos. 

 

Marcelino Camacho, a su lado derecho, Tomas García, dirigiendo unas palabras de despedida al joven Manuel José Caparrós, a la vez que insistía en pedir calma y prudencia en estos trágicos momentos para no responder a una espiral de provocaciones de los involucionistas para desestabilizar la democracia y donde los trabajadores tenían todas las de perder, no exentas de exigencias de responsabilidades políticas y de depuración de fascistas incrustados en el aparato del Estado, porque lo que había ocurrido en Málaga era muy grave. Isidro Cózar, obrero de la construcción afiliado a CCOO, nacido en la granadina Zafarraya, sujeta el altavoz del megáfono en alto para que fuera oído.

El féretro siendo transportado ya en el interior del cementerio repleto de gentes. Junto al otro lado del féretro, con barba, Jesús Gallego, delegado estudiantil de la Facultad de Filosofía y Letras y militante comunista. A su derecha, José Luis Fernández, estudiante en la Facultad de Ciencias y encargado del aparato de propaganda del PCE provincial.

El ataúd que lleva a Caparrós momentos antes de introducirse en el nicho.

 

A continuación, introduciéndose el ataud de Caparrós en el nicho, bajo el cántico por los presentes de la Internacional. Subido en la escalera portátil de espaldas, Luis Asenjo España, entonces responsable del Movimiento ciudadano del PCE en Málaga capital y presidente de la asociación de vecinos de El Palo.

La misma escena anterior, casi simultánea, aquí tomada por delante

Despedida de Manuel José por los cientos de acompañantes que pudieron penetrar en el interior del cementerio.

Vecinos y parientes, dándole el adiós a Manuel José.

La madre de Manuel José, Carmen Caparrós Cortés, no pudo contener tanto sufrimiento y emotividad y sufriría un desmayo en el entierro de su hijo. Tenía 45 años y moriría tres años después “de dolor”, según sus hijas, cuando se le apreció un cáncer, por el asesinato de su descendiente sin saber por qué y por quién.

A la finalización del entierro y cuando la marea humana salíamos de la explanada del cementerio, plaza del cementerio, a mi me pilló exactamente bajando por la Alameda del Patrocinio justo en su esquina con Alameda de Barceló, cuando una falsa alarma de que la policía se aproximaba para cargar, hizo cundir el temor con carreras y caídas. Fui empujado por detrás y acabé a tropezones en el suelo, afortunadamente sin mayores consecuencias. Hubieron otros percances pero solo leves, gracias a que muy pronto fue frenada la estampida ante el grito unánime que pedía calma y tranquilidad.

La flecha señalando la esquina donde empieza la alameda Barceló hacia abajo y hace cruce con la alameda del Patrocinio que procede de la plaza del cementerio, donde caí al suelo empujado por los que venían detrás por cundir el pánico durante unos segundo ante la falsa alarma de que la policía se aproximaba para cargar. Esta instantánea, una hora antes del inicio del entierro, muestra a gentes procedentes de la alameda de Capuchinos hacía la alameda del Patrocinio para llegar al cementerio.

Al parecer el ruido de una moto en su tubo de escape y la presencia de unos carteros uniformados habían originado esa falsa alarma.

Con los recuerdos aun caldeados por lo que había sucedido en la manifestación del día anterior, sumado a la indignación ante el asesinato de Caparrós, en ese instante vi en la acera de enfrente de donde me hallaba -existía un Café haciendo esquina entre la acera de la Alameda Capuchinos con la calle Santa María Micaela, donde a su comienzo se hallaba el cine La Fuente- a conocidos dirigentes de MC (Movimiento Comunista) y del PTE (Partido del Trabajo),  llamando a voces y haciendo gestos con las manos a manifestarse y seguir hacia el centro.

Me detuve en ese instante unos minutos para su observación, sin ocurrirme ni mucho menos sumarme a la misma. La indicación del PCE y CCOO así como de la UGT y demás fuerzas con representación parlamentaria era en absoluto propiciar motivo alguno para generar una nueva espiral de violencia, que además pudiera conducir a más provocaciones por parte policial o a peligrosas actuaciones aisladas auspiciadas por la extrema derecha.

Sí, en cambio, una vez que se formó e inició la marcha, atravesé la alameda de Capuchinos para comprobar cómo una minoría de los que habían estado en el entierro, aunque formada por cientos de personas, quizás dos o tres mil, formaban esa no prevista manifestación en dirección al Centro de la ciudad, perdiéndola de vista al fondo y de espaldas por la plaza de Capuchinos. Desde su inicio, los gritos predominantes eran: “¡¡¡ Fascistas, vosotros sois los terroristas!!!” y ¡¡¡Disolución de los cuerpos represivos!!!

Ello hizo que tomara de inmediato la ruta hacia la sede del PCE para comunicárselo a Juan Cañas y a la vez, poniendo en alerta también a Tomás García, hacer un seguimiento sobre lo que podía otra vez generarse esa noche si intervenía la policía.

Desde allí supimos que la manifestación llegó a través de la calle Dos Aceras hasta el Centro y que por mediación de un diputado del PSOE, quizás fuera Rafael Ballesteros, ante el Gobernador Civil, la policía que estaba concentrada en la plaza de la Marina y Alameda Provincial a la espera para disolverla, fue retirada en evitación de nueva confrontación, llegando la marcha pacíficamente, ya con velas y en silencio, y donde se había ido sumando más gentes en el recorrido, hasta donde se suponía que fue el disparo que mató a Caparrós, esquina de Alameda de Colón con Comandante Benítez, a espaldas del antiguo edificio del diario Sur, donde se volvió a homenajear al joven malagueño asesinado.

Hacia la misma esquina que había sido visitada por cantidad de malagueños desde que se tuvo conocimiento de que le ocurrió la tragedia a Caparrós, acabaría la marcha que desde la Alameda de Capuchinos se inició tras el entierro.

Pero, acabando ese acto con las gentes allí concentradas, al parecer, algunos provocadores de dudosa procedencia ideológica, se llegó a hablar que podían haberlo propiciado, aprovechando la pelotera de gentes y la oscuridad de la noche, individuos de la extrema derecha infiltrados, se especuló con Antonio Carballo de Fuerza Nueva, empezaron a incitar, vociferando: “¡¡Al cuartel!” “! ¡¡Al cuartel!!”…, consiguiendo que una parte de los allí concentrados se dirigieran a los escasos metros donde se hallaba el inmueble de la Policía Armada, esta vez, coreando: ¡¡Hermanos, nosotros no matamos!!...

Edificio ya rehabilitado donde estuvo el cuartel de la Policía Armada en Alameda de Colón. Foto del libro de Rosa Burgos.

Entonces, volvieron a encenderse todas las luces rojas. La unidad especial de antidisturbios que estaba recién llegada de Linares, en previsión de lo que pudiera ocurrir el día siguiente en la huelga general convocada, sin ningún miramiento, salió tras la puerta de entrada del cuartel y comenzó una brutal intervención contra los presentes, y más allá, contra los que aún se hallaban en la esquina de Comandante Benítez rindiendo homenaje a Caparrós. Málaga volvió de nuevo a explosionar.

Esa noche retornó a ser terrible por los disturbios que se sucedieron durando aún más tiempo y de una forma más extendida y con mayores daños materiales que la anterior.

Policía atacando a grupos que empezaron a hacer guerrilla urbana.

Antidisturbio disparando cuanto se moviera aquella noche, mientras por la emisora interna de la policía se oía la instrucción de dar lo más duro posible.

Botes de humos cayendo y volando por todas partes contra quien se encontrara en la calle.

Antidisturbios por calle Larios pasando por escaparates con las lunas rotas.

Escaparate comercial del Centro destrozado.

 

Coche atravesado en calle Carretería

Con orden de aporrear fuerte a cuantos estuvieran por las calles, el conflicto adquirió tintes más que inquietantes. Calle Larios y sus aledaños volvieron a ser pastos de la ira, apareciendo barricadas en numerosos puntos de la ciudad, como en las calles Mármoles y Carreterías, o los barrios de la Trinidad y Carretera de Cádiz, asimismo incluía varios conatos de incendios, en bancos y en la sede de Fuerza Nueva.

Aquella noche cuatro miembros de Fuerza Nueva saliendo de su sede en la céntrica calle Tejón y Rodríguez, avisados previamente de que la policía tenía orden por la superioridad de registrarla, tiempo en el que sucedió un conato de incendio en su interior.

Noche atroz que auguraba una huelga general para el día siguiente de lo más caliente y con un seguimiento generalizado. Precisamente las propias detonaciones procedentes de la policía eran las que contribuían a extender el pánico para que no hubiera nadie que se atreviera a salir a la calle al día siguiente para ir a trabajar, más teniendo en cuenta que el que menos había estado presente o le había sido comunicado por algún allegado la despiadada represión policial que hubo para disolver la manifestación del domingo cuando transcurría de forma festiva y pacífica hasta entonces.

O sea, otra larga noche nos tiramos en la sede de calle Salitre recibiendo información de lo más preocupante, sin que esta vez se nos ocurriera montar ningún dispositivo discreto en la calle para hacer ningún seguimiento sobre la violencia que se desarrollaba, más, cuando nos llegaban noticias de que los escasos coches que circulaban por el asfalto eran parados, registrados y apenas resultaran sospechosos sus ocupantes, según olfato policial, aporreados.

amargo dia de andalucia diario ideal caparrós huelga general

Amarga jornada significó también para Málaga aquel día 5 de diciembre, fecha en la que fue enterrado, Manuel José García Caparrós.

Málaga quedaba en estado de sitio sin ninguna norma legal que lo declarara. Perduró también el día siguiente durante la huelga general.

(Próximamente, la siguiente entrada estará referida a la huelga general en la provincia de Málaga del día siguiente: martes, día 6, así como a los graves incidentes que se desarrollaron durante esa jornada)

(1)  25.12.2017.- AQUEL 4 DE DICIEMBRE DE 1977 EN MÁLAGA:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/12/12/33446/

29.11.2017.- LOS PROLEGÓMENOS DEL 4-D DE 1977 EN ANDALUCÍA:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/11/29/33328/

07.12.2017.- LOS PORMENORES DE LA MANIFESTACIÓN DE MÁLAGA DEL 4-D 1977:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/12/07/33384/

ANEXO: OTROS EPISODIOS DE LA ACTUAL ERA DEMOCRÁTICA:  

04.12.2017.- A LA MUERTE DE MANUEL MARÍN:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2017/12/04/33370/

28.10.2014.- A LUIS GÓMEZ LLORENTE:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/10/28/24490/

12.03.2015.- ASÍ VIVÍ EL 11M:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/03/11/21912/

15.06.2017.- LAS ELECCIONES GENERALES DE 1977:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/12/19/27176/

 31.03.2014.- AL CÉSAR LO QUE ES DE ADOLFO SUÁREZ:   https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/03/30/22147/

02.04.214.- SUÁREZ, AFRENTADO `POST MORTEM:  
https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/04/02/22243/

09.04.2014.- EL PCE YA ES LEGAL:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/04/09/22429/

24.09.2012.- REFLEXIONES SOBRE LA BIOGRAFÍA DE SANTIAGO CARRILLO A SU MUERTE:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/09/25/11417/  

25.02.2014:.- EL 23-F SIN FRIVOLIDAD:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/02/19/21321/ 

17/01/2012.- LA MEMORIA HISTÓRICA NUNCA DEBE OLVIDARSE, NI CON FRAGA:    https://ignaciotrillo.wordpress.com/2012/01/17/3710/

07.03.2014.- TRANSICIÓN Y AUTONOMÍA, ¿POR QUÉ NO HA GOBERNADO EL PP EN ANDALUCÍA?:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/03/04/21702/

28.02.2012.- DÍA DE ANDALUCÍA 28F:   ignaciotrillo.wordpress.com/2012/02/28/feliz-dia-de-andalucia-28f-2012/

22.11.2015.- LA `DESCONEXIÓN´ DE ANDALUCÍA: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2015/11/22/26931/

13.12.2014.- “ECONOMISTASxANDALUCÍA”: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2014/12/14/24614/

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