LA MEMORIA HISTÓRICA NUNCA SE PUEDE OLVIDAR, NI CON FRAGA (17.01.2012)

Posted on enero 17, 2012

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LA MEMORIA HISTÓRICA NUNCA SE PUEDE OLVIDAR, NI CON FRAGA.

Ignacio Trillo.

No es agradable escribir, en estos ni en otros momentos, sobre la siniestra biografía de Manuel Fraga, enmarcada en la historia trágica de aquella postguerra de España que nunca finalizaba, época en la que fue nombrado ministro. Le llamaban por sus competencias de Información y Turismo aunque tuviera mucho de censura y también de conformidad con las penas de muerte que todavía, pasado casi un cuarto de siglo desde la finalización del conflicto bélico incivil que generó el golpe de Estado de Franco contra el orden constitucional republicano. firmaba el Dictador.

Deseaba esperar que su cuerpo se enfriara y descansara en paz para expresar mi relato sobre Fraga.

Pero ha sido a raíz de haber leído, no el lógico panegírico que los suyos de la derecha le han dedicado y que trasladado a sus dioses lo llevarán directamente al olimpo sino, una nota de prensa en la que el PSOE agradecía su contribución a la Constitución, o la audición de una declaración de Pepiño Blanco, “El gasolinero”, destacando su gran papel jugado en la autonomía gallega, precisamente quien estuvo contra el Título VIII de nuestra Carta Magna que fija el Estado de las Autonomías, para que no tarde más tiempo en el repaso.

Estos despropósitos, me han provocado tal desasosiego por quiénes precisamente promovieron la Ley de la Memoria Histórica que no me resisto a responder a los que quieren que olvidemos, a colación de la trayectoria de Manuel Fraga, tan ingrato pasaje de nuestro pasado; además, lo hago gustosamente para que al menos no se repita. Aunque en mi caso, me voy a referir a su etapa política inmediatamente después a la muerte del Dictador, dejando para su vida política durante la Dictadura, un artículo que reproduzco a continuación, procedente del comentarista musical, Xavier Pintanel, que asimismo le añado como acompañamiento los enlaces de las canciones a que alude su autor.

El partido político que creó Fraga en el último trimestre de 1976, tras sus orígenes juveniles con veleidades falangistas, fue Alianza Popular (AP), pretendiendo jugar, tras su pase como embajador en Londres, acompañado de gran parte de la cohorte que había servido a Franco, el papel del Cánovas del postfranquismo sin el Dictador, y al que no llamaba democracia sino reformismo, lógicamente de reforma del régimen autoritario para que casi todo siguiera igual.

Pero Adolfo Suárez con el decisivo papel jugado bajo protección del Rey Juan Carlos, enormemente influenciado por su padre Borbón, don Juan, las monarquías constitucionales europeas y el presidente francés Valéry Giscard d’Estaing, jugaron a Manuel Fraga una mala pasada.

Por el anacronismo político de existir en Estaña un régimen político carente de libertades, heredero del eje nazi fascista que había sido derrotado en la Segunda Guerra Mundial, se encontraba políticamente aislada del exterior al no ser homologable con la Europa de los derechos humanos, no habendo otra alternativa que reconvertir su sistema político en dirección a la democracia.

No fue Fraga, por tanto, el hombre designado para llevar a cabo la transición a la democracia, sí antes, por el contrario, tras la muerte de Franco, representó todo un represivo ministro del Interior (llamado de Gobernación) del Gobierno de Carlos Arias Navarro ” El Carnicerito de Málaga”.

Así, Fraga proseguiría, con porras y pistolas, al grito de: “la calle es mía”, manchando sus órdenes, con la sangre de inocentes demócratas caídos mortalmente en la calle porque exigían amnistía y libertad o condiciones laborables decentes. Lo fue en Madrid, en Victoria o en Montejurra, con crímenes bien conocidos, mientras su aparato policial engordaba el primer GAL, el Batallón Vasco Español, también conocida por la triple A (Alianza Apostólica Anticomunista) para parecerse nominalmente más a los parapoliciales que asesinaban impúnemente en Latinoamérica bajo el amparo de sus dictaduras militares.

De esta forma, con el pie cambiado, se presentó a las primeras elecciones, bajo esa Alianza Popular plagada de exministro de la Dictadura -“los siete magníficos”- donde obtuviera tan solo nueve diputados, frente, por ejemplo, el Partido Comunista (PCE), cuyo lema más beligerante en aquella campaña electoral fue: “¡¡¡Fraga, el pueblo no te traga!!!”, por cuanto veía e él a quién podía representar la marcha atrás nuevamente en la historia.

El mitin de cierre de campaña de AP en esas primeras elecciones de 1977 fue bastante significativo. Se celebró el trece de junio de 1977, con una plaza de toros, Las Ventas, abarrotada de público hasta la bandera. Sus entusiastas seguidores recibieron a Fraga y les despidieron, de pie, firmes y con el saludo fascista brazo en alto. Entre esos eufóricos espectadores, se hallaban, también, con los brazos levantadas a la romana, el humorista Luis Sánchez “Tip” -mientras el otro del dúo, José Luis Coll, se encontraba en el mitin del cierre de la campaña del PSOE de Felipe González- y el motorista de fama mundial y desclasado de su vallecana extracción humilde, Ángel Nieto.

El eje central del discurso catastrofista y atropellado de Fraga estuvo sobre los males que le esperaban a España, del peligro porque se aboliera la pena de muerte, de los graves riesgos para la unidad de España por la vuelta de los separatismos y por la aventura de que se instaurara una Constitución liberal, trampa saducea que nos llevaría de nuevo a una guerra civil.

Fue la democracia generosa con Fraga y no al revés. Y así se vio integrado, gracias por igual a que los aparatos de la Dictadura no fueron desmontados por el miedo a una involución de golpe militar y a su debilidad política por el resultado electoral obtenido, en la ponencia para elaborar una Constitución, que al final no le dejó plenamente satisfecho, dando libertad de votos entre sus afiliados. No estaba de acuerdo con la abolición de la pena de muerte o con el Estado de las Autonomías, lo que hizo que un sector de AP encabezado por el también exministro de Franco, Silva Muñoz, pidieran el voto en contra, y otros en el que se encontraba el entonces jovencito José María Aznar se decantara por la abstención, no sin antes escribir, en el diario “Norte de Castilla”, con seudónimos, artículos de improperios contra la Carta Magna donde ya subyacía el discurso aznariano: España se rompe.

Este apartado es bien distinto al que ahora se quieren inventar los palmeros del exministro de Franco, situando a un Manuel Fraga como el auténtico y decisorio autor de nuestra Carta Magna, cuando su papel fue meramente de apéndice entre una UCD y un PSOE que llevaban la voz cantante. También su rol fue menos importante que el que pudo desempeñar el PCE -a la hora de introducir realmente textos aceptados en el articulado de la Constitución- que más que le doblaba en escaños, con un inteligente catedrático universitario, antaño panadero, Jordi Sole Tura, que posteriormente fuera ministro de Cultura con Felipe González, pasando del eurocomunismo a la socialdemocracia, o la contribución que hizo el fino jurista y negociador de “la minoría catalana” (CIU), Miquel Roca i Junyent.

En este sentido, viendo Fraga que, mientras su AP autoritaria fuera temida por gran parte del electorado centrista y la UCD considerado el partido de la derecha civilizada, nunca llegaría al poder, ensayó aprovecharse de las crisis ucedeas internas y, junto a su muñidor dentro del partido que fundara Adolfo Suárez, Miguel Herrero de Miñón, prepararon la escisión de la UCD, acabando con dicho partido, ya en manos de un insípido Leopoldo Calvo Sotelo, lo que llevó a Felipe González a su gran victoria de Octubre de 1982, siendo incapaz Fraga de conquistar el voto de centro.

Así, hasta que, Fraga, tras su nuevo batacazo electoral que sufriera en las generales de 1986, se dio cuenta que el problema que tenía la derecha para que ganara democráticamente unas elecciones en España era su pasado histórico de colaboración tan estrecha con el franquismo, así como la imagen autoritaria que conservaba y proyectaba, consustancial con su persona, dando paso, en la segunda mitad de los ochenta, a un traspaso generacional. Primero, en el fallido Hernández Mancha, y luego en el José María Aznar de, más tarde: “márchese, señor González”. Pero eso es otra historia, refugiándose Fraga, a partir de entonces, en su terruña y conservadora Galicia donde al término de su vida política ganó en varias ocasiones unas elecciones autonómicas, para acabar sus últimos años como senador, en esa cámara parlamentaria que pareciera hecha para prejubilados políticos o dinosauros en declive pero que se niegan a dejar la vida pública.

En conclusión, señores redactores de la nota del PSOE o de lo dicho por Pepiño Blanco, todos que por NI-NIs poco han estudiado u oído de nuestra historia política más reciente:

Ni a Fraga hay que agradecerle la Constitución, en todo momento fue, en todo caso, un freno a los avances de progreso que se iban introduciendo, ni tampoco al marco estatutario de Galicia ni del resto de comunidades; sí, a que se le integrara y homologara como demócrata, con la peculiaridad de tener que hacerse a la vez que siendo compatible con la nostalgia y recuerdos de Fraga a su fiel y leal oficio a favor de la Dictadura, a la que siempre se negó a condenar, incluso a los crímenes y barbaries más repugnantemente cometidas.

Sí, y es de reconocer, que Fraga consiguió unir políticamente y a efectos de votantes, a la extrema derecha con la derecha, contribuyendo a que se creara un mapa electoral bien distinto al de otros países europeos, donde el radicalismo fascistoide se presenta a los comicios con siglas propias y obtiene diputados, a la vez que en este mismo marco partidario continental existe una tradicional cultura política de alternancias de coaliciones de centro-derecha o centro-izquierda para gobernar esos Estados que no se da en España.

Descanse en paz.

 

Xavier Pintanel Director de CANCIONEROS.COM

“Manuel Fraga. En la muerte de un asesino de razones y de vidas”

ESTA PASADA MADRUGADA HA FALLECIDO MANUEL FRAGA IRIBARNE, MINISTRO DE FRANCO Y MÁS TARDE, CON LA LLEGADA DE LA DEMOCRACIA, FUNDADOR DEL PP —EL PARTIDO QUE HOY GOBIERNA EN ESPAÑA— Y PRESIDENTE DE GALICIA.

Efectivamente, ha muerto Manuel Fraga Iribarne. En su casa, en la cama y en paz, como han muerto y mueren en España los cómplices del terror. “De todas las historias de la Historia / la más triste sin duda es la de España / porque termina mal”, dejó escrito Jaime Gil de Biedma.

No faltarán hoy sin embargo en este país sin memoria, notables panegíricos ensalzando su contribución a la democracia, su compromiso con el pueblo español y su nobleza de pensamiento. Hasta más de uno hablará sobre lo buena persona que era.

Seguramente olvidarán que Fraga fue Ministro de Información y Turismo -el Goebbels de Franco- desde 1962 hasta 1969 y que participó en un sinfín de actos represivos que terminaron con la cárcel, el exilio o la muerte de ciudadanos que no pensaban como él.

Pero llegados a este punto del artículo algunos lectores pueden preguntarse qué hace un diario musical ocupándose de un tema político. Muy sencillo: algunos de los actos de Manuel Fraga inspiraron canciones que hoy forman parte de la Antología de la Trova.

Algunos ejemplos.

Sin la censura -que dependía del Ministerio de Información y Turismo- seguramente los miembros de la “Nova Cançó” no hubieran alcanzado la excelencia literaria en el uso de la metáfora.

Si, gracias a Fraga, no se hubiera fusilado a Julián Grimau -se dice que incluso le llevó la orden de fusilamiento personalmente a Franco para que la firmara-, Violeta Parra no hubiera compuesto nunca “Qué dirá el Santo Padre”:

http://www.youtube.com/watch?v=blg-HT05B3s

ni Chicho Sánchez Ferlosio hubiera hecho lo propio con Canción de Grimau:

http://www.youtube.com/watch?v=UJ0HE162NdE

Sin los “accidentes” de Rafael Guijarro y Enrique Ruano (estudiantes madrileños asesinados en la comisaría de policía tras arrojarlos por las ventanas) en sendas sesiones de interrogación, no tendríamos joyas como Què volen aquesta gent de Lluís Serrahima y Maria del Mar Bonet:

http://www.youtube.com/watch?v=5N-RKPP6ldI

Pero especialmente sin la matanza de cinco obreros el 3 de marzo de 1976 a manos de la policía —entonces Fraga era Ministro de la Gobernación—refugiados en la Iglesia de San Francisco de Asís en Vitoria (Euskadi), Lluís Llach jamás hubiera compuesto una de las obras cumbres de la historia de la trova como es la cantata “Campanades a morts”:

http://www.youtube.com/watch?v=Dz5cVlXcgYc

El primer acto de la cantata termina en un crescendo impactante y desgarrador en el que Llach, a manera de maldición, grita:

Assassins, assassins de raons, assassins de vides, que mai no tingueu repòs en cap dels vostres dies i que en la mort us persegueixin les nostres memòries.

(Asesinos, asesinos de razones, asesinos de vidas, que nunca tengáis reposo a lo largo de vuestros días y que en la muerte os persigan nuestras memorias.)

No quiero pecar de ingenuo y estoy convencido de que Fraga sí tuvo reposo a lo largo de sus días. Es más, a raíz de aquella matanza todavía tuvo el cinismo de gritar aquella frase que luego pasaría a la historia: “La calle es mía” y todavía hoy nadie ha pedido perdón ni a las víctimas ni a sus familiares.

Al menos me queda el consuelo de que mi memoria, y la de algunos más, perseguirá a este asesino de razones y de vidas en su muerte.

FOTO: Manuel Fraga Iribarne, en el post con el que se inicia este segundo artículo, segundo por la derecha con el brazo alzado a lo fascista delante del micro en noviembre de 1968.

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