AL CÉSAR LO QUE ES DE ADOLFO SUÁREZ (31.03.2014)

Posted on marzo 30, 2014

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AL CÉSAR LO QUE ES DE ADOLFO SUÁREZ

Ignacio Trillo

Adolfo Suárez en la portada del prestigioso "Time", 2l 27.06.1977, doce días poseriores a las primeras elecciones generales. "La democracia gana", titula.

Adolfo Suárez en la portada del prestigioso “Time”, 27.06.1977, doce días posteriores a las primeras elecciones generales. “España: La democracia gana”, titula.

He esperado a que Adolfo Suárez pasara de la agonía a corpore insepulto hasta ser enterrado en el lugar y con la querida compañía que deseaba, junto a su relación matrimonial de décadas, para reflexionar y hacer balance de la obra política que realizó, enmarcada en la difícil coyuntura que le tocó vivir y centrado fundamentalmente en el corto periodo de tiempo, un lustro, que dirigió los destinos de España.

Lo he retrasado convenientemente de cara a abstraerme de la necrológica emotividad del instante que suelen acompañar este tipo de óbitos, y así no verme involucrado junto a ensalzadas reseñas biográficas, muchas de ellas sesgadamente interesadas, columnas y artículos exprés de encargos las más de las veces para exagerar y mitificar un tiempo pasado, tan solo válidas para cubrir espacios ante el momento histórico y satisfacer la necesidad de consumir apologías y recordar de manera idealizada cuanto sucedió.

Suárez ya afectado por el Alzheimer cuando en julio 2008 lo visitó el Rey para entregarle el Collar de la Orden del Toisón de Oro, ¿"Quien eres"?, le preguntó.

Suárez, ya inmerso de Alzheimer cuando en julio 2008 lo visitó el Rey para entregarle el Collar de la Orden del Toisón de Oro “¿Quien eres?”, le preguntó al monarca.

El fenómeno colectivo y mediático que ha originado la muerte biológica de Suárez, la real aconteció cuando la maldita enfermedad del Alzheimer le dejó limpia la mente de su base de datos, no es un fenómeno particular ni nuevo, también ocurrió en el reciente pasado, con las distancias debidas y correspondiendo al plano internacional, con Nelson Mandela, en tanto se tratan de célebres y grandes personalidades que con sus buen hacer dejaron una meritoria impronta. Y sí me apuran en ambos protagonistas hasta con un cierto paralelismo. En el caso del líder sudafricano, esa avenencia de elogios incluía hasta los que hasta hacía poco tiempo lo habían calificado y tratado como un terrorista apestado.

Este pasado día 25 de marzo fui al estadio de La Rosaleda a contemplar el partido de fútbol que el Málaga jugaba frente al Español de Barcelona. Segundos antes del inicio del encuentro, se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento del que fue el primer presidente de la actual era democrática, en un estadio abarrotado a pesar de ser martes laborable y con horario del inicio deportivo a las 20 horas.

Respetuoso silencio de los 28.000 espectadores de la Rosaleda en recuerdo de Adolfo Suárez

Respetuoso silencio de los 28.000 espectadores que llenaban la Rosaleda el 25.03.2013 en recuerdo de Adolfo Suárez

La unión lograda por los presentes a la hora de guardar un silencio respetuoso con un estadio puesto de pie, en ese entorno de pasiones, jolgorios y polémicos comentarios inacabables nada propenso para la concentración,  sin oírse una sola mosca ni tener que sisear como en otras ocasiones para mandar a callar, culminando con un estruendoso aplauso a su finalización, fue una clara muestra elocuente del sentir de las gentes de la calle sobre la figura y el legado dejado por Suárez. Menos fácil aún de conseguir tal clima en los actuales tiempos que corren por el deterioro que sufre la política y la descalificación frontal que se hace de la imagen de los políticos.

Pero, a pesar de lo que se diga hoy, no fue nada hacedera la vida política de Adolfo Suárez, como tampoco ha sido fácil el reconocimiento a su labor.

José Bono, con el hijo de Suárea que en el 2003 que se presentó para las presidenciales de Castilla-La Mancha, sufriendo una amplia derrota que le hizo abandonar la política y donde su padre, Adolfo Suárez aparecería por última vez ya aquejado por Alzheimer.

José Bono, dando el pésame al hijo de Suárez que en el 2003 se presentó para las presidenciales de Castilla-La Mancha por el PP, sufriendo amplia derrota que le hizo abandonar la política, y adonde llevó a su padre, Adolfo, a un mitin apareciendo por última vez ya aquejado de Alzheimer y junto a Aznar.

En este sentido, transcurría el 25 de septiembre de 1992. José Bono, presidente de la Comunidad autónoma de Castilla La Mancha, realizó una llamada telefónica para felicitar a Adolfo Suárez en su sesenta aniversario. La respuesta que encontró del expresidente, aparte de agradecerle el noble gesto, fue decirle que se agrandaba su detalle por ser el cuarto que lo llamaba, y porque creía que ya no recibiría más parabienes procedentes de antaño allegados. Con ello, Suárez, expresaba con amarga y fina ironía el grado de soledad y de olvido a su figura, un año después de haber dimitido de la presidencia de su último partido creado, el CDS, tras el fiasco de resultado obtenido en las elecciones municipales celebradas un año antes. Y yo añadiría, de injusticia procedente de la miseria humana.

Ni que decir tiene que de las tres llamadas, dos de ellas parecerían claras su procedencia, aunque nada haya dicho el manchego. Una, correspondería a su inseparable amigo en el Gobierno, que fuera su vicepresidente, el general Manuel Gutiérrez Mellado; y la otra, de su adversario proveniente de las antípodas histórica y política, a pesar de ello de entrañable y estrecha relación forjada en el diálogo y en la necesidad de compartir momentos extremadamente críticos haciendo frente común a graves desafíos involucionistas contra la naciente democracia; me estoy refiriendo lógicamente a Santiago Carrillo.

Ignacio Trillo junto a Tomás García, mientras interviene Santiago Carrillo en apoyo a la Constitución. Málaga, noviembre 1978

Ignacio Trillo junto a Tomás García, mientras interviene Santiago Carrillo en apoyo a la Constitución. Málaga, noviembre 1978.

Hago un paréntesis aquí, para dejar claro que no tuve la fortuna de llegar a conocer a Adolfo Suárez, ni incluso coincidir con él. No obstante, en mis muchas horas de conversación, también de viajes, con Santiago Carrillo, o Tomás García, el diputado comunista por Málaga en el Congreso, sí tuve la oportunidad de saber a través de ellos muchas referencias íntimas sobre su figura, arrojo y compromiso con la democracia.

La citada anécdota de Bono, me vino de inmediato a la memoria conforme comencé a oír el pésame leído, como no, por Mariano Rajoy a la muerte de Suárez. Me imagino que escrito por un asesor suyo en la Moncloa o por un veterano hoy en el PP y ayer en la UCD, a pesar de que ambas formaciones políticas tuvieran poco en común.

Rajoy, antes de leer unos folios por el fallecimiento de Suárez, tras haberle enviado el pésame a la familia fechado cuatro días antes de su muerte.

Rajoy, antes de leer unos folios por el fallecimiento de Suárez, tras haberle enviado el pésame a la familia aunque fechado cuatro días antes de su muerte.

Además, el escrito leído por Rajoy, -transmitida como condolencia a la familia con un texto de corta y pega que llevaba de fecha cuatro días antes de que se produjera el fatal fallecimiento tal y como ha estado figurando en la página weeb de la Moncloa hasta que se ha publicado tan macabra noticia por la prensa-, estaría impreso con formato de teclado, -también deduje-, porque por las propias manifestaciones del actual presidente del Gobierno sabemos que no entiende su propia letra.

El texto del pésame de Rajoy, hechado 4 días antes de que se produjera.

El texto del pésame de Rajoy, fechado cuatro días antes de que se produjera.

Y encuadraría perfectamente su contenido en ese fariseísmo que caracteriza a este gallego, frío sin inmutarse, –“no tengo nada que ver con Bárcenas desde hace mucho tiempo”, a la vez que intercambiaba mensajes con el extesorero del PP vía SMS– solo delatado por el tic del ojo izquierdo que como el semáforo, cuando se pone en ámbar y no para de guiñar, nos revela que no se cree lo que dice, que miente; deshonestidad que con escándalo practica en demasía.

El fracaso de la UCD, era el de una derecha europea y dejar el vacío que cubriera la de toda la historia.lo

El fracaso de la UCD, era el de una derecha con visos de modernidad europeísta, dejando un vacío que cubriría la de siempre de nuestra historia, casposa y autoritaria.

Pues bien, escuché con atención, -al que tiempo atrás describió: “son solo unos hilillos como de plastilina”  lo que salía del `Prestige´-, manifestar y poner a buen recaudo, los valores que movieron a Adolfo Suárez en el ejercicio de su noble acción política basado en diálogo y en el consenso, y que, prosiguió, “deben defenderse y conservarse”.

Conforme los fue enunciando, la tensión mental se me iría poniendo por las nubes, pero por la mala leche que corría por las venas de mi cerebelo, donde guardo la información del pasado, porque eran precisamente valores contrapuestos a lo que el actual presidente postula y desarrolla desde el Gobierno.

Adolfo Suárez sería incapaz aunque tuviera mayoría absoluta imponer políticas impopulares sin acurdos y consensos

Adolfo Suárez sería incapaz aunque tuviera mayoría absoluta de imponer políticas impopulares tan retrógradas, y menos sin acuerdos ni consensos.

Con el talante y voluntad para acuerdos y consensos por parte de Adolfo Suárez, hoy no habría sido posible la imposición de una reforma laboral sin el pacto con los sindicatos, una ley del aborto contra las mujeres, una LOMCE contra la comunidad educativa, una ruptura del Estatuto de neutralidad de RTVE, que tan bien conocía Adolfo Suárez, para manipular la información, o un proyecto de ley de Seguridad Ciudadana contra las libertades públicas.

La enfermedad política que corroe al PP no es convencer a la sociedad a través del acuerdo y la verdad comunicada sino dividirla, crisparla, enfrentarla, usar la imposición y la apropiación como técnicas de cuanto resulte necesario por los medios que sean, la mentira y la manipulación gozan aquí de buena salud como armas a emplear, de cara a la consecución de fines.

12 diputados de Alianza Popular se abstienen en la votaciónd el texto de la Constitución, unen su votos a los dos diputados de Esquerra Republicana de Catalunya; el diputado de AP, FedericoSilva ha votado NO junto al diputado de Euskadiko Ezkerra, Francisco Letamendia.

De los 16 diputados de Alianza Popular, 12 diputados se  abstuvieron en la votación al texto de la Constitución, junto a dos diputados de Esquerra Republicana de Catalunya; además, el diputado de AP, Federico Silva, votó NO junto al diputado de Euskadiko Ezkerra, Francisco Letamendia, y 3 votaron a favor.

Precisamente, en esta línea, los que tuvieron que dar en el referéndum de 1978 para la aprobación de la Constitución, libertad de voto por desacuerdos en el seno de AP con el contenido de la Carta Magna, entre ellos José María Aznar, luego han pretendido apropiársela en exclusividad, como ahora los que se cargaron a Adolfo Suárez lo acaparan estos días como exclusivamente suyo, de su pertenencia.

Por eso no ha sido fácil contenerse en esos momentos del fallecimiento de Adolfo Suárez, ante esa avalancha de desmedidos elogios, no por el destino al que merecidamente iban dirigido, sino por el origen de las hipócritas autorías.

El nombramiento como portavoz en el Congreso de Miguel Herrero de Miñón por los diputados de UCD, fue un golpe mortal para Suarez. Miñón luego traicionaría a Calvo Sotelo y se iría a la AP de Fraga con otros diputados  de Fraga precipitando la disolución de la legislatura.

El nombramiento como portavoz en el Congreso de Miguel Herrero de Miñón por los diputados de UCD, fue un golpe mortal de deslealtad para Suárez. Miñón luego, julio 1982, traicionaría a Calvo Sotelo y se iría a la AP de Fraga con otros diputados de la UCD precipitando la disolución de la legislatura.

Procedieron, muchos de ellos, por quienes –como los Herreros de Miñón, los Landerinos Lavillas, o los Aznar– le hicieron la vida imposible a Adolfo Suárez, obligándole, primero a dimitir de la jefatura del Gobierno, alcanzada por la voluntad de las urnas, y de la presidencia de la UCD, y más tarde de la máxima dirección del CDS que creó y hubo de disolver porque para Aznar la existencia de esta fuerza centrista en su papel de visagra era un inconveniente para sus ambiciones de alcanzar el poder cuanto antes.

Hablando de ambición, nadie podría negar ni ocultar la que le movió a Suárez para llegar a la Moncloa. Pero es que la ambición está ligada consustancialmente a las biografías políticas. Otra cosa bien distinta resulta sí es para su empleo en fines lícitos y que respondan al interés general. En el caso de Adolfo Suárez, en una concepción de servidor público de cara a transformar la dura realidad que ofrecía aquella España dictatorial para situarla bajo un régimen democrático que nos homologara con la Europa de las libertades y los derechos humanos.

El Trio de las Azores, Bush, Blair y Aznar

El Trío de las Azores, Bush, Blair y Aznar

Por tanto bien distinta, por ejemplo, a esa etapa más prolongada de Aznar, ocho años, como personaje dotado de una enmarañada personalidad patológica llena de complejos, que utilizó su ambición en la gobernación de España para colmar sus ansias personales de adulación y de vanidad. De esta forma, negando, una vez que fracasó, que negoció con ETA intentando pasar a la historia como el que trajo la paz y acabó con el terrorismo. O yendo al rancho de George Bush para codearse servilmente con la superpotencia. Metiendo a España en la ilegal guerra con Iraq para salir en la foto de las Azores como líder mundial, o, utilizando medios públicos, aparte de los corruptos gürtelanos, en una boda familiar, la de su hija, de cara a pasar a la posterioridad como si estuviera ungido de una corona Real…, todo tan distinto a Adolfo Suárez.

Paso a recordar, para valorar en la reciente historia, el papel jugado por Adolfo Suárez a través de pinceladas sobre hechos que hicieron posible la llegada de la democracia a nuestro país.

Adolfo Suárez, tomando posesión como vicesecretario general del Movimiento  NAcional, junto a su mentor Fernando Herrero Tejodor y ante la mirada del dictador Franco.

Adolfo Suárez, tomando posesión como secretario general del Movimiento Nacional, junto a su mentor Fernando Herrero Tejedor y ante la mirada de reojo del dictador Franco.

Sí comenzara utilizando como antecedentes, la formación y el ascenso de Adolfo Suárez ligados al Régimen franquista, aunque tuviera padre y abuelo republicano, con pasado de jefe provincial y hasta nacional del Movimiento, partido único de Franco, -una obviedad por conocida-, pero con la exclusiva intención de descalificarle o tan solo para empañar su obra ulterior, sería de mi parte más propio de demagogia irresponsable que de seriedad y rigor a la hora de analizar el trascendental papel que jugó de timón para que se llevara a cabo una anhelada Transición que nos condujera a la democracia. Además, no lo realizó en tanto fiel y leal cumplidor lineal de un guión que le fuera encomendado para su realización mecánica, como argumentan algunos estos días, sino como un demócrata convencido. Más adelante argumentaré este extremo.

Suárez en la defensa de Gutiérres Mellado cuando el 23F

Suárez en la defensa de Gutiérrez Mellado cuando el 23-F, en tanto Tejero estaba disparando.

Costará creerlo para algunos, pero el tiempo y la mirada hacia atrás, así lo aseveran. Un mero actor de unas consignas a ejecutar no hace frente, con ese arrojo y evidencias sobradamente demostradas, a las amenazas, presiones, zancadillas e insultos que le hicieron llegar los nostálgicos del mismo franquismo que le hizo nacer y crecer en política, u otros provenientes de la todopoderosa Iglesia con cuya fe fervorosamente comulgaba, o de mandos militares a cuyas familias conocía sobradamente desde su infancia, de golpistas que antes fueron amigos, y hasta de traidores y de francotiradores desde sus propias filas de la UCD a los que había elevado o nombrados para su Gobierno u otros cargos institucionales, de representación o de partido… Ninguno de estos casos pudo cambiar su rumbo, -ni incluso la amenaza por ETA de secuestrar a su hijo Adolfo, al que preparó por si ocurría manifestándole que de presentarse esa situación no deseada no aceptaría ningún chantaje al Estado- como bien supremo, de dirigirse a una España moderna y acorde con el entorno geopolítico que correspondía, y cuando se agotó, presentó la dimisión.

Marzo 1976. Asesinato-por-la-policc3ada-que-dirigc3ada-manuel-fraga-de-cinco-trabajadores-encerrados-en-la-catedral-de-vitoria

Marzo 1976. Respuesta al asesinato por la policía que dirigía Manuel Fraga, como ministro del Interior y Martín Villa como Director General, de cinco trabajadores encerrados en la catedral de Vitoria.

A la par, como contrapeso para anular o eclipsar su gestión, tampoco sería afortunado de mi parte exaltar únicamente la lucha de los antifranquistas contra la Dictadura, con todo el valor y el sacrificio que significaron, como único valor protagonista que obligó a las castas dominantes a realizar la Transición, aunque por su simplicidad como hecho falso consiguiera más aplausos para este reflexivo texto de valoración de aquel pasado, fundamentalmente palmas tal vez procedentes de quienes no vivieron aquella complejísima coyuntura y se acercan ahora a ella con el prisma de hoy; craso error aunque comprensible. Ponerse hoy a diseñar cómo debería haberse producida la Transición es tan equivocado como inútil. Corresponden a dos tiempos y a dos Españas bien distintas.

Reperesión de "los grises" en Málaga.

Represión por “los grises” en Málaga.

Y lo expresa quien sufriera la represión y las desgracias de la Dictadura a muy temprana edad, quien luchó porque hubiera una ruptura democrática con todo lo que significara el pasado, de cara a garantizar un horizonte de progreso, sin marcha atrás, para la consecución de una sociedad cohesionada socialmente y avanzada en lo cultural.

Franco a diferencia de Hitler o de Mussolini, murió en la cama.

Franco, a diferencia de Hitler o de Mussolini, murió en la cama.

Resultaría tan engañoso, eso de que los demócratas de toda la vida obligamos a esa Transición, como no reconocer que Franco murió en la cama, precisamente porque la oposición democrática, sin olvidar que tanto el PCE como CCOO eran las fuerzas hegemónicas en aquel entonces, en ese bloque no siempre bien avenido, divididos entre la Junta Democrática y la Plataforma Democrática, no tuvo la fuerza suficiente y el apoyo activo y cómplice de la mayoría de la sociedad, a pesar de ser sufridora por la existencia de la tiranía, para derrocarle en vida y así acabar con un islote político anacrónico, en una Europa de libertades, pero donde sobrevivía como régimen dictatorial, -por motivos sobradamente conocidos, objeto su glosario de otra pieza-, desde la finalización de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que se había producido la derrota en el campo de batalla bélica del eje nazi-fascista.

25 de abril 1974: La Revolución de los Claveles

Portugal. 25 de abril 1974: La Revolución de los Claveles

Comprendo que haya quienes discrepen con lo hasta aquí expresado, y aseveren en un análisis muy marxista o marxiano, como se le quiera llamar, que la democracia era irremediable en España porque la guerra fría entre las dos superpotencia –USA y URSS- había entrado en grado de distención y sobraba ya el anticomunismo que aportaba la impresentable dictadura de Franco, a la vez que el temor del gran capital y de la oligarquía financiera tenía como centro el ascenso de la lucha de la clase obrera como vanguardia de los sectores populares y estudiantiles, y ante el riesgo de que España se contagiase de las caídas incontroladas y rupturistas que se habían producido de las dictaduras de Portugal y Grecia, obligaba a dar ese paso.

Ni España era Portugal, ni tampoco Grecia, y bastaría que se hubiera hecho público la trama civil de los distintos golpes de Estado que se preparaban contra Suárez, que al final era contra el sistema democrático puesto que continuaron las conspiraciones tras su dimisión, para descubrir que por detrás estaban los lobbies financieros y las grandes eléctricas, autóctonos y nostálgicos de la autarquía y de los privilegios arancelarios entre otros, para comprender cuanta torpeza y carencia de inteligencia había en la atrasada clase oligárquica y mafiosa de nuestro país.

La dirección del PCE, celebrando una rueda de prensa clandestina, ya en diciembre de 1976

La dirección del PCE, celebrando una rueda de prensa clandestina en Madrid, ya en diciembre de 1976

Para mayor abundamiento, subrayar que siendo el machacado, perseguido y endemoniado PCE, -obligado a renacer permanentemente ante las sucesivas caídas que sufría por las reiteradas detenciones masivas que realizaba la represión policial del franquismo-, la fuerza de mayor potencia en la lucha por derrocar a la Dictadura, el número de militantes en la provincia de Málaga, cuyo control me tocaría seguir como secretario de organización, no sobrepasaban, a la muerte de Franco, los tres centenares de arriesgados activistas, y aun recuperándose de las numerosas detenciones que tuvo lugar en mayo de 1970, en una población de casi un millón de habitantes; sin embargo, desde la llegada al poder de Suárez (julio 1976), a la vista de una mayor tolerancia y menor miedo a la represión, hasta que fuera legalizado (9 abril 1977), pasó a superar los mil quinientos, y de ahí a las elecciones generales, miércoles 15 de junio de 1977, los tres mil quinientos.

La nueva dirección del PSOE emanada del Congreso de Suresnes, a la cabeza felipe González, con Willy Brandt, canciller alemán

La nueva dirección del PSOE emanada del Congreso de Suresnes, a la cabeza Felipe González, con Willy Brandt, canciller alemán

El PSOE, partiría en esa etapa final de la Dictadura de tener su fuerte en el exilio con escasa presencia en el interior de España, a comenzar a hacerse presente. Solo tras el renovador Congreso de Suresnes, finales de1974, que alzó al liderazgo a Isidoro, Felipe González, aparece el PSOE en Málaga, con un encuentro clandestino en el hotel Tarik de Torremolinos al que asiste Luís Yáñez y que contó con la asistencia de ochenta socialistas. En febrero de 1977, cuando es legalizado, rondaba los seiscientos afiliados, alcanzando los dos mil en las primeras elecciones generales de junio de 1977. No aventajaría en militancia al PCE hasta después de esta fecha, y como consecuencia de ese pedazo de resultado electoral que obtuvo en la novedosa cita ante las urnas tras cuarenta años de Dictadura.

Militantes del PTE malagueño, celebrando en Madrid el 30ª aniversario de su constitució. Se autodisolvió en 1980, siendo la primera fuerza extraparlamentaria.

Militantes del PTE malagueño, celebrando en Madrid, 2005, el 30ª aniversario de su constitución. Se autodisolvió en 1980, siendo la primera fuerza extraparlamentaria.

En tanto, hubo un tiempo en Málaga, desde 1970 a 1974, que hasta la atomizada extrema izquierda (el PTE, era la de mayor peso, a continuación Bandera Roja con una notable incidencia, sobre todo por los movimientos cristianos de izquierda en CCOO; MC, ORT, LC, LCR o el FRAP) gozaba, cada uno de ellos, de más presencia cuantitativa de afiliados que el PSOE; en tanto la UGT, con una supremacía abrumadora de CCOO en el movimiento sindical y obrero desde la primera mitad de los años sesenta, no tendría presencia hasta el inicio de 1975, y su fortaleza, coincidente prácticamente con su legalización, comienza a partir de los inicios de 1977.

En la oposición democrática de decha destacaría Joaquín Ruiz Jimenez de la democracia cristiana ligada al Vaticano. Pronto se separó de Franco del que fue ministro de Educación. En 1977 con sorpresa de todos, no logró ningún diputado.

En la oposición democrática de la derecha, destacó Joaquín Ruiz Jiménez, democracia cristiana ligada al Vaticano. Pronto se separó de Franco del que fue ministro de Educación en 1951-56. En 1977, con la sorpresa de todos, no logró ningún diputado.

Los demás partidos democráticos de centro y de derecha opositores al franquismo, estuvieron basados en personalidades, casi se podían calificar en parámetros de medición tan ridículos que cabían cada uno de ellos en un taxi. Por el contrario, las amplias capas de la ciudadanía del país nacidas bajo el franquismo estaban despolitizadas, por mor de la labor del Régimen así como por el miedo existente entre las familias a transmitirles a sus hijos lo que realmente significó la IIª República y la sublevación violenta del golpe de Estado de Franco, no fueran a politizarse y acabaran en la cárcel. Pensaban esas familias que ya había sido mucho lo que habían padecido, las más, con numerosas víctimas y desaparecidos entre parientes y progenitores, como para prolongar su coste humano.

Aunque me haya referido a Málaga, se podía extrapolar tal estado de cosas, relacionado con el peso de la oposición democrática, al resto de España. Por tanto, el avance y fortalecimiento de la izquierda organizada fueron ligados a la consecución de forma cada vez más creciente de parcelas de libertad, y el proceso que se iniciara con la llegada de Adolfo Suárez al Gobierno fue crucial para ese progreso, no al revés. Las cifras que he mostrado así cantan.

Junto a Gutiérrez Mellado, Abril Martorell, valenciano, sería la mano derecha y el jarrillo de mano que utilizaría Suárez para los temas más trascendentes, como fue la negociación de la Constitución

Junto a Gutiérrez Mellado, Fernando Abril Martorell, sería la mano derecha y el jarrillo de mano que utilizaría Suárez para los temas más trascendentes, como fue desbloquear la negociación del texto constitucional.

No tengo por tanto tan claro que España, que ofrecía en aquella época una gran brecha cultural y de subdesarrollo con Europa abismal, estuviera irremediablemente predeterminada a que fuera, en un corto periodo de tiempo, democrática sin una voluntad política desde el Gobierno convergente con la oposición, y viceversa. Y ni mucho menos que Adolfo Suárez fuera puesto para contener esa fuerza opositora imparable de cara a frenarla, engañándola con una Transición de paripé. 

Ante ese hecho histórico diferencial que nos separaba de Europa, haber tenido una dictadura durante cuarenta años, nadie podía garantizar que irremediablemente la democracia tendría que llegar, ni a qué coste cuando se lograse, porque un régimen autoritario, con otras formas diferentes de gobernar al mero fascismo de Franco, podría haber seguido sobreviviendo unos cuantos años más, mantenido por unos aparatos del Estado férreos heredados del franquismo; y mientras tanto Europa a la vez continuando marcando sus límites políticos en la frontera de los Pirineos.

La rivalidad en la proximidad al poder hizo que las relaciones del PSOE no fueran buenas con Suárez. La acusación de golpista de Guerra a Suárez, en la comparación con Pavía, le sentó al abulense como un tiro.

La rivalidad por la proximidad al poder hizo que las relaciones del PSOE no fueran buenas con Suárez. La acusación de golpista de Guerra a Suárez, comparándolo con Pavía, le sentó al abulense como un tiro.

Por ello, para efectuar con éxito esa Transición fue necesaria forzar la situación sin abandonar la lucha en la calle y en los centros de trabajo, pero simultáneamente favoreciendo una confluencia entre sectores de la derecha no ultra con las fuerzas democráticas, facilitando que se fueran desligando del Régimen anterior, basada en el entendimiento entre la oposición sobre unos mínimos puntos comunes, que se logró con la constitución de “La Platajunta”  en la primavera de 1976, y el mantenimiento de un constante diálogo con Adolfo Suárez desde que llegó a la presidencia del Gobierno.

La moción de censura de Felipe Gonzalez sería desivisa para el desgaste del presidente Suárez y también para el triunfo arrollador del PSOE en 1982

La moción de censura de Felipe González, mayo de 1980, seguido por millones de teleespectadores sería un fuerte golpe de desgaste para Suárez y para el triunfo arrollador del PSOE en 1982.

Además, intentando que la Transición no fuera ningún modelo unilateral impuesto por algunas de las partes, pero siendo consciente que las fuerzas desgajadas del franquismo eran las que con el apoyo del Rey tenían el poder así como la correlación de fuerzas favorables. Asimismo, subrayar que la mejor baza de la oposición democrática estaba centrada en su homologación europea, donde los Estados democráticos jugarían una notable influencia para su amparo y reforzamiento. No obstante, sin olvidar tampoco que éramos todavía un país aislado del contexto democrático como sí de un cinturón sanitario se tratara.

En este difícil escenario es donde la figura y el papel jugado por Adolfo Suárez se engrandecen, así como se apaga cuando más fácil pareciera que le resultaría gobernar, allá por marzo de 1979 tras la aprobación de la Constitución y su segundo triunfo electoral en las urnas. Pero sin precipitación, remitiéndome a la cronológica a partir del inicio del mandato de Suárez, continúo, ya a vuela teclado.

Adolfo Suárez, tomando posesión como Presidente del Gobierno.

Adolfo Suárez, tomando posesión como Presidente del Gobierno. Julio 1976.

El punto de partida gubernamental de Adolfo Suárez se situó pues a inicios de julio de 1976. Nadie del campo democrático recibió con alegría, más bien todo lo contrario, hasta con estupefacción y negativa sorpresa, la encomienda del Rey a un joven abogado para llevar las riendas de una nación que aspiraba a la democracia. Se llamaba Adolfo Suárez, hijo político del franquista Fernando Herrero Tejedor y apadrinado por Torcuato Fernández Miranda, que había cubierto la presidencia interina del Gobierno cuando el almirante Carrero Blanco voló por los aires y en ese momento se encontraba presidiendo las Cortes. Lo elegiría el Rey tras una terna del Consejo del Reino donde habían sacado más votos tanto el tecnócrata opusino, Gregorio López Bravo, y el que había vendido eficacia, propagandista católico, Federico Silva Muñoz, ambos exministros de Franco. 

Adolfo Suárez director general de RTVE.

Adolfo Suárez, director general de RTVE.

Adolfo Suárez, había hecho todo su vida política en el Movimiento Nacional y en RTVE, y fue puesto en la presidencia del Gobierno con la misión de enderezar el rumbo político sin salida, de un fracasado y agotado Gobierno presidido por Arias Navarro, del que había formado parte, como ministro secretario general del Movimiento Nacional, y con un Manuel Fraga –“la calle es mía”– de ministro del Interior.

El jarro de agua fría con que, por ejemplo, el nombramiento de Adolfo Suárez fue recibido por el diario “El País”, -hacía prácticamente un mes que había nacido y era el único medio de comunicación democrático-, resultó bien elocuente, como representativo del sentir generalizado con el que coincidió todo el arco vertebrado democráticamente que ansiaba la llegada de las libertades.

Pero Suárez logró, bien pronto, tomar la iniciativa política, desde el primer día que llegó a la Moncloa, frente a la oposición que lógicamente no se fiaba del personaje, a pesar de lo cual dialogó incansablemente con ella, como hacía décadas no lo había intentado ningún otro político procedente del sistema.

Así pues, desde las primeras semanas de la toma de posesión, Adolfo Suárez impuso tal ritmo a sus reformas y tomas de decisiones, que podemos considerar que los primeros once meses en su condición de presidente del Gobierno, que va de julio de 1976 a junio de 1977, representa el periodo más corto de tiempo a la vez que más trasformador de la historia de España.

Aprobación por las Cortes heredadas de Franco, de la Raforma Política, A favor: 425, en contra: 59, abstenciones: 13, ausencias: 34

Aprobación por las Cortes heredadas de Franco, de la Reforma Política. A favor: 425 procuradores, en contra: 59, abstenciones: 13, y ausencias: 34 (se les envió de turismo a Panamá para que no se opusieran)

En este sentido, Suárez exigiría y lograría el harakiri de los procuradores que ocupaban las llamadas Cortes Españolas, con apariencia de legislativo, aunque realmente era un apéndice del poder ejecutivo y de la superestructura del Movimiento franquista que aún perduraba de forma intacta. Contuvo a los militares, educados y formados para garantizar la supervivencia del franquismo sin Franco. Realizaría un referéndum, diciembre de 1976, con cita en las urnas al cuerpo electoral español, que aunque la oposición democrática, aún desconfiada, no estaba en condiciones de apoyar, aunque reconociera que la aprobación de la Ley de Reforma Política que se sometió al voto representaba un gran paso para el desmantelamiento por fases el engranaje de la Dictadura.

Manifestación de acompañamiento a los asesinados abogados laboralistas del despacho de Atocha.

Entierro de los asesinados abogados laboralistas del despacho de Atocha. 23 de Enero 1977

Recoger una Dictadura y sin convulsiones, -más allá de los sustos y provocaciones que imponían las fuerzas más reaccionarias de la involución que paradójicamente tenían como aliados objetivos, a la vez que extremos enemigos, a los grupos armados terroristas, ETA y GRAPO, fundamentalmente dedicados a poner obstáculos a ese tránsito con el secuestro de personalidades o poniendo bombas que mataban a militares y fuerzas de seguridad del Estado, mientras la extrema derecha se dedicaba a provocar ignominiosos actos como la matanza de Atocha- llevar a España en once meses, a unas elecciones homologadas como democráticas, no era fácil.

Legalización del PCE.

Legalización del PCE. 9 de abril de 1977.

Todo ello, introduciendo cambios normativos, como la ley electoral, la de la legalización de los partidos políticos y de los sindicatos, de los derechos de la mujer que hasta entonces no podía ni abrir una cuenta corriente ni solicitar un préstamo siendo exigible el consentimiento del padre o marido, salidas de las cárceles de los presos políticos,  plantear negociar con la Europa que convergía hacia un mercado común, y en medio de una crisis económica que se vivía con motivo de la casi total dependencia energética que se tenía respecto al exterior y donde el precio del barril del petróleo había subido de once centavos de dólar a doce dólares, con una peseta que se devaluaba aceleradamente y una inflación que rozaba el 30%,…

Suárez, ganador de las primeras elecciones generales de 1977.

Adolfo Suárez, ganador de las primeras elecciones generales, 15 de junio de 1977.

Le seguirían, inmediatamente después, los Pactos de la Moncloa entre todas las fuerzas políticas, tendente junto a ir introduciendo cambios políticos democráticos, enderezar el peligrosos rumbo que llevaba la economía con la necesaria reconversión de todo el sistema autárquico sin viabilidad que fue heredado del franquismo, conceder a amnistía total con salida de todos los terroristas también de las cárceles, y aprobar la Constitución de consenso de 1978, que sin estar contemplado en el programa inicial de Adolfo Suárez, basado en un texto refundido compendio de las sucesivas reformas jurídicas y legislativas sobre las normas heredadas del régimen dictatorial, sin embargo, en base a los resultados que se habían producido en las urnas de junio de 1977, donde la nostálgica con el pasado, Alianza Popular de Manuel Fraga, con los siete ministros de Franco de cartel electoral, se quedaron como fuerza residual, hizo que lo asumiera asumiendo la demanda de los partidos antifranquistas, de izquierda y nacionalistas, y representase, partiendo de una norma de normas nueva, la ruptura con la Dictadura, aunque bien distinta a como la propugnaba la oposición democrática en su óptica de tiempo atrás hasta que Suárez tomara la iniciativa política donde pasara de reivindicar la ruptura democrática a comenzar a hablar de ruptura pactada.

Los Pactos de la Moncloa. 25 de Octubre 1977.

Los Pactos de la Moncloa. 25 de Octubre 1977.

Toda esta ingente labor no se lleva a cabo, aparte de que Adolfo Suárez tuviera el encargo de la Casa Real, por quien no tiene unas convicciones democráticamente firmes de que había que poner inmediato fin al postfranquismo y llegar cuanto antes a un régimen de libertades equiparables a los europeos, costase lo que le costase y significase lo que fuera. Dirección que le llevó a Suárez a volar en solitario sin tutelas, a partir del exitoso resultado del referéndum de la Reforma Política, granjeándole su divorcio con Torcuato Fernández Miranda, partidario de otro ritmo más pausado y limitado a los cambios, así como en algunos instantes a la propia Casa Real.

Y como ya he manifestado anteriormente, cuando más fácil se pensaba que resultaría la gobernación del país a Adolfo Suárez, tras obtener la confianza en las urnas en las elecciones generales, comenzó su declive.

Aprobación por las Cortes de la Constitución de 1978

Aprobación por las Cortes de la Constitución de 1978

Tras las elecciones generales de 1979 que volviera a ganar la UCD de Adolfo Suárez, su política de consenso del nuevo Gobierno que formo, pasaría a un segundo plano, con el respiro de un PSOE que aspiraba a ser la alternativa nítida a la UCD, que además seguía sin entender muy bien a Suárez y al proceso de la Transición, en momentos que se había sumergido en una crisis interna, -marxismo sí o marxismo no-, con la pretensión forzada por Felipe González de aumentar su apoyo electoral con votantes centristas.

Fracaso de Carrillo en su propuesta a Suárez de un Gobierno de Concentración Nacional.

Fracaso de Carrillo en su propuesta a Suárez de un Gobierno de Concentración Nacional tras las elecciones de 1979.

En tanto, Santiago Carrillo, con un PCE que contaba con veinte y tres diputados, se quedaba solo en su propuesta de gobierno de Concentración Nacional para abordar con acuerdos los grandes desarrollos legislativos de la Constitución y así consolidar el sistema democrático, realizar las reformas económicas y sociales profundas que se hacían urgentes así como llevar a cabo la transformación de los aparatos del Estado y del ejército, aún plenos de nostálgicos de la Dictadura, en evitación de intentonas golpistas.

El aislamiento de Suárez fue a más en la legislatura que se inició en 1979

El aislamiento de Adolfo Suárez fue a más en la legislatura que se inició en marzo de 1979

Adolfo Suárez, por el contrario, se fue aislando en la Moncloa. Las distintas familias que habían conformado la UCD comenzaron sus reyertas y a cuestionarlo. Felipe González le interpuso una moción de censura que lo debilitó fuertemente. La AP de Fraga se dedicó a conspirar para agrandar la división en la UCD, con diversos caballos de Troya en su interior, como Miguel Herrero de Miñón, de cara a atraerse a sectores próximos, como los democristianos de Óscar Alzaga.

La misma prensa que aduló a Suárez, pedía su marcha.

La  prensa de todos los colores pedía la marcha de Suárez.

Las cifras de paro ante la fuerte subida de precios experimentado nuevamente por el petróleo ocurrida en 1979, aumentaban el malestar social y con ello se incrementaron las manifestaciones en las calles y las huelgas en los centros de trabajo contra el Gobierno. La ley de divorcio de Fernández Ordóñez llevó a una fuerte confrontación del creyente Adolfo Suárez con sectores meapilas de la jerarquía de la Iglesia católica, con la Alianza Popular de Manuel Fraga que volvía a la carga encabezando manifestaciones en la calle de la mano de los obispos.

Dimisión de Adolfo Suárez, 29.01.1981

Dimisión de Adolfo Suárez, 29.01.1981

En el mismo sentido, los atentados terroristas por parte de ETA, que no dejó las armas tras la amnistía, fueron creciendo exponencialmente en cifras, y tras cada uno de ellos conllevaba el aprovechamiento político por parte de la extrema derecha involucionista, tan presente en los cuarteles. Llegaría la cuestión andaluza, tomada como bandera para frenar y encauzar a su manera el desarrollo autonómico, con el surrealista referéndum del 28F que el Gobierno torpemente convocó para que no se votara.

Hasta que a finales de enero de 1981, llegó la dimisión de Adolfo Suárez, seguido un mes después por el golpe de Estado de Antonio Tejero.

Golpe de Estado 23.02.1081

Golpe de Estado, 23.02.1981

Ocurrió en lo que se llegó en a llamar la etapa del desencanto, del que se ha hecho silencio en estos días de propaganda idílica y apologista presentando una Transición donde pareciera que todo fue perfecto, hasta que dimitiera Adolfo Suárez, como otro ejemplo de que en aquel tiempo pasado se practicaba hasta ese verbo de tan difícil traducción actual.

Suárez y Carrillo desde las antípodas políticas, a la complicidad en la Transición, haciendo lo difícil hasta ser devorados por la mala gobernanza de sus partidos

Suárez y Carrillo desde las antípodas políticas, a la complicidad en la Transición, haciendo lo difícil hasta ser devorados por la mala gobernanza de sus partidos.

Ese desencanto, respondía, también, a la aún falta de cultura democrática existentes en amplias capas de la población española, que pensaron que bastarían unas elecciones generales, después unos Pactos de la Moncloa para reconducir la cruda crisis económica de ese periodo, y culminar el proceso con la aprobación de una Constitución, para que quedaran resueltos de forma automática los problemas económicos y hasta familiares de la mayoría de los españoles, no concienciada ni  habituada a vivir y a saber lo que es la democracia.

Cartel PSOE. Elecciones 1982

Cartel PSOE. Elecciones de octubre del 1982 donde arrasarían los socialistas

Fue el golpe de Estado, ya sin Suárez y en tránsito hacia un nuevo presidente, Leopoldo Calvo Sotelo, donde se valoraría lo qué eran las libertades y los derechos alcanzados hasta entonces y tomar conciencia de que de la noche a la mañana se podían perder. Y aquí acabó precisamente el desencanto. Por eso la inmensa mayoría de españoles salió a la calle contra el golpe de Tejero, sintiéndose haber sido el protagonista de la Transición, y no deseando desandar lo caminado. Año y medio después, esas mismas gentes llevarían a hombros a Felipe González al Gobierno, laminando electoralmente a la derecha, y a un PCE que no supo gobernarse así mismo. Fue por el cambio y para que nunca más se retornase al pasado.

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Adolfo Suárez en el adiós a su esposa en 2001. A su hija, también por cáncer, se lo daría en el 2004. “El Banesto” le embargó su casa al ejecutar la hipoteca que pidió para pagar las enfermedades. Renunció al suelde de expresidente y vivió de su pensión.

Adolfo Suárez, seguiría posteriormente en su declive, ya con el fallido CDS que creara, en esas segundas partes que suele decir el rico refranero castellano que nunca fueron buena, pactando con AP para echar al PSOE de la alcaldía de Madrid, o siendo acompañado de un personaje tan oscuro como Mario Conde.

Acabó su vida política, aparte de abrumado por las enfermedades que comenzaron a hacer mella en su persona, empezando por la de su hija, luego su mujer y más tarde de él, habiendo hecho lo más difícil, para sucumbir por el desgobierno de su propio partido, al igual que le ocurriera a su más firme aliado, Santiago Carrillo, en noviembre de 1981, y que desde que se conocieron, a través del periodista José Mario Armero, supieron comprender y congeniar en clara complicidad para hacer posible ese tránsito a la democracia que no estaba escrito, como no lo está todo futuro.

Paradoja de la historia, Suárez artífice de la Transición con un paciente pueblo de protagonista, moría el día después mismo día que una parte de ese mismo pueblo se echaba a la calle pidiendo una segunda transición.

Paradoja de la historia, Suárez artífice de la Transición con un paciente pueblo de protagonista, moría el día después que una parte de ese mismo pueblo se echaba a la calle pidiendo una segunda transición.

Pensar con la mirada de hoy que había otra forma de haber hecho otra Transición es un ejercicio tan gratuito como inútil. No así, reivindicar que la política es un proceso continuo de cambios para la mejora de la convivencia y de la calidad de vida de la ciudadanía; y no gustándonos la marcha del presente, porque vamos en sentido inverso a las agujas del reloj, tan alejado a la vez de aquel origen y espíritu que conformó nuestra naciente democracia, inclusive con la existencia por entonces de una clase política a años luz de la actual en honestidad, preparación y generosidad derrochada al servicio de los intereses generales de la comunidad, se hace imprescindible como urgente una segunda transición, a su vez regeneradora del lamentable estado de cosas a que estamos llegando. Pero eso forma parte ya de otro guión.

Ahora, dejemos que Adolfo Suárez descanse en paz, reconociéndole lo que le corresponde al césar.

Sepelio de Adolfo Suárez portado por otro ejército y ante otra España que tanto contribuyó a transformar.

Sepelio de Adolfo Suárez portado por otro ejército y ante otra España que tanto contribuyó a transformar. 

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