CABOS SUELTOS PARA PROSEGUIR REVELANDO LA JIMENA DE LOS SIGLOS XIX Y XX (09.08.2021)

Posted on agosto 8, 2021

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Ignacio Trillo

INTRODUCCIÓN

Días atrás estuve wassapeando con el paisano José María Vega Moreno, flamante jubilado como empleado municipal del ayuntamiento de  Jimena de la Frontera, amante de la escritura y de la búsqueda de documentos relacionados con hechos reveladores concernientes a la localidad. Fue un contacto más de los que realizo a menudo para el hallazgo de nuevos datos sobre el valioso pasado histórico que nos aportó el devenir de los siglos XIX y XX y que si no llegamos a tiempo de investigarlos y publicarlos pueden quedar definitivamente en el olvido. Y, sí por el contrario son desentrañados y develados permanecerán instalados en el imaginario colectivo del vecindario.

Perseguía por tanto, como con otros contactos que llevo a cabo con diversos jimenatos, que me echase una mano porque no doy abasto con los trabajos pendientes que tengo en cartera y que se vienen agolpando en tanto el tiempo sigue inexorablemente transcurriendo.

El objetivo pretendido en esta ocasión era llegar a saber de buena tinta, a través de los listados municipales sobre los reemplazos de mozos que realizaron el servicio militar, la presencia de vecinos en el Desastre de Annual, ahora que se cumple el primer centenario del trágico acontecimiento sucedido en tierras coloniales del norte de África y después de haber salido a la luz la importante obra “La incompetencia militar como principal causa del Desastre de Annual”, magnífica indagación realizada por el  amigo, general de brigada en la reserva del ejército del Aire y erudito historiador, José García Rodríguez, originario onubense y vecino gaditano.

El libro que acaba de salir de la imprenta escrito por el general de brigada del ejército del Aire en la reserva, doctor en Ciencias Políticas y Sociología, erudito historiador, José García Rodríguez, coincidente con el primer centenario del "Desastre de Annual", tragedia que repercutiría tanto para el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera, como para la caída de la monarquía y llegada de la II República al igual que el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 precisamente promovido por los militares africanistas de las colonias españolas en el norte de África, responsables muchos de ellos por la incompetencia mostrada, de esa matanza de tantos jóvenes españoles. Editorial tierradenadie.eu.

Asimismo, aproveché ese mismo contacto digital para sugerirle, antes de que fuera también demasiado tarde, poner sobre el tapete la participación de jimenatos en las guerras de Cuba y Filipinas de 1898 y sobre lo que fue de ellos.

Los jimenatos que estuvieron como destinos en el Desastre de Annual, Fernando Sánchez Rivas y José Gutiérrez Gavilán. A la derecha, Manuel Arenal Martín que a pesar de haber nacido en Zamora se casó con la jimenata, Inés Domínguez Gutiérrez "La Guapa", y falleció en la localidad. También estuvo en dicha guerra José Gutiérrez Álvarez, que murió en la misma, y Antonio Sierra Pajares, este último hizo la guerra de Cuba y la de Annual. Fotos: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

Simultáneamente, estaba recibiendo desde Francia diversa documentación de Helios, hijo de Juan López Morales, traduciéndola a todos los niveles, y también de sus primos de Jimena, al objeto de rematar, complementándola, la apasionante y meritoria autobiografía escrita por su padre y recientemente publicada en este blog. También andaba liado con dos personajes que se citan en esa semblanza y que me han abierto las puertas para nuevos relatos colaterales que adelanto y que serán igualmente sobrecogedores.

De un lado, me refiero a la vida de Aurora Fernández Barrero, la enfermera republicana asturiana que tuvo una hija, Libertad García Fernández, nacida en la huida republicana de Cataluña a Francia. Recuerdo al lector que ha seguido esta serie, que ambas acabaron en una primera etapa en el mismo lugar, en Pernau al norte del país galo, en que se hallaban refugiados los López Morales. Asimismo, que se integraron las dos como nuevos miembros de esta familia jimenata-estacionera. Pero, al morir, poco tiempo después, la madre de la menor de tifus, hallándose ya en el campo de concentración de Bram, situado en el sur, adonde se tuvieron que desplazar ante los bombardeos y el avance de las tropas nazis alemanas por el norte del país galo, la menor se quedó sola en el mundo, contando tan solo con dos años de edad, sin ninguna parentela conocida que la reclamase, su padre había muerto fusilado en su condición de miliciano republicano en la batalla librada en el frente de Cataluña.

Republicanos españoles hacinados en los campos de concentración donde fueron acogidos por el gobierno de Francia en la condición de refugiados. Foto: Noticias de Navarra.

Ello daría lugar a que, decidida parte de la saga familiar de los López Morales, los progenitores e hijos más pequeños, regresar a Jimena, pretendieran que igualmente les acompañara la niña Libertad, porque además así había sido de deseo expreso de la madre antes de morir. Pero fue la gendarmería francesa quien lo impidió siendo entregada en adopción al médico del campo de internados cuyo matrimonio no tenía ascendencia. El autor de la autobiografía, Juan López Morales, en sus últimos días de vida, noviembre del año 1996, la recordaría tristemente, con la impotencia de saber que iba a morir sin haber vuelto a tener noticias de lo que fue de ella.

Verano de 1936. La enfermera asturiana Aurora Fernández con su hija Libertad en su refugio en Francia de Pernau antes de ser invadida por el ejército de Adolfo Hitler. Allí conocería a la familia jimenata de los López Morales y se integraría en la misma. Foto: Juan José Gómez García.

Pues bien, localizada en Francia a aquella niña llamada Libertad, ahora contando con ochenta y tres años, y a una hija que tiene, Sylvie Fabien muy interesada en lo que pasó en la vida familiar de sus antepasados asturianos y republicanos, me permitirá muy próximamente revelar los avatares de esa historia que resultan tremebundos.

Por otra parte, hay dos personajes que aunque de pasada también cita Juan López Morales en su autobiografía cuando se hallaba encerrado, igual que ellos, en el campo de concentración de Sant Cyprien, a los que tan solo desvela sus nombres. Alude a un tal Rogelio y a León, explicitando además la condición de jimenatos, sin más, a los que le preguntó qué sabían de su familia que la perdió cuando los últimos percances bélicos se sucedían antes de la caída de Barcelona. Pues bien, identificados a los que aludía, resultan ser: Rogelio Navarro Sánchez y Sebastián León Rubiales, ambos dirigentes cenetistas jimenatos. Al haber contactado, igualmente, con los descendientes de ambos, del primero en Francia, en Toulouse,  y con el segundo en Jimena y en San Pedro de Alcántara, los tengo del mismo modo pendientes para desarrollar distintos aspectos de sus biografías.

Año 1949. Los jimenatos en el exilio francés, sentado, Sebastián León Rubiales, esposo de Milagros Días y padre de Pasionaria, Pedro, Alberto y Fermín y, de pie, Rogelio Navarro Sánchez, pareja de la jimenata Francisca Sarabia Riquelme, que tuvieron en Francia un hijo que se llama Bernardino y con el que he entablado una fructífera relación documental.

Manifestar de pasada que días atrás “provoqué” el encuentro en el país galo donde viven entre Helios López y Bernardino Navarro, ambos franceses-jimenatos que no se conocían, hijos de los paisanos que se exiliaron, Juan y Rogelio, departiendo gratamente en una larga tarde sobre los avatares de sus antepasados y asuntos de la actualidad, con la sorpresa añadida de haber vivido ambos en la misma ciudad, Toulouse, ser productos de las circunstancias de la guerra de España y precisamente habiendo desarrollado los dos en sus vidas profesionales, ahora jubilados, las profesiones de docentes en centros educativos franceses para niños especiales.

En este apartado de este relato histórico que acabo de reseñar sobre el emotivo encuentro que ha tenido lugar este mes de julio en Toulouse de dos franceses-jimenatos, Helio López Lamothe y Barnardino Navarro Sarabia, descendientes del exilio republicano de sus padres, los vecinos de la localidad, Juan López Morales y Rogelio Navarro Sánchez ambos amigos y militantes cenetistas en Jimena hasta que la sublevación militar del 18 de julio de 1936 los separó en la "juía" hasta volverse a encontrar en febrero de 1939 en el campo de concentración galo de Sant Cyprien, sitúo a mi izquierda una foto actual de Helios y a la derecha a Bernardino Navarro Sánchez, hermano del desterrado Rogelio que fue fusilado por los franquistas y en cuyo recuerdo al único hijo que tuvo nacido en Francia le puso dicho nombre. Juan López Morales se casó en ese destierro con la francesa, Ivette Lamothe. Y Rogelio Navarro Sánchez con su novia jimenata, Francisca Sarabia Riquelme que al acabar la guerra marchó a Francia para dicho encuentro con su novio y del que nacería Bernardino. Fotos de Helios López Lamothe en su condición de francmasón dónde está integrado en el país galo realizando obras culturales, altruistas y filantrópicas a favor de los más desfavorecidos y de Bernardino Navarro Sarabia sobre su tío Bernardino que fue fusilado y cuyo cadáver se halla aún desaparecido.

Sobre este mismo bloque que se desencadena a raíz de la publicación de la autobiografía de Juan López Morales, me ha remitido Helios, su único descendiente, una foto que estaba entre los papeles legados por su padre tras su fallecimiento de cara a que lo pudiera identificar. Me manifestaba en su email que no tenía ni idea de su nombre ni quién era aunque sabía de su condición de jimenato, amigo del padre, que vivía también en Mont-de Marsan y que retornó a Jimena. No había ninguna nota expresa del padre acerca de él. Una vez que la recibí, no he tenido la menor duda que se trata de Andrés Gutiérrez Jiménez, de apodo “Peana”. No esperé un solo segundo para remitírselo a su nieto, Andrés Gutiérrez Vecina, al que por cierto lo pillé en su trabajo de Correos en Guadiaro. Tiempo atrás le había preguntado sobre el pasado de su abuelo durante la guerra y su exilio en Francia y me dijo que no tenía ni remota idea, solo sabía que regresó antes de que él viniera al mundo que ocurrió en agosto de 1965.

Andrés Gutiérrez "Peana", que antes del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 trabajaba de mecánico en Jimena y pertenecía al partido político de Manuel Azaña, Izquierda Republicana. Huyó de Jimena y llegó hasta Málaga capital donde en su condición de voluntario se alistó como miliciano en el Batallón de "Pablo Iglesias", encargado de la defensa de la capital situándose en el frente del Valle de Abdalajis y El Chorro. Caída la capital malagueña prosiguió su defensa de la II República participando con numerosos jimenatos que procedían del Batallón Fermín Salvochea en otras batallas hasta que en la batalla de Teruel donde pierden la vida varios vecinos u otros son detenidos escapa del cerco franquista y se le da por desaparecido soportando temperaturas por encima de los vente grados bajo cero en el lugar en que se escondió hasta reaparecer en su unidad y ser hospitalizado a continuación por congelación de una pierna y que sufriría el resto de su vida. Derrotado el ejército popular republicano huye por la frontera francesa y tras acontecerle parecidos avatares a los de otros jimenatos acabaría tras la Segunda Guerra Mundial viviendo en la localidad francesa de Mont-de-Marsan siendo vecino de Juan López Morales. En 1961 retornó a Jimena. Fue mi profesor particular de francés durante dos años. Falleció entre los suyos el 26 de abril de 1986 contando con 76 años. Foto: Helios López.

En fin, como si me faltaran relatos a rescatar para su publicación, insisto, para que el olvido no los conduzca a la desaparición, que es tanto como sí no hubiesen existidos, se me suma lo anterior a las tantas otras historias que tengo pendientes por concluir: la de los Larios; la del último alcalde republicano de Jimena, Cristóbal Sarabia, “Telar”; la de Ángeles Vázquez León; la segunda parte de la guerra y posguerra en San Pablo de Buceite; el siguiente capítulo de mi visita al exilio jimenato en Argelia… y otras por empezar a publicarlas, tales como: la biografía de Acracia León Cuenta de la que poseo un texto autobiográfico de ella escrito a máquina que está inconclusa, y que gracias a su nieta, Brigitte Butler León, lo recibí desde su residencia en EEUU; la del veterinario barreño que ejerció en Jimena durante la II República, Salvador Gómez García; proseguir con las entrevistas a nonagenarios del pueblo….en fin que tengo para no aburrirme o para necesitar dos vidas como los felinos de cara a completar ese periodo histórico tan convulso a través de sus protagonistas tenidos hasta ahora por la mayoría del vecindario jimenato como desconocidos.

Eloy Martín Corrales, nació en Ceuta, en el año 1951. Ha sido profesor en la Universidad de Sevilla y en la Universitat Autònoma de Barcelona. Actualmente, Profesor titular en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Presentó en este Seminario la ponencia: "El exilio socialista en Orán". Es un estudioso de las relaciones hispano-musulmanas entre los siglos XVI y XX. Ha publicado, entre otros: "Los coraleros catalanes en el litoral argelino en el siglo xviii, en Carlos Martínez Shaw. El derecho y el mar en la España moderna". Universidad de Granada, pp. 427-456". Año 1995. "Intercambios comerciales entre Málaga y Argel en la segunda mitad del siglo XVIII", en Actas del II Congreso Internacional El Estrecho de Gibraltar. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), 4, pp. 459-472; Año 1996. "La Segunda República en Melilla. Memoria histórica (1931-1936)", Año, 2000. "Comercio de Cataluña con el Mediterráneo musulmán (siglos XVI-XVIII): el comercio con los «enemigos de la fe". Barcelona: Bellaterra. Año, 2001. "Marruecos y el colonialismo español (1859-1912). "De la guerra de África a la penetración pacífica". Año, 2002. "La imagen del magrebí en España. Una perspectiva histórica, siglos XVI-XX". Año, 2002. "Semana trágica. Entre las barricadas de Barcelona y el Barranco del Lobo". Año, 2011. "Judíos entre Europa y el norte de África (Siglos XV-XXI)". Año, 2013. 

Y me hallaba en este agobio, tal y como me he referido, cuando me llega precisamente de un gran amigo que me eché en ese viaje a la Argelia del exilio republicano jimenato, el profesor Eloy Martin Corrales del Departamento de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, caballa de nacimiento, una copia del diario Balear, que solía extraer este tipo de noticias de la Gaceta de Madrid, dando cuenta del fusilamiento por los absolutistas del rey Fernando VII de un grupo de jimenatos que habían tomado la ciudad gaditana de Tarifa, ocurrida en agosto de 1824.

No he dudado en aparcar lo anterior, ante lo apasionante del tema y del gran desconocimiento que existe sobre lo que fue de Jimena a lo largo de gran parte del siglo XIX, y como me va a generar un solo capítulo, lo trato a continuación con la inmediatez y el rigor que son exigibles para lo cual me he servido igualmente del paisano Andrés Beffa García que lleva a cabo un meritorio rastreo de ratón de biblioteca tanto por el archivo municipal de Ayuntamiento como por las hemerotecas de la prensa a nivel nacional de los siglos XIX y XX archivando todos los registros donde aparecen noticias sobre Jimena y San Pablo de Buceite a la vez que ha completado el cuadro de alcaldes pedáneos de lo que empezó siendo colonia agrícola partiendo de la finca Buceite en su traspaso de propiedad en 1869 de la casa ducal de Medina Sidonia a los Larios.

El excelente trabajo realizado por el jimenato-sampableño, Andrés Beffa García de investigar y plasmar la relación de alcaldes pedáneos que ha tenido San Pablo de Buceite desde su origen. Agosto 2021.

A fin de cuentas, esos liberales del primer tercio del siglo XIX, jimenatos y españoles, eran los antecedentes de los republicanos citados un siglo después y ambos sufrieron, por igual, el exilio, la persecución y los fusilamientos procedentes de la sinrazón y la barbarie inquisitorial tan solo por pretender poner el reloj de España en la hora de los tiempos que corrían.

Acompañando a Andrés Beffa García el día que le fue homenajeado por su jubilación en el ejercicio del Magisterio y de la carrera política realizada en su vocación de servicio público en el ayuntamiento de Jimena y en la Diputación Provincial de Cádiz. Febrero 2016. Foto: Buceite.com.

JIMENATOS FUSILADOS TRAS TOMAR TARIFA EN 1824 PARA LA CAUSA LIBERAL

LA TOMA DE TARIFA POR LOS LIBERALES

Fechada a 6 de Marzo de 1831, aparece en los archivos del ayuntamiento de los Barrios (Cádiz), obrando en poder del historiador barreño, José Manuel Algarbani, una vibrante carta llena de proclamas liberales firmada conjuntamente por el general, José María Torrijos, y por, Manuel Flores Calderón, expresidente de las Cortes españolas en el Trienio Liberal (1820-1823) y prevista autoridad civil de triunfar la insurrección liberal que se preparaba. La misiva fue entregada en mano desde Gibraltar, donde ambos dirigentes liberales exiliados se encontraban conspirando contra el régimen absolutista de Fernando VII desde septiembre de 1830, a través del amigo en común, García del Barrio. En el manuscrito dirigido a Pablo Larios Herreros, hermano del I Marqués de Larios, Martín, le agradece la donación de 2000 duros para la causa del levantamiento liberal en ciernes. Torrijos había vuelto a Gibraltar desde su exilio en Londres donde se encontraba desde abril de 1924, tras pasar por París, cuando fue derrotado militarmente por los absolutistas en Cartagena. Preparaba un nuevo alzamiento, que esta vez, tras resultar fallido, acabó con su vida. Imagen: Fusilamiento de Torrijos y los otros 48 hombres (sus cadáveres yacen enterrados en la malagueña plaza de la Merced, excepto el del irlandés, Robert Boyd, que al ser protestante se halla en el cementerio inglés) insurrectos liberales, sucedido el 11 de diciembre de 1831 en la playa malagueña de San Andrés por orden de Fernando VII, previo desembarco en la playa de Mijas procedentes de Gibraltar y ser detenidos en la finca Torrealquería de Alhaurín de la Torre. Este cuadro fue pintado, no por Goya sino, por Antonio Gisbert Pérez, en 1888. Figura en el Museo del Prado.

Se sabe ya mucho sobre la Jimena republicana de la primera mitad del siglo XX, pero muy poco sobre la liberal del siglo XIX. También sobre el desembarco procedente de Gibraltar que se produjo en la playa del Chacón de Mijas dirigido por el general Torrijos (Madrid, 20 de marzo de 1791-Málaga, 11 de diciembre de 1831), el 2 de diciembre de 1931 con una partida de sesenta liberales, así como su posterior detención por las autoridades absolutistas del rey Fernando VII acontecida en el municipio de Alhaurín de la Torre y posterior fusilamiento junto a treinta y seis que supervivieron acaecido nueve días después y sin juicio alguno en las malagueñas playas de San Andrés.

Pero no tanto se conoce de otro desembarco de la misma corte revolucionaria liberal y asimismo procedente del Peñón que había acaecido seis años antes en las playas de Tarifa y que se saldó con la momentánea toma de la ciudad. Sin embargo, la posterior recuperación de las fuerzas militares fernandinas acarreó el fusilamiento de sesenta resistentes, seis de los cuales eran jimenatos. En este caso, el jefe militar liberal que lo comandaba, el coronel Francisco Valdés, pudo huir y refugiarse en Marruecos.

Nombrado en 1808, para sustituir a Carlos IV Después de la derrota definitiva de José I Bonaparte, quien abandona Madrid el 27 de mayo de 1813, Napoleón reconoce a Fernando VII como rey de España mediante el Tratado de Valençay. Su nefasto mandato, contradictorio hasta límites esquizoides, donde pasaba por ser el primer constitucionalista, "El deseado", a propiciar el absolutismo más extremo e inquisitorial, "El felón". Retrato de Francisco de Goya. Museo del Prado.

LA TARIFA DE 1824

Localidades sureños donde se sucedían los movimientos de los liberales del primer tercio del siglo XIX pretendiendo derrocar a los absolutistas.

Tarifa estaba considerada en esa época como una pequeña localidad entre los cuarenta pueblos que en ese tiempo componían la provincia de Cádiz. Enclavada en el Estrecho de Gibraltar, orilla privilegiada entre dos mares, Atlántico y Mediterráneo, y dos continentes, Europa y África, que fue para la entrada de los árabes en la península ibérica había visto ya pasar con anterioridad por su término a numerosas culturas. La demografía que presentaba en ese primer cuarto del siglo XIX se hallaba cercana a los trece mil habitantes, en tanto Jimena contaba con unas cinco mil almas. En los veinticinco años, comprendidos entre 1808 y 1833, del reinado de Fernando VII, su población apenas experimentó crecimiento significativo. Urbanísticamente, la ciudad siguió conservando su tipología constructiva de épocas anteriores, tan sólo alteradas por la destrucción que la guerra de la Independencia contra los franceses produjo sobre todo en el extrarradio del recinto amurallado. En este periodo del reinado fernandino era un pueblo empobrecido tanto por la base de su economía, que dejaba a una gran parte de sus habitantes en el umbral de subsistencia, como por los efectos de los conflictos bélicos, especialmente la referida contienda contra los franceses.

La zona este de Tarifa que sufrió el asedio de los franceses en la guerra de la Independencia. Fuente: Juan Antonio Criado Atalaya.

La importancia geoestratégica de Tarifa venía dada pues por el enclave de la ciudad y de su puerto. Era ciudad deseada en tiempos de guerra por los combatientes, fueran entre españoles, contra los franceses o por los ingleses. Su ubicación privilegiada a la entrada de Gibraltar, frente a Tánger, entre Cádiz y el Estrecho, punto de salida de los aprovechamientos forestales de los montes de alcornocales hacía la zona costera y hallarse al extremo de la llanura del río Salado, lo atestiguan.

La ambición de ser controlada por los ingleses que estaban a favor de los liberales en tanto Francia se hallaba apoyando a los absolutistas, se hallaba fundamentada en asegurarse la llegada de víveres, con destino a la Guarnición militar que tenía establecida en Gibraltar, procedente de los convoyes marítimos que salían desde Tánger.

Me detendré en describir algunos aspectos de su sociedad y de su economía municipal porque no debía ofrecer muchas diferencias a las que se daban en las mismas fechas en Jimena, aparte de otras muy específicas por disponer de fachada litoral, su inmediatez marítima a Gibraltar, por la actividad pesquera y el microclima particular ocasionado por el azote de sus fuertes vientos de levante.

SU ECONOMÍA Y CLASES SOCIALES

A pesar del inmovilismo señalado en que vivía Tarifa, no podía situarse de espaldas a los cambios que, aunque lentos, favorecidos por la Guerra de la Independencia, se fueron introduciendo en España a inicios del siglo XIX por los que la sociedad estamental fue dando paso al surgimiento de una débil burguesía.

Su economía, basada en el sector agropecuario, estaba dirigida por los grandes hacendados y pudientes que controlaban los órganos de poder municipal. Frente a ella, se hallaba una gran masa de jornaleros agrícolas. Por medio, aparte de los efectos catastróficos de las guerras, estaban las inclemencias meteorológicas por sus consustanciales vientos de levante que afectaban a su agricultura, sobre todo a los frutales que había que recolectarlos antes de que madurasen. En este contexto no faltó, a nivel local, un foco de liberalismo aunque de inferior presencia que en otros lugares de España y que lejos de pretender revolucionar las arcaicas estructuras heredada de la sociedad estamental, tal y como en parte del continente europeo sucedió, por el contrario se fue adaptando al viejo absolutismo.

La economía tarifeña, por tanto, mostraba en esa época, al igual que la de Jimena en manos entonces de la Casa Ducal de los Medina Sidonia, una composición entre sus clases sociales de impronta tradicional. También, ausencia de industrialización y de modernización en las técnicas empleadas en el campo para la producción agraria. Tan sólo en el aspecto jurídico se desarrolla un proceso de cambio, pero como reflejo de los procesos generales que se estaban dando en el país, por mor de la promulgación de medidas legislativas destinadas a configurar una nueva sociedad clasista, organizada ahora sobre la base de los principios doctrinales de importación francesa, más teóricas que prácticas y solo de aplicación en la economía, no en la política: libertad, igualdad y propiedad.

Diario "Gaceta de Madrid" donde queda reflejado cómo se las gastaban los absolutistas a la hora de reprimir las libertades, fuera en Jimena como en el resto de España. Dando un salto en el tiempo como si se tratara de la Dictadura de Franco en sus procesamientos por el siniestro TOP (Tribunal de Orden Público) en esta página se refleja la represión de la libertad de expresión, el derecho de asociación, el de imprenta o la inviolabilidad del domicilio particular, del derecho a la intimidad y a la correspondencia postal que ejercían los absolutistas. Fuente: documento facilitado por Andrés Beffa García.

Junto al sector agropecuario, con escasa importancia de las actividades de transformación, hay que reseñar a un sector de servicios organizado preferentemente para el comercio al objeto de asegurarse el suministro de productos como el aceite y el vino, así como para la exportación, allende sus límites, como Norte de África, Gibraltar, Cádiz, Algeciras, Valencia, Londres… de los productos naturales procedente de las huertas de árboles frutales, destacando las hortalizas o la naranja que pasa por la mejor de Andalucía, el trigo, así como los cereales y las leguminosas: la cebada, los garbanzos, el maíz, las habas, zahína, alberjones, yeros … La ganadería, junto a la agricultura, ocupaba también su papel reservada prácticamente a las familias pudientes. El ganado vacuno como el más rentable, sobresalían reses bravas, seguido por el porcino y el lanar, y la que más abundaba, la cabra. También a señalar la explotación forestal de los montes propios y comunes del municipio: corcho, leña, rameo, tala, entresaca, carboneo… que proporciona además recursos para consumo humano, como las tagarninas y las setas silvestres, que socorren a la población en situaciones límites de emergencia. Y en la actividad pesquera, la pesca del atún base de la industria de la almadraba y una gran variedad de peces como el bonito, caballa, sardina y anchoa.

La actividad de una pesca tradicional en un ecosistema marino con una enorme riqueza y biodiversa fauna marina no suficientemente explotada era una de las características de esta fuente de la economía tarifeña. Foto Atlas de Historia Económica de Andalucía siglos XIX y XX. Fuente: Juan Antonio Criado Atalaya.

La existencia de varias canteras, de las que se extraen losas para embaldosar, de molinos para la producción de harina, algunas instalaciones de curtido, de fideos y otras de alfarerías completan el resto de su panorama económico.

Los cambios de regidores munícipes que se sucedieron en la casa consistorial de Tarifa durante las distintas etapas del reinado de Fernando VII. Fuente: Juan Antonio Criado Atalaya.

La Hacienda local se encontraba totalmente arruinada y sobre todo mal gestionada, achacable a los distintos acontecimientos bélicos sucedidos en la ciudad, especialmente la Guerra de la Independencia y a los cambios de gobierno entre absolutistas y liberales que llegaron a dejar con sus saqueos o exacciones impositivas la economía local y la caja municipal exhaustas. No obstante, los datos sobre la contribución industrial y de comercio que ofreció con posterioridad, ya entrado a mitad del siglo XIX bajo el reinado de Isabel II, situaban a Tarifa en la posición undécima entre los cuarenta municipios gaditanos.

LA TOMA POR LOS LIBERALES EN 1824

Francisco Valdés Arriola. Nacido en Móstoles en 1788. Pertenecía a familia nobiliaria e hizo carrera militar. Permaneció soltero. En el año 1807 estuvo en ayuda a Napoleón en el norte de Europa Regresó con su unidad en octubre de 1808 y negándose a jurar ante el rey José Bonaparte luchó contra los franceses hasta 1813. Fue el segundo del general Ballesteros que remodeló el Castillo de Jimena para reforzar sus defensas por lo que tuvo que estar en Jimena en 1811. De convicción liberal luchó contra el absolutismo y tuvo que exiliarse. Dirigió la expedición que tomó Tarifa y ante la derrota pasó de su exilio en Gibraltar a la ciudad de Tánger. Más tarde con la sucesora el trono, Isabel II, reingresaría en el ejército en 1835 y combatiría a los carlistas a partir de 1838 En 1854 fue nombrado teniente general. Fuente: Carlos Múgica y Pérez 

Tarifa fue tomada el 2 de agosto de 1824 por fuerzas antiabsolutistas mediante una expedición que partió desde Gibraltar donde se hallaba parte gobierno liberal en el exilio con cuatro ministros, el jefe que lo presidía se hallaba en Londres, era el general Espoz y Mina. En El Peñón encontraban los liberales el cobijo de la masonería aunque en esa operación no fueran demasiados generosos ya que contaron tan solo para financiar la improvisada operación con dos mil reales, a todas luces insuficientes. Los efectivos desembarcaron en el litoral de Tarifa por los fuertes vientos de levante que soplaban ya que el objetivo inicial era efectuarlo en tierras malagueñas. Al mando de una columna de 200 refugiados en La Roca se hallaba el coronel Francisco Valdés Arriola, siendo su segundo de abordo Mariano Linares, un teniente también exiliado que realizaba las funciones de jefe de Estado Mayor. Logró apoderarse de la ciudad sorprendiendo a su corta y a la vez descuidada guarnición. Se adueñó de varios cañones, cuatro mil fusiles y un gran depósito de municiones.

La expedición fue conocida popularmente en la localidad tarifeña como “el suceso de los Cigarreros”, por ser muchos de los acompañantes del general Valdés trabajadores del tabaco en El Peñón. Si bien la toma de la localidad no fue muy difícil, sin embargo los limitados efectivos con los que se conquistó auguraba un grave problema en el mantenimiento de la plaza si no se producían simultáneos pronunciamientos liberales en la capital gaditana, en la malagueña, así como en las ciudades de Marbella y Ronda que estaban previamente avisadas pero con las que no hubo la más mínima coordinación.

A los liberales se le unieron una parte de la milicia nacional que estaba allí acuartelada así como presos existentes en la cárcel, cerca de un centenar, y la policía que los vigilaba, previo juramento de apoyo a la causa liberal revolucionaria. Refuerzos que resultaron ser totalmente insuficientes y que cuando comenzó el hostigamiento por las tropas absolutistas fueron los primeros en salir huyendo. Así que solo aguantó el grueso de la columna invasora.

Tarifa estuvo durante dos semanas y dos días bajo el control de los liberales haciendo frente al asedio de las tropas fernandinas que contaban con más de tres mil militares procedentes de Algeciras, en su mayoría franceses, a costa de imponer a las familias de los absolutistas una serie de gravámenes para sobrevivir al asedio y mantener las defensas.

La noche del 19 al 20 de agosto de 1824 acabó esta aventura insurgente, consiguiendo algunos darse a la fuga por mar como el coronel Valdés, junto a once oficiales y otros veinticuatro insurgentes, que desembarcaron en distintas barcas en Tánger llevándose catorce mil duros para la causa liberal en tanto que los que permanecieron resistiendo hasta el final serían apresadas.

Otro fallido intento por los liberales en las mismas fechas y también partiendo por mar desde Gibraltar pretendió tomar la capital de Almería. Estuvo dirigido por el capitán de las Milicias Nacionales Pablo Iglesias González con el que el coronel Francisco Valdés Arriola no se puso de acuerdo por razones de jerarquía para unificar ambas expediciones. Además, Valdés contó el sostén de los Masones, en tanto Iglesias con la ayuda de la Santa Hermandad y con simpatías de numerosos Comuneros, ambas organizaciones liberales afincadas en Gibraltar. Acabaría igualmente en derrota y más fusilamientos entre los insurrectos, figurando notables liberales. Los revolucionarios portaban 1.600 fusiles y quedaron denominados como “los Coloraos” por las casacas de ese color de sus vestimentas. Pocos se salvaron también, huyendo con destino a Tánger, por lo que a los numerosos liberales que se hallaban en el exilio se les cayó durante un tiempo la moral de triunfo por los suelos.

El capitán Pedro Valdés que al final se quedó con el mando de los que quedaban resistiendo en Tarifa se rindió ante los franceses la mañana del día 20 de agosto junto a ciento sesenta insurrectos, figurando, tras ser condenados a la pena de muerte y pasados por las armas en la tapia del cementerio de Algeciras y sepultados en una fosa común, un total de sesenta; entre ellos el referido capitán, tres oficiales más, diecinueve soldados y suboficiales, veintisiete vecinos de Taifa colaboracionistas con los liberales, más un rebelde tarifeño y nueve presidiarios.

FUSILADOS JIMENATOS

Con la etiqueta de “Paisanos pertenecientes a la gavilla revolucionaria que mandaba el criminal López Herrera” calificaba el absolutista comandante general del Campo de Gibraltar, Josef O´Donell y Anhetan (Guadalajara, 1768 – Madrid, 1836. Teniente general) a los sublevados liberales en el oficio, fechado a 26 de agosto de 1824, que dirigió al rey Fernando VII dando cuenta de las penas de muerte con fusilamientos impuestas a los revolucionarios por el “crimen de alta traición al Rey, nuestro Señor”, así como le informaba del dispositivo naval desplegado por toda la costa andaluza, que abarcaba desde el levante, el litoral almeriense hasta Ayamonte en Huelva, de cara a la detención de los que hubieran escapados.

El apelativo “gavilla” era empleado, en tono completamente peyorativo, para asociar a esos ciudadanos jimenatos, en el lenguaje propagandístico absolutista, a un grupo delictivo de malhechores y ladrones. En otras partes del texto, publicado en el diario Balear fechado a 11 de septiembre, a un mes de los acontecimientos de Tarifa se utilizan también los términos, “delincuentes”, “rebeldes” y “revolucionarios”, evitando así la condición de liberales y constitucionalistas de los insurrectos. Asimismo, se separan en la relación de los fusilados, los componentes de esta “gavilla” de los desembarcados procedentes de Gibraltar, lo que hace suponer que no todos partieron del mismo lugar a la vez que estos jimenatos lo más probable es que llegaran, sumándose a la ocupación, bien procedentes de su localidad natal o se encontraban “tirados en el monte”. Lo que queda claro es que había una resistencia organizada en Jimena constituida por liberales contra el despotismo absolutista del monarca Fernando VII y su cohorte, ignorándose por ahora sí era una continuidad a las partidas que lucharon contra la ocupación francesa en la guerra de la independencia ya curtidas por los principios políticos emanados de la Constitución de 1812 promulgadas por las Cortes de Cádiz que el siniestro monarca bien pronto traicionó.

Fuera de una forma u otra, hasta el día de hoy han quedado estos vecinos de Jimena, luchadores por la libertad y contra la tiranía, como víctimas anónimas ignoradas para las siguientes generaciones, no figurando sus nombres en el cementerio de Algeciras donde fueron fusilados y enterrados ni tampoco gozan de reconocimiento y mención expresa en el pueblo que los vio nacer, a diferencia, por ejemplo, del general Torrijos y acompañantes que siete años después realizaron parecida proeza, también con resultado fallido y desenlace fatalmente acontecido el 11 de diciembre de 1831 en la playa de San Andrés. En este caso se encuentra su gesta reflejada en ese monolito, diseñado por el entonces arquitecto municipal Rafael Mitjana, que, financiado por cuestación popular, les fue erigidos como monumento funerario sobre una cripta donde se hallan en su interior los cuarenta y ocho cadáveres, de los cuarenta y nueve ejecutados, sito en la malagueña plaza de la Merced y que actualmente no solo representa un icono de una de las más importantes señas de identidad de la capital sino que su proclama ha proporcionado lema de la ciudad por la leyenda que alberga: A  vista de este ejemplo, ciudadanos, antes morir que consentir tiranos

El monumento en la plaza de la Merced de la capital malagueña en homenaje al general Torrijos y demás héroes acompañantes que fueron fusilados en las playas de san Andrés. Foto, diario La Opinión de Málaga.

No sería hasta la llegada de la II República -no nos ha llegado pero lo más probable es que también sucediera a lo largo del Sexenio Democrático (1868-1874) que se inició tras el destronamiento de la monarca Isabel II y finalizó, cómo no, con un golpe de estado militar en este caso protagonizado por el general Pavía asaltando con su caballería el Congreso de Diputados para poner fin a la I República- cuando se dio paso a que los adelantados héroes constitucionalistas (Riego, Torrijos,….) lograran honores y leyendas con monumentos y calles que se roturaron con sus nombres en pueblos y ciudades de España que luego borraría el franquismo y volvería a ser restituido, por cierto no está resultando fácil, en la actual era democrática.

Y aquí acabo lo que he comenzado con las desventuras de los jimenatos, Juan López Morales y Rogelio Navarro Sánchez, seguidas por Aurora, Libertad… exiliados en Francia por su defensa a un ordenamiento constitucional en lo que fue una constante histórica que arrancó en los inicios de siglo XIX hasta no hace tanto, en esa dinámica que nos caracterizo como país entre avanzar o retroceder bajo las garras del oscurantismo más siniestro e intolerante.

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