CEUTA, EL SAHARA, MARRUECOS Y ESPAÑA (18.08.2021)

Posted on agosto 18, 2021

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PREÁMBULO

Ignacio Trillo

Por considerarlo de enorme interés ante el tema de extraordinaria actualidad que contiene, donde aborda una realidad geopolítica compleja que tenemos tan cerca pero en el conocimiento tan lejos, he considerado oportuno, con el permiso del entrevistado, publicar aquí este diálogo donde se emite no solo opinión sino también y sobre todo historia. Adelanto que su relato no dejará indiferente al lector sino que con la carga de rigor que acompaña quizás los siguientes opiniones que se emitan -se esté o no de acuerdo, parcial o totalmente, con las respuestas que manifiesta el preguntado- tendrán en cuenta lo que aquí se expresa.

El profesor Eloy Martín Corrales, originario de Ceuta, catedrático del Departamento de Humanidades de La Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y uno de los mayores expertos a nivel internacional sobre las relaciones euro-islámicas desde el siglo XVI al XX. Foto: Instituto de Historia Jaume Vicens i Vives.

Eloy Martín Corrales nació en Ceuta en el año 1951. Su vida profesional la ha dedicada a la Universidad y al avance del conocimiento histórico. Es un experto en las relaciones euro-islámicas en los ámbitos económicos, políticos y culturales entre los siglos XVI y XX. Catedrático del Departamento de Humanidades de la UPF y miembro del IHJVV. Ha impartido docencia en las universidades de Barcelona, Sevilla Autónoma de Barcelona y ha sido profesor visitante en Paris I (Pantéon-Sorbona) y Saint Joseph University de Beirut. Recientemente ha publicado Muslims in Spain, 1492-1814. Living and Negotiating in the Land of the Infidel (Brill, 2021). Sus libros principales son Comercio de Cataluña con el Mediterráneo musulmán (siglos XVI-XVIII). El comercio con los “enemigos de la fe” (Barcelona: Bellaterra, 2001) y La imagen del magrebí en España. Una perspectiva histórica, siglos XVI-XX (Barcelona: Bellaterra, 2002). Como editor ha cubierto las relaciones hispano-magrebíes en los últimos cinco siglos: La Conferencia de Algeciras en 1906: un banquete colonial (Barcelona, 2007), Semana Trágica: Entre las barricadas de Barcelona y el Barranco del Lobo (Barcelona, 2011), España frente a la independencia de Marruecos (Barcelona, 2017) y La guerra de independencia de Argelia y sus repercusiones en España (Barcelona, 2018). Además, ha publicado docenas de artículos y capítulos de libros en castellano, catalán, francés, inglés, italiano, árabe y japonés.

Al profesor Eloy Martín tuve el enorme placer de conocerlo no hace tanto tiempo. Fue en octubre del 2019 en un Seminario sobre el exilio republicano en el norte de África que celebramos en las Universidades de Argel y en la de Orán. Ambos congeniamos. Ceuta y Jimena también nos unía. Desde entonces continuamos el contacto intercambiándonos documentos y artículos a la vez que cada vez que ha venido a Málaga donde tiene una casa familiar nos hemos vuelto a ver y conversar ampliamente sobre temas muy diversos. Por tanto es una satisfacción acogerle en este rincón y seguir haciendo camino de la mano de su dilatado conocimiento hispano-islamista.

ENTREVISTA DEL INSTITUT D’HISTÒRIA JAUME VICENS i VIVES A ELOY MARÍN CORRALES*

Pregunta (P).- En los últimos meses se han reavivado las tensiones entre España y Marruecos. Con frecuencia una parte de la población lo piensa, pero no se atreve a verbalizarlo: ¿Son Ceuta y Melilla colonias españolas?

Ceuta y Melilla fronteras de la Unión Europea en el norte del continente africano.

Respuesta (R).- Ceuta y Melilla no son colonias. Sin duda, parte de la sociedad española y la mayoría de la marroquí piensan lo contrario. El argumento de estos últimos se basa en la identificación de un territorio con un pueblo, y/o nación y/ o estado, determinado. Pero conviene tener en cuenta que la vinculación de un pueblo con determinado territorio ha variado a lo largo de los siglos debido a los movimientos migratorios que la humanidad ha protagonizado desde sus inicios. Salvo excepciones, en el Mediterráneo esos movimientos fueron desapareciendo a comienzos de la Edad Moderna, coincidiendo con la aparición del Estado Moderno. Así fue tanto para el conjunto de Europa como para la ribera sur del Mediterráneo, al menos hasta la frontera del Sáhara/Sahel. En el caso de las relaciones hispano-magrebíes hay que tener en cuenta que los poderes asentados en el norte (Roma, Bizancio, Vándalos y los emergentes estados nacionales de la segunda mitad del XV) y en el sur del Mare Nostrum (Cartago, así como los califatos de Damasco y el de Bagdad) intentaron, con mayor o menor fortuna y durante un período de tiempo más o menos amplio, ocupar la orilla opuesta. La misma lógica la encontramos en la conquista de la Mauritania Tingitana por Roma, los intentos de conquista de Roma por Anibal, la conquista de Hispania por Tarik y Musa y el testamento de Isabel la Católica. También en el califato Omeya de Córdoba cuando intentaba controlar el Magreb, en los almorávides y en los almohades que intentaron recuperar la Península Ibérica y derrotar a los reinos cristianos.

Mapa de las dos orillas del Mediterráneo del año 1920. Norte de mayoría cristiana y el Sur totalmente musulmán. Fuente: https://www.wikiwand.com/

Ese agitado ir y venir de las fronteras mediterráneas se fue ralentizando a lo largo del siglo XV, hasta el punto de trazar una frontera, casi, claramente delimitada en el Mare Nostrum: al norte, las potencias cristianas; al sur, las musulmanas. Sin embargo, hubo importantes excepciones. La principal, el dominio otomano sobre la casi totalidad de los Balcanes y sobre una parte de la Europa oriental. Territorios de los que fueron progresivamente desalojados a lo largo de los siglos XVIII y XIX. También hay que tener en cuenta la efímera conquista otomana de Otranto (1480). Pero el desalojo no fue completo, como lo demuestran la actual población bosnia y la Turquía europea.

“Los núcleos de cristianos que acompañaron a los conquistadores de Ceuta y Melilla se le fue añadiendo variables contingentes de judíos y musulmanes que han convertido a ambas ciudades en unos interesantes laboratorios de interacción o mezcla de culturas. Esta empatía es muy necesaria ante el creciente ascenso de la xenofobia.”

Desde la orilla septentrional del Mediterráneo también se produjeron movimientos expansivos, más allá de la frontera “natural”. A la derrota y expulsión de los musulmanes de Portugal sucedió un rosario de conquistas lusas de plazas en la fachada atlántica marroquí: Ceuta en 1415, Tánger, Arcila, Larache, Mazagán, Safí y otras; salvo la primera todas recuperadas posteriormente por los norteafricanos. Del mismo modo, a la derrota y desaparición del reino nazarí de Granada (1492) sucedieron las conquistas españolas de Melilla (1497) y numerosas plazas (Orán, Bugía, Túnez, Trípoli y otras, que posteriormente fueron reconquistadas por magrebíes y otomanos). Hay que añadir que en el siglo XVII se registran conquistas de ingleses (Tánger) y franceses (aunque camufladas como factorías, Las Calle, Tabarka, Bastión de Francia y otras), finalmente recuperadas por los norteafricanos.

En resumen, la visión de una cristiandad que ocupó en su totalidad el norte del Mediterráneo, completada por la de un islam que hizo lo propio en el sur del mencionado mar, nunca fue una realidad rotunda. El argumento de que Ceuta debería ser marroquí por su ubicación geográfica, debería aplicarse, si hacemos nuestra esa lógica, a Estambul y su hinterland balcánico, que debería ser griego o búlgaro. La isla de Jersey debería ser representaba por el gobierno francés y no por el inglés, como lo continúa siendo en la actualidad.

La isla de Jersey cercana a la costa de Francia y de titularidad británica.

P.- ¿Y qué sucede con la población que vive en estos territorios? ¿A dónde pertenecen?

R.- Conviene no olvidar que en los mencionados casos la población de los citados territorios, tanto continentales como insulares, se corresponde mayoritariamente con la de los estados a los que pertenecen. En los casos de Ceuta y Melilla, además de la guarnición militar, han contado con una población civil desde el mismo momento de su conquista por los ibéricos. Cuando se las califica, incluso en la actualidad, como presidios se hace intencionadamente para subrayar su carácter carcelario. Sin embargo, presidio significa fundamentalmente plaza fuerte fronteriza, que naturalmente fueron. Es cierto que ambas ciudades albergaron un penal (usualmente conocidos como presidios) a lo largo del siglo XIX. Pero tales instituciones penitenciarias desaparecieron hace 112 años al igual que otros dos penales norteafricanos y diez peninsulares, entre ellos los de Alcalá de Henares y de Barcelona.

Con el paso del tiempo, a los núcleos de cristianos que acompañaron a los conquistadores de Ceuta y Melilla se les fueron añadiendo variables contingentes de judíos y musulmanes que han convertido a ambas ciudades en unos interesantes laboratorios de interacción o mezcla de culturas. Fenómenos tan interesantes como el acento andaluz de musulmanes con nacionalidad española, totalmente comparables con los llanitos (originarios de Gibraltar) que alternan su buen inglés con marcado acento gaditano, deberían valorarse más positivamente. Ambos sectores de la población suelen inclinarse mayoritariamente por mantener relaciones de buena vecindad con los países que los rodean y están interesados en que no se produzcan episodios tensos. Aunque es cierto que sería deseable que un mayor número de “cristianos” de Ceuta y Melilla hablasen la dáriya (árabe marroquí) con acento tetuaní y que un mayor número de ingleses de las islas residentes en Gibraltar conocieran el castellano. En todo caso, la empatía inducida del mencionado fenómeno, y otros que podríamos referir, son más necesarios que nunca ante el creciente ascenso de la xenofobia e intransigencia que fomentan organizaciones políticas como Vox.

18 de mayo 2021. Santiago Abascal presidente del partido de ultraderecha VOX en Ceuta con la mecha encendida de sus políticas xenófobas y antimigratorias agitando a sus seguidores para incendiar las relaciones tejidas a lo largo del tiempo entre las distintas razas y religiones que conviven en esta ciudad autónoma aprovechando el conflicto migratorio provocado por Marruecos. imagen del diario El Faro de Ceuta.

P.- Otro problema es la cuestión del Sáhara Occidental. ¿Cuándo surge el conflicto? ¿Qué papel tiene España?

R.- Marruecos presenta el Sáhara como un litigio por territorios. Y en parte lo es, sobre todo desde la perspectiva marroquí, no tanto desde la española. El país vecino alcanzó su independencia tras un áspero enfrentamiento con Francia. Paradójicamente el régimen franquista proporcionó una valiosa ayuda a los marroquíes que, con armas en la mano, luchaban contra Francia para obtener la independencia, que finalmente consiguieron. Increíblemente, el franquismo no pensó que la población que formaba parte del Protectorado Español o Zona de influencia (integrada por el Rif y la Yebala en el norte, así como una franja litoral en sur, entre el Sus y el Sáhara, la provincia de Tarfaya) reclamaría la independencia desde el mismo momento en que Francia se avino a ella. Ese episodio lo vivió el régimen como una traición cometida por los marroquíes. Además, España cometió el error de negarse a entregar al nuevo Marruecos independiente la zona sur, la provincia de Tarfaya (desde la parte marroquí se suele englobar, equivocadamente, en esa zona al Sáhara exespañol). Para complicar las cosas, el franquismo no previó que las reivindicaciones marroquíes afectarían lógicamente a Ifni y al Sáhara, que nunca formaron parte del Protectorado. Los errores y la suficiencia del régimen favorecieron el estallido de la guerra (nunca reconocida como tal) de Ifni-Sáhara de 1957-58. En realidad, toda esta historia es más comprensible si tenemos en cuenta que Marruecos, Ifni y Sáhara más que colonias de España, fueron colonias del ejército español, muy habituado a la política del ordeno y mando, y por lo tanto, poco habituado a negociar.

La rápida evolución geopolítica que sufrió el mapa del noroeste africano desde la ocupación colonial por Francia y España (antes del año 1956) tras la independencia de Marruecos (año 1956) la guerra de Sidi-Ifni (años 1957-1958) y la ocupación del Sahara (año 1975) Fuente: Blog "El Rincón de Sidi-Ifni".

En la cuestión del Sáhara hay que reconocer que Marruecos tenía indudables vínculos con ese territorio, tanto históricos, como políticos, económicos y culturales. Se demuestra lo anterior si atendemos a los intentos reformadores y unificadores del país que, desde la Edad Media, surgieron en los confines saharianos. Los más importantes la expansión almohade y la almorávide. Desde fines del siglo XIX, y alentada por la creciente penetración europea en Marruecos, surgió una nueva tentativa de unificar Marruecos y expulsar a los europeos. Fue protagonizada por el llamado Sultán Azul, Ma el Ainin, y posteriormente, por su hijo y sucesor, El Hiba, quien llegó a ocupar Marraquech. La lucha de ambos líderes saharauis iba dirigida fundamentalmente contra los sultanes que firmaron y/o aceptaron el establecimiento del Protectorado francés de Marruecos y la consiguiente ocupación militar francesa y española de su país.

Pero, naturalmente, eso no significa que los mencionados vínculos debieran prevalecer por encima de la voluntad de la población sahariana. El sultán marroquí era reconocido como jefe espiritual por los habitantes del Sáhara, pero no como jefe político. Hasta el punto de que los sultanes alauitas reconocieron ante los españoles que no controlaban el Sáhara, algo habitual desde 1767 en adelante. En buena parte se trataba de una estrategia dilatoria para no hacer frente a las reclamaciones españolas por las agresiones y cautiverios sufridos por pescadores y navegantes en el litoral sahariano. Este argumento fue aprovechado por España para conseguir posteriormente una alianza con los notables locales que acabaron por reconocer la “soberanía” española en la zona a fines del siglo XIX.

La fractura iniciada en las luchas de fines del siglo XIX y XX entre saharianos y marroquíes se agravó en las décadas siguientes por las dinámicas provocadas por la mera ocupación colonial del Sáhara por los españoles (algo similar ocurrió en la Mauritania ocupada por los franceses). Resumiendo, todo ello dio como resultado la aparición de un sentimiento nacionalista saharaui, encarnado fundamentalmente por algunas tribus, y que dio lugar al nacimiento del Frente Polisario, la ocupación marroquí, la guerra saharaui-marroquí y la división de la población sahariana (parte en Tindouf, parte en el Sáhara). La agonía de Franco y de su régimen favoreció ese desenlace, marcado por la Marcha Verde.

P.- ¿Es posible encontrar una solución que contente a todas las partes?

R.- ¿Cuál es la solución? No es fácil de responder. Claramente tiene que haber un acuerdo entre saharauis y marroquíes, algo que en los momentos actuales es extremadamente complicado. Mucho tiene que cambiar Marruecos para que eso sea posible. Recuérdese todo lo que se ha publicitado la pretendida autonomía del Sáhara, como la del Rif y otros territorios y lo poco que se ha avanzado al respecto. Lo que sí es totalmente seguro es que las negociaciones entre ambas partes no pueden llevarse a cabo con la mediación española. España será siempre sospechosa para Marruecos en este asunto, al menos mientras apoye las decisiones adoptadas por las Naciones Unidas con respecto al territorio en disputa y la mayoría de la sociedad española mire con simpatía la causa saharaui.

18 de mayo 2021. El tratamiento del Covid-19 por razones humanitarias en el hospital San Pedro de Logroño del presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali, motivo empleado por el Reino de Marruecos para una nueva crisis hispano-marroquí empleando la fronteriza ciudad autónoma de Ceuta para una entrada masiva de menores con resultados adversos para la diplomacia internacional del vecino Estado alauita. Foto: Instituto de Historia Jaume Vicens i Vives.

El asunto de la atención humanitaria proporcionada en un hospital de Logroño a Brahim Gali, presidente de la RASD, es una buena prueba de ello. También es cierto que, más allá de la clara empatía para con los saharauis, y de las numerosas muestras de solidaridad y ayuda humanitaria para con ellos, la sociedad española, salvo excepciones, no está dispuesta a sacrificarse por la suerte de los exiliados en Tindouf y la de los que viven actualmente en minoría en el mismo territorio sahariano. En realidad, no creo que ni Marruecos, ni la RASD y ni Argelia consideren a España como un interlocutor válido en el asunto. Seguramente la mejor ayuda de España de cara a la resolución del conflicto es limitarse a mantener, en la medida que sea posible, los canales de comunicación entre las partes implicadas y evitar por todos los medios que la tensión vaya a más. Y, por supuesto, seguir prodigando todas aquellas iniciativas de ayuda humanitaria a los saharauis y a los saharianos. En mi opinión, España debería estudiar la denuncia de la firma del Acuerdo Tripartito, iniciativa simbólica que, seguramente, también provocará un momento de tensión, pero que dejaría más claro aún, por si no fuera suficiente a estas alturas, que no puede ni debe enredarse en un asunto tan complicado.

“La defensa que la UE ha hecho de las fronteras europeas, en las que incluye sin ambages a Ceuta y Melilla, ha incrementado las voces que reclaman su completa integración en el Tratado de Schengen. Así, la europeidad de estas ciudades, se ha visto reforzada como consecuencia de la desafortunada política marroquí.”

P.- ¿Cuáles han sido las verdaderas intenciones de Marruecos en los incidentes del pasado mes de mayo?

R.- Existe un generalizado consenso entre los analistas y políticos, salvo en Marruecos, en que el objetivo del régimen marroquí, de la monarquía y su entorno más fiel, era presionar a España, al igual que se hizo con Alemania y otros países europeos y no europeos, para que apoyaran sin ambages la postura marroquí. Que se sumara a la defensa de la marroquinidad del Sáhara tal como había defendido Donald Trump. El escaso apoyo que despertó en las cancillerías europeas la declaración del expresidente norteamericano provocó las represalias para con Alemania, cierta frialdad con Francia y los episodios de Ceuta (aunque también en Melilla y Canarias, como lo demuestra la disminución de la vigilancia costera en tales territorios). La jugada, una especie de mini-Marcha Verde o Marcha Verde adolescente. En la primera los participantes iban con banderas marroquíes y con coranes, en la segunda se lanzaron vivas a España, aunque muchos aseguraron que cruzaron la frontera para ver jugar en Ceuta a Ronaldo.

19 de mayo de 2021. Algunos bebés, entre los menores rescatados del mar por la Guardia Civil, Policía Nacional, Ejército y Cruz Roja en Ceuta. Fuente: EDirecto Televisión.

En el episodio sorprende la escasa presencia de subsaharianos, lo que indica que más o menos estuvieron controlados por la gendarmería marroquí. Es decir, el descontrol estuvo controlado. Tengo para mí que el asunto se saldó con una auténtica derrota política el gobierno y la diplomacia marroquí. Más allá de algunos golpes de porra y lanzamiento de botes de humo, la actuación de la policía española y del ejército desplegado se caracterizó por el trato humanitario proporcionado a todos aquellos que pasaron dificultades en el cruce masivo de la frontera. Esta vez no sucedió como en 2014, cuando en un asalto masivo de la verja la policía disparó desde la orilla balas de goma contra subsaharianos que intentaban llegar con grandes fatigas a la playa española, acción de la que resultaron varias muertes de subsaharianos. Las cámaras también grabaron perfectamente la inacción de la gendarmería y militares marroquíes que, además, abrieron las puertas fronterizas, facilitando el paso a la parte hispana. Las imágenes son inapelables y certifican que el episodio de Ceuta fue una completa derrota diplomática para Marruecos, hasta el punto de que existe un generalizado consenso en interpretar que se trató de un auténtico chantaje. Por el contrario, la imagen de España (donde tanto a nivel de gobierno, como de la oposición, se cometieron demasiados errores) salió reforzada como país de comportamiento humanitario y solidario. Más destacable ha sido que la Unión Europea haya salido en defensa de las fronteras europeas, en las que incluye sin ambages a Ceuta y Melilla. Algo muy distinto a lo sucedido con ocasión del conflicto del Perejil (2002) y el mencionado asalto de 2004. Y en estas ciudades, y en el conjunto español, se han incrementado las voces que reclaman la completa integración de Ceuta y Melilla en el Tratado de Schengen, lo que significa que han visto reforzada su europeidad como consecuencia de la desafortunada estrategia política marroquí. Por último, quiero manifestar que entre los perdedores de este conflicto merece la pena destacar a una buena parte de los marroquíes que viven en los territorios que rodean a las ciudades de Ceuta y Melilla. Su modo de vida ha sido dinamitado por el previo cierre marroquí de las aduanas ceutí y melillense: la venta de productos frescos a las mencionadas ciudades ha caído en picado, aquellos y aquellas que se ganaban la vida en el servicio doméstico y en la construcción en esas ciudades no tienen trabajo en la actualidad, mientras que la legión de porteadoras que se ganaban la vida con ímprobos esfuerzos han perdido los magros ingresos que conseguían. El episodio de Ceuta tiene cierta semejanza con el cierre de la verja de Gibraltar que decretó Franco en 1969. La Línea y Castillejos, pero también muchas otras ciudades y pueblos andaluces, yebalíes y rifeños, deberían acordar declararse ciudades hermanas: están unidas desde hace mucho tiempo en la desesperación y en tener muy pocas esperanzas en el futuro.

* Esta entrevista se contiene en el boletín número 19 elaborado por el INSTITUT D’HISTÒRIA JAUME VICENS i VIVES correspondiente al mes de septiembre de 2021

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