6ª parte. MEMORIAS de Juan López Morales (29.06.2021)

Posted on junio 29, 2021

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Juan López Morales en la guerra de España. Foto: Rosa Gómez López

INTRODUCCIÓN

Ignacio Trillo

Tras la práctica derrota militar de la IIª República con la caída de Cataluña en manos de los militares sublevados, Juan López Morales atravesó la frontera de España con Francia en febrero de 1939 y al igual lo hizo la totalidad de su numerosa familia en fechas distintas y sin comunicación entre ellos. Comenzó otra vida también llena de penurias y de nuevas miserias donde las autoridades del país galo en absoluto los recibieron como héroes luchadores por la libertad y la democracia en España en momentos en que estaba el fascismo en pleno ascenso en Europa, incluyendo el país galo, sino todo lo contrario: con hostilidad fueron conducidos por la gendarmería y tropas coloniales africanas a campos de concentración alambrados en sus perímetros muchos de ellos instalados sobre las arenas de las playas a orillas del mar y careciendo de las mínimas condiciones de habitualidad y sanitarias y donde la alimentación apenas les llegaba. Para colmo, si era mucho lo sufrido hasta entonces, a los siete meses de la llegada como refugiado estalla la Segunda Guerra Mundial. De eso trata este capítulo.

Es por tanto la sexta parte de la autobiografía dictada por el republicano español nacido en el gaditano municipio de Jimena de la Frontera que cuando empezó la guerra contaba con veinte años. Está escrita en primera persona desde su exilio francés donde permaneció hasta el último día de su vida, aunque sus cenizas fueron posteriormente esparcidas en el Castillo del pueblo que le vio nacer, y ve aquí la luz gracias a la gentileza del hijo y del nieto del protagonista, ambos ciudadanos franceses pero que no olvidan la gesta y el sacrificio de su antepasado como tampoco a su familia en nuevas generaciones que siguen viviendo en la citada localidad campogibraltareña.

Juan López Morales

LA OCUPACION ALEMANA DE FRANCIA

En efecto, la Alemania nazi, envalentonada antes la cobardía de los aliados con el pacto de Múnich del 29 de septiembre de 1938 y la victoria en la guerra de España de los franquistas, empezó, el 15 de marzo de 1939, invadiendo las regiones de Bohemia y Moravia, una extensión de unos 57.000 km2, y más tarde lo llevó a cabo con al resto de Checoeslovaquia, después con Polonia y los países orientales de los Estados Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), firmando a continuación el pacto de no agresión germano-ruso de 23 de agosto de 1939, nueve días antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, por el que, entre otros acuerdos, ambas potencias se repartían Polonia. Alemania ocupaba Dantzig, ciudad libre bajo los auspicios de la Sociedad de las Naciones, por donde Polonia tenía salida al mar Báltico.

28 de septiembre de 1939. El ministro de Relaciones Exteriores soviético, Vyacheslav Molotov, firma el Tratado de Amistad germano-soviético en Moscú; detrás de él figuran, entre otros, Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriores de Adolfo Hitler y Joseph Stalin. Este acuerdo cayó como un jarro de agua fría entre el republicanismo español que tenía venerado el papel antifascista de la URSS como único país junto a México que ayudó a la República española. La pronta ruptura de este Acuerdo de no agresión con la invasión que sufrió la URSS por parte de Alemania hizo entender a algunos que se trataba de ganar tiempo para tener a punto la maquinaria de guerra de Stalin que en la puertas de la capital de Moscú favorecido por las pésimas condiciones meteorológicas que se dieron asestaría la primera y decisiva derrota de Adolfo Hitler que provocaría tiempo más tarde el hundimiento del invencible hasta entonces ejército alemán. Foto: Wikipedia.

Ese 1 de septiembre de 1939, Francia e Inglaterra declaran la guerra a Alemania y comienza en toda Europa occidental, para pasar más tarde a extenderse a nivel mundial, dejando por el camino sus rastros de muerte, desolación y miseria.

Entretanto solicité, y me fue concedido, trasladarme desde el campo de concentración de Le Barcares, donde me hallaba encerrado, al de Septond, distantes algo por encima de los 250 kms, donde se encontraba encerrado mi hermano, José, el de la quinta del biberón, con el fin de tomar una decisión conjunta para afrontar la nueva situación.

Tras la finalización de la guerra de España algunos republicanos españoles ante las pésimas condiciones de vida que estaban siendo tratados en Francia y el temor a que estallara una guerra mundial que les volviera a afectara, se acogieron a distintas iniciativas patrocinadas por el gobierno republicano español en el exilio y las fundaciones que por separado crearon Indalecio Prieto y Juan Negrín para repatriarse con destino a Latinoamérica para hallarse a salvo e iniciar una nueva vida, al menos en tanto permaneciera en España en el poder la represiva Dictadura de Franco. También el poeta Pablo Neruda, que había sido embajador de Chile en el Madrid republicano y ahora lo era en la capital francesa se sumó con entusiasmo a esa tarea. La familia López Morales rehusó a emprender esa odisea ya que deseaban permanecer en Francia por hallarse lo más cercano posible a España y esperar la evolución de acontecimientos siempre pensando en retornar cuando se dieran las condiciones idóneas. Esta foto está tomada el13 de junio de 1939 con la llegada del buque “Sinaia” al puerto mexicano de Veracruz cargado de republicanos españoles exiliados, dando vivas al que fue el último presidente de la República española, el eminente médico y socialista, don Juan Negrín, y al presidente de México, don Lázaro Cárdenas, que con tanta generosidad recibió como refugiados a unos veintidós mil republicanos españoles que tanto contribuyeron al engrandecimiento de esa gran nación. En este buque de vapor "Sinaia" viajaban 307 familias, 1.800 personas en total, habiendo salido del puerto galo de Sète el 25 de mayo de 1939. La pancarta sobre la razón de Negrín tenía que ver con el golpe en el campo republicano momentos antes de finalizar la guerra de España donde Segismundo Casado había dado un golpe de Estado para intentar negociar con Franco, en tanto Negrín planteaba alargar el conflicto para internacionalizarlo ante la proximidad de una guerra mundial. Lo esperaba en México para darles la bienvenida como luchadores de la libertad en España el propio presidente de ese país, Lázaro Cárdenas, y una multitud de mexicanos. Entre los pasajeros, donde iban numerosos intelectuales, se hallaba, Bartolomé Caravaca Aguilar, nacido en Jimena de la Frontera el 1 de febrero de 1909. En la imagen figura en la parte inferior a la derecha. Era militar profesional que había ocupado diversos cargos bajo la IIª República en el Gobierno encargado de la Defensa de Aeronaves. Llegó a Capitán de Artillería por méritos de guerra. A este buque "Sinaia" le siguieron otros como el "Ipanema" (7 de julio con 998 personas con destino a Chile), el "Mexique" (27 de julio con 2.200 personas), el "Flandre", con (273 personas el 7 de noviembre de 1939), "Nyassa" (22 de mayo de 1942 con 863 personas) o "Serpa Pinto II" (1 de octubre ya de 1942, este último con tan sólo 36 españoles). Por distintos medios otros tantos refugiados españoles se embarcaron a la República Dominicana, a Cuba donde seguían teniendo a parientes de cuando fue colonia española, Argentina o Venezuela. Tras la Segunda Guerra Mundial habría otra ola migratoria política de españoles más pausada a este mismo destino americano. Fuente: Diario, “La Jornada Baja California”. 6 de Noviembre del 2015. 

Ante la angustia de los republicanos españoles internados en los distintos campos de concentración franceses por la declaración de la guerra europea, muchos de estos refugiados pidieron salir de Francia para establecerse en América del Sur, otros se apuntan a la Legión extranjera, y los más numerosos en batallones de marcha, o C.T.E. (Compañías de Trabajadores Extranjeros)

Septiembre de 1940. Viaje de Juan López Morales que realizó desde el campo de concentración de Le Barcares al de Septfond para ver a su hermano José y tomar una decisión conjunta de qué hacer ante los acontecimientos que se estaban produciendo en el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Ambos acordaron continuar en Francia e integrarse en las compañías de trabajadores extranjeros para realizar obras civiles al servicio del gobierno galo. En la imagen, mapa de los campos de concentración del centro y sur de Francia donde se hallaban republicanos españoles señalando en círculos rojos dónde se hallaban Juan y su hermano José López Morales. A la derecha, una barraca donde se alojaban españoles dentro del campo de concentración de Septfond.

José y yo, una vez los dos nos reunimos en el campo de Septfond, decidimos no alejarnos de España, rehusando marchar a México u otro país del cono sur americano, entiéndase Chile o Argentina. Además, alistarnos en la Legión francesa extranjera nunca estuvo en nuestro punto de mira. En consecuencia, aprovechamos la ocasión de que se formaba una Compañía de Trabajadores Extranjeros y el 15 de septiembre de 1939 partimos en la 64° C.T.E. con rumbo a las minas de Cravant (departamento de Yonne) no lejos de Auxerre.

El departamento de Yonne adonde desplazaron a Juan López Morales para montar en Cravant una fábrica de aviación.

En Cravant nos dijeron que iban a montar una fábrica de aviación en una mina que había sido de piedras, a orillas del rio Yonne, y que, al llegar nosotros, era un criadero de setas para el mercado de Paris.

Bretteville es una población y comuna francesa, en la región de Baja Normandía, noreste del país perteneciente al departamento de Mancha, en el distrito de Cherbourg-Octeville y cantón de Tourlaville. Comúnmente se utiliza la denominación Bretteville-en-Saire, pues en el mismo departamento de Mancha hay otra comuna de nombre similar, Bretteville-sur-Ay. El río Saire es uno de los pequeños ríos costeros normandos.

Pero dos meses más tarde, 15 de noviembre 1939, nos trasladaron a Bretteville (departamento de Calvados), continuando en la misma compañía, la 64, y aquí nuestro trabajo consistió en cargar y descargar grandes obuses, de 500 kilos y 1000 kilos, para el ejército británico, que amontonábamos en un bosque y que más tarde caerían en poder de los alemanes.

Desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el ejército franco-británico se preparó para resistir un posible ataque alemán por la frontera belga, dejando al resto de sus tropas tras la Línea Maginot, conjunto de fortificaciones, consideradas inexpugnables, construidas por los franceses a lo largo de su frontera noroeste, entre 1929 y 1931. Con una parte de su ejército, los alemanes atacaron -tal y como esperaban los aliados- por las llanuras belgas. Sin embargo, el grueso de la ofensiva se llevó a cabo a través del macizo boscoso de las Ardenas. En ambos casos evitaron el frente donde el ejército alemán hubiese tenido que superar la mencionada Línea Maginot. El bosque de las Ardenas era considerado por el alto mando francés como infranqueable para las unidades acorazadas y motorizadas y, por lo tanto, estaba escasamente guarnecido. Unidades de paracaidistas alemanes, apoyadas por tanques y unidades de infantería y artillería motorizadas irrumpieron vertiginosamente, en una “guerra relámpago”, por las llanuras belgas y holandesas. El 11 de mayo de 1940 cayó la fortaleza belga de Eben-Emael. El 14 de mayo Rotterdam, principal puerto holandés, que fue duramente bombardeado hasta casi hacerla desaparecer como figura en la foto de mano derecha. El gobierno holandés dimitió. En tan solo dos semanas ambos países, Holanda y Bélgica, junto a Luxemburgo, habían sido totalmente ocupados por los nazis. El ejército franco-británico, ante la presión de los ejércitos alemanes fue retrocediendo hasta quedar atrapado entre éstos y el mar, en Dunkerque. Los que pudieron se embarcaron hasta Gran Bretaña dejando tirados en manos a los nazis a los republicanos españoles que habían formado parte de sus ejércitos que no dejaron que se subieran a los barcos y muchos de los cuales fueron apresados por las tropas de Adolfo Hitler acabando en los campos de exterminios nazis o siendo devueltos a la España de Franco donde les esperaba el fusilamiento. Fuente: claseshistoria.com.

En abril de 1940, los nazis atravesaron su frontera con Holanda y Bélgica, cogiendo la famosa “Línea Maginot” por detrás, sin que esta defensa fuera eficaz para impedir el avance alemán.

La línea Maginot fue una muralla fortificada y de defensa construida por Francia a lo largo de su frontera con Alemania e Italia, después del fin de la Primera Guerra Mundial. Pretendía frenar a tiempo un posible ataque militar desde Alemania y permitir la movilización del Ejército francés de zonas más alejadas, proteger las cuencas industriales y las minas de las regiones de Alsacia y Lorena, que ya habían sido objeto de lucha entre Alemania y Francia en anteriores conflictos, y servir de base a un posible contraataque. Sin embargo, desde la Segunda Guerra Mundial, son el símbolo de la derrota francesa de 1940 al ser burlada por las tropas nazis.​ En la imagen de la derecha el tamaño de los búnkeres construidos que prácticamente quedaron intactos. Fuente: Wikipedia. De Goran tek-en, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=59626254

Mi familia, mis padres y demás hermanos, se hallaba establecida en Peronne (departamento de Somme), donde mi hermano Antonio, el discapacitado, pudo unirse a ella.

Invierno de 1940. Los padres y hermanas de Juan López Morales junto al alcalde, el de la corbata, de la localidad francesa de Peronne del departamento de Somme situado en el norte del país galo donde fueron acogidos durante un tiempo como refugiados hasta que tuvieron que salir huyendo hacia el sur por la invasión de los nazis. Foto: Juan Ángel Gómez López.

Pero con la irrupción de los alemanes, tienen todos que salir corriendo, como en España lo habían hecho cuatro años antes, de Málaga a Almería y dos años después de Cataluña hasta la frontera francesa, en este caso bajo las bombas de la aviación alemana. Siempre con rumbos desconocidos, aquí como allá, sin saber el nuevo destino que les esperaba…

Mientras, a José y a mí, permaneciendo formando parte de la 64° C.T.E., nos trasladaron con destino al departamento Deux-Sevres, para instalar una fábrica de municiones entre Parthenay y Niort. Después seleccionaron a un grupo  y nos llevaron a Mezieres, en Gatinais, en el mismo departamento pero para trabajar en una cantera, extrayendo piedras.

A nuestra llegada, nos entregaron todas las herramientas necesarias para esa clase de trabajo, o sea: una pala, una espiocha, una horca para cargar las piedras, una grande maza, una barra de mina, unas gafas de seguridad, un casco y una vagoneta para cada persona.

Nosotros, que no habíamos visto jamás una cantera, nos pusimos las manos en la cabeza y nos mirábamos unos a otros, preguntándonos dónde nos habían metidos.

Un día, unas mujeres que hacían cola en una lechería para abastecerse, observaron un avión del ejército polaco, de la base de Parthenay, que sufría una avería en el aire y que cayó a continuación a pie de un árbol. Empezaron a hacer circular, por el pueblo, que vieron paracaidistas alemanes saltar en paracaídas. Fueron al cuartel de gendarmería, para advertir a los guardias y estos fueron a buscarnos para rastrear por aquellos campos con el fin de encontrar a los paracaidistas imaginarios.

Salimos delante de los gendarmes, contentos por ver si encontrábamos a algún alemán. Pero, como en esa fecha ni hablábamos el francés, ni lo entendíamos, nos encontramos en un gran grupo de campesinos, que armados de horcas de hierro y de palos, nos cercaron, creyendo que éramos los alemanes. Suerte que los gendarmes venían detrás y recondujeron el equívoco.

Un PZL P.11 de la Fuerza Aérea Polaca, que era el principal avión de caza de la fuerza aérea polaca al comienzo de la Segunda Guerra Mundial pintado con la bandera francesa. Foto: Museo Polaco de la Aviación, en Cracovia.

Por fin, a unos doscientos metros, vimos caído el avión polaco con la divisa tricolor de la bandera de Francia que había chocado contra un nogal, al pie de la carretera, entre Niort y Parthenay, y el piloto polaco, se hallaba herido de una pierna. No se atrevía a bajar, ya que, como nosotros, tampoco hablaba francés ni lo comprendía apenas. Estaba rodeado de campesinos insultándolo ya que también lo confundieron con un alemán.

Al llegar nosotros acompañados de dos gendarmes y al hablarle en español, el hombre se tranquilizo y nos dijo que había hecho la guerra de España en las Brigadas Internacionales al lado de los republicanos. Todo entró en orden, llegando una ambulancia que lo trasladó al hospital de Niort.

Bandera del Batallón polaco de la Brigadas Internacionales llamado Dabrowski, en honor a ese militar de carrera de Polonia del siglo XIX, férreo defensor de la existencia e independencia de Polonia ante las ambiciones anexionistas de Alemania, Prusia y Rusia, a la que se alistaron, como ese aviador accidentado, como voluntarios otros jóvenes polacos, muchos de ellos judíos, para defender la República frente al ascenso del mnazifascismo en Europa que ponía de nuevo en peligro la propia existencia de la nación polaca como así sucedió en la guerra mundial que estalló.

Los primeros días en la cantera, como no conocíamos nada de este trabajo, no sabíamos encontrar las betas a las grandes piedras y mientras más dábamos con la maza, mas redonda se iba quedando, y así hasta que hacíamos una bola. De esta forma empezamos a estar acostumbrados y a aprender un poco el oficio.

Pero una mañana, cuando desayunábamos en la cantina, llegó alguien y nos dijo que los alemanes ya habían entrados en Parterney y proseguían su avance hacia Niort. Abandonamos el tentempié que tomábamos y, sin recuperar nada de la poca ropa que teníamos en el local donde dormíamos, nos dirigimos hacia la puerta para salir sin saber adónde. Al mismo tiempo, un portugués que hacía de almacenista se puso delante diciéndonos que no podríamos salir de la cantera mientras no entregáramos las herramientas que él nos había proporcionado a nuestra llegada. Lo sacamos del medio a empujones y, sin despedirnos de nadie pero dejando las herramientas para que las recogiera el lusitano, salimos como otras veces sin dirección fija.

Así salimos de Mezieres en mayo de 1940. Un poco antes de Poitiers, se nos cruzó un sidecar con dos alemanes que avanzaban hacia adelante sin resistencia alguna. A orillas de un gran rio encontramos fuerzas de aviación francesa, nos dieron armas e intentamos organizar una resistencia. Pero al ver que los jefes nos abandonaban, nosotros nos retiramos.

Del sur al norte y del norte al sur de Francia fue el recorrido de Juan López Morales como los de otros tantos republicanos españoles y con la amenaza de la invasión alemana.

Juntos a otros militares franceses, cogimos los camiones con ellos hasta Poitiers y luego, con mi hermano José y otros compatriotas españoles, seguimos hasta Cahors  en el departamento de Lot, con miras de acercarnos a la frontera española. Pues, aunque sabíamos que no podíamos entrar, hacíamos como el pájaro herido que se acerca “al lugar de su primer nido”. O llegar a un puerto que nos permitiera de embarcar hacia Inglaterra. En esta capital de Cahors, encontramos a un señor español profesor casado con una española y nos llevó a comer a su casa. Cuando estábamos comiendo, escuchamos por la radio que Francia había firmado un armisticio y que Alemania respetaría una zona libre, cortando el país en dos.

La no intervención anglofrancesa en la guerra de España a favor del Gobierno emanado de las urnas en tanto Alemania e Italia ayudaban sin escatimar medios a los militares sublevados, no llevó a la paz en Europa. Tampoco sirvió para apaciguar a Adolfo Hitler el acuerdo firmado entre Alemania, Italia, Gran Bretaña y Francia y a la que a Checoslovaquia no se le permitió concurrir, en la conferencia de Múnich de septiembre de 1938 que cedió a Alemania la región checoslovaca de Sudetes, de habla alemana. En marzo de 1939, seis meses después de la firma de ese pacto de Múnich, Hitler violó el acuerdo y destruyó el Estado checo. A último de agosto la Alemania nazi se reparte con la URSS el estado de Polonia a cambio de la no agredir a la potencia soviética, hecho que también violó el Tercer Reich. El 1 de septiembre de 1939 empezaba la Segunda Guerra Mundial y el 22 de junio de 1940 Alemania se anexionaba por medios bélicos la Europa central y más de la mitad de Francia con la aquiescencia y reconocimiento de la ultraderecha francesa de Vichy. En las fotos, Hitler tras ocupar Paris. A la derecha con el general Pètain, que fue el primer embajador de Francia en la España de Franco establecida en Burgos antes de que acabara la guerra española. En ese momento, de mediados de 1940, no había quién parara a Adolfo Hitler en sus ambiciones imperiales pangermánicas.

Logramos llegar hasta Carcassonne donde nos detienen los gendarmes y como pago de nuestra intervención en esta corta y extraña guerra, nos meten en el campo de concentración de Bram situado en el sur de Francia.

Los campos de concentración franceses que sirvieron para encerrar a los más de medio millón de republicanos españoles que no tuvieron otra opción para librarse de la represión franquista que exiliarse en el país galo a través de la frontera pirenaica. Juan López Morales al igual que sus padres y hermanos hicieron prácticamente casi el mismo recorrido por toda Francia como refugiados o en batallones de trabajadores aunque sin coincidir. A mano derecha del campo de concentración de Bram está el de Saint Cyprien y Le Barcares por donde empezaron en febrero de 1939. Ya se estaba en más de un año después cuando volvieron a juntarse en Bram.

Al día siguiente de nuestra llegada a este campo, encontramos con sorpresa a mi padre al que no habíamos visto desde la ofensiva franquista en Cataluña.

Nos dijo que mi madre y mis hermanas, por tanto mi hermano Joaquín se encontraba con él, estaban en el mismo campo pera en la sección de mujeres, separada de los hombres por una doble alambrada de pinchos. Los detuvieron a todos en París, durante su retirada desde Peronne. Mi otro hermano Antonio fue separado de ellos y no sabían nada de él porque se lo llevaron al campo de concentración de Argelès-sur-Mer a una zona de castigo.

El campo de Bram comenzó a construirse un 5 de febrero de 1939 por los propios internos y bajo supervisión del ejército y la policía francesa. Contaba con unas dimensiones de 425 metros de largo y 300 de ancho divididos en 10 espacios y llegó a albergar a 17.000 republicanos españoles. Bram fue un “campo especializado” puesto que allí fueron a parar intelectuales y funcionarios y los gremios de electricistas, serradores o de panaderos, que se trasladaban a trabajar a las fábricas de harina y los bosques cercanos de la zona como mano de obra abundante y barata para la economía francesa. Durante la contienda mundial y bajo el Gobierno francés de Pètain, Bram también se convirtió en la prisión para republicanos españoles, para los opositores al gobierno colaboracionista de Vichy y para centenares de judíos que acabarían deportados a los campos nazis. Fuente y foto: La Voz de Almería.

Al día siguiente acompañado de mi hermano José fuimos a ver al coronel, jefe del campo de concentración de Bram, para pedirle permiso de cara a poder entrar en el espacio para las mujeres y así abrazar a mi madre y a mis hermanas. Pero no quiso, nos dijo que estaba prohibida la entrada a los hombres y que solo podíamos visitarlas desde el otro lado de las alambradas y que como nuestro caso había otros cuantos esperando. A pesar de nuestras protestas a este señor, como todo buen militar, no se le ablandó el corazón.

¡Qué momentos más tristes aquellos! ¡Y Cuánto sufriría mi madre, como otras tantas, en semejante situación sin poder ver a sus hijos teniéndolos tan cerca!

Ocurrió porque nuestra estancia en este campo de Bram fue de corta duración ya que en junio 1940 José y yo tuvimos que salir porque nos trasladaron al campo de concentración de Argelès-sur-Mer desde donde salimos en una Compañía de Trabajadores Extranjeros, esta vez en la 139° C.T.E., que se organizó en este campo.

Agosto de 1940. Juan (sétimo por la izquierda) y José (cuarto por la izquierda) López Morales en el departamento de Puy-de-Dôme en trabajos forestales perteneciendo a la 139º Compañía de Trabajadores Extranjeros. Foto: Rosa Gómez López.

El día 16 de agosto, llegamos a Ambert (departamento de Puy-de-Dôme), donde nos hicieron cortar pinos o sea en plan de leñadores para las minas de Saint-Etienne del departamento del Loira y al mismo tiempo guardábamos los caballos del ejército francés ya que los alemanes habían movilizados a todos los militares que no estaban prisioneros.

En mayo de 1941, nos trasladaron a La Chause-Dieu en la misma  139° Compañía de Trabajadores (C.T.E.) para hacer los mismos trabajos. En junio, nos enviaron en grupo con 6 caballos para hacer los trabajos en un castillo en Chambon en el departamento Haute-Loire donde estaban internados los políticos y militares franceses antes del armisticio franco-alemán. Entre estos internados se encontraban Paul Reinaud, Daladier, y Gamelin que fue general-jefe del ejército de los aliados durante la guerra, y otros que más tarde fueron juzgados en Riom, por el gobierno francés pro nazi de Vichy.

La Chaise-Dieu es un pueblo del centro de Francia, situado en una montaña, donde, por su altura sobre el nivel del mar, como su nombre lo indica (La Silla de Dios), hace mucho frio. La nieve dura desde el mes de octubre o noviembre hasta el mes de mayo o junio. Nos hacían sacar la nieve de las calles y carreteras del pueblo durante el invierno y sobre todo delante de su famosa iglesia.

La Chaise-Dieu (Casa de Dios), es una abadía benedictina que fue fundada en el lugar en 1043. Ocupa una colina de algo más de mil metros cuadrados situado en el departamento de Alto Loira en la región francesa de Auvernia.

En diciembre de 1941, nos trasladaron, a unos veinte o treinta kilómetros, a Sembandel, pueblo pequeño no lejos de La Chaise-Dieu. Aquí, para mi gran sorpresa, me dijeron que me presentase ante el capitán francés de la compañía. Este me manifestó que había llegado a conocer mi ficha militar de la guerra de España, donde figuraba mi condición de sargento del servicio antigás por lo que había decidido nombrarme enfermero en otro grupo situado en Julianges no lejos de Craponne.

Yo, que nada conocía de sanidad, me vi entonces, pasando de leñador, de saca-nieve, o de cuidador de caballos, a sanitario, sin saber nada de medicina, además yo me desmayaba cuando observaba sangrar a alguien. Me entregaron aspirinas, algodón y agua oxigenada, todo eso componía mi botiquín. El presunto doctor que estaba por encima de mí era español como yo, y a lo mejor tampoco conocía nada de atención a la salud.

Mientras tanto, los alemanes, que ya habían roto el pacto de no-agresión con la URSS, declararon la guerra a esta potencia, invadiendo su frontera y avanzando en profundidad en su interior hacia Stalingrado (hoy Volgogrado) y otros lugares del este del territorio soviético. Pero el frio y la nieve los habían paralizados. Ya se había formado el eje nazi-fascista, Berlín-Roma-Tokio, contra los aliados.

Un día después, el 7 de diciembre de 1941, Japón, que continuaba librando una guerra en la China continental, lanzó un ataque aéreo sorpresa en Pearl Harbor, Hawai. De inmediato, Estados Unidos le declaró la guerra a Japón y entró como combatiente uniéndose a los ejércitos anglosajones y que sería un factor muy importante para la derrota final de Adolfo Hitler, Benito Mussolini e Hirohito.

Estados Unidos había declarado la guerra y nosotros continuábamos en La Chaise-Dieu hasta que, en un día del mes de noviembre 1942, se presentaron dos señores que nos querían hacer jugar al futbol. 

Junio de 1942. Juan López Morales, el primero delante junto a otros trabajadores de la misma compañía en el chasis de un vagón cargándolo de troncos de madera.

Sacaron a mi hermano José como portero y dos más, pero mi hermano dijo que el si yo no iba, él tampoco iría. Entonces me cogieron a mí y a mi hermano, a otro muchacho asturiano y a otro catalán para formar un equipo en una fábrica que iba a montarse en Vertaizon, no lejos de Clemont-Ferrand. El caso es que, después de enfermero, leñador y otros oficios, me encontré de futbolista…

14.11.1942. En Vertaizon Juan López Morales, el tercero de pie por la izquierda, y su hermano José, el tercero agachado formando parte ya del equipo de fútbol A.S. de dicha localidad francesa. Foto: Rosa Gómez López.

El día 8 de noviembre de 1942, llegamos a la estación de Vertaizon, cerca de  Pont-du-chateau no muy distante de Clermont-Ferrand, donde ingresamos en el equipo de futbol del A.S. Vertaizon y, al mismo tiempo, nos hicieron trabajar en una fábrica de barracas llamada Lecorcher-Freres. Esta empresa estaba compuesta de trabajadores alsacianos y de muchos marinos de la flota de Toulon que más tarde hundieron los barcos de este puerto antes de que se hicieran con ellos los alemanes.

En este lugar estuvimos bien, aunque pagados como militares, cincuenta céntimos de franco por día. La fábrica pagaba directamente a la Compañía de Trabajadores (C.T.E.) y a nosotros nos daban solamente algunas primas de estimulo. Cobramos también del club de futbol, poca cosa pero en fin, algo era algo. Además estuvimos alojados en un hotel y comíamos en la cantina de la fábrica.

Juan y José López Morales, segundo y tercero por la izquierda, en el hotel donde se alojaban cuando estaban a la vez de futbolistas y de trabajadores pertenecientes a un batallón de trabajadores extranjeros. Foto: Rosa Gómez López.

Estábamos en zona libre, dominada por los paramilitares del régimen colaboracionista de Vichy, de Petain y Laval. Un día vinieron a recogernos y nos concentraron en un campo de barracas guardados por los gendarmes. Al preguntar las razones, nos dijeron que tenían orden de concentrar a todo los españoles que trabajaban en la región porque Franco venia a entrevistarse con Hitler en Perdiguera, pero esto duró tan solo dos días.

Nosotros sabíamos que en la fabrica se ocultaban coches y hasta camiones militares, entre grandes pilas de listones de madera, con intención de que, más tarde, pudieran servir para la resistencia, bien por las FFI (Fuerzas Francesas del Interior) o para las fuerzas del general De Gaulle, ante el desembarco de los aliados que ya todo el mundo esperaba como próximo.

El 15 de junio de 1943, a las tres de la madrugada llamaron a la puerta del hotel donde teníamos las habitaciones y aparecieron varios guardias franceses y personal civil armado con metralletas. Les dijeron al propietario del hotel que traían orden de detención para llevarse a los españoles que trabajaban en la fábrica de Lecorcher-Freres. No sin que protestara el dueño del hotel empezaron a golpear con las metralletas a las puertas de las habitaciones que ocupábamos y, sin dejarnos coger nada más que la ropa puesta, nos metieron en coches, bien vigilados por los paramilitares de Petain. Preguntamos a dónde nos llevaban y nos respondieron con un: ”ya lo sabréis”. Les pedimos telefonear al director de la fabrica para que viniera, ya que era el responsable, y además para poder recuperar la poca ropa que teníamos en casa de una señora que nos la lavaba. Pero no quisieron saber nada de nuestras peticiones. En el coche iban cuatro armados con metralletas y pistolas en mano.

En el camino se pararon en varias ocasiones para recoger a otros españoles que trabajaban en casas de campos de familias francesas donde los maridos o los hijos estaban prisioneros en Alemania, no sin llantos y protestas de estas madres y abuelas que quedaban sin una mano de obra que les era imprescindible.

Con las detenciones de españoles republicanos que sustituían a la mano de obra de los franceses llamados a filas o en la resistencia cundió la desolación en los campos ante la falta de mano de obra para las labores en la agricultura y en la ganadería. Foto: Recreación propia.

Así, después de toda la noche de viaje, a las siete de la mañana, llegamos a Puy (departamento de Haute-Loire), situado a unos cien kilómetros de Vertaizon.

En Puy, concentraban a todos los españoles refugiados de la guerra de España que pudieron detener por sorpresa, ya que muchos con anterioridad se habían incorporado a los maquis que en esta región eran numerosos.

En el local del Socorro Nacional de Petain, nos concentraron entre quinientas y mil personas detenidas en los departamentos de Haute-Loire y Puy-de-Dome, todos españoles y algunos judíos o armenios. Luego nos hicieron pasar delante de una especie de jurado compuesto de alemanes que nos interrogaron uno a uno, haciéndonos una ficha individual con el oficio, la edad y la nacionalidad, todo eso para el trabajo obligatorio al servicio de la Organización TODT que era dependiente de las fuerzas armadas y del ministerio de Armamento de la Alemania nazi, dedicada a la ingeniería y construcción de infraestructuras tanto civiles como militares por trabajadores forzados.

Militares nazi requisando la documentación y posesiones personales de los republicanos españoles para que no pudieran escapar.

Nos requisaron las cartillas de alimentación, de tabaco y los carnets de identidad o documentos que poseyéramos con el fin de que no pudiéramos escapar. Pero, a pesar de todo, muchos fueron los que, saltando por ventanas o por otras artimañas, lograron huir para ingresar a continuación en el maquis. El Haute-Loire era propicio para ello, al ser esta región muy montañosa y con muchos bosques de pinos y otras especies arboleas.

El día 20 de junio, una vez que los colaboracionistas franceses de los nazis habían detenidos a todos, o casi todos, los españoles, nos condujeron en autobuses a Clermont-Ferrand, distante a unos ciento treinta kms del Puy. En la estación de ferrocarril, entre una fila de gendarmes de unos mil metros de larga, nos hicieron andar hasta un tren formado de vagones de mercancías para el transporte de ganado, “8 caballos, 40 hombres”, sin asientos ni aseos nos hacinaron siendo cerrados y precintados sus accesos ya escoltados por alemanes del Tercer Reich armados con metralletas.

Convoy ferroviario de mercancías previstos para el transporte de ganado donde fueron hacinados los españoles refugiados como Juan y José López Morales detenidos por los gendarmes de Vichy y entregados a los nazis con destino a no se sabe dónde.

Antes de subirnos, como sabíamos que los gendarmes franceses no tenían municiones en las cartucheras que portaban y llevaban el fusil vacio, al pasar delante de ellos hasta llegar al tren les insultábamos, llamándoles colaboracionistas con los nazis y otros insultos. Ellos bajaban la mirada hacia tierra para  no oír y les cantábamos a nuestro paso la Marsellesa y otros himnos revolucionarios sin que ellos reaccionaran ante nada. Algunas mujeres se pusieron delante del tren para impedir su marcha pero pronto fueron sacadas por la policía o por los paramilitares al servicio del gobierno francés pro hitleriano de Vichy.

Refugiados españoles cantando la Marsellesa e himnos revolucionarios contra los gendarmes autores de esas detenciones para su entrega va quienes habían invadido y ocupaban militarmente Francia. Foto: Recreación propia.

Cuando el tren se puso en marcha, varios fueron los que, a patadas y utilizando otros medios, hicieron agujeros en los vagones para intentar escapar, pero en casi todos los casos, o los volvían a detener de nuevo los alemanes, o lo efectuaban los mismos ferroviarios franceses que decían que lo realizaban para evitar que los alemanes dispararan contra ellos con sus armas.

(CONTINUARÁ: Juan López Morales en la Segunda Guerra Mundial, IIª Parte: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/07/07/7a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales-07-07-2021/)

AUTOBIOGRAFÍA DEL JIMENATO REPUBLICANO JUAN LÓPEZ MORALES

1ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (27.05.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/05/27/memorias-de-juan-lopez-morales-desde-el-exilio-27-05-2021/

2ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (01.06.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/06/01/2a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales/

3ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (07.06.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/06/07/3a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales-07-06-2021/

4ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (15.06.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/06/15/4a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales-15-06-2021/

5ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (22.06.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/06/22/5a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales-22-06-2021/

LAS DOS ÚLTIMAS ENTRADAS PUBLICADAS ANTERIORES A ESTA AUTOBIOGRAFÍA

FRANCISCA, POETA EN LA INTIMIDAD QUE QUISO SER PERIODISTA (26.04.2021: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/04/26/francisca-poeta-en-la-intimidad-que-quiso-ser-periodista/

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ÁNGELES VÁZQUEZ LEÓN (5ª Parte) (20.10.2020): https://ignaciotrillo.wordpress.com/2020/10/17/angeles-vazquez-leon-5a-parte-18-10-2020/

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ÁNGELES VÁZQUEZ LEÓN (1ªParte) 06.08.2020: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2020/08/06/43170/ 

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