4ª parte. MEMORIAS de Juan López Morales (15.06.2021)

Posted on junio 15, 2021

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Introducción

Con este cuarto capítulo se da fin a la parte de la autobiografía escrita por Juan López Morales desde su exilio francés sobre "La Guerra de España".

Comenzó con la alusión al transcurrir cotidiano en la localidad gaditana de Jimena de la Frontera coincidiendo con la IIª República hasta el inicio del estallido de la sublevación militar por gran parte del ejército español destinado en las colonias del norte de África hasta la ocupación del pueblo y su estación de tren por esas mismas tropas castrenses y moras.

Concluye aquí con el relato centrado en la cruenta batalla del Ebro que se saldó con la derrota del ejército popular republicano, la caída de Cataluña en manos franquistas, y la nueva huida, ya hacía territorio francés tras atravesar la frontera pirenaica.

Por medio ha ocurrido su marcha a Madrid formando parte de un batallón para la defensa de la capital, participando en la batalla del Jarama, sufriendo la congelación de una pierna para una vez recuperado retornar de nuevo a su unidad militar y pasar en este cuarto capítulo a la zona bélica de Aragón.

Una apasionante y apasionada semblanza escrita en primera persona por quién lo vivió y padeció. Un importante documento para la historia e investigadores.

Como ya indiqué en las anteriores introducciones a las partes publicadas, son posibles estas revelaciones gracias al hijo y al nieto del protagonista. Y mi papel está consistiendo en mera corrección de algún error arrastrado y en introducir el material gráfico acentuando la contextualización de los momentos narrados con comentarios introducidos a pie de las imágenes.

A este bloque sobre la "Guerra de España", le continuará un segundo del mismo actor sobre su "Destierro en Francia".

De la batalla del Ebro al fin de la guerra

Juan López Morales

Continuación año 1938

El 20 de marzo, finalizado el permiso militar de quince días que me fue concedido para ir al pueblo leridano de Granyanella a visitar a mi familia que se hallaba allí refugiada, marché con destino a Madrid donde supuse que seguiría permaneciendo mi batallón. A mi paso por Valencia me personé en un cuartel a fin de coger en esta ocasión, ante la fatal experiencia del viaje anterior con el accidente tenido en un camión francés, un transporte militar que me llevase a la capital de España. Me informan sin embargo que mi batallón, o sea la 149, había salido en dirección al frente de Aragón donde los fascistas preparaban una ofensiva.

Me indicaron que mis compañeros combatientes iban como primer destino a Pina de Ebro, no lejos de Zaragoza. Retrocedí en el viaje hasta entonces realizado y efectivamente, en el lugar que me informaron encontré a mi unidad que ocupaba una posición estratégica junta a la 26° división Durruti.

En esta ofensiva de Aragón, durante varios días contuvimos  desde nuestro frente los reiterados ataques de la caballería enemiga ocasionándoles bastante bajas en hombres y en caballos. Pero una noche nos cercaron, lo que nos obligó, para poder escapar, a tener que retroceder y romper nuestro frente por Bujaraloz (Zaragoza) en una lucha cuerpo a cuerpo. Nuestra brigada quedó muy mermada durante ese avance por el enemigo.

Nos trasladaron a Capellades, provincia ya de Barcelona, para reforzarnos  con la incorporación de nuevos reclutas de las últimas quintas llamadas del biberón. Una vez reorganizados, salimos para el frente del Segre.

Los franquistas ya tenían Lérida capital en su poder desde el día 3 de abril y el frente de guerra lo separaba el rio Segre y el Ebro.

Más al sur, mi batallón tomó posición frente al castillo de Lérida, justamente en La Bordeta, distante unos tres kilómetros, donde quedamos Instalados. Formamos la 16° división que la seguía mandando como comandante Manuel Mora Torres y la componían la 149° brigada, la 123, la 124 y la 3° brigada de carabineros.

El 15 de abril, los franquistas cortaron la zona republicana por Vinaroz, provincia de Castellón, lo que llevó a que el territorio leal al Gobierno quedara partido en  dos o tres frentes  y aislados entre ellos, o sea: el este con Cataluña, y el sur con la región militar Centro, que además de Madrid y zonas de Castilla la constituían algunos territorios de Extremadura y de Andalucía en ese momento bajo la bandera tricolor.

El 24 de julio, nos trasladaron a toda la división con rumbo desconocido. Al anochecer nos encontrábamos en Mequinenza y Fliz a orillas de las confluencias de los ríos Ebro y Segre, lindando la provincia zaragozana con las de Huesca y Lérida. Hacia las doce horas y media de la noche empezaríamos con fortuna a pasar el rio por pasarelas y barcas de corcho en una noche oscura y sin luna; mi batallón llegó al día siguiente al municipio zaragozano de Fayón , a 111 kms de su capital zaragozana y a 44 kms de la ciudad de Lérida, ambas distancias tomadas en línea recta.

Nuestro avance, sin gran resistencia, fue rápido y profundo hasta los tarraconenses municipios de Gandesa y Corbera, dejando atrás, sin apenas darle importancia, a centenares de prisioneros: unos cuatro mil que íbamos dejando al borde de la carretera a buen recaudo bajo la vigilancia de otras unidades de nuestra División.

Como hacia tanto calor, al ver un pozo  me acerqué a la cola que había para beber y aprovechar para llenar la cantimplora de agua. Al mismo tiempo, junto al otro que venía conmigo, que era sargento, vimos a un soldado franquista entre los detenidos, sollozando, que rezaba con un escapulario en la mano. Al percatarse que lo observábamos, tiró algo a unas matas existentes al pie de una grande avellanera. Fui y cogí el objeto, sin saber inicialmente qué era lo que había tirado. Este soldado me explicó, llorando, que fue su abuela quién se lo colgó al cuello, diciéndole: “tu le rezarás en caso de apuro”. El otro que me acompañaba, un tal Luciano de Madrid, quiso lanzarlo más lejos, pero yo se lo impedí.

Pregunté al muchacho de dónde era, ya que al hablar intuí que por el acento sería andaluz y no lejos de Jimena. Me respondió que era de Cártama y que siempre había trabajado la tierra. Como andaluz, le colgué el escapulario, que en letras bordadas ponía: ”detente bala”, y en la  otra cara: “Señor protegerlo”  y le dije: “si alguna vez vuelves a ver a tu abuelita, le dirás que fue un andaluz de Jimena, no creyente, quién te ha protegido hoy en este lugar; puedes ponerte las medallas que quieras ya que somos libres de colocarnos lo que se nos apetezca”. Le di mi nombre, y le dije que le contara a su abuela de dónde era el que le tenía detenido y le volví a colgar el escapulario. A continuación me alejé de él deseándole buena suerte.

Tiempo después, vino un amigo mío, capitán de una compañía de prisioneros, y me dijo que un muchacho al que tenía cautivo y de Cártama, se trataba del que yo le había dado mi dirección, le preguntó si me conocía. Este capitán de Arcos de la Frontera, llamado Alfarro, fue receptor, por parte del muchacho, de los más gratos agradecimientos hacia mí, tanto de él, como de su abuela y de todos sus familiares cartameños, a quienes les había trasladado esta historia por mediación de la Cruz Roja de Tánger.

Fui a visitarle después varias veces, ya que no estaba muy lejos, puesto que esa compañía de prisioneros pertenecía a mi misma división.

Siguiendo mi narración de esta guerra en el frente del Ebro, en Gandesa y Corbera, los combates fueron terribles, y en ocho días, o sea desde el 29 de julio hasta el día 6 de agosto, en este sector solamente, había que lamentar unos mil muertos de los dos lados, sin contar los heridos.

Como en Borjas Blancas  me habían nombrado sargento-jefe de un equipo de desimpregnación en el servicio antigás pasando a formar parte de de la plana mayor de la 149° brigada. Fue de unos cursos con duración de tres meses realizados en Barcelona. Pero, debido al número creciente de bajas en los diferentes batallones de la brigada y como quiera que este servicio Z no era nada más que preventivo ya que en esta guerra no llegaron a emplearse los gases, me enviaron, el día 16 de agosto, a remplazar a un teniente en la 4°compañia del 596° batallón “Toledo” que había muerto.

La aviación enemiga nos había destruido los puentes que fueron construidos por nuestros zapadores para poder pasar el material pesado. Además, los refuerzos recibidos por el enemigo, con fuerzas del general Yagüe y otras compañías, nos obligaron a parar el avance.

Mi unidad se encontraba, el día 7 de agosto, en las alturas de la zartagozana Fayón.

Aquí ocurrieron los más grandes enfrentamientos entre fascistas y republicanos, y seguramente fue donde perdimos la guerra, no por falta de valor sino de hombres y de material. Pues, por una simple cota sin importancia, se llevaban a cabo múltiples ataques y contraataques a fuerza de un derroche en pérdidas humanas terribles: de noche éramos nosotros quien atacábamos y en cuanto amanecía, eran ellos apoyados por la aviación.

El 16 de agosto, a las 9 de la mañana, sobre un montículo llamado “cota Gaeta”, famosa por sus robles verdes sobre sus vertientes, y atacado por fuerzas de Yagüe e Italianos, fui herido y enviado al hospital de la Zalina de Tarragona y desde allí, unos días después, al hospital de Sitges (Barcelona)

El 25 de septiembre, salí del hospital sin estar completamente curado. Había que dejar sitio para los heridos que llegaban de la batalla del Ebro y que estaban siendo cuantiosos.  Me concedieron quince días de convalecencia y aproveché para ir a visitar a mis padres y hermanos que para entonces se encontraban refugiados en La Franqueza, un pueblo no lejos de Granollers, provincia de Barcelona, dónde los hallé en compañía de otras familias acogidas.

Vivian en el interior de una iglesia que tenía suprimido el culto. Pero antes, como era de noche cuando llegué a esta ciudad, tuve bastante dificultad para localizarla y sobre todo porque el tiempo estaba lluvioso. Sin embargo, a fuerza de preguntar finalmente la encontré. Como eran las dos de la madrugada nadie quería abrir el portón donde se hallaban por el miedo que tenían a los campesinos del lugar, pero por fin, mi madre, al conocer mi voz, se adelantó a abrirlo.

El día después de mi llegada, mi padre me informó que mi hermano José, más joven que yo, ya estaba incorporado al ejército. Se encontraba en la 142°brigada, en el frente de los Pirineos, en Balaguer. Mi hermano mayor, Miguel, el que fue fusilado en San Roque al comienzo del golpe de Estado y salió solo herido, había venido de Cartagena con su familia, mujer y seis hijos, y se encontraba destinado en el campo de aviación de Vic (Tarragona) Esto hacía que una familia tan numerosa como la mía nos encontráramos todos en la parte leal de Cataluña, por pura coincidencia, después del corte por los franquistas, en dos partes a la altura de Castellón, de las zonas geográficas aún en manos republicanas.

Terminado el día 30 de octubre mi quincena de permiso por convalecencia, emprendí mi regreso de nuevo al frente de guerra. Encontré mi brigada en Flis (municipio de la provincia de Tarragona, situado en la comarca de Ribera de Ebro), donde había sido relevada en el  frente  por la 42° brigada que era la de mi hermano José, de la quinta del biberón.

Empecé a preguntar a los de los camiones si alguien lo conocían y, por fin, un sargento me aseguró que José López se había quedado en Balaguer (provincia de Lérida) haciendo unos cursillos para cabo.

Esto me tranquilizó un tanto por él, pero sentía pena por aquellos jóvenes que entraban al frente por el otro lado del Ebro, y que eran, en su mayoría, de las ultimas quintas movilizadas, las llamadas del biberón, y lo más seguro es que no salieran en su mayoría con vida.

Cuando con anterioridad habíamos pasado el Ebro por esa zona, nuestra brigada iba en 36 camiones. Al salir, solo conté unos 10 o 12, si llegaban… La mayoría habían quedado allí muertos.

Marchamos y fuimos a Bello, cerca de Borjas Blancas, lugar del Cuerpo de Ejército al cual pertenecíamos. Era el XII, mandado por el teniente-coronel, Francisco Galán Rodríguez, militar de carrera, hermano del héroe Fermín Galán de la sublevación republicana de Jaca de diciembre de 1930 que fue fusilado.

Una vez reorganizados, tomamos posición en el municipio de Arteza de Lérida, a orillas del río Segre.

El 17 de noviembre, pasamos a la ofensiva y atravesamos el cauce, junto a la tercera brigada de carabineros y otra de infantería marina, así como un batallón de la 26° división Durruti.

Esta ofensiva tenía como objetivo desalojar al enemigo de la zona del Ebro. Nuestra meta se logró en parte, ya que nuestras fuerzas avanzaron sin gran resistencia. Ese mismo día 17, avanzamos unos 10 a 15 Km en profundidad pero nos vimos obligados, a causa de la intensa neblina a lo largo de toda la orilla del rio, a esperar la llegada de la mañana ya que no se podía distinguir nada a 10 metros de distancia.

Con otro sargento de Madrid, llamado Luciano, fuimos apresados en las mismas trincheras enemigas por una sección franquista que había quedado cercada y que estaba al mando de un capitán gallego más fascista que el mismo Franco. Pero como sabíamos que los nuestros iban delante, no nos alarmamos. Esperamos la llegada del día, que se hiciera claro, para ser liberados y cogerlos a ellos de prisioneros.

Antes, al detenernos, el capitán nos dio una bofetada a cada uno y una patada porque no queríamos contestar a las preguntas que nos hacía. Más tarde, con la claridad del día, una patrulla del 593° batallón que vino a buscarnos nos liberó e hicimos prisioneros al capitán y a sus hombres.

Al conducirlos para que el comandante de nuestro batallón les tomara declaraciones, el capitán se negó a hacer el saludo al comandante, ya que decía que él no reconocía nada más que a sus superiores franquistas. Mi compañero Luciano lo cogió y le arrancó las estrellas de la chaquetilla de piel de borrego sin mangas y de la boina que portaba y quiso darle el doble de bofetadas y patadas que él nos había proporcionado, pero el comandante de nuestro batallón lo impidió por lo que solo le dio una buena paliza.

Nuestro calvario al otro lado del Segre, siendo bombardeados constantemente por la artillería y la aviación enemiga, fue de corta duración.

El 23 de noviembre tuvimos que volver a pasar el rio. Los franquistas habían abierto las compuertas del pantano de Tremp, que tenían en su poder más arriba del cauce, y dieron a la corriente de las aguas de ese pequeño rio que es el Segre una dimensión bastante grande en anchura. La artillería enemiga no dejaba de bombardear intensamente, mientras veíamos gran número de caballos, soldados heridos y camillas siendo arrastradas por el agua. Se hacía casi imposible salvar a alguien.

Junto a otros que sabían nadar, pudimos salir de nuestros escondrijos a unos 50 ms más abajo y, bajo el fuego del enemigo, ayudados de una cuerda, sacamos con enorme dificultad a algunos compañeros que se ahogaban arrastrados por las aguas.

Al día siguiente, volvimos a un pueblecito leridano, no lejos de Borjas , e intentamos reorganizarnos para situarnos frente al castillo de Lérida, hasta que fuimos relevados por la 3° brigada de carabineros y pasamos a la 2° línea, ya que esperábamos la ofensiva del enemigo.

Año 1939

El 1° de enero de 1939, las tropas franquistas rompieron el frente por el sur del Ebro, tomando Tarragona el día 14, y tuvimos que retroceder el frente a Borjas Blancas (Lérida) ante la gran ofensiva fascista. Más tarde, nos replegamos a Cervera (Lérida) donde establecimos el frente e intentamos contraatacar. Pero era ya demasiado tarde. Resistimos durante el día y retrocedíamos a lo largo de la noche, y así sucesivamente hasta llegar a la frontera francesa.

El día 26 de enero entraron los fascistas en Barcelona. El gobierno republicano con todos los responsables políticos que quisieron, pasaron a continuación a Francia.

El día 9 de febrero de 1939 a las 17 horas de la tarde, después de mirar todas las fotos de mi familia, que nada sabía de ella, llorando de rabia, me deshice de todos los papeles que creía comprometedores, y en mangas de camisa, sin manta, y con mi larga barba, pasé la frontera a Francia por la Junquera.

Después de arrojar las armas que traíamos en una pila grande, entregué mi pistola al gendarme de guardia. No sin una inmensa pena, me despedí de mi querida España, sin saber cuándo regresaría…

Como siempre me gustó la escritura, estando en el hospital de Alicante, como ya dije cobré mi primera paga militar. Con parte de ese dinero me compré una pluma estilográfica que al pasar la frontera me la quitó un gendarme francés, preguntándome dónde la había robado. Fue la primera vez que un ladrón me había tratado de ladrón.

(CONTINUARÁ : “EL DESTIERRO EN FRANCIA. 1ª PARTE. LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN”)

AUTOBIOGRAFÍAS DE JIMENATOS REPUBLICANOS:

1ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (27.05.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/05/27/memorias-de-juan-lopez-morales-desde-el-exilio-27-05-2021/

2ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (01.06.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/06/01/2a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales/

3ª Parte. Memorias de Juan López Morales desde el exilio (07.06.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/06/07/3a-parte-memorias-de-juan-lopez-morales-07-06-2021/

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