“FORO 26-J”: LA IZQUIERDA Y CATALUÑA (20.11.2017)

Posted on noviembre 21, 2017

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INTRODUCCIÓN

En calidad de inscrito y copartícipe de los debates y elaboraciones de documentos de FORO 26-J *(VER: https://foro26j.blogspot.com/2016/07/presentacion.html), constituido por librepensadores, transcribo literalmente el último pronunciamiento efectuado este 20 de noviembre ante la cuestión catalana. 

“FORO 26-J”: LA IZQUIERDA Y CATALUÑA

FRENTE A LA CRISIS TERRITORIAL: REGENERACIÓN, COHESIÓN SOCIAL E INTEGRACIÓN PLURAL

España atraviesa por una de las etapas políticas más decadentes que se le han conocido a lo largo de su historia y que amenaza con convertirse en endémica por mor de una clase política fallida, la que ha gobernado la Generalitat y lo hace desde la Moncloa, presta además por su incompetencia a contaminar la convivencia entre nuestros pueblos y sus gentes.

                          La Constitución Española de 1978

Los pilares de la ética, de los valores democráticos y del Estado social y democrático de derecho que tanto costó poner en pie tras la larga noche de la Dictadura franquista y la constante autoritaria y de estancamiento que significaron nuestros últimos tres siglos de historia, parecen olvidados en esta confrontación irracional que con tan alto coste para las instituciones, la economía y la concordia de proseguir aún puede desplegar efectos más negativos, como lo acabamos de percibir con el órdago que hemos sufrido más allá de Barcelona ante la pérdida de la Agencia Europea de Medicamentos.

La crisis que viene de atrás

El desafío secesionista y el efecto divisivo que ha tenido en casi todo el espectro político son, probablemente, un epifenómeno más de un transcurso más profundo: el desacople de la arquitectura institucional de nuestra democracia y las nuevas realidades sociales puestas en evidencia por la crisis, primero económica y a continuación social, que acaba de cumplir una década.

El pacto de Marivent entre Jordi Pujol y José María Aznar. Abril de 1996. Parece que quedaron en el olvido los intereses en común que tuvo la derecha de España con la de Cataluña, por cierto igual de corrupta, o de utilizar la TV3 catalana como el PP, TVE.

Si ya de por sí era visible el clima de quebranto político y social al que veníamos asistiendo con arranque en el amoral, especulativo e insostenible modelo desarrollista surgido en la primera experiencia de Gobierno Aznar-Rato con el apoyo de la minoría catalana, su hecatombe tras el crack financiero e inmobiliario que sobrepasó y desestabilizó al Gobierno Zapatero, continuado por el quinquenio negro de la mayoría absoluta de Rajoy, con su plan de choque volcado en la “devaluación interna”, es decir, en el empobrecimiento y la protección de las rentas altas, la regresión en materia de derechos y libertades, la corrupción estructural y la contaminación partidista de las instituciones, la presente crisis cuatro décadas después del sistema surgido en la Transición estaba cantada. A todo ello, acompañado por la exasperante incapacidad de las fuerzas políticas progresistas y de izquierda de acordar tras el 20-D y el 26-J una alternativa regeneracionista a esa crisis, se ha unido el estallido de la cuestión catalana deteriorando la cultura democrática adquirida y heredada y hasta el lenguaje político.

La hoja de ruta del secesionista con destino a ninguna parte. Viñeta de El Roto.

En ese contexto de fin de época, la fuerza cívica del secesionismo, paradójicamente unida a una enorme pobreza argumentativa y una irresponsable hoja de ruta, amenaza con deteriorar y hasta destruir las más elementales columnas normativas para la convivencia democrática.

Crisis política de ética y valores, crisis del modelo económico y social y crisis territorial, que se entremezclan y retroalimentan con la pretensión de hacernos saltar todas las certidumbres en un sálvese quien pueda.

El proceso independentista catalán –no exento de elementos reaccionarios y de insolidaridad interterritorial- ha generado mayor desapego y hastío hacia la política. El divorcio entre la ciudadanía, que asiste hastiada y desconcertada al fracaso de la política en la solución de sus problemas, es hoy mucho mayor, junto a la imagen que ofrece una clase dirigente con exclusiva dedicación a esta cuestión, cada vez más ajena a las preocupaciones reales, aspiraciones y demandas cotidianas de la población y de los demás territorios de España.

Campaña del PP contra la Reforma del Estatut de Cataluña. La manifestación que el 3 de diciembre de 2005 el PP, con Rajoy a la cabeza, organizó en Madrid y la posterior recogida de 4 millones de firmas por toda España e interposición ulterior del recurso de inconstitucionalidad. Poco importaba el debate sobre el modelo territorial, el único objetivo que buscaba el PP, lejos de hacer política, era calentar el ambiente contra el Gobierno socialista con lemas como “Zapatero rompe España” o “Zapatero privilegia a Cataluña” para sacar réditos electorales. De aquellos barros también estos lodos.

La política del “laissez faire, laissez passer” con que el PP afrontó el llamado procès durante los últimos años, ha resultado ser una perfecta continuación de aquella senda de provocaciones y desmesuras, como el recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut y la recogida de firmas, con el mismo objetivo de cosechar apoyos en el resto de España mientras se alimentaba la desafección y el secesionismo en Cataluña.

La culminación de esa política ha sido el clímax de torpezas policiales y judiciales que acompañaron el falso referéndum y la DUI de quita y pon. Este tipo de respuestas desmedidas venía a dar cumplida respuesta a las expectativas independentistas, cuya hoja de ruta precisaba de esa clase de excesos para legitimar sus propias provocaciones e ilegalidades y aparecer como víctima de la situación. Con razón puede decirse que la actuación de la derecha española en todo el conflicto catalán se ha limitado a buscar el rédito electoral inmediato, olvidando de forma culpable toda estrategia de defensa del Estado y toda pedagogía política que refutara el relato paradisiaco y de ficción del secesionismo.

Un secesionismo no progresista

Aunque las fuerzas políticas llamadas a rentabilizar el procès se reclamen de izquierda (ERC) e incluso de extrema izquierda (CUP) y se alimenten de la crítica al autoritarismo de la derecha rancia española, el independentismo en su conjunto no deja de tener connotaciones de preocupante contenido conservador.

Artur Mas, tampoco tuvo condescendencia con las protestas del 15M a su política económica neoliberal

En primer lugar, aparte de la componente popular indudable que tiene como movimiento, no puede olvidarse como espoleta aquel momento de crisis, allá por 2011, en que el govern de la Generalitat hubo de hacer frente a una auténtica oleada de protestas sociales por su política de recortes, anterior y más intensa que la que luego protagonizó el propio Rajoy. De aquella auténtica insurrección popular nos queda la imagen del president, Artur Mas, accediendo en helicóptero a un Parlament rodeado de manifestantes y con la brutalidad de los Mossos en la represión de la protesta. Derivar toda esa energía social hacia un enemigo exterior llamado España ha sido la gran habilidad del independentismo.

Artur Mas y Mariano Rajoy, mismas políticas neoliberales y hace no tanto tiempo tiempo buenos aliados

Por lo demás, el secesionismo catalán no deja de tener concomitancias con un fenómeno actualmente en boga por las castas de rebelión insolidaria de regiones ricas europeas contra las más desfavorecidas. No es extraño, pues, que uno de sus más firmes apoyos proceda, precisamente, de la Lega Nord, el partido ultra conservador y xenófobo que promueve, de momento con poco éxito, la secesión del norte rico de Italia, en parecida línea política a lo que significa el xenófobo partido flamenco, Vlaams Belang (VB), que cobija actualmente al prófugo Puigdemont.

Carles Puigdemont, “El Fugitivo”.

Tampoco es ajeno al populismo resurgido en el viejo Continente, como reacción al vértigo de la globalización y la integración Europea. Un populismo que reclama, en nombre de un “pueblo” abstracto y al que no se le reconocen divisiones interiores ni contradicciones internas, la vuelta a un pasado trágico de fronteras y nacionalismos para romper los pespuntes difícilmente hilvanados desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días y que reportaron avances antes desconocidos en la integración transnacional y multiétnica por medios pacíficos y negociados, mejorando sobremanera la calidad de vida de su ciudadanía con la puesta en pie del Estado del Bienestar y de un crecimiento económico ininterrumpido basado en el pacto entre las rentas del trabajo y el capital.

Identidad, sinónimo de desencuentro . Viñeta de El Roto.

Tampoco el nacionalismo supremacista es de exclusividad contemporánea. Estos fenómenos de reacción ante cada avance de la modernidad tienen conocidos orígenes reivindicativos en el pasado, basados en privilegios egoístas, tales como fueros, aranceles proteccionistas, desigualdad fiscal, financiación favorecida, impunidad judicial… Una constante en las castas aristocráticas y eclesiásticas desde el Medievo hasta la revolución francesa.

En el caso de España, renacen estas reivindicaciones con virulencia en las escasas etapas democráticas vividas en nuestro reciente pasado histórico -Primera y Segunda República y la presente que se inicia con la Transición- siendo un elemento de desestabilización involucionista que finalmente como bucle reiterativo desemboca en más conservadurismo y más restricciones a derechos y libertades, lo que vuelve problemática su vinculación con el progresismo.

Octubre año 1934, bajo la IIª República, celebración en la Puerta del Sol de Madrid el fin en 10 horas de la rebeldía  ante la inconstitucional declaración unilateral por la Generalitat del Estat Catalá por la Generalitat, y que tuvo tras la intervención del ejército el balance de 38 muertos y más de 6000 detenidos que fueron encarcelados en el buque de guerra “Uruguay” situado en el puerto de Barcelona, previo a ser sometidos a Consejo de Guerra, nada de tribunales ordinarios

Como todo nacionalismo, tiende a la simplificación de su estructura societaria, al invento de la historia, la “construcción” del enemigo y el victimismo pueril. Justifica los medios para el logro de sus objetivos recurriendo a discursos esencialistas (“no son catalanes quienes no militan o no votan la opción independentista” –Carme Forcadell) o, a veces, hasta de corte religioso con alocución bíblica y mística incluidas (de Oriol Junqueras en su primer día de prisión: “que en el 21-D las fuerzas del bien venzan al mal” y posteriormente sobre su día a día: “Dedico mi tiempo a la reflexión y, como católico, a la oración”) Un alarmante deslizamiento al más genuino mesianismo o xenofobia que choca con el pluralismo, el laicismo o la tolerancia, inherentes a las sociedades democráticas contemporáneas.

“Loable” el trabajo que ha realizado determinada izquierda independentista catalana para que no fuera eje del debate del procés la corrupción en Cataluña

Cuando no, reivindicando (¡cómo no, bajo su supremacía!) unos inventados Els Països Catalans. El imperialismo como el nacionalismo tampoco es de izquierdas. Por lo que cualquier perspectiva de alianza estratégica con quienes mantienen tales pretensiones, en nada representan los intereses del progresismo y de las clases trabajadoras.

Un proyecto de las elites, pero también un movimiento popular

Como otras veces en la compleja historia de este país (1714, 1936), no se trata de Catalunya contra España, sino de unos catalanes contra otros, un enfrentamiento civil en el que una parte, la secesionista, actúa como si la otra fuera invisible, no existiera o fuera pastos de su suicidio, saltándose las leyes, incluso las propias de la autonomía (1934 y 2017)

Cuánta ignorancia también acumulan algunos de la cámara catalana, como esa osada analfabeta parlamentaria que dijo que retiró las banderas de España porque fueron impuestas por las armas y que la suya es la tricolor republicana. Pues aquí está el boletín de la IIª República (año 1934) donde la para la salvaguarda de la Constitución de 1931 declaró el Estado de Guerra en toda España ante el desafío del President de la Generalitad de declarar, no la independencia de Cataluña sino el Estat Catalá integrado en España. El President Macia fue encarcelado y saldría año y medio después tras el triunfo en las urnas del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 y previa renuncia a repetir el mismo acto y jurar lealtad a la Constitución republicana.

No es España quien roba a Catalunya, sino una casta de corruptos catalanes con paraísos fiscales en Andorra o Suiza que emulan y compiten con los corruptos del PP que también desvalijan a España. El enfrentamiento tiene el interesante efecto de desplazar el foco de atención lejos de estas “élites extractivas”.

Claro que este sainete secesionista se habría limitado a unas cuantas  refriegas palaciegas entre las derechas de uno u otro territorio si no hubiera venido acompañado de una fuerte movilización de grandes sectores de la población catalana, lo que evidencia que el problema va mucho más allá de un conflicto de élites.

La derecha siempre lo tuvo claro. el problema es que la izquierda haya picado en la caña nacionalista de pescar. Viñeta de El Roto

Aunque siempre hubo un segmento independentista en Cataluña, ha sido la ceguera de la derecha española en su utilización partidista del conflicto territorial, como antes hizo con la lucha antiterrorista, la crisis económica, los terribles efectos sociales de las políticas de austeridad, en las que fue pionera la derecha catalana de Artur Mas, y el retroceso de las libertades durante la mayoría absoluta de Rajoy, lo que ha alimentado el nuevo irredentismo. Esa combinación de factores creó la ventana de oportunidad a la extensión masiva del descontento y su traducción deliberada por las élites en protesta contra España.

Banderillas de textil en las cococomidas mentes identitarias. Viñeta de El Roto.

Solo las élites del independentismo han sabido capitalizar y desviar el descontento social hacia una causa que nunca encontró enfrente un relato tan atractivo como el suyo propio. Solo los secesionistas parecían tener proyectos –la independencia lo resolvía todo- para salir del profundo agujero de la depresión colectiva que está significando la crisis y nunca hubo enfrente un discurso que lo contrarrestara. No ha habido un debate cívico y sosegado sobre las consecuencias de una secesión en la Europa del siglo XXI, porque el independentismo no estaba interesado en profundizar en ello, por si no resultaba tan idílico, en tanto el “unionismo” no quiso imaginar siquiera la posibilidad de una separación y no construyó, más allá de su negación, un discurso político alternativo. Por eso, cuando la hipotética República catalana adquirió visos de poder llegar a ser una realidad declarada, sólo encontró como respuesta las reacciones sobreactuadas y el españolismo más rancio y recentralizador. Ante la falta de política, sólo era posible oponer a la emoción separatista trasnochada, otra misma emoción de signo contrario.

El interés del independentismo de presentar una España fascista, a lo que han sido minoritarios actos de la extrema derecha, para presentarse ante Europa como el demócrata y modernizador, a lo que el PP alimentó inicialmente con las porras

De ahí que el nacionalismo independentista se haya empeñado en publicitar y alimentar una interesada oleada conservadora para el resto de España, en la que el secesionismo tuviera las de ganar, mientras peor mejor, a la vez que proyectaba una imagen carpetovetónica y caricaturesca de un Régimen sistémico opresor herencia de su pasado tiránico, asociando el Estado español a PP y éste con franquismo, para acabar concluyendo que seguimos estando bajo una Dictadura. Así, de pronto, las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado serían, en esta reducción al absurdo, un mix entre los antiguos “grises” y la Brigada Político Social que había que echar de Cataluña, y la Audiencia Nacional el Tribunal de Orden Público.

Las falacias discursivas del soberanismo

En ese relato kafkiano, el independentismo, que dice actuar en cumplimiento de un mandato popular en unas elecciones plebiscitarias celebradas el 27 de septiembre de 2015 que no ganó y en la farsa de referéndum del 1-O que sólo movilizó al segmento ya convencido del secesionismo, logra hacer olvidar las protestas ante el Parlament de Artur Mas, sus salvajes recortes o la corrupción de la clase política catalana del 3%, del Palau, de la ITV, de los fondos de formación, o de la honorable Sagrada Familia, Madre Superiora incluida, en nada diferente a la del PP de la Gürtel, la Púnica y demás sumarios.

Los Pujol, “Sagrada Familia” con Madre Superiora incluida 

En esa pérdida consciente y manipulada de la memoria, borran también que la Constitución española fue votada abrumadoramente por el cuerpo electoral de Cataluña, aunque no lo fue  por la antecesora del PP, la AP de Manuel Fraga, que dio libertad de voto, y después votó contra el Estatut, y ya como PP refundado contra su Reforma a la que recurrió frente al TC, como contra  tantas leyes que han cambiado la cara ancestral de nuestro retraso: la Sanidad y la Enseñanza universal, la ley de Dependencia, la ley de Igualdad, la ley del Divorcio, la de Interrupción del Embarazo, la de Matrimonios homosexuales… conjunto de leyes que conforman el Estado social y democrático de derecho al que el simplismo independentista se empeña, ocultando la realidad, en asimilar al franquismo, para emerger ante Europa como única esperanza democrática y de modernización.

Francisco Granados e Ignacio González, dos dirigentes del PP procesados y que han estado largo tiempo encarcelados de forma provisional, pendientes ahora de juicio por corrupción, que no cuadran con las falacias del independentismo sobre una justicia instrumentalizada que hace lo que el PP le manda hacer.

Al igual que esa otra manipulación propagandística consistente en poner en duda la independencia del poder judicial, cuando no te resulta favorable. Cierto que el gobierno de Rajoy se ha esforzado en facilitar ese relato con su instrumentalización de la fiscalía, pero es preciso olvidar deliberadamente que esa justicia que lleva a Consellers a la cárcel es la misma que también ha encarcelado a Ignacio González, Francisco Granados, Jaume Matas, Carlos Fabra… al expresidente de la CEOE, Díaz Ferrán, y está a punto sentar al PP como tal en el banquillo.

¿Qué debería hacer la izquierda?

Reconstruir un relato en estos tiempos de regresión discursiva cuando la emoción identitaria se sobrepone a la inteligencia, la tolerancia, el diálogo, y hasta el libre pensamiento. Tiene que ser la prioridad de los hombres y mujeres de la izquierda de nuestro país.

El órgano de garantías estatutarias creada por la propia Generalitat apercibiendo a los parlamentarios catalanes que las leyes en tramitación los días 6 y 7 de septiembre, la del Referéndum de Autodeterminación y la de Desconexión de España, son inconstitucionales. Requiere a la vez el amparo del Tribunal Constitucional porque no han pasado por su dictamen previo tras como señalan las normas estatutarias catalanas

En este sentido, no es asumible que la izquierda se muestre acomplejada o culpable ante la necesidad de la aplicación de la ley constitucional vigente en defensa del Estado de derecho. Las actitudes contrarias a la Constitución y a las normas de convivencia que democráticamente nos hemos dado, han sido flagrantes en el independentismo catalán además de un alarde de irresponsabilidad que ya reconocen hasta en público. Hay que decirlo abierta y claramente y no dejar esa bandera a la derecha, haciendo aparecer a Rajoy como un estadista.

La mayoría del Parlament, por un solo voto cuando para modificar el Estatut vigente hace falta los 2/3 de la Cámara, pasándose por el forro los informes del Secretario General y del Letrado Mayor, cayó en la mayor violación de las normas constitucionales y estatutarias catalanas habida en la historia democrática, proclamó la efímera República Catalana

Las acciones de los secesionistas en Cataluña han sido una transgresión consciente, continuada, desmesurada y antidemocrática de las reglas de juego. La violación de la legalidad apelando a una legalidad alternativa es una trampa intelectual que nadie puede aceptar en democracia, porque cuestiona que han llevado a límites insoportables la imagen de las instituciones con destrucción de las normas de convivencia. Lisa y llanamente: puro golpismo a la nueva usanza donde los más desprotegidos son precisamente los que en ausencia de amparo constitucional más tienen que perder.

el roto cataluña 21.07.2015

Viñeta de El Roto

La izquierda no puede comprar el discurso propagandístico que presenta el artículo 155 como una suspensión de la democracia. El art. 155 de la Constitución española es tan aplicable como cualquier otro y su acierto depende del contexto y la proporción. La aplicación minimalista del mismo, como respuesta a una secesión de facto, orientada a abrir un proceso electoral que restablezca la legitimidad de las instituciones de autogobierno, no debería  suponer un problema y no debería equipararse, con falsa equidistancia, con la DUI (Declaración Unilateral de Independencia), ya que ésta es sencillamente ilegal, mientras que el 155 es constitucional.

Siendo España un país ampliamente descentralizado, es lógica la existencia de un artículo de ese tipo que también se encuentra en las Cartas Magnas de otros países democráticos europeos. No está copiado de ninguna de las Leyes fundamentales del Movimiento sino que tiene su origen en la Alemania postnazi, Ley Fundamental de Bonn de 1949, precisamente incluido allí para que nunca más retornara, por vía de urnas procedentes de cualquier Lander, algo similar a la Ley Habilitante de 1933 impuesta democráticamente por los hitlerianos.

El paraíso prometido y mentido en estéril pero costoso viaje de ida y vuelta

También es una falacia afirmar que nunca se ha aplicado en Europa nada parecido al artículo 155, cuando el Reino Unido, tan admirado por los secesionistas, lo ha utilizado en cinco ocasiones frente a Irlanda del Norte; la última en el año 2002 y con una permanencia de cuatro años, por no hablar de otras leyes excepcionales aprobadas más recientemente por el Gobierno francés.

La izquierda, debe hacer valer que  formamos parte de un proceso supranacional europeo reglado donde lo más progresista es acelerar la integración con participación ciudadana y democratización de sus instituciones y no la creación de nuevos Estados cada vez mas y mas pequeños y más inviables. No puede la izquierda ser cómplice ni aliada ideológica de los populismos que afloran en Europa ni de los deseos de Donald Trump o de Putin de debilitar a la UE.

El independentista Albano Dante Pachín, exsecretario general de Podem de Catalunya acusando a Pablo Iglesias de haberle aplicado su particular 155

El art. 155 debe aplicarse porque una parte del Estado como lo es la Generalitat y el Parlament, saltándose las normas vigentes ha promovido, primero un referéndum ilegal y declarado después, de forma unilateral, más o menos clara, una supuesta República Catalana independiente contra los deseos, al menos, de una mitad de los catalanes, y sin contar con el resto de los españoles.

Lejos de acomplejarse por ello, la izquierda debe impedir el brote de españolismo rancio y trasnochado que creíamos enterrado, a la vez que evitar seguidismo de un supuesto “derecho a decidir” atomizador y de incalculables consecuencias que no es más que en el fondo un eufemismo para un “derecho de autodeterminación” descolonizador que no es de aplicación a la situación de una Cataluña autónoma ni de ninguna otra comunidad española dentro de un país democrático

Porque se puede estar a la vez en contra de la DUI y en contra de la gestión autoritaria que el PP ha hecho la mayor parte del tiempo de esta crisis de Estado. Porque se puede estar a favor de que el Estado aplique sus normas y estar en contra de que las mismas se fijen por el PP de manera interesada por razones electorales. Se puede apoyar una política de Estado y no dejar de insistir en la crítica radical de las políticas antisociales, la deriva autoritaria y la corrupción sistémica del PP. Se puede cerrar filas con la legalidad constitucional y seguir proponiendo a la población de España la regeneración política y la transformación social, educativa y cultural que nos lleve a mejor puerto en las condiciones de vida y a una nueva era de progreso y de derechos.

La máxima representación y de las responsabilidades que se derivarán del golpismo y del daño a la economía y a la convivencia democrática en Cataluña y con el resto de España

La izquierda debe mantener un discurso propio sin importar lo que dicte la derecha. La izquierda está obligada a defender el Estado de Derecho por los valores que le son propios, como la igualdad, y tiene que hacerlo situando su agenda de transformación social y de regeneración democrática, tanto frente a los golpistas de la Generalitat como a los retrocesos autoritarios a que nos ha llevado el PP, ante los corruptos de Génova como ante los del 3%, a los amnistiados fiscalmente de un bando o de otro, a los que entre 2011 y 2013 recortaron salvajemente los gastos sociales, educativos, de enseñanza o de la dependencia, fuera en Cataluña por la Generalitat, hoy independentista, como por la Moncloa en toda España.

Quizá eso es precisamente lo que ha estado ausente durante todo este período agudo de crisis territorial, mantener en alto la bandera de las reformas sociales y la crítica al gobierno corrupto y autoritario, mientras se defiende una política de Estado frente a la secesión. Lo que ha faltado es mantener el perfil de la izquierda mientras se pactan medidas legales y proporcionadas para la contención del desafío soberanista.

¿Qué hacer ante el 21-D?

Ante la convocatoria del 21D, urge una propuesta de reagrupamiento del bloque democrático, regeneracionista y de transformación social y cultural para proponer a Cataluña y al resto de España una salida federal sin privilegios que asegure el encaje de las diversas identidades que componen la España plural.

Los referendos no son, en sí mismos, ninguna solución a no ser que expresen el respaldo a un nuevo acuerdo. Una votación en el vacío sobre el desacuerdo en Cataluña o sobre el galimatías imperante sólo profundizaría la división.

La izquierda debe apostar por una reforma a fondo de la Constitución. Una reforma que defina las relaciones de respeto, cohesión y solidaridad interterritorial. Que establezca las nuevas reglas de juego y precise la lista de competencias atribuidas al Estado y a las Comunidades sin duplicidades ni ambigüedades. Que defina un acuerdo fiscal y de financiación y un procedimiento de asignación de la contribución, negociado y regulado. Que establezca órganos de cooperación interterritorial y un espacio de representación de los territorios en un Senado federal. Una reforma, en suma, federal y compatible con la unidad de mercado.

                                                      ¿Tiene rumbo la izquierda?

Sobre ese nuevo acuerdo sí que podrían pronunciarse los catalanes y el resto de los españoles. El referéndum en las actuales condiciones resuelve cuando lo que se vota es una propuesta de acuerdo.

El próximo 21D el cuerpo electoral catalán tiene la oportunidad de optar por una salida transversal de integración de identidades, con hoja de ruta regenerativa y de énfasis social que permita escapar de esa espiral de aislamiento a que conduce el independentismo, o suicidarse en una nueva edición de la hoja de ruta secesionista que agravaría el enfrentamiento social, la parálisis, la sangría empresarial y económica que ya es alarmante como el consiguiente desempleo y, en consecuencia, el empobrecimiento de Cataluña y su ciudadanía.

peridis 31.10.2011

Así veía Peridis el esperpento de la República bananera de Cataluña el tercer día de su gloriosa independencia

Toda la izquierda, toda, debería aceptar ese reto como oportunidad de volver a encauzar la energía creativa y de choque de la sociedad civil catalana hacia objetivos de emancipación social, en vez alinearse una vez más con los designios de la elite soberanista que ya se sabe dónde conducen.

Y para este reto electoral inmediato, tendrán que aclararse también aquellos que jugaron a la ambivalencia en el discurso, aunque casi siempre acabaron favoreciendo al soberanismo con sus actos, manifestaciones u omisiones, renunciando a su propia hoja de ruta política que dijeron tomar del movimiento del 15 M.

Villarejo, Ada Colau y Jaume Asesn, la izquierda fracturada en Cataluña a la que se suma de última hora la ruptura en el ayuntamiento de Barcelona con la salida forzada del PSC del equipo de gobierno local 

La ruptura de la coalición de gobierno en el Ayuntamiento de Barcelona es, en este sentido, una pésima noticia, ya que dinamita el único experimento de entendimiento entre distintas sensibilidades de las izquierdas no independentistas, que habría debido de marcar el rumbo de una alternativa al enfrentamiento civil. Apostamos porque lo que se ha venido en llamar la izquierda emergente no conduzca  paradójicamente a la izquierda a su inmersión más absoluta, ante el desconcierto y zigzagueo que origina un tacticismo meramente electoral para la obtención del voto independentista de cara a “tocar” poder en tanto se abandona con enormes riesgos a su sector social.

El espacio del catalanismo de izquierdas regenerativo y de transformación social y cultural tiene que dialogar entre sí, a la vez que el entendimiento de las izquierdas españolas debe ser reconstruido cuanto antes, porque, tras como marchan los acontecimientos, después del 21D si continúan así difícilmente tendremos otro asidero para restaurar los puentes rotos, en Cataluña y en el resto de España.

NOTA: El titular de este blog es la autoría de la puesta de las imágenes y de los comentarios que aparecen a sus pies

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08.07.2016.- “FORO 26-J”. LA IZQUIERDA: CAMBIO Y UNIÓN: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/07/08/29062/

22.06.2016.- “PRE-FORO 26-J”: TRAS LAS URNAS, ¿ACUERDO DE CAMBIO REAL?:  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2016/06/22/29007/

 

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