Érase una vez en Jimena y no es cuento. Conversaciones en tiempo de pandemia (1ª parte) (23.11.2021)

Posted on noviembre 23, 2021

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La vida de Ángeles Núñez Gómez nacida en Jimena de la Frontera.

INTRODUCCIÓN

Ignacio Trillo

Dentro de la serie que hace siete meses abrí en este blog acerca de la vida de nonagenarios nacidos en Jimena de la Frontera, el formato que se ha venido ensayando hasta ahora ha sido el de la entrevista, sin que haya tenido que ser siempre la autoría de este blog quien dialogara con el protagonista sino que ha podido igualmente intereactuar en solitario un familiar como podría haberlo efectuado una persona allegada.

En el caso de la que viene a continuación ha sido producto de un documento que me ha hecho llegar amablemente la vecina de los Barrios, Gely Ariza Núñez, sobre la vida de su madre, Ángeles Núñez Gómez, en la Jimena que la vio nacer y crecer en sus primeros años. Por el enorme interés que ofrecen los hechos que aquí se relatan para la historia local es trasladada por el titular del Blog a esta entrada, traducida, ampliada y enmarcada en los contextos en que los acontecimientos que se narran fueron produciéndose. Por tanto no corresponde a un copia y pega literal el contenido que se expone, como tampoco es algo que modifique lo que en él figura, sí los acrecienta, los sitúa crononológícamente, dentro del más absoluto respeto a cuanto se relata y hacia la integridad de los recuerdos, ajeno por tanto a cualquier ficción o retoque novelado.

Este excelente documento que es base de la semblanza que se glosa, es producto de las conversaciones que transcurren en el seno de la familia Ariza Núñez, madre, hijos y nietos donde refleja, entre muchas cuestiones, aquel convulso tiempo histórico que sucedió en la localidad, el acontecer diario de los antepasados de la saga y su vínculo con el paisaje humano, vecinal y ambiental que los envolvió.

Así, meses atrás, en los tiempos más graves de la actual pandemia del Covid-19, la madre Ángeles Núñez Gómez, como queriendo dar a conocer a su descendencia señas de identidad familiares no suficientemente exploradas, abrió una línea de comunicación con sus hijos y nietos para compartir los recuerdos de su etapa de infancia en Jimena que nunca tuvo tiempo o no surgió la oportunidad de contar ni de escribir. En este recorrido, todos los jueves, durante los meses que duró la severidad del confinamiento, fue enviando, vía whatssapp, alguna foto de ese pasado que iba descubriendo en sus cajas de lata y álbumes para compartirlo con quienes, según califica, ha sido lo mejor que ha construido a lo largo de su dilatada existencia.

Ángeles Núñez Gómez, la protagonista, pertenece a la vez, por parte de padre a una familia jimenata muy conocida –Núñez y Gallardo- y por el lado de la madre, a una estirpe -Gómez y García- de la misma notoriedad correspondiendo al municipio campogibraltareño de los Barrios. Aunque bien pronto se viera forzada junto a su madre y hermano a tener que abandonar la Jimena que le vio nacer, en cambio no sucedió olvido alguno en el transcurso de su vida a su nexo originario, demostrado por el afecto y cariño de sus raíces que con creces siempre fue conservando hacia el pueblo donde vio la luz. Es más, a pesar de su edad, al borde de cumplir nueve décadas, su espíritu juvenil sigue irradiando, también por extensión en sus referencias al lugar de su nacimiento. En este sentido, puesta al día en las nuevas tecnologías de la comunicación e información, no es casual que figure en Twitter, cuya cuenta la mantiene abierta y activa desde hace once años, con el nombre de usuaria, @jimenataonline, al igual que permanece muy presente en Facebook.

Además, ese respeto personal de Ángeles a su patria chica ha sabido transmitirlo a los cuatro hijos que tuvo en Madrid con su marido que ya nos dejó, Manuel Ariza Sánchez, abogado y funcionario civil en el ministerio de la Marina. Asimismo, al igual que estos descendientes deberán sentirse satisfechos de sus lugares respectivos de nacimientos y de donde van aconteciendo sus vidas, los serán de la misma manera de Jimena, al portar en sus genes esa impronta de sus antepasados. Me estoy refiriendo a: Gely, profesora de enseñanza, exalcaldesa de Los Barrios y actual presidenta de la Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sáhara; Almudena, periodista de RTVE en calidad de corresponsal, hasta hace poco en París y ahora en Nueva York, con la que estamos familiarizada por los telediarios emitidos a las horas de las comidas; Nuria, también docente; y Manuel Ariza Núñez, trabajador social en el ayuntamiento de Madrid.

Solo me cabe para concluir este prólogo, agradecer a Gely Ariza la remisión del compendio realizado, a su encantadora madre Ángeles Núñez, jimenata por los cuatro costados, por ese esfuerzo tan tremendo realizado de evocaciones del pasado, a la vez que mi enhorabuena por la lucidez y la memoria tan maravillosa que conserva y que derrocha con tanta prodigiosidad en esa semblanza hacia su pueblo y sus gentes. Y a los demás familiares que han participado en las conversaciones, honra también para Jimena, provocando en su progenitora estas historias que estoy seguro que los habitantes del pueblo y los que se alojan en la diáspora, como corresponde a una tierra de emigración y exilio, tan bien van a acogerlas, saboreándolas y aprendiendo de ellas, no perdiéndose un solo detalle, porque proporciona la riqueza de contribuir a revelarnos, hoy en día, de dónde procedemos.

Ignacio Trillo

Ángeles Núñez Gómez, la protagonista de estas vivencias. Archovo familiar.

Ángeles Núñez Gómez, autora y transmisora de estas vivencias, nació en Jimena de la Frontera en mayo de 1932.

Era hija del jimenato José Núñez Gallardo, venido al mundo a principio del siglo XX, comerciante del barrio arriba que pronto enviudó de Clara Piñero Quirós con la que había tenido tres hijos: Paco, María y Pedro Núñez Piñero

A la par, descendiente de la barreña, María Jesús Gómez García que había llegado a Jimena en 1929, contando con veinte años, para hacerse cargo de la centralita de teléfono de la localidad situada en El Paseo.

Este trabajo que cambiaría su vida fue gracias a la gestión que realizó su hermano, Salvador Gómez García, que era veterinario con plaza en Jimena, también nacido en Los Barrios y que vivía con su mujer y descendientes en el barrio abajo, en concreto en calle San Sebastián número 10, precisamente en la misma casa que bastantes trienios más tarde, Juan Ignacio Trillo Huertas, titular del blog y escribidor de este relato, vio la luz. El barreño Salvador Gómez fue además una destacada personalidad republicana en la localidad a lo largo de la primera mitad de los años treinta por lo que sufriría de lo suyo una vez que finalizó la guerra y prosiguieron las venganzas por los vencedores.

Se cuenta que siempre que alguien llega a un lugar, sea el que fuera, aprecia y saborea lo típico de allí. Es el caso de la Jimena de aquella época con respecto al agua para consumo humano procedente de la fuente del Regüé y al piñonate, este dulce de miel tan extraordinario que se remonta a la época nazarí y que está compuesto de almendras, piñones y ajonjolí. Pues bien, el dicho proverbial en el pueblo es que, el forastero que bebe esa agua o degusta ese dulce, está predestinado a contraer matrimonio en la localidad. Y eso le sucedería a María Jesús Gómez cuando, a lo mejor debido a esa leyenda, acabó casándose en mayo de 1931 con el jimenato José Núñez Gallardo.

La fuente del Regüé a pie del río Hozgargante y el dulce piñonate, típicos de Jimena de la Frontera.Fotocomposición del autor extraido de Retratos de Jimena, ediciones OBA y de la confitería de Milagros de la Estación de Jimena.

La hija de ese matrimonio, Ángeles Núñez Gómez, a punto de cumplir noventa años, nacida por tanto en 1932 y dotada de una memoria envidiable, conserva bellos e históricos recuerdos de su primera vida en Jimena de la Frontera, correspondiendo a los momentos previos y al trascurrir de la guerra civil. Los detalles son difíciles de traer a la memoria, pero cuando brotan, como le sucede a ella, y con la perpectiva del tiempo transcurrido, conocemos el pasado mucho mejor. Es el meritorio esfuerzo que realiza en las conversaciones con su descendencia, en las que nos catapulta a cómo fue aquel ayer en Jimena y cómo lo vivió.

Su marcha de Jimena acaecida en el año 1940 con su hermano pequeño y su madre, recién fallecido su padre José Núñez Gallardo, para asentarse en Algeciras, marcará toda su vida. De eso también deja constancia.

Árbol genealógico Núñez y Gallardo. Fuente: María Victoria Guerrero Montero

Podemos remontarnos para comenzar el relato haciendo mención de sus abuelos paternos: «Frasquito Núñez Gallardo, lector empedernido de periódicos, y María Gallardo Benítez con su moño y su empaque», cuando ambos, siendo originarios de Grazalema, llegaron a finales del siglo XIX a Jimena de la Frontera y dispusieron de todos sus esfuerzos y ahorros para abrir en el barrio arriba un comercio.

Enero de 1933. María Gallardo Benítez, abuela paterna de Ángeles Núñez Gómez cuando contaba con un año. Fuente: Victoria Guerrero Montero.

La tienda se llamó «El Globo«. Estaba situada en número 68 de calle Sevilla, en su tramo del barrio arriba, entonces llamada Sagasta, justo enfrente de una ermita casi derruida que se llamaba La Concepción, hoy plaza de Gibraltar, y colindando con el bar de Vargas y más cuesta abajo todavía con la entonces ferretería de Felipe Gómez y el callejón techado. Al otro lado del monumento religioso está la calle La Loba.

Estos yayos por la rama paterna de Ángeles Núñez Gómez tuvieron tres hijos: Paco, Magdalena, y José que fue su padre.

Puedo añadir de esos sus primeros recuerdos que conserva de chiquitita, partiendo de los hermanos de su padre, que su tío Paco Núñez Gallardo, más conocido por Frasquito, se dedicó a ser agente comercial. Ahora quizás ya no se estile, pero antes a quien se llamara Paco automáticamente se le nombraba Frasquito.

Frasquito Núñez Gallardo,(heredó el mismo nombre y por tanto los mismos apellidos que el padre) hermano de José y Magdalena, siempre acompañado con un libro y un periódico. Foto: Pascual Collado Saraiva.

Desde Jimena, Frasquito Núñez Gallardo se trasladó a La Línea de la Concepción y cree ella que le fue muy bien con la venta de vinos. La mujer se llamaba Flores. Tenía una hija, su prima María, que siguió con los negocios del padre y otra que se llamaba Ángeles que enfermó joven. Recuerda además haberla visitado en La Línea después de fallecer Frasquito.

En cuanto a la otra hermana, su tía Magdalena Núñez Gallardo, se casó con el doctor don José Montero Asenjo, que fue su padrino en el bautizo. Alumbraron seis hijos y conocieron las penurias propias de la guerra civil, así como tuvieron que aprender lo que fue tirar para adelante con muchos sacrificios en los momentos nada fáciles de posguerra, encima con una extensa descendencia y con el cabeza de familia en la cárcel. Durante los años en los que vivió Ángeles con sus progenitores en Jimena estuvieron muy unidos.

Año 1919. José Montero Asenjo contrajo matrimonio con la tía por la rama paterna de Ángeles Núñez Gómez, de nombre Magdalena Núñez Gallardo. Fuente: Victoria Guerrero Montero.

En lo que se refiere a su padre Pepe Núñez  Gallardo, había nacido al poco de comenzar el siglo XX con lo que se llevaba unos nueve años con su madre María Jesús. Desde joven, según le contaron y después percibió que lo siguió siendo, fue meticuloso, trabajador, concienzudo, amante del orden y de innovar en los negocios. Tenía sentido del humor, pero no era chirigotero, tan típico y abundante en la Jimena de aquel tiempo cuando llegaban los carnavales, que por cierto luego Franco cuando se hizo manu militari con Jimena los prohibió. «Era buen conversador y no tenía hora para cerrar la misma tienda que con anterioridad habían creados y gestionados sus padres, Frasquito Núñez y María Gallardo Benítez, porque lo entendía así, como gajes del oficio».

Años 20. José Núñez Gallardo, comerciante y titular de la tienda "El Globo" que había heredado de sus padres Frasquito Núñez y María Gallardo. Fuente: Ángeles Núñez Gómez.

Así prosigue igualmente su hija Ángela: «Vestía siempre con su camisa con pajarita, sombrero sin que se doblara el ala, con la chaqueta entalladita bien planchada y ese pañuelo de algodón blanco asomando en el bolsillo de arriba a su izquierda. Todo este arreglo era para cualquier ocasión. Para ir así de formal no hacía falta una situación que tuviera carácter extraordinario, sino que se trataba de su vestimenta normal ya que formaba parte de lo que consideraba buena presencia. Su espíritu de comercial a lo que estaba plenamente dedicado y su siempre aspecto de elegancia lo dominaban. ¡Cómo lloraba Pepe Núñez el día que se rompió el globo que colgaba en la fachada de la tienda por encima del escaparate y que en su momento pusieron mis abuelos! ¡Con lo serio que él era! Y cómo lo sintieron también los vecinos. Para mi él significaba mucho. Deseó tener un buen negocio y sí que lo consiguió y con creces, con constancia, imaginación, esfuerzo, atención…».

Continuando con la alusión que se efectuó con anterioridad sobre el sufrimiento de su familia con relación al doctor Montero, y por ende a su tía Magdalena y descendientes de este matrimonio, efectivamente, fue lo peor que sucedió en la saga. Tuvo lugar a partir de estallar la guerra de España, el 18 de julio de 1936. Antes, todo le iba yendo muy bien. Era quién más impuestos pagaba en Jimena, señal de los buenos ingresos que obtenía. Aparte de su ejercicio de la Medicina, poseía al lado de su casa un cine y además una Academia de enseñanza con el farmacéutico que vivía casi enfrente, don José Sánchez de Medina, el otro médico don Guillermo Ortega, que era colindante a esa botica, y un poco más abajo, en la misma acera y antes de llegar a la casa de los Marina, con el abogado Luis Medina, que también tenía su dinerito. Era para formar a jóvenes de cara a que hicieran Magisterio o carreras universitarias… Pues bien todo lo anterior se fue a pique cuando irrumpió la guerra.

Primera mitad de la década de los años 30. El médico don José Montero Asenjo. Fuente: Fuente: Victoria Guerrero Montero.

Resultó un desastre lo que hicieron los soldados regulares –en el pueblo les llamaban “los moros”- cuando los militares entraron en Jimena a bombazos y la ocuparon. Fue la mañana del día 28 de septiembre de 1936. Arrasaron con todo lo que había en el domicilio familiar de su tía Magdalena. «¡Tan linda vivienda! ¡Con esa rica y espléndida biblioteca que había dispuesto su marido…! Tenían de todo. Como era consulta médica con los aparatos más modernos de la época, como Rayos X, y fue muy triste cuando más tarde al regresar la familia de Málaga, a principios de febrero de 1937, no pudieron entrar a su casa porque se la encontraron con todo destrozado».

Dos meses después de que se iniciara la guerra, al igual que sucedió con más de la mitad de los vecinos del pueblo, ante la proximidad de los militares que venían de Algeciras para atacar y hacerse con la localidad, toda la familia Montero huyó subida a caballo y campo a través, primero se quedaron en Estepona y luego, conforme avanzaban los “nacionales”, marcharon a Málaga, tal y como lo dejó escrito en un libro la hija del matrimonio María Teresa. Fue una ausencia de Jimena de no mucho tiempo, unos cuatro meses. Se volvieron para Jimena, también por la costa, una vez que Málaga cayó en manos de Franco y ahí fue cuando de regreso, a la altura de Estepona, detuvieron al médico. «Él no tenía conciencia de que pudiera suceder. Retornaba al pueblo porque no comprendía que tuviera que seguir huyendo con su familia, esposa e hijos pequeños. Nunca había hecho nada malo, todo lo contrario. ¡Con la de cosas buenas que había realizado en el pueblo! Confiaba cuando lo apresaron que sería producto de un error porque solo por haber defendido las ideas republicanas no podía entender que alguien pudiera ser perseguido, motivo por el que igualmente no le había visto sentido continuar huyendo», manifiesta Ángeles, como hicieron tantos jimenatos, en dirección a Almería y sufrir por ello «La Desbandá». Seguro que sus amigos republicanos de Jimena le dirían que no retornara todavía, que le avisarían para que no se presentase tan pronto, pero no hizo caso, o se confió con lo que los de Queipo de Llano dijeran en Málaga que podían regresar a sus pueblos todos los refugiados que habían huidos porque no les pasaría nada si no tenían las manos manchadas de sangre. El caso fue que en el camino de vuelta quedó hecho preso.

El tramo de calle Sevilla, entonces, previo a la Segunda República llamada Sagasta, a mano izquierda se observa el muro con los restos de la que fue ermita de la Concepción y enfrente la tienda "El Globo" de José Núñez. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

Así que fueron en los comienzos de la guerra civil cuando un roto total se abrió en la vida de la familia Núñez Gallardo. El padre de Ángeles, Pepe Núñez, habilitó la casa que disponía junto al inmueble que acogía la tienda y su domicilio familiar para que allí se quedara su hermana Magdalena con los niños mientras su marido era encerrado en una cárcel de Algeciras. Un drama más que Pepe Núñez con sus medios intentó suavizar la situación cuando la vida le cambió a la familia de su hermana y a la de todo el pueblo por culpa de esa maldita y cruenta guerra.

María Jesús, la madre que tendría a Ángeles, había hecho acto de presencia en Jimena por primera vez cuando consiguió un agraciado trabajo. Para entonces, el comercio de Pepe Núñez disponía de teléfono, que no era algo habitual, de los que se sujetaban a la pared. La centralita de teléfono de Jimena se había inaugurado el año 1927. Asimismo, el tendero tenía en el pueblo a un gran amigo, veterinario, nacido en Los Barrios que trabajaba y residía en Jimena en el barrio abajo,como se ha dicho en la calle San Sebastián.  

Salvador Gómez García, natural de Los Barrios que en su condición de veterinario obtuvo plaza en Jimena viviendo con su mujer y sus hijos en calle San Sebastián número 10. Fue el responsable de traerse a su hermana María Jesús desde Los Barrios a Jimena para hacerse cargo de la centralita de teléfono y con ellos cambiar su vida. Salvador en su ideología liberal fue un comprometido republicano y miembro de la masonería local. Sufriría tras la guerra varios procesamientos judiciales por los militares victoriosos que le llevarían a la cárcel, a la separación del ejercicio de su profesión y al confinamiento fuera de los límites de Jimena y de los Barrios. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

Su nombre era Salvador Gómez García, masón, intelectual muy culto, comprometido con el republicanismo. Compartían amistades y logia masónica con el Dr. Montero y el otro médico Don Guillermo Ortega Durán. Salvador, hermano de su madre, María Jesús, se enteró que hacía falta quién llevara adelante la centralita telefónica de Jimena e inmediatamente pensó en acercar a su familia al pueblo a través de su hermana, gracias al trabajo en el teléfono. Era una manera estupenda de beneficiar tanto a su madre y hermanas como a la propia María Jesús. Otra hermana mayor, Ana, ya se había ido a trabajar a Melilla con una familia como institutriz.

Con edad suficiente, ya que nació en 1909, María Jesús que luego sería la madre de Ángela, «estaba deseando tener un oficio porque había hecho sus pinitos en la enseñanza acompañando a sus hermanos Isidro y Jesús en Los Barrios en los pueblos a los que fueron destinados y deseaba seguir trabajando fuera de la casa para ser autosuficiente, pero no quería continuar siendo ayudante de maestro, aunque lo hacía bien y hubiera podido proseguir. Quería continuar con algo distinto y ser independiente económicamente por significar una mejora para su familia numerosa».

Llamó Salvador desde Jimena a los Barrios para avisar a María Jesús de la posibilidad de ocuparse de la centralita de teléfono y encantada aceptó. Así fue como siendo muy joven se convirtió en telefonista de las de las clavijas e información permanente. Al parecer vino a sustituir a una tal Florencia o Flores o quizá esta señorita jimenata viniera más tarde para sustituirla.

La centralita de teléfono de Jimena de la Frontera fue inaugurada el año 1927. En 1929 estando sin cubrir la plaza, el veterinario del pueblo, Salvador Gómez García, oriundo de Los Barrios, requirió a su hermana María Jesús que reuniendo los requisitos aspirara a llevarla, hecho que así sucedió. Para entonces la centralita estaba instalada en El Paseo entre el inmueble que fue tras la guerra la tienda de Manolo Castilla y el bar Vecina, hoy habita el matrimonio constituido por Lupe Quirós Sánchez de Medina y Víctor Barranco Vázquez. Ya pasado un tiempo, pasó a la acera de enfrente donde es más recordada. Fuente: Telefónica.

La centralita no llevaba mucho tiempo inaugurada. No es que tuviera mucho trabajo la nueva telefonista María Jesús atendiendo las llamadas, sino que tenía que estar siempre pendiente. Ocupaba los ratos en los que no telefoneaba nadie bordando unos mantones floreados preciosos que aún conserva su hija Ángeles. Los diseñaba su hermano Isidro, maestro, rapsoda y poeta, al que adoraba y que luego escribiría el muy reconocido pasodoble de Los Barrios, un personaje de esta localidad. Además de Jimena, desde la centralita se llevaban los teléfonos del Tesorillo que en esos momentos tenía mucho ajetreo con los terrenos y negocios del potentado Don Juan MarchLos Mares les llamaban en el pueblo porque aterrizó en el municipio trayéndose a muchos mallorquines que eran de su tierra natal a trabajar en sus múltiples fincas jimenatas tras habérselas adquirido a los Larios-, quien tanto ayudaría luego a Franco y donde trabajaría, después de la guerra, el hijo mayor del médico Montero, de nombre Paco. Es más, el doctor, tras salir de la cárcel de Burgos en el año 1947, al no poder ejercer la medicina en el ámbito de lo público y en la privada no había quién tuviera un duro en el pueblo para abonarle las consultas, se dedicó a comercial para la venta de planchas de tejados y depósitos de agua de uralita de la empresa perteneciente también al magnate mallorquín.

LA GRAN CONTRADICCIÓN DE UNA DRAMÁTICA HISTORIA. Año 1940. En la foto, Paco Montero Núñez, el segundo por la izquierda (hijo mayor del matrimonio del pueblo de Jimena entre el médico don José Montero Asenjo y Magdalena Núñez Gallardo) con un compañero pagador, en su tarea de abonar periódicamente, con el dinero líquido que portan en los serones de telas que cuelgan de los lomos del ganado caballar que montan, las nóminas a los trabajadores de las distintas fincas de las colonias agrícolas de San Pablo de Buceite y San Martín del Tesorillo, cuya titularidad venía siendo desde el otoño de 1930 del banquero y contrabandista mallorquín, Juan March Ordinas, antes de los Larios, siendo escotados por la Guardia Civil ante el temor de que “los hombres de la sierra” los asaltaran para robarles el dinero. Mientras, su padre, el médico don José Montero Asenjo, que había sido contratado antes del inicio del Golpe de Estado de 1936 por el propio Juan March Ordines, como médico de los trabajadores de estas colonias, se hallaba saliendo de la cárcel del Puerto de Santa María tras cumplir condena por haber sido republicano y auxiliar a milicianos en puertas de ser nuevamente condenado, esta segunda vez por masón y acabar en la cárcel de Burgos. A la vez, Juan March Ordines, había sido quién contribuyó económicamente de forma decisiva a la sublevación militar contra el ordenamiento constitucional republicano. Asimismo, fue quién mediante su administrador en Tesorillo, Raimundo Burguera Verdera, contrató al joven Paco Montero Núñez en tareas administrativas en sus propiedades agrícolas ante la penuria que sufría la familia Montero por no recibir los ingresos correspondientes al ejercicio profesional de su padre que se encontraba en prisión. De igual forma, las influencias de Juan March Ordines habían servidos para salvar al doctor Montero de la pena de muerte a que se le quería condenar, siendo sustituida por largos años de cárcel. Fuente: “Memoria de una cigüeña” de María Teresa Montero Núñez, hija del doctor Montero.
La empresa Uralita que adquirió Juan March en 1943 y que a la salida de la cárcel del doctor Montero em 1947 fue su representante comercial en Jimena, una vez que la condena conllevaba aparejado la separación del ejercicio de la Medicina pública. Con su familia arruinada, montó un depósito de material de uralita para su venta en calle Sevilla, casi enfrente de la casa de los Marina. El bueno de don José Montero murió en agosto de 1967 de pleura pulmonal que fue achacable a su estancia en la fría cárcel de Burgos y no al amianto de la uralita cuando aún no se conocían los efectos irreversibles que causaban sobre todo en las vías respiratorias. Fuente: Sinnombre.info.es

Tenía María Jesús, la telefonista, once hermanos. Ya ha hablado Ángeles con anterioridad de algunos de ellos: Isidro, Salvador, el veterinario, Jesús o Ana, y prosigue: «Todos los varones eran universitarios y ser aceptada en la Telefónica lo consideró su gran carrera. Además de sueldo garantizado mensual de cincuenta duros tenía derecho a una casa, con la luz y el agua, en el Paseo y muy cerca de la calle San Sebastián donde vivía su hermano Salvador. Recién llegada en el año 1929 tan joven y espabilada nada más incorporarse reconocía todas las llamadas que se producían entre los titulares de números de teléfonos. Se le valoraba en su trabajo, derrochaba simpatía y tenía buenos golpes de humor.

Comerciantes, ayuntamiento, cuartel de la Guardia Civil y el de los Carabineros, médicos y personajes relacionados con el estraperlo y los préstamos, como los tratantes de las ventas de ganado, eran los habituales y los que utilizaban el servicio de la telefonía. Eso sí que era un lujo. Los aparatos estaban unidos a la central por un hilo. El abonado que quería hablar daba a la manivela, en la centralita sonaba y desde allí le conectaban con quien quisiera hablar. Después la telefonista ya desconectaba. Se sabía todo de memoria: los nombres de los abonados, las horas en las que conectaban, los números o cómo avisarles.

Las llamadas por teléfono del que llegó a ser mi padre, José Núñez, se fueron haciendo cada vez más frecuentes, no solo para que le conectara a través de la centralita con otro teléfono sino también para conversar respetuosamente con ella. Y así fue, como sin verse sino con escucharse, se enamoraron».

Clara Piñero Quirós, la primera esposa que tuvo José Núñez Gallardo y que falleció dando a luz a su cuarto descendiente que igualmente resultó malogrado. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

Para entonces, José Núñez había enviudado de Clara Piñero Quirós, fallecida en su cuarto parto donde se malogró igualmente la descendencia, hija de una familia muy bien situada en Jimena, alta y guapa, y con quien había tenido tres hijos: Pedro, Paco y María Núñez Piñero.

María Pedro y Paco Núñez Piñero, los tres hijos que tuvo el primer matrimonio entre José Núñez Gallardo y Clara Piñero Quirós. Fuente: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

«Ni la edad ni la situación familiar ni estar al principio o al final del pueblo fue un obstáculo en la relación que muy pronto dejaron de ocultar. En el año 31 para poder casarse mi madre, con veintidós años, tuvo que dejar su puesto de telefonista. Así eran las normas de la época en esta compañía. La tienda estaba en una punta de la localidad y la centralita en la otra. La distancia que tenían de una calle se acortó para siempre desde el momento en que se casaron».

Mayo de 1931. La historia de amor entre la telefonista, María Jesús Gómez García y el comerciante del mejor establecimiento entonces en Jimena, José Núñez Gallardo. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

La boda se celebró el 21 de mayo del 1931 a un mes de que hubiera la llegado la República sin que este acontecimiento tuviera nada que ver con las nupcias. «En el mes de septiembre de ese año se hicieron una foto preciosa con una dedicatoria muy cariñosa firmada por los novios como sus hijos a mamá Juana, mi abuela paterna. Procedieron en el sencillo acto como testigos el Dr. Montero y el Dr. Santos Sánchez que era médico en Los Barrios, cuñado, casado o en vísperas de contraer matrimonio con otra hermana de mi madre, Luisa». El Dr. Santos fue tras la guerra condenado a muerte por un consejo de guerra de los militares de Franco al haber permanecido leal a la República mientras se hallaba encarcelado en el Penal de Ocaña, aunque luego se le conmutó su ejecución sustituyéndosela por años de prisión.

Cuando ese casamiento, se estaba a cinco años del inicio de la guerra y nadie se podía imaginar que esa barbaridad sucedería un día. «Eran inmensamente felices. Siempre supe lo que se querían. La imagen viva de la prosperidad».

(Continuirá en una 2ª parte)

OTRAS ENTREVISTA REALIZADAS A NONAGENARIOS JIMENATOS

ENTREVISTA DE MÓNICA ONCALA GIL A JUAN GIL PLATA (11.05.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/05/10/entrevista-de-monica-oncala-gil-a-juan-gil-plata/

FRANCISCA, POETA EN LA INTIMIDAD QUE QUISO SER PERIODISTA. ENTREVISTA REALIZADA POR IGNACIO TRILLO (26.04.2021): https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/04/26/francisca-poeta-en-la-intimidad-que-quiso-ser-periodista/

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