Érase una vez en Jimena y no es cuento. Conversaciones en tiempo de pandemia (1ª parte) (23.11.2021)

Posted on noviembre 23, 2021

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La vida de Ángeles Núñez Gómez nacida en Jimena de la Frontera.

INTRODUCCIÓN

Ignacio Trillo

Dentro de la serie que hace siete meses abrí en este blog acerca de la vida de nonagenarios nacidos en Jimena de la Frontera que aún se hallan entre nosotros, el formato que se ha venido ensayando hasta ahora ha sido el de la entrevista, sin que haya tenido que ser siempre la autoría de este blog quien dialogara con el protagonista, sino que ha podido igualmente interactuar en solitario un familiar, como podría haberlo efectuado una persona allegada. Lo importante es que quedase constancia de esa huella a través de su contenido.

En el caso de la conversación que viene a continuación, ha sido producto de un documento base que me ha hecho llegar amablemente la vecina de la localidad campogibraltareña de Los Barrios, Gely Ariza Núñez, sobre la vida de su madre, Ángeles Núñez Gómez, ambientada en la Jimena que la vio nacer y crecer en sus primeros años.

Por el enorme interés que ofrecen los hechos que aquí se relatan para la historia local, es trasladada por el titular del Blog a esta entrada, traducida, ampliada y enmarcada en los contextos en que los acontecimientos que se narran fueron produciéndose de forma paralela. Por tanto, no corresponde a un copia y pega literal el contenido que aquí se expone, como tampoco es algo que modifique sustancialmente lo recibido, tan solo de corrección de alguna inexactitud deslizada. En cambio, sí los acrecienta, los ordena crononológicamente dentro del más absoluto respeto a cuanto se relata de integridad a los recuerdos, ajeno por tanto a cualquier ficción o retoque novelado o de ficción.

Este excelente documento que es base de la semblanza que se glosa, fue producto de las charlas que transcurrieron en el seno de la familia Ariza Núñez, madre, hijos y nietos, donde se refleja, entre muchas cuestiones, aquel convulso tiempo histórico que sucedió en la localidad, el acontecer diario de los antepasados de la saga y su vínculo con el paisaje humano, vecinal y ambiental en que se desenvolvieron.

De este modo, meses atrás, en los tiempos más graves de la actual pandemia del Covid-19, la madre Ángeles Núñez Gómez, queriendo dar a conocer a su descendencia señas de identidad familiares no suficientemente exploradas hasta la fecha, abrió una línea de comunicación con sus hijos y nietos vía wassap para compartir los recuerdos de su etapa de infancia en Jimena que nunca tuvo tiempo o no surgió la oportunidad de contar ni de escribir. En ese recorrido, todos los jueves, durante los meses que duró la severidad del confinamiento, fue revelando con su envío, por el canal indicado, algunas fotos, conservadas desde tiempos ha en sus cajas de lata y álbumes, sobre aquel pasado, para compartirlas con quienes, según califica, ha sido lo mejor que ha construido a lo largo de su dilatada existencia.

Ángeles Núñez Gómez, la protagonista y relatora principal de esta intrahistoria, pertenece a la vez, por parte de padre a una familia jimenata muy conocida –Núñez y Gallardo- y por el lado de la madre, a una estirpe -Gómez y García- de la misma notoriedad, pero correspondiendo al municipio campogibraltareño de Los Barrios. Aunque bien pronto se viera forzada junto a su madre y hermano a tener que abandonar la Jimena que le vio nacer, en cambio no sucedió olvido alguno a lo largo del transcurso de su vida a su nexo originario, demostrado por el afecto y cariño a sus raíces, al pueblo donde vio la luz, que con creces siempre conservó. Es más, a pesar de su edad, al borde de cumplir nueve décadas, su espíritu juvenil sigue irradiando, también sus referencias al lugar de su nacimiento. En este sentido, puesta al día en las nuevas tecnologías de la comunicación e información, no es casual que esté presente en Twitter, al igual que en Facebook, cuya cuenta la mantiene abierta y activa desde hace once años, figurando, como nombre de usuaria: @jimenataonline.

Además, ese respeto y melancolía personal de Ángeles a su patria chica, ha sabido transmitirlos a los cuatro hijos que tuvo en Madrid en su matrimonio con quién ya nos dejó, Manuel Ariza Sánchez, abogado y funcionario civil en el ministerio de la Marina. Asimismo, a la par que estos descendientes deberán sentirse satisfechos de sus lugares de nacimientos y de donde acontecen sus vidas, los son de la misma manera de Jimena, al portar en sus genes esa impronta con marchamo de sus antepasados. Me estoy refiriendo a: Gely, profesora de enseñanza, exalcaldesa de Los Barrios y que en este momento que escribo lleva la presidencia de la Federación Andaluza de Asociaciones Solidarias con el Sáhara; Almudena, periodista de RTVE en calidad de corresponsal, hasta hace poco en París y ahora en Nueva York, con la que estamos tan familiarizada por los telediarios emitidos a las horas de las comidas; Nuria, también docente; y Manuel Ariza Núñez, trabajador social en el ayuntamiento de Madrid.

Solo me cabe, para concluir este prólogo, agradecer a Gely Ariza el esfuerzo de apretada y rica síntesis realizada sobre las conversaciones familiares transcurridas en el duro tiempo pandémico padecido, así como su remisión para ser publicada aquí. A la par, trasladarle a la familia mi enhorabuena por la lucidez y la memoria tan maravillosa que conserva la matriarca de la saga, Ángeles Núñez Gómez, sobre las evocaciones de lo que fue aquel pasado y que derrocha con tanta prodigiosidad, así como la veneración y cariño que sigue preservando hacia su pueblo de nacimiento y hacia su gente. Y a cuantos familiares han participados, honra también para Jimena, al haber provocado en su progenitora el surgimiento de estas historias que estoy seguro que los habitantes del pueblo y los que se alojan en la diáspora, como corresponde a una tierra de emigración y exilio, tan bien van a acogerlas, saboreándolas y aprendiendo de ellas, no perdiéndose un solo detalle, porque proporcionan, asimismo, la enjundia de contribuir a revelarnos, hoy en día, de dónde procedemos.

Ignacio Trillo

LA PROTAGONISTA DEL RELATO

Ángeles Núñez Gómez, la protagonista de estas vivencias. Archivo familiar.

Ángeles Núñez Gómez, relatora y protagonista de estas vivencias, nació en Jimena de la Frontera, el 15 de mayo de 1932. Lo hizo en el domicilio de sus padres, entonces calle 14 de Abril (actualmente calle Sevilla en su tramo del barrio arriba) número 68.

Era hija del jimenato José Núñez Gallardo, Pepe, venido al mundo, treinta y ocho años justo antes, el día veinticuatro de abril de 1894, comerciante del barrio arriba que pronto enviudó de Clara Piñero Quirós.

A la par, Ángeles era descendiente de la barreña, María Jesús Gómez García, nacida en Los Barrios el cuatro de octubre de 1911, diecisiete años menos que su marido Pepe, que procedente de su localidad había llegado a Jimena en 1929, contando con dieciocho años, para hacerse cargo de su centralita de teléfono que estaba situada en El Paseo.

Este empleo que cambiaría la vida de María Jesús fue gracias a la gestión que realizó su hermano, Salvador Gómez García, que era veterinario con plaza en Jimena, también nacido en Los Barrios el 6 de agosto de 1901, diez años mayor que la hermana, y que vivía con su mujer en el barrio abajo, en concreto en calle San Sebastián número 10, precisamente en la misma casa que, bastantes trienios más tarde, Juan Ignacio Trillo Huertas, titular del blog y comunicador de este relato, vio la luz. El barreño Salvador Gómez fue además una destacada personalidad republicana en la localidad a lo largo de la primera mitad de los años treinta, por lo que sufriría de lo suyo una vez que finalizó la guerra y prosiguieron las venganzas de los vencedores.

Se cuenta que siempre que alguien llega a un lugar, sea el que fuera, aprecia y saborea lo típico de allí. Es el caso de la Jimena de aquella época con respecto al agua para consumo humano procedente de la fuente del Regüé, y el piñonate, este dulce de miel tan extraordinario que se remonta a la época nazarí y que está compuesto de almendras, piñones y ajonjolí. Pues bien, el dicho proverbial en el pueblo es, que la persona forastera que beba esa agua y deguste dicho dulce, está predestinada a contraer matrimonio en la localidad. Y eso le sucedería a María Jesús Gómez cuando, a lo mejor debido a esa leyenda, acabó casándose el 21 de mayo de 1931 con el jimenato José Núñez Gallardo.

La fuente del Regüé a pie del río Hozgarganta y el dulce piñonate, típicos de Jimena de la Frontera. Fotocomposición del autor extraido de Retratos de Jimena, ediciones OBA y de la confitería de Milagros de la Estación de Jimena.

La hija de ese matrimonio, Ángeles Núñez Gómez, la protagonista de este relato, a punto de cumplir noventa años, dotada de una memoria envidiable, conserva bellos e históricos recuerdos de su primera vida en Jimena de la Frontera, correspondiendo a los momentos previos y al trascurrir de la guerra civil (1936-1939) Los detalles son difíciles de traer al presente, pero cuando brotan, como le sucede a ella, y con la perspectiva del tiempo transcurrido, conocemos el pasado mucho mejor. Es el meritorio esfuerzo que realiza en las conversaciones con su descendencia, en las que nos catapulta a cómo fue aquel ayer de Jimena y cómo lo vivió.

Su marcha de la localidad, acaecida en el año 1940 tras el fallecimiento de su padre José Núñez Gallardo, en unión de su hermano pequeño y de su madre, para asentarse en Algeciras, marcará toda su vida. De eso también deja constancia.

El árbol genealógico de la rama familiar paterna de Ángeles

Árbol genealógico Núñez y Gallardo. Del José Núñez Navarro que aparece en la fila inferior a la derecha, descenderá la protagonista de este reportaje, Ángeles Núñez Gómez. Fuente: María Victoria Guerrero Montero

Podemos remontarnos para comenzar el relato sobre la saga haciendo mención a los abuelos paternos de Ángeles: «Frasquito Núñez Gallardo, nacido en Jimena en mayo de 1861, lector empedernido de periódicos, y María Gallardo Benítez con su moño y su empaque», cuando los padres de María, Francisco Gallardo Marín y María Josefa Benítez, ambos siendo oriundos de Grazalema, llegaron a mediados del siglo XIX a Jimena de la Frontera y dispusieron de todos sus esfuerzos y ahorros para abrir un comercio.

Situación de la tienda paterna «El Globo»

La tienda se llamó «El Globo«. Estaba situada en número 68 de calle Sevilla, en su tramo del barrio arriba, llamada Sagasta bajo la monarquía de Alfonso XIII, 14 de abril en la Segunda República y Héroes de Toledo en el franquismo. Casi colindando se hallaba el bar de Vargas. La casa anterior, número 66, también era de la misma titularidad familiar.

Tienda "El Globo" de José Núñez Gallardo, entonces calle Sagasta número , que luego pasaría tras su fallecimiento a su hijo del primer matrimonio, Pedro Núñez Quirós. Dos casas más abajo, con el número 70 de la calle se halla el bar Vargas, que entonces estaba a nombre de Antonia Domínguez Cano, viuda, la madre de Manuel Vargas Domínguez que fue quien lo abrió. Foto: Googlemap

Cuesta abajo se hallaba la entonces ferretería de Felipe Gómez Holgado (nacido en 1888), en el número 82 de la misma calle y acera, haciendo esquina con la calle Calzada y antes el callejón Techado.

Callejón techado que comunica la calle Santa Ana con la calle Sevilla (antes llamada 14 de abril y con anterioridad Sagasta) perpendicular al fondo, más allá, justo enfrente, donde se observan la casa se halla el inicio de calle Llana.

Justo enfrente había una ermita casi derruida que se llamaba La Concepción, hoy plaza de Gibraltar.

El tramo de calle Sevilla, entonces, previo a la Segunda República llamada Sagasta, a mano izquierda se observa el muro con los restos de la que fue ermita de la Concepción y enfrente estaba situada la tienda "El Globo" de José Núñez Gallardo. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.
A mano derecha, la acera de la calle 14 de Abril (hoy calle Sevilla) donde se hallaba la tienda El Globo. Al fondo y encima del muro en ruina y oscurecida la Ermita de la Concepción. A la derecha, la calle La Loba. Foto: Leopoldo Moreno Barranco.

Y al otro lado del monumento religioso, se sitúa la calle La Loba, y a su Este, en perpendicular, la calle Llana.

Al fondo el inicio de la calle La Loba y a la derecha de la imagen, la calle Llana en cuya fachada se halla el vecindario. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

Descendientes de sus abuelos paternos

Los abuelos, Frasquito Núñez Gallardo y María Gallardo Benítez correspondiente a la rama paterna de Ángeles Núñez Gómez tuvieron tres hijos: Paco (nacido en 1893), Magdalena (en 1894) y José (en 1895) que fue su padre.

Añade de esos sus primeros recuerdos que conserva de su infancia, partiendo de los hermanos de su padre, que su tío Paco Núñez Gallardo, se dedicó a agente comercial. Ahora quizás ya no se estile, pero, puntualiza, antes a quien se llamara Paco automáticamente se le nombraba por Frasquito.

Frasquito Núñez Gallardo (heredó el mismo nombre y los mismos apellidos que el padre, abuelo de Ángeles), hermano de José y Magdalena, siempre acompañado con un libro y un periódico. Foto: Pascual Collado Saraiva.

Desde Jimena, Frasquito Núñez Gallardo, donde vivía justo antes de la guerra ya casado y con dos hijas, junto a su padre, del mismo nombre y apellidos, ya viudo, en la casa anterior a la tienda, número 66, se trasladó posteriormente a La Línea de la Concepción y cree su sobrina Ángeles que le fue muy bien con la venta de vinos. La mujer se llamaba Florentina Vegazo Vegazo, (nacida en 1895), Flores le llamaban. Tenía una hija, su prima María (nacida en 1919), que siguió con los negocios del padre, y otra que se llamaba Ángeles (del año 1932) que enfermó joven. Recuerda además haberla visitado en La Línea después de fallecer Frasquito.

En cuanto a la otra hermana, su tía Magdalena Núñez Gallardo, se casó, en el año 1919, con el doctor don José Montero Asenjo (nacido en 1892), que fue su padrino en el bautizo. Alumbraron seis hijos –Francisco (nacido en 1921, María Teresa (en 1922), Victoria (1923), Juan (1927), Carmen (1929) y José María (1933)- y conocieron las penurias propias de la guerra civil y otras peores. Tuvieron que aprender lo que fue tirar para adelante con muchos sacrificios en los momentos más difíciles de la posguerra, encima con una extensa descendencia y con el cabeza de familia en la cárcel. Durante los años en los que vivió Ángeles con sus progenitores en Jimena estuvieron muy unidos a esta rama familiar.

Año 1919. José Montero Asenjo, médico, contrajo matrimonio con la tía de la rama paterna de Ángeles, de nombre Magdalena Núñez Gallardo. Fuente: Victoria Guerrero Montero.

En lo que se refiere a su padre Pepe Núñez  Gallardo, que se llevaba diecisiete años con su madre María Jesús. Desde joven, según le contaron y después percibió que lo continuó siendo, fue meticuloso, trabajador, concienzudo, amante del orden y de innovar en los negocios. Tenía sentido del humor, pero no era chirigotero, tan típico y abundante en la Jimena de aquel tiempo cuando llegaban los carnavales, que por cierto luego Franco cuando se hizo manu militari con Jimena los prohibió. «Era buen conversador y no tenía hora para cerrar la misma tienda que con anterioridad habían creados y gestionados sus padres, Frasquito Núñez y María Gallardo Benítez, porque lo entendía así, como gajes del oficio».

Años 20. José Núñez Gallardo, comerciante y titular de la tienda "El Globo" que había heredado de sus padres, Frasquito Núñez y María Gallardo. Fuente: Ángeles Núñez Gómez.

Prosigue relatando igualmente la hija Ángeles sobre su padre Pepe Núñez: «Vestía siempre con su camisa con pajarita, sombrero sin que se doblara el ala, con la chaqueta entalladita bien planchada y ese pañuelo de algodón blanco asomando en el bolsillo de arriba a su izquierda. Todo este arreglo era para cualquier ocasión. Para ir así de formal no hacía falta una situación que presentara característica extraordinaria, sino que se trataba de su vestimenta normal ya que formaba parte de lo que consideraba buena presencia. Su espíritu de comercial a lo que estaba plenamente dedicado y su siempre aspecto de elegancia lo dominaban. ¡Cómo lloraba el día que se rompió el globo que colgaba en la fachada de la tienda por encima del escaparate y que en su momento pusieron mis abuelos! ¡Con lo serio que él era! Y cómo lo sintieron también los vecinos. Para mi él significaba mucho. Deseó tener un buen negocio y sí que lo consiguió y con creces, con constancia, imaginación, esfuerzo, atención…».

Su tía Magdalena casada con el doctor Montero

Primera mitad de la década de los años 30. El médico don José Montero Asenjo. Fuente: Fuente: Victoria Guerrero Montero.

Continuando con la alusión que efectuó con anterioridad Ángeles sobre el sufrimiento de su familia, con relación al doctor Montero, y por ende a su tía Magdalena y descendientes de este matrimonio, efectivamente, fue lo peor que sucedió en la saga. Tuvo lugar a partir de estallar la guerra de España, el 18 de julio de 1936. Antes, todo le iba yendo muy bien. El médico era quién más impuestos pagaba en Jimena, señal de los buenos ingresos que obtenía. Aparte del ejercicio sanitario, poseía enfrente de su casa, calle Sevilla 78 (entonces denominada, desde su inicio al final de El Paseo, hasta las cuatro esquinas del barrio arriba, Salvador Sediles, político y militar español que lideró la fallida sublevación de Jaca de diciembre de 1930 a favor de la República, junto con, Fermín Galán y Ángel García Hernández ambos fusilados), un cine y además una Academia de enseñanza con el farmacéutico, don José Sánchez de Medina y Ayala (originario de Ubrique donde nació en 1894), el otro médico, don Guillermo Ortega Durán (nacido en Montejaque en 1890), que era colindante a esa botica, y un poco más abajo, en la misma acera y antes de llegar a la casa de los Marina, con el abogado Luis Medina Tovar (nacido en la localidad en 1884), que también tenía su dinerito. Era para formar a jóvenes de cara a que hicieran Magisterio o carreras universitarias…

Primera mitad de los años 30. Los profesionales que crearon en los años treinta una academia particular donde impartían clases para preparar a sus alumnos para los exámenes de Bachiller, Magisterio o para el pre ingreso en la Universidad. Los médicos Guillermo Ortega Durán y José Montero Asenjo. El farmacéutico José Sánchez de Medina y Ayala y el abogado Luis Medina Tovar.

Pues bien, todo lo anterior se fue a pique cuando irrumpió la guerra.

Resultó un desastre lo que hicieron los soldados regulares –en el pueblo les llamaban “los moros de Franco”- cuando los militares entraron en Jimena a bombazos y la ocuparon. Fue la mañana del día 28 de septiembre de 1936. Arrasaron con todo lo que había en el domicilio familiar de su tía Magdalena. «¡Tan linda vivienda! ¡Con esa rica y espléndida biblioteca que había dispuesto su marido…! Tenían de todo. Como era consulta médica con los aparatos más modernos de la época, como Rayos X, y fue muy triste cuando más tarde al regresar la familia de Málaga, a principios de febrero de 1937, no pudieron entrar a su casa porque se la encontraron con todo destrozado».

Dos meses después de que se iniciara la guerra, al igual que sucedió con más de la mitad de los vecinos del pueblo, ante la proximidad de las tropas militares que venían de Algeciras para atacar y hacerse con Jimena que había seguido leal a la II República, la familia Montero huyó subida a caballo y en mulos, campo a través, primero se quedaron en Casares y al día siguiente en Estepona. Poco tiempo después, conforme avanzaban los “nacionales”, marcharon a las inmediaciones de Málaga, tal y como lo dejó escrito en un libro la hija del matrimonio María Teresa, así como en la biografía sobre el otro médico de la localidad, Guillermo Ortega Durán, escrito por su hijo Alfredo. Fue una ausencia de Jimena por parte de este matrimonio con sus hijos de no mucho tiempo, unos cuatro meses. Se volvieron para Jimena, también por la costa, una vez que Málaga cayó en manos de Franco, aunque la mayoría eran italianos y magrebíes, y ahí fue cuando de regreso, a la altura de Estepona, detuvieron al médico.

«Él no tenía conciencia de que pudiera suceder. Retornaba al pueblo porque no comprendía que tuviera que seguir huyendo con su familia, esposa e hijos pequeños. Nunca había hecho nada malo, todo lo contrario. ¡Con la de cosas buenas que había realizado en el pueblo! Confiaba cuando lo apresaron que sería producto de un error porque solo por haber defendido las ideas republicanas no podía entender que alguien pudiera ser perseguido, motivo por el que igualmente no le había visto sentido continuar huyendo», manifiesta Ángeles, como hicieron tantos jimenatos que prosiguieron en dirección a Almería y sufrir por ello «La Desbandá». Seguro que sus amigos republicanos de Jimena le dirían que no retornara todavía, que le avisarían para que no se presentase tan pronto, pero no hizo caso, o se confió con lo que los militares sublevados de Queipo de Llano habían dicho en Málaga con que podían regresar a sus pueblos todos los que habían huidos porque no les pasaría nada si no tenían las manos manchadas de sangre. El caso fue que en el camino de vuelta quedó hecho preso a la altura de Estepona.

Así que fueron en los comienzos de la guerra civil cuando un roto total se abrió en la vida de la familia Núñez Gallardo. El padre de Ángeles, Pepe Núñez, habilitó la casa que disponía junto al inmueble que acogía la tienda y su domicilio familiar para que allí se quedara su hermana Magdalena con los niños mientras su marido era encerrado en una cárcel de Algeciras. Un drama más que Pepe Núñez con sus medios intentó suavizar la situación cuando la vida le cambió a la familia de su hermana y a la de todo el pueblo por culpa de esa maldita y cruenta guerra.

La madre, María Jesús Gómez García, y su rama familiar materna

05.11.1930. Foto de María Jesús Gómez García, dirigida a su madre.

María Jesús, la madre que tendría a Ángeles, había hecho acto de presencia en Jimena por primera vez cuando consiguió un agraciado trabajo. Para entonces, el comercio de Pepe Núñez disponía de teléfono, que no era algo habitual, de los que se sujetaban a la pared. La centralita de Jimena se había inaugurado el año 1927. Asimismo, el tendero tenía en el pueblo a un gran amigo, veterinario, nacido en Los Barrios que trabajaba y residía en Jimena en el barrio abajo, como se ha dicho en la calle San Sebastián.  

Salvador Gómez García, natural de Los Barrios que en su condición de veterinario obtuvo plaza en Jimena viviendo con su mujer Carmen Romero Macías, nacida en el municipio de Arriate en 1899, y sus hijos, Juana nacida en 1931 e Isidro en 1935. Habitaban en calle San Sebastián número 10. Fue el responsable de traerse a su hermana María Jesús desde Los Barrios a Jimena para hacerse cargo de la centralita de teléfono y con ellos cambiar su vida. Salvador en su ideología liberal fue un comprometido republicano y miembro de la masonería local. Sufriría tras la guerra varios procesamientos judiciales por los militares victoriosos que le llevarían a la cárcel, a la separación del ejercicio de su profesión y al confinamiento fuera de los límites de Jimena y de los Barrios. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

Su nombre era Salvador Gómez García, de Los Barrios donde nació en 1901. Fue masón, intelectual, hombre muy culto, comprometido con el republicanismo. Militó en el partido de centro y liberal, Unión Republicana, que lideraba a nivel nacional Diego Martínez Barrio (1883, Sevilla-1962, París) que a su vez era el gran maestro de la masonería del Gran Oriente Español. Compartía amistades y logia masónica en Jimena, Fénix 66, con el Dr. Montero y el otro médico Don Guillermo Ortega Durán.

Salvador, hermano de la madre de Ángeles, María Jesús, se enteró que hacía falta quién llevara adelante la centralita telefónica de Jimena. Inmediatamente pensó en acercar a su familia al pueblo a través de su hermana, gracias al trabajo en el teléfono. Era una manera estupenda de beneficiar tanto a su madre y hermanas como a la propia María Jesús. Otra hermana mayor, Ana, ya se había ido a trabajar a Melilla con una familia como institutriz.

Con edad suficiente, ya que nació en 1911, María Jesús que luego sería la madre de Ángeles, «estaba deseando tener un oficio porque había hecho sus pinitos en la enseñanza acompañando a sus hermanos Isidro y Jesús en Los Barrios en los pueblos a los que fueron destinados y deseaba seguir trabajando fuera de la casa para ser autosuficiente, pero no quería continuar siendo ayudante de maestro, aunque lo hacía bien y hubiera podido proseguir. Quería continuar con algo distinto y ser independiente económicamente por significar una mejora para su familia numerosa».

Lugar junto a El Paseo donde estuvo la primera centralita de teléfono que fue inaugurado en 1927 y donde María Jesús Gómez García, madre de Ángeles, comenzó a trabajar dos años después. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

Llamó Salvador Gómez, desde Jimena a los Barrios, para avisar a María Jesús de la posibilidad de ocuparse de la centralita de teléfono y encantada aceptó. Así fue como siendo muy joven se convirtió en telefonista de las de las clavijas e información permanente. Al parecer vino a sustituir a una tal Florencia o Flores o quizá esta señorita jimenata viniera más tarde para sustituirla.

La centralita de teléfono de Jimena de la Frontera fue inaugurada el año 1927. En 1929 estando sin cubrir la plaza, el veterinario del pueblo, Salvador Gómez García, oriundo de Los Barrios, requirió a su hermana María Jesús que reuniendo los requisitos aspirara a llevarla, hecho que así sucedió. Para entonces la centralita estaba instalada en El Paseo entre el inmueble que fue tras la guerra la tienda de Manolo Castilla y el bar Vecina, hoy habita el matrimonio constituido por Lupe Quirós Sánchez de Medina y Víctor Barranco Vázquez. Ya pasado un tiempo, pasó a la acera de enfrente donde es más recordada. Fuente: Telefónica.
LA GRAN CONTRADICCIÓN DE UNA DRAMÁTICA HISTORIA. Año 1940. En la foto, el segundo por la izquierda, Paco Montero Núñez, hijo mayor del matrimonio del pueblo de Jimena entre el médico don José Montero Asenjo y Magdalena Núñez Gallardo. Le acompaña un compañero pagador, en la tarea de abonar periódicamente, con el dinero líquido que portan en los serones de telas que cuelgan de los lomos del ganado caballar que montan, las nóminas de los trabajadores de las distintas fincas de las colonias agrícolas de San Pablo de Buceite y San Martín del Tesorillo, cuya titularidad venía siendo desde el otoño de 1930 el banquero y contrabandista mallorquín, Juan March Ordinas, con anterioridad los Larios, siendo escotados por la Guardia Civil ante el temor de que “los hombres de la sierra” los asaltaran para robarles el dinero. Mientras, su padre, el médico don José Montero Asenjo, que había sido contratado antes del inicio del golpe de Estado de 1936 por el propio Juan March Ordines, como facultativo de los trabajadores de estas colonias, se hallaba saliendo de la cárcel del Puerto de Santa María, tras cumplir condena por haber sido republicano y auxiliar a milicianos. Estaba en puertas de ser nuevamente condenado, esta segunda vez por masón, para acabar en la cárcel de Burgos. A la vez, Juan March Ordines, había sido quién contribuyó económicamente de forma decisiva a la sublevación militar contra el ordenamiento constitucional republicano. Asimismo, fue quién mediante su administrador en Tesorillo, Raimundo Burguera Verdera, contrató al joven Paco Montero Núñez en tareas administrativas en sus propiedades agrícolas ante la penuria que sufría la familia Montero por no recibir los ingresos correspondientes al ejercicio profesional del padre al encontrarse en prisión. De igual forma, las influencias de Juan March Ordines habían servidos para salvar al doctor Montero de la pena de muerte a que se le quería condenar, siendo sustituida por largos años de cárcel. Fuente: “Memoria de una cigüeña” de María Teresa Montero Núñez, hija del doctor Montero.
La empresa Uralita que adquirió Juan March en 1943 y que a la salida de la cárcel del doctor Montero en 1947 fue su representante comercial en Jimena, una vez que la condena conllevaba aparejado la separación del ejercicio de la Medicina pública. Con su familia arruinada, montó un depósito de material de uralita para su venta en calle Sevilla, casi enfrente de la casa de los Marina. El bueno de don José Montero murió en agosto de 1967 de pleura pulmonar que fue achacable a su estancia en la fría cárcel de Burgos y no al amianto de la uralita cuando aún no se conocían los efectos irreversibles que causaban, sobre todo, en las vías respiratorias. Fuente: Sinnombre.info.es

María Jesús, la telefonista, tenía once hermanos. Ya ha hablado Ángeles con anterioridad de algunos de ellos: Isidro, Salvador, el veterinario, Jesús o Ana, y prosigue: «Todos los varones eran universitarios y ser aceptada en la Telefónica lo consideró su gran carrera. Además de sueldo mensual garantizado por importe de cincuenta duros, tenía derecho a una casa, con luz y agua, situado en el Paseo, muy cerca de la calle San Sebastián donde vivía su hermano Salvador. Recién llegada en el año 1929, tan joven y espabilada, nada más incorporarse reconocía todas las llamadas que se producían entre los titulares de números de teléfonos. Se le valoraba en su trabajo, derrochaba simpatía y tenía muy buenos golpes de humor.

Comerciantes, ayuntamiento, cuartel de la Guardia Civil y el de los Carabineros, médicos y personajes relacionados con el estraperlo y los préstamos, como los tratantes de las ventas de ganado, eran los habituales y los que utilizaban el servicio de la telefonía. Eso sí que era un lujo. Los aparatos estaban unidos a la central por un hilo. El abonado que quería hablar daba a la manivela, en la centralita sonaba y desde allí le conectaban con quien quisiera hablar. A continuación, la telefonista ya desconectaba. Se sabía todo de memoria: los nombres de los abonados, las horas en las que conectaban, los números o cómo avisarles.

Las llamadas por teléfono del que llegó a ser mi padre, José Núñez Gallardo, se fueron haciendo cada vez más frecuentes, no solo para que le conectara a través de la centralita con otro teléfono sino también para conversar respetuosamente con ella. Y así fue, como sin verse sino con escucharse, se enamoraron».

Clara Piñero Quirós, la primera esposa que tuvo José Núñez Gallardo y que falleció dando a luz a su cuarto descendiente que resultó malogrado. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

Para entonces, José Núñez Gallardo había enviudado de Clara Piñero Quirós, fallecida en su cuarto parto donde se malogró la descendencia. Hija de una familia muy bien situada en Jimena, alta y guapa, y con quien había tenido tres hijos: Paco (nacido en 1920) Pedro (en 1921) y María Núñez Piñero (en 1923).

María, Pedro y Paco Núñez Piñero, los tres hijos que tuvo el primer matrimonio entre José Núñez Gallardo y Clara Piñero Quirós. Fuente: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

«Ni la edad ni la situación familiar ni estar al principio o al final del pueblo fue un obstáculo en la relación que muy pronto dejaron de ocultar. En el año 31 para poder casarse mi madre, con veintidós años, tuvo que dejar su puesto de telefonista. Así eran las normas de la época en esta compañía. La tienda estaba en una punta de la localidad y la centralita en la otra. La distancia que tenían de una calle se acortó para siempre desde el momento en que se casaron».

Mayo de 1931. La historia de amor entre la telefonista, María Jesús Gómez García y el comerciante del mejor establecimiento entonces en Jimena, José Núñez Gallardo. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

La boda se celebró el 21 de mayo del 1931 a un mes de que hubiera llegado la República sin que este acontecimiento tuviera nada que ver con las nupcias. «En el mes de septiembre de ese año se hicieron una foto preciosa con una dedicatoria muy cariñosa firmada por los novios como sus hijos a mamá Juana, mi abuela paterna. Procedieron en el sencillo acto como testigos el Dr. Montero y el Dr. Santos Sánchez que era médico en Los Barrios, cuñado, casado o en vísperas de contraer matrimonio con otra hermana de mi madre, Luisa». El Dr. Santos tras la guerra sería condenado a muerte por un consejo de guerra de los militares de Franco al haber permanecido leal a la República mientras se hallaba encarcelado en el Penal de Ocaña, aunque luego se le conmutó la ejecución sustituyéndosela por años de prisión.

Cuando ese casamiento, se estaba a cinco años del inicio de la guerra y nadie se podía imaginar en el pueblo que esa barbaridad sucedería un día. «Eran inmensamente felices. Siempre supe lo que se querían. La imagen viva de la prosperidad».

(Continúa en esta 2ª parte: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2022/03/01/erase-una-vez-en-jimena-y-no-es-cuento-conversaciones-en-tiempo-de-pandemia-2a-parte-01-03-2022/)

OTRAS ENTREVISTA REALIZADAS A NONAGENARIOS JIMENATOS

ENTREVISTA DE MÓNICA ONCALA GIL A JUAN GIL PLATA (11.05.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/05/10/entrevista-de-monica-oncala-gil-a-juan-gil-plata/

FRANCISCA, POETA EN LA INTIMIDAD QUE QUISO SER PERIODISTA. ENTREVISTA REALIZADA POR IGNACIO TRILLO (26.04.2021): https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/04/26/francisca-poeta-en-la-intimidad-que-quiso-ser-periodista/

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