Érase una vez en Jimena y no es cuento. Conversaciones en tiempo de pandemia (2ª parte) (01.03.2022)

Posted on marzo 1, 2022

0


INTRODUCCIÓN

Ignacio Trillo

Por diversos motivos (los últimos toques al libro que he publicado «La herida de Leopoldo de Luis en el paraíso del Sur», la necrológica sobre aspectos biográficos de Moncho Regueira, diversos avatares analizados de la actual y trepidante actualidad política…) se ha venido posponiendo la continuidad a lo que comenzó como primer capítulo a finales del pasado mes de noviembre (https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/11/23/erase-una-vez-en-jimena-y-no-es-cuento/)

Se retoma pues proseguir con la biografía de Ángeles Núñez Gómez que se enmarca dentro la serie de entrevistas a nonagenari@s nacidos en Jimena de la Frontera con el objetivo de que nos transmitan los pormenores de sus vidas de cara a que no queden en el olvido, y sobre todo para el conocimiento de las presentes y futuras generaciones. En estas narrativas se van recorriendo principalmente las etapas de infancia y de juventud que atravesaron, correspondientes a una época de enorme convulsión en la historia de nuestro país. Testimonios que son fundamentales para cubrir el vacío que en parte dejó la pérdida de la cuantiosa documentación que fue destruida, a la vez que es otra fuente que complementa, como contraste, a los archivos contaminados por los informes y oficios de los vencedores de la mal llamada Guerra Civil. También sirve para recuperar el imaginario colectivo de aquel tiempo, frente al empeño que se tomó la dictadura de Franco para borrarlo, empleando para ello la censura, la represión, sembrando el pavor y el miedo, implantando el silencio y el apagón de información sobre cuanto fue sucediendo, anulando la transmisión oral («de esas cosas no se hablan») para propiciar la ignorancia como si aquel tiempo histórico no hubiera existido.

Recuerdo que este relato de Ángeles Núñez Gómez, que como se seguirá comprobando goza de una memoria privilegiada, acontece en el periodo del confinamiento más duro sufrido por mor de la inédita pandemia que nos viene asolando, donde una madre ha ido contando, a sus hijos y nietos, a través de la remisión de fotos e imágenes del pretérito conservadas como oro en paño: de dónde proceden, la genealogía de la estirpe familiar, las vidas de sus diversos antepasados, así como el transcurso de la cotidianidad que acaecía en su lugar de nacimiento, Jimena de la Frontera.

Toda esta historia es relatada por Ángeles Núñez Gómez, nacida en el año 1932, descendiente una joven madre, María Jesús, que había llegado a Jimena de la Frontera en 1929 procedente de Los Barrios para hacerse cargo de la centralita de teléfono, y un padre, viudo con tres hijos, comerciante boyante de la localidad. Todo ello encuadrado en una coyuntura política compleja, de agitación y cambio de estructuras obsoletas y mentalidades procedentes del ancestro, en una sociedad local presididas por una economía basada en el sector primario y con unas bajísimas tasas de alfabetización con carencias de infraestructuras formativas y culturales de toda índole. Asimismo, con enormes expectativas de progreso y bienestar social a implantarse truncadas por la ruptura de la pacífica convivencia, hasta entonces reinante, ante un golpe de Estado que al resultar fallido va a desencadenar por sus protagonistas una guerra interna con decisiva intervención extranjera que rompe familias enteras y expulsa a una parte de los habitantes hacia otras latitudes.

El formato de este segundo capítulo, se presenta de forma diferente al anterior. Aquí prima la entrevista de la hija a la madre y el que figuró como relator, el autor del blog, se sumerge para supervisar que cuanto se expresa es correcto con la historia de la localidad y para reaparecer en los pies de las fotos e imágenes para su contextualización.

Paso por tanto a las preguntas de Gely Ariza Núñez (G.A.) a su madre Ángeles Núñez (A.N.) sobre todo el torrente de información que fue derrochando sobre sus orígenes y aconteceres a lo largo y ancho de su dilatada vida

G.A.: Si sacas la caja de fotos ¿tienes alguna más en la que desees fijarte en estos momentos?

A. N.: Desde luego, cuando nací. En la que tenía tres días cuando me hicieron mi primera foto.

18 de mayo de 1932. La primera foto que le hicieron a Ángeles Núñez Gómez a tres días de su venida al mundo. Foto: Ángeles Reyes Gómez.

Contaba mi madre que el fotógrafo era uno que pasaba por la calle, de esos que le decían de al minuto por la rapidez en hacer las fotos. Nací pesando 6 kgs. el domingo 15 de mayo de 1932 en Jimena de la Frontera con todos los primores de la época, con una melena linda y la foto fue tomada el miércoles día 18.

El nacimiento en fecha como el lugar siempre es causal. No obstante no es un día cualquiera en que ocurre esta venida al mundo. Justo el día de San Isidro el labrador, patrón de Los Barrios, la localidad natal de la rama familiar materna. Ello lleva a que su abuelo paterno lo porte, el hermano de su madre, su hermano que nacerá el año siguiente, 1933, así como el varón del veterinario Salvador con el descendiente que tendría en 1935. También acontece como primer día de la feria anual del ganado de Jimena que venía celebrándose desde el ancestro, a la par que sucedía en la localidad barreña donde además se lidiaban por aficionados una corrida de novillos.

Nací sana y sin problema de salud. No tardaron en decidir que mi nombre sería Ángeles como el monasterio que se encuentra a los pies del pueblo y que con tanto cariño recuerdo. Le he pedido a mi nieto que me lleve cuando vaya a Los Barrios, después de tanto tiempo. En otra foto, a los varios meses, aparezco en una butaca de mimbre, de las que teníamos en muchas casas; con mi camisita de batista, un sonajero con una campanilla y no me falta un precioso chupete. Sé que mis padres estaban dichosos. ¡Menudo verano del 32!

Conservo también otra foto del año 34 con alfombra y macetas. Tengo puestas unas merceditas que se consideraban zapatos formales o de vestir como para un retrato.

Año 1934. Ángeles Núñez Gómez con dos años en el patio de la casa familiar donde estaba la tienda El Globo de su padre. Foto: Ángeles Reyes Gómez.

Mi hermano de padre, Pedro, un año por Reyes, encargó a un carpintero que me hiciera una casa de muñecas preciosa con todo lujo de detalles; la cocinita completa, con gloria bendita para mí y fue una de las cosas que, posteriormente, cuando tuvimos que abandonar Jimena, pude llevarme a Algeciras. Que no parezca que con los mimos y cuidados solo jugaba porque no es así. En cuanto tuve la edad escolar no dejaban que un solo día faltase a clase. Recuerdo a maestras que imagino que todas fueron muy reconocidas en Jimena.

Las maestras de Jimena, doña Pura Terrones Villanueva, doña Julia Pérez-Navarro Boza y doña Carmen García Ruiz de la Torre. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

No olvido a la maestra doña Pura aunque de forma vaga y más presente, en la misma calle Sevilla, a doña Carmen que estaba casada con un militar y a doña Julia hija de Jacinta que tenia una tienda y que luego con los años coincidimos en la calle General Castaños, en Algeciras.

Jacinta Boza del Pino (nacida en 1889) y su marido José Pérez-Navarro Medina (vino al mundo en 1883) que llegó a ser el los comicios municipales que hubo el 31 de mayo de 1931, anuladas las del 12 de abril por pucherazo, el concejal electo republicano en el Ayuntamiento que más votos obtuvo. El matrimonio tenía una tienda, justo pasada las cuatro esquinas del barrio arriba, calle 14 de abril número 6, después de la farmacia de Diego Pitalúa Infantes (nacido en 1879 en Estepona) que a los cuatro meses de la ocupación de Jimena por los franquistas fue fusilado, contando con 58 años, junto a sus hijos: José con 27 años y Francisco con 24; los tres por militar en partidos republicanas. Jacinta Boza del Pino, enviudó en enero de 1941 por un cáncer de su marido José Pérez-Navarro Medina, pero continuó con la tienda abierta hasta su fallecimiento en 1976 contando con 87 años. Tenía una vivienda en Algeciras en la calle General Castaños donde vivía su hija llamada también Jacinta con su marido, un catalán, Pedro Esparrach Roca que estuvo en el campo de prisioneros republicanos de San Pablo de Buceite para trabajos forzosos al objeto de redimir pena carcelaria. Periódicamente, Jacinta iba a Algeciras, bien por motivos médicos o para ver a su hija. Fotos: Familia Pérez-Navarro.

No tengo muchos más recuerdos de la escuela pero sí de más juegos en casa.

De esa época me viene a la memoria lo que me contaba mi madre de un día que alguien en la tienda oía una respiración bastante desagradable y molesta y no sabía qué era:

Núñez ¿qué es ese ruido?
—Es mi hija Angelita, la pequeña.

— ¡Ay, pues esa niña se te va a desgraciar, Núñez!

No todos los niños contaban con la posibilidad económica desahogada que teníamos en casa. Me llevaron a Cádiz donde vivían mi abuela y mi tía Salva, hermana de mi madre, a un especialista. El diagnóstico fue bueno y es que como era tan chata no calentaba el aire lo suficiente para llegarme sin frialdad a los bronquios. Me tuvieron envuelta en algodones calientes durante un tiempo, no sé si me dieron algún medicamento más, aunque eso fue especialmente lo que me curó. Igual que cuando nací con seis kilos, si no tengo al muy respetado doctor Montero al lado, hubiera sido mucho peor. Considero que fui una niña con mucha suerte naciendo en la familia que nací. Fui muy querida y la situación económica la he ido valorando con los años. La nariz fue creciendo como correspondía. Comía de maravilla mis papillas de harina con leche y azúcar. La harina se mandaba a tostar al horno de pan. No nos faltaba la cucharadita de aceite de hígado de bacalao como purgante. El agua nos la traían a diario en esos cantaros que llevaba el mulo. Era muy comilona.

Juan Mostazo Mateo, "El Pelota", uno de los vecinos que repartían agua potable procedente de las fuentes, bien del Regüé o de Gamero, con su mulo por los distintos domicilios jimenatos. El mote le viene por parte de madre. Este Juan Mostazo teniendo 20 años estuvo como voluntario republicano en el Batallón cenetista de Fermín Salvochea que se constituyó en Estepona en octubre de 1936. Participó en la batalla de Pozoblanco donde murió su primo Sebastián Mariscal Macías y luego en la batalla de Teruel. Finalmente fue detenido en Valencia al serles imposible huir en barco al exilio. Fueron encerrados en la plaza de toros y el día anterior que iban a ser fusilados se fugaron del coso taurino, junto a los otros jimenatos, Fernando Navarro Ferrer "Cain" o "Luque" y Frasquito Meléndez Sanjuán "El Lolo", el carnicero del matadero de Jimena.

Mi abuela materna, mamá Juana, como la llamaban todos, la más querida por sus hermanos y por el conjunto de la familia. Era bondadosa y muy cariñosa. Vivía en Cádiz y mi madre quería siempre verla. Esta visita al médico sería un motivo importante para viajar. Junto a mi padre todos los veranos nos íbamos allí de visita. Los varones habían tenido que estudiar y las niñas que prepararse aunque de otra manera. Manuela y Juana (mi abuela) estuvieron internas en el Beaterio en Alcalá de los Gazules. Aprendieron música, a bordar y lo que en ese momento se consideraba necesario. Mis primeros baños me los di junto a ellos en la gaditana playa de la Victoria. Eso no quise olvidarlo nunca. De algunos momentos tengo fotos y de otros me quedo con los recuerdos.

Hacerse fotos antes no es como ahora ni mucho menos. Era algo extraordinario. No recuerdo cómo sería la cámara pero había que esperar un ratito. Todo era muy teatral. Yo las conservo con muchísimo cariño. Un día me sacaron de paseo; entraron en un estudio fotográfico, en Cádiz capital, y me hicieron una foto estupenda. El estudio fotográfico se llamaba El Pensamiento. Así de bonito aparece en el retrato. Dijeron que estaba vestida de valenciana. Yo creo que no tiene nada que ver con el traje valenciano pero bueno, no resultó mal.

Ángeles Núñez Gómez en la imagen de niña, titular asimismo de la foto.

G.A.: Al poco de tu nacimiento nació tu hermano Isidro

A. N.: Nos llevábamos trece meses porque él nació el 13 de junio de 1933. Era un niño precioso, buenísimo y compañero mío también de juegos. Yo creo que sus amigos eran hermanos de mis amigas. Se me viene a la mente siempre bondadoso, portándose bien. Siempre he dicho que más tranquilo que yo. Tengo una foto con mi hermano y unos canarios. Se puede ver lo arreglados que nos pusieron para el retrato que me encanta y ver a mi hermano tan bien peinado y yo con la marca de la casa que era mi lazo para recoger los tirabuzones.

Ángeles e Isidro Núñez Gómez. Foto: Ángeles Núñez Gómez.

Bueno, no os he hablado del nombre de mi hermano porque a veces creo que hay cosas que las sabéis todos. Se llamaba Isidro. Se lo puso mi madre por su padre barreño, que era un trabajador del campo, el que llevaba adelante todo el cortijo de la bisabuela y que estuvo en la guerra de Cuba.

Se crio siendo un niño sano, precioso y queriéndolo muchísimo todo el mundo; sobre todo mi madre y creo que para ella era muy especial. Era más tranquilo que yo. A la casa venían las hermanas más pequeñas de mi madre a ayudar y a pasar temporadas desde Los Barrios. La que se dedicaba más a él era la tía Teresa y a mí me cuidaba la tía Chana. Mi madre estaba contenta de que sus hijos fuesen tan queridos por sus hermanas. Siempre había familia en casa. Estábamos muy unidos.

G.A.: En los documentos de la época que constan en el ayuntamiento aparece que el negocio que regentaba tu padre era de ferretería

A. N.: Deja que te cuente. Esa era la máxima tasa de comercio y eso le permitía vender de todo menos comestibles que era lo que mi padre no quería vender. Él siempre decía que había que pagar el impuesto que fuera para no tener problemas y vivir tranquilo. Fíjate después todo lo que se reventó y los problemas que vivieron pero antes de la guerra era así. Si era formal no cabían problemas y se podía vivir con tranquilidad. Todos los días aparecía por la espléndida tienda alguien para hacer una reparación, una pequeña obra que mantuviera el negocio como el mejor de todo Jimena, en la calle Sevilla, que es el nombre de la calle por el que la recuerdo aunque ha tenido varios nombres. Podías encontrar desde munición y explosivos para la cacería hasta tabaco, ropa, muebles, perfumes… En el sello de correspondencia que guardo de la tarjeta a la familia de Cádiz aparece: Tejidos, ferretería y paquetería José Núñez Gallardo, calle Sagasta, número 68. 

Por el mostrador podían pasar todos los vecinos, mayoritariamente mujeres. La revista que se vendía era Vogue con unas fotos que ocupaban toda la portada con mujeres elegantes y atrevidas, con sombreros y peinados extraordinarios.

Siempre había personal dentro o fuera de la tienda. Mi padre decía que no había cosa pequeña para tener en el establecimiento porque quien venía a por una caja de cerillas que le decíamos mistos o por papel de fumar, veía y preguntaba por cualquier otro producto después. La gente antes no era tan decidida para entrar a consultar sin encargar o comprar algo en los comercios como ahora. Así, de esta manera, se llegaba a la tienda y a veces, como un gancho se pasaba a la compra mayor. Por eso, se daba un chorreo de gente y esta forma era una manera de tener vivo el negocio pero en el interior del comercio. No era necesario ya sacar los productos fuera sino que una manera de atender al cliente era que lucieran dentro y distribuidos en apartados ordenados con poca opción para regatear sino mantener su precio. Es verdad que había mucho bien guardado y que en muchas ocasiones el precio se decidía sobre la marcha. Desde la menudencia para llegar a lo más grande. Había que tener cordones si querías luego vender zapatos o alpargatas que el cliente vendría a probarse o al revés. Ya imagino que habría grandes almacenes, por entonces, en las capitales pero verdaderamente mantener ese modelo de tienda tan atractivo en Jimena fue algo muy extraordinario.

Las alpargatas, el calzado por excelencia que más se vendía en aquel entonces entre una población como la jimenata eminentemente jornalera.

Según se entraba en la tienda lo primero que se encontraba era el tabaco junto a todo lo que conlleva el estanco desde sellos a petacas de cuero para el tabaco de liar. Creo que a mi madre por su trabajo de telefonista le habían concedido la posibilidad de estanco pero se la cedió a su marido para el negocio ya que ella no llegó a ponerlo en marcha. A continuación, recuerdo una estantería de cristal que se dedicaba a la venta en exclusiva del explosivo y de frente, las muestras de tejido que era lo más demandado. Tú entrabas en la tienda y podías hacerte a la idea de todo lo que había hasta el mostrador, una tabla que se levantaba y bajaba y desde donde mi padre o mi hermano atendían. Había una puerta de forja para acceder al escaparate. Fíjate que no recuerdo marcas de colonias o perfumes pero sí la de la pastilla de jabón de color verde Heno de Pravia, su envoltorio amarillo y sus envases que me servían para guardar mis cromos con tan buen olor.

Las cajas de tabaco o de loza de la Cartuja se acumulaban en el almacén para su venta. Las últimas piezas de la Cartuja que recuerdo que se trajeron fueron orinales o lo que se conocía como escupideras que tenían un ojo pintado junto a las palabras “Te veo”. Esto fue un éxito de venta. Todo el mundo a por su orinal que se colocaba debajo de la cama para de noche no ir a los patios ya que los aseos y las cañerías brillaban por su ausencia en la mayoría de las casas.

G.A.: Recuerdas a la clientela asidua de la tienda

A. N.: Algunos vecinos sí eran fijos en sus visitas y otros más esporádicos. Lo mismo llegaba

Pedro Godino Gavilán, "Perico Pichán", aunque fuera soltero toda la vida, siempre tan mujeriego, les gustaban "las magallonas entetás", era uno de los asiduos de la tienda como mirón y a ver si caía algún cigarrillo. Foto: Juan Ignacio Trillo.

Perico Pichán, el piconero encantado con las hermanas de mi madre o Mariquilla, que recuerdo bien que hablaba un poco gangosa, para hacer algún mandado o una vecina con su hija a reservar las piezas para el ajuar ante su boda o el estreñido a por las bolas de plomo con las que podría creo matar a un ciervo y que con agua, allí mismo se las tomaba porque servían de laxante o el del bar a por el cuarterón de tabaco. Tantas y tantas situaciones que hicieron del lugar que fuera peculiar. Era como un Corte Inglés pero en Jimena en los años treinta.

Bar Vargas: Sebastián Jiménez Gómez, Juan Mena Herrera, Máximo Mateo Coloma, Manuel Vargas Domínguez, desconocido y Juan Vargas Pino, el hijo del dueño Manuel Vargas Domínguez. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

Justo al lado, estaba el bar de Vargas muy frecuentado también porque siempre acudían los tratantes a vender y comprar ganado y sí que mi padre algunas veces iba a tomar un cafelito. Era una clientela fija, habitual. Se compraba y vendía igual que en Algeciras veía yo, años después, que ocurría en el bar junto a Correos.

(Continúa en esta 3ª parte: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2022/03/10/erase-una-vez-en-jimena-y-no-es-cuento-conversaciones-en-tiempo-de-pandemia-3a-parte-10-03-2021/)

ENTRADA RELACIONADA

Érase una vez en Jimena y no es cuento. Conversaciones en tiempo de pandemia (1ª parte) (23.11.2021): https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/11/23/erase-una-vez-en-jimena-y-no-es-cuento/

OTRAS ENTREVISTA REALIZADAS A NONAGENARIOS JIMENATOS

ENTREVISTA DE MÓNICA ONCALA GIL A JUAN GIL PLATA (11.05.2021):  https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/05/10/entrevista-de-monica-oncala-gil-a-juan-gil-plata/

FRANCISCA, POETA EN LA INTIMIDAD QUE QUISO SER PERIODISTA. ENTREVISTA REALIZADA POR IGNACIO TRILLO (26.04.2021): https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/04/26/francisca-poeta-en-la-intimidad-que-quiso-ser-periodista/

Posted in: Solo Blog