¿REPLIEGUE O DESERCIÓN, DOCTOR NÚÑEZ? (y III) (28.09.2021)

Posted on septiembre 27, 2021

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Introducción

Ignacio Trillo

En los dos capítulos anteriores (https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/09/06/repliegue-o-desercion-doctor-nunez-i-06-09-2021/ y https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/09/19/repliegue-o-desercion-doctor-nunez-y-ii/) se ha venido repasando lo publicado por el doctor en Historia, señor Núñez, coronel del Cuerpo de la Guardia Civil, en relación con los episodios que se sucedieron en el municipio de Jimena de la Frontera y aledaños sobre el comportamiento de los guardias civiles allí destinados en relación con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y, ante su fracaso, con la consiguiente declaración de guerra por los sublevados.

En este tercero se va a proseguir en la misma línea argumental de contrastar lo que manifiestan las fuentes de aquella Guardia Civil, base de los trabajos del doctor Núñez, con lo que presentan otras fuentes. Quizás aquí más centrado en el lenguaje que emplearon los golpistas, reproducido miméticamente en los archivos de ese Cuerpo, así como en los hechos que realmente se sucedieron en la localidad de Jimena de la Frontera tras desertar, no replegarse, la guardia civil de su cuartel, junto a los de San Pablo de Buceite, para pasar al litoral campogibraltareño que se hallaba ya ocupado por los facciosos de cara a ponerse bajo sus órdenes.

¿Repliegue o deserción, señor Núñez (y III)?

El empleo de un lenguaje riguroso que responda a la descripción y calificación de los hechos, golpe de Estado y Guerra, a la hora de presentarlos tales y como se produjeron en aquel mes de julio de 1936, que arrancando en las posesiones coloniales ubicadas en el norte de África fue extendiéndose por los distintos territorios de España, forma parte también de la pedagogía necesaria a la hora de una correcta transmisión, a la vez que es obligado, asimismo, para neutralizar el grosero léxico que emplearon los sublevados y que perduró, como única verdad histórica, formando parte del relato interesado de parte, durante las cuatro décadas que se impuso la dictadura de Franco.

El burdo eslogan con que "se vendía" la cruel Dictadura personal de Franco que se vanagloriaba en manifestar que solo era responsable ante Dios y la historia, como desprecio a la voluntad popular expresada en las urnas ni de respeto a la separación de poderes que caracteriza un Estado de Derecho.

Su manejo con fines manipuladores por los sublevados para justificar el golpe de Estado y, tras su fracaso, la consiguiente guerra que desencadenaron, tuvo el sentido de generar el nivel de confusión necesaria para enmascarar los objetivos reales que perseguían: derribar un Gobierno legal y legítimo así como derogar el ordenamiento constitucional que le daba soporte para, por contra, erigir un nuevo Estado en línea con el nazifascismo ascendente en aquella Europa convulsa. A la par, la pretensión de ocultar, en esa guerra que fue declarada unilateralmente por los insurrectos, las atrocidades que fueron provocando, por la barbarie que de forma indiscriminada emplearon en los frentes y focos de resistencia para el logro de su victoria, así como, en la retaguardia, al venir acompañadas de una represión sin límites sobre las poblaciones de los lugares que, con la decisiva intervención de mercenarios y ejércitos extranjeros, fueron invadiendo y conquistando.

En esa batería de falacias, llamaron Movimiento Nacional a un golpe de Estado sangriento y sin piedad. También, Levantamiento Militar a lo que consistió la insurrección, solo, de un sector del ejército, aunque importante pero ni mucho menos su totalidad, más cuando la inmensa mayoría de los altos mandos -generales, y jefes militares de las capitanías generales- fueron leales al Gobierno constitucional y a la bandera que habían prestado juramento, y que por ello serían los primeros en ser asesinados. En este posicionamiento en pro de la legalidad republicana estuvieron los cinco generales con que entonces contaba la Guardia Civil al igual que los otros tres del cuerpo de Carabineros. Ni incluso los equidistantes que llamaron Guerra Civil tenían razón a la hora de denominar a ese doblegamiento de la soberanía popular por medios bélicos, que además costó a sus protagonistas tres años de destrucción masiva para culminarlo.

El general de la Guardia Civil, Antonio Escobar Huerta, persona íntegra que fue leal a la bandera y al sistema republicano al que bajo juramento prometió defender, de creencia profundamente católica que echa con su ejemplo por tierra el engañoso lenguaje de los golpistas de que la contienda de 1936-1939 que declararon fue una Cruzada cristiana contra los rojos y ateos marxistas.

En el fondo del asunto, no fueron unos españoles los que tomaron la voluntaria decisión de enfrentarse por medios bélicos a otros conciudadanos. Fueron obligados por un puñado de militares africanistas con destinos en las colonias del norte de África en connivencia con otros compañeros de armas del interior de la península, quienes, primero conspiraron y luego se sublevaron para hacerse con el poder político, importándoles un bledo violar la voluntad popular expresada, cinco meses antes, de las urnas. Encontraron como aliados interiores y financiadores, a la vez que yendo a su socorro: familias nobiliarias, de terratenientes, oligarcas, y jerarcas de la esfera eclesiástica católica, para salvar sus privilegios procedentes del ancestro que veían en peligro; y, como principal aliado exterior que resultó decisivo, contaron con los ejércitos extranjeros del Eje nazifascista a pesar de lo cual se etiquetaron de «nacionales».

El apoyo militar de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, al igual que el de Benito Mussolini, decisivo para el triunfo de los rebeldes.

Realmente aquella sedición, por los métodos de atrocidad violenta y las técnicas de terror empleados, a lo que más se aproxima para calificarse de forma correcta, sin exageración ni desvarío, tanto por lo sucedido en los campos de batalla, en los bombardeos a la población civil indefensa, en la represión sistemática utilizada contra los derrotados y contra los habitantes civiles de ideologías diversas (derecha civilizada, centro político e izquierda plural) de las zonas que iban ocupando y que fueron prolongadas en el tiempo en una posguerra que se hizo interminable, sería el de genocidio: aniquilación o exterminio sistemático y deliberado de un grupo social por motivos políticos e ideológicos. Basta leer las circulares internas de los golpistas o las arengas de sus protagonistas para llegar fácilmente a esa aseveración. También en relación con la violación de los derechos humanos y la supresión a sangre y fuego de las libertades públicas.

25 de abril de 1936. Una de las circulares emitidas por El Director del golpe, el general Emilio Mola, en rigor, base 5 de la instrucción reservada número 1) que venía preparándolo ya como inmediato desde la fecha del mes de abril, donde dejaba bien claro las formas de terror a emplear para hacerse con el poder. Fuente: General en la reserva José García Rodríguez, historiador.

En este caso, el sector social que era destinatario del exterminio resultaba ser la mayoría de la población española, y entre los instrumentos de choque para su sometimiento, en la imposición del terror y el miedo mediante la represión más cruel, no podía faltar en primera fila aquella parte de la Guardia Civil que se alineó con la sedición. De ahí que no sea extraño que lo que nos ha llegado hasta nuestros días, como buena muestra del contenido de esos archivos, al que el doctor Núñez ha tenido el privilegio de acceder y exponer, emplee sin tapujos el mismo lenguaje golpista. De la Guardia Civil que estuvo con la legalidad republicana, bien se cuidarían los que gobernaron a continuación de que esa documentación que emitieran o editaran se destruyese y no trascendiera, salvo la excepción que se les escapara.

En esa línea, siguiendo con ese argot manipulador, esos felones incluyeron en su calificación de hordas marxistas a todos los demócratas, independientemente de su dispar ideología; o en la de rojos, a toda persona republicana, como a librepensadores ilustrados o literatos, de lo más variopinto color político, muchos de ellos con ideología y posicionamiento alineados con el centro-derecha político, por tanto ajenos a la doctrina derivada de la obra del filósofo Carlos Marx, o de la militancia e ideología de un partido, el PCE, que desde su origen asumió entre su simbología la bandera roja internacionalista de la revolución soviética de octubre de 1917, de ahí el apelativo de rojos para apodar a su militancia, pero que la sedición franquista hizo extensible, en una indecente y aprovechada simplificación para sus fines de aniquilación, a toda la pluralidad política del campo republicano.

Más grotesco si cabe, cuando en las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, que dieron lugar al triunfo electoral al Frente Popular, el PCE siguió siendo un partido muy minoritario en número de diputados y también lo era en militancia. Es más, en 1935 este partido había dado un giro copernicano en su estrategia partidista obviando poner sobre el tapete una revolución proletaria para priorizar el pacto con la burguesía democrática de cara a detener el avance del fascismo que iba haciéndose extensible por toda Europa. Por el lado contrario del espectro político, Falange Española y de la JONS, opción que se presentó en esos comicios como independiente de los bloques que se enfrentaban en las urnas, Frente Popular versus Frente Antirrevolucionario, no obtuvo ni un solo diputado. Además, el Gobierno que a raíz de esos resultados electorales se constituyó, presidiendo ya la República el dirigente del centro-izquierda, Manuel Azaña, lo encabezó Casares Quiroga, nacionalista moderado gallego, no formando parte ningún ministro adscrito a partido o sindicato obrero, ni tan siquiera el PSOE. Así que el cacareado peligro rojo y comunista propagandístico, argumentado por la derecha antirrepublicana para la conspiración que culminó con su golpe de Estado, carecía de toda verosimilitud.

Retornando a la jerga empleada por los golpistas, reproducida, igualmente, en los informes de aquella Guardia Civil que el doctor Núñez expone, los insurrectos que declararon el estado de guerra ante la resistencia que encontraron en todos los territorios de España, tras los primeros meses en que fusilaban en base al Bando de Guerra, sin formación de causa judicial alguna, a partir de la primavera de 1937 constituyeron unas pantomimas de tribunales de guerra, integrados por militares rebeldes, que resolvieron juzgar y condenar, paradójicamente, por Rebelión o por Auxilio a la Rebelión, a los que defendieron la legalidad constitucional; o llamaron a su guerra Cruzada cristiana contra los ateos, aunque en esta figura de ateo lo mismo cabían sacerdotes católicos vascos, como fervientes creyentes de la fe cristiana, fueran uniformados militares, personas formadas o analfabetas, a los que además fusilaban…

Algunos de los generales que formaron parte de la mayoría de los altos mandos del Ejército que fueron leales al ordenamiento constitucional republicano frente a los golpistas y por ello fueron fusilados. Se da la circunstancia además de que los que figuran en imágenes eran creyentes católicos y de ideología conservadora. Otro ejemplo que da al traste con el falso lenguaje empleado por los facciosos (como los informes de los guardias civiles felones de la línea de Jimena) de presentar su golpe de Estado para salvar a España del comunismo, contra las hordas marxistas y el ateísmo. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: los generales Domingo Batet Mestres, Antonio Azarosa Gresillón, Rogelio Caridad Pita, de la Guardia Civil de Barcelona, José Aranguren Roldán, Camilo Molins Carrera y Miguel Campins y Aura. Panel de elaboración propia

No obstante, para evitar equívocos, lo dicho con anterioridad sobre el lenguaje perverso que se halla profusamente contenido en los informes de aquella Guardia Civil que figuran como fuentes del doctor Núñez, no puede ni debe ser confundido o interpretado como asunción por su autoría, más cuando de un militar constitucionalista se trata, aunque en muchos de sus pasajes los reproduzca, sin contextualizarlos, bien entrecomillados («dominación roja», «terror marxista», «glorioso Movimiento Nacional»…) o no, así como que los acontecimientos que se narran no hayan sido contrastados con otras fuentes.

Un año después de la finalización de la guerra, a instancia del Gobierno de Franco se abrió una Causa General tendente a recabar información de las víctimas, uniformados o "gentes de orden", ocurridas en las zonas donde había fracasado lo que vinieron en llamar "Movimiento Nacional", o sea el golpe de Estado, denominándolas "de dominación roja". Aquí figura la del brigada de la Guardia Civil, con destino en Jimena, Salvador Carrasco Zurita con sus correspondientes datos personales y familiares así como la calificación de haber sido "asesinado por los Rojos", sin nada más que añadir. Documento del archivo del ayuntamiento de Jimena facilitado por el jimenato, profesor de Instituto en Algeciras e historiador, Leopoldo Moreno Barranco.

Volviendo a los hechos que se sucedieron en Jimena con el ánimo puesto nuevamente en expresar cuanto allí sucedió, hay que cuestionar lo que en esos informes y fuentes “oficiales” de la Guardia Civil explican acerca la muerte del brigada Carrasco (Salvador Carrasco Zurita) comandante del cuartel de Jimena, con origen natal sanroqueño. Más aún, el emitido por el que fue jefe del cuartel de San Pablo de Buceite, Antonio Casablanca Romero, en la ya lejana fecha de 1962, que cita también el doctor Núñez por su enorme interés.

El brigada Carrasco fue la única muerte política ocurrida en el municipio de Jimena en el tiempo que transcurrió, desde la llegada de la II República, pasando por el golpe de Estado del 18 de julio 1936, hasta la ocupación de la localidad el día 28 de septiembre de ese último año por fuerzas sediciosas compuestas en su mayoría, como también manifiesta el señor Núñez, por tropas indígenas; es decir, traducido a lenguaje más asequible: magrebíes («moros» como le llamaban en muchas partes) en la condición de mercenarios procedentes del norte de África y desembarcados en Algeciras. Añado: al mando del militar africanista sublevado en Ceuta, Manuel García de la Herranz, y, entre otros, siendo acompañados de señoritos falangistas que lideraba el jerezano Juan Pedro Domecq Díez.

Estos golpistas ocasionaron, hechos que al parecer no se citan en esos informes de la Guardia Civil, en su indiscriminado bombardeo a Jimena desde la Estación, daños en una treintena de casas con las familias dentro. Asimismo, en el cuerpo a cuerpo que encontraron como resistencia, tres decenas de jimenatos fueron muertos. Se ignoran, a la fecha de hoy, sus nombres y apellidos así como dónde fueron enterrados. Asimismo, alrededor de unos cuatro mil habitantes de la localidad huyeron, campo a través, en lo que en el argot local se denominó la juía.

La entrada al cementerio del Castillo de Jimena donde sería fusilado el brigada de la Guardia Civil, Salvador Carrasco Zurita, comandante del cuartel de la localidad tras serle descubierto una relación de republicanos jimenatos que tendrían que ser fusilados apenas entraran y ocuparan la localidad los militares insurrectos. Foto propia.

Sobre la única vida perdida por hechos políticos en todo el tiempo republicano en Jimena, el brigada de la Guardia Civil Salvador Carrasco. Ocurrió, no en la toma de la localidad sino por su fusilamiento en el cementerio del Castillo tres semanas antes. Fue ordenado por el Comité local del Frente Popular.

«(…. no se puede precisar cuándo fue detenido ni por quién exactamente. No obstante, es de suponer que en la mañana del mismo 31 de julio fue interrogado y se le exigirían responsabilidades por no haber impedido, al ser el guardia civil de mayor empleo, los planes de huida de sus subordinados ni haber alertado de ello», manifiesta el señor Núñez en su artículo «El repliegue del puesto de Jimena (y II)» publicado en Europa Sur. 09.08.2021.

Pues bien, no se debió ese fusilamiento a lo manifestado por las fuentes de la Guardia Civil que usa el doctor Núñez; o sea, por no informar al Comité local de que habían huidos del cuartel los guardias civiles a su mando con destino a la zona ocupada por los insurrectos, o porque no lo hubiese impedido. Tampoco que fuera retenido por los republicanos locales, como aduce el doctor Núñez en su tesis doctoral, fechada con anterioridad, porque sus subordinados previamente habían huidos, que es prácticamente lo mismo.

La causa real de la muerte del brigada Carrasco tampoco aconteció porque siendo leal «incapaz de hacer traición al gobierno legítimo” (Ver “El repliegue de la Guardia Civil en Buceite (y IV)” del doctor Núñez. Europa Sur. 19.07.2021) se quedó en Jimena y más tarde, sin exponer motivo, «fue asesinado por los marxistas” (como se califica en la tesis doctoral del señor Núñez, página 261, basada en su hoja de servicios, trasladando literalmente y entrecomillado el grosero lenguaje golpista).

Por contra a su presunta lealtad a la República, la causa de que el brigada Carrasco no huyera con los que desertaron, calificado en los artículos del doctor Núñez repliegue, con nocturnidad, campo a través andando y cargados con sus armas, haciendo treinta kilómetros, estuvo basado en las delicadas condiciones de salud que atravesaba. Y la causa de su fusilamiento fue debido a que se le descubrió en un registro, de su puño y letra, una lista de jimenatos republicanos que tenían que ser fusilados apenas entraran en la localidad los militares insurrectos procedentes de las zonas ya ocupadas del litoral campogibraltareño. Peculiar forma de estar con la legalidad.

No solo lo manifiesto en base a testimonios escritos y orales de aquellos jimenatos. También se contiene en el libro de José Manuel Algarbani, «Y Jimena se vistió de negro», página 81, publicado en el año 2011, obra además citada por el señor Núñez en la bibliografía que acompaña a su tesis doctoral del 2015, (página 475), leída por tanto cuatro años después. No obstante, en la página 33 de la tesis, el señor Coronel despacha la citada publicación , de gran valor, del historiador barreño, de forma bastante superficial, refiriéndose, curiosamente, a que solo aborda episodios represivos de dicho Cuerpo sin entrar en las características de sus miembros.¿?

Ficha del Cuerpo de la Guardia Civil sobre el brigada Salvador Carrasco Zurita, natural de San Roque. Fuente: Jesús Núñez Calvo. Diario Europa Sur, 12.07.2021.

En esta lista que había preparado el brigada Carrasco para ser fusilados, apenas se dieran las circunstancias idóneas, o sea tras la ocupación del pueblo por los insurrectos, junto a los nombres de destacados sindicalistas (José Segovia Ferrer, Eladio León Mariscal, José Meléndez Aldana, Sebastián León Rubiales….) pertenecientes al Sindicato Único de Trabajadores local (SUT) afecto a la CNT, de ideología anarquista por tanto nada que ver con el marxismo, se hallaba asimismo el alcalde Cristóbal Vera Sarabia “Telar”, secretario del sindicato de arrieros y miembro de Izquierda Republicana, partido que presidía a nivel nacional Manuel Azaña, que tampoco tenía nada de marxista. Del mismo modo, figuraba, los médicos Guillermo Ortega y José Montero, el veterinario Salvador Gómez  García y el industrial Antonio Marina Gutiérrez, militantes, los cuatro, del partido de Unión Republicana que presidía a nivel nacional el sevillano Diego Martínez Barrio, de ideología de centro, en consecuencia ni de izquierda radical ni tenía matices de marxista… también incluía, la macabra relación para ser ejecutado, al jefe de los carabineros, teniente Manuel Martínez Mora, por «rojo y masón» (ver «El repliegue del puesto de Buceite (III)» del doctor Núñez, Europa Sur. 12.07.2021), ello porque pertenecía a la logia local Fénix 66, que tenía carácter legal, (también era masón quién lideró el golpe de Estado y firmó el bando de guerra y su trascurrir hasta el uno de octubre de ese año de 1936, el general Miguel Cabanellas) y sin militancia partidista; ni pizca ninguno de ellos, ni de marxista ni de rojo (comunista).

Estos vecinos de Jimena eran "los rojos" o pertenecientes a "las hordas marxistas" según los contaminados informes de los guardias civiles del municipio de Jimena que se sublevaron contra la II República. Formaban parte del Comité Local del Frente Popular que tuvo precipitadamente que constituirse para hacer frente a la defensa y protección de la población de la intención de los golpistas de tomarla militarmente por permanecer leal al Gobierno que habían votado cinco meses antes, a la vez que para organizar la emergencia alimentaria y sanitaria como consecuencia de la riada de refugiados que llegaban procedentes fundamentalmente del litoral campogibraltareño al igual que de otros municipios gaditanos. Todos estos miembros del Comité, residentes en Jimena y ninguno originarios de la Rusia Roja ni tampoco con ideología marxista, ni tampoco militantes de un partido como el PCE que además era legal. De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Cristóbal Vera Sarabia “Telar”, arriero, secretario del sindicato de este sector de trabajadores de los aprovechamientos del monte, y militante de Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña de centro-izquierda. Guillermo Ortega Durán, médico, dirigente local de Unión Democrática (UD), partido de centro, y líder de la logia masónica local que era legal, “Fénix 66”. Salvador Gómez García, veterinario, también militante de UD, masón. Juan Ferrer Rodríguez, comerciante, tendero de una ferretería, miembro igualmente de la masonería. Juan Arjona Gil, practicante, dentista, masón y afiliado a la CNT. Aurelio Gómez Díaz, comerciante y masón. Juan Plata Moya, zapatero. Antonio Marina Gutiérrez, también miembro de la centrista Unión Democrática y gerente del molino de harina y de la fábrica de la luz del pueblo. José González Montero, cobrador de la luz, comercial y militante del PSOE. Sebastián León Rubiales, maestro albañil, dirigente local del Sindicato Único de Trabajadores (SUT) afín a la CNT. Juan Cuenca Navarro, dueño del bar “El Republicano” y socialista. Francisco Luque Ferrer "Pestaña", carnicero. Bartolomé Zapata Barea, empresario, industrial y masón, domiciliado en la Estación. Y Eladio León Mayoral, maestro albañil, dirigente del SUT. Todos sufrieron cárcel o acabaron en el exilio. Panel de elaboración propia.

Del mismo modo, el señor Núñez, también en base a los informes “oficiales” a los que ha accedido afortunadamente, aduce en su artículo (ver “El repliegue de la Guardia Civil en Buceite (y IV)”. Europa Sur. 19.07.2021) que en una instancia oficial de 1962 del guardia civil citado, Antonio Casablanca Romero, comandante del puesto del cuartel de San Pablo de Buceite en aquel mes de julio de 1936, escribe sobre la muerte del brigada Carrasco, que «fue asesinado en unión de 2 religiosos y personas de orden». Pues tampoco es cierto. Nada tiene que ver un hecho con el otro. Además, ocurrieron en fechas y municipios distintos y hubiera sido imposible que sucediera si no se hubiese dado previamente un golpe de Estado.

Imagen de cuatro de los nueve fusilados que se constataron que eran residentes en Jimena, de los doce que se informó que sucedió el domingo,6 de septiembre de 1936, al borde de la media noche, cercano a la estación de tren del malagueño municipio de Arriate, a la altura de la aguja de entrada. Procedían de San Pablo de Buceite. No participó en dicha ejecución ningún jimenato. Fue achacable a un grupo de milicianos procedentes de Ronda que merecieron el desprecio del que fue alcalde del Frente Popular en Jimena, Cristóbal Vera Sarabia, "Telar", que los denominó "chusma" (Entrevista que le realizó en un retorno de su exilio en Londres el jimenato Andrés Macías Sánchez y que publicó el diario de Cádiz en su edición del 11.07.1987). Se trató de los religiosos franciscanos, Marcelino Lázaro Bayo, oriundo de Teruel, y su coadjutor, Justo Rivero Sánchez, nativo de Priego (Córdoba), destinados en la jimenata parroquia de la Misericordia, situada en la iglesia de la Victoria del Llano de la Victoria. A su derecha, también asesinados: Gonzalo Vallecillo Jiménez, dueño de la fábrica de harina de la barriada de la estación de tren de los Ángeles, que había sido alcalde de la localidad durante gran parte de la Dictadura de Primo de Rivera. Asimismo, su hijo, Juan de Dios Vallecillo Jiménez, mecánico de la citada fábrica. Y por último, figurando su foto a la derecha, el mallorquín, Miguel Perelló Vidal, soltero, aparcero en la finca “La Herradura” y hombre del banquero Juan March Ordinas que era titular de esa explotación. Fueron cinco los fusilados nacidos en Jimena. La motivación de estas asesinatos cuyas imágenes figuran en este panel, aparte de su antirrepublicanismo, estuvo en el espíritu fuertemente religioso que les caracterizaba, como represalia al apoyo de la jerarquía de la iglesia católica española al golpe de Estado y a la cobertura que estaba dando a los fusilamientos contra republicanos que estaba habiendo en San Roque, La Línea y Algeciras, con excepción de Miguel Perelló que fue debido a sus estrechos vínculos con Juan March. Ordines, financiador del golpe de Estado. Lo que estuvo claro es que este criminal como estéril acto de violencia, sirvió para una matanza de vecinos jimenatos que fueron fusilados posteriormente tras la ocupación del pueblo por los sublevados así como al retorno de algunos en febrero de 1937 tras la caída de Málaga fundamentalmente en manos de italianos y marroquíes. Fotos: De los sacerdotes Marcelino y Justo: “Causa de los Santos”. Obispado de Málaga. De Gonzalo y Juan de Dios Vallecillo Jiménez: Retratos de Jimena. Tomo I. Ediciones Oba. De Miguel Perelló Vidal: Honorat Bauçà Roig y Margalida Juan Taberner.

Siendo la metodología empleada por el doctor Núñez, fundamentalmente basada en exponer lo que manifiestan las fuentes «oficiales» del Cuerpo al que pertenece, lleva a que tampoco se haya detenido a investigar la certeza de la anterior aseveración del guardia civil Antonio Casablanca, aunque en la bibliografía que figura en su tesis doctoral, insisto, aparezcan publicaciones que desmontan esta última burda explicación del guardia civil Casablanca sobre la muerte del brigada Carrasco escrita en la ya tardía fecha del 4 de diciembre de 1962, con motivo de una misiva dirigida al general Franco exponiendo sus méritos de guerra; texto que según valora de forma extraña el Coronel Núñez, resulta más interesante, cuando no aporta nada serio y va destinada en sus peroratas a obtener ayuda económica del Dictador al objeto de paliar la situación de precariedad económica por la que atravesaba tras haberle sido diagnosticada con anterioridad la incapacidad para el ejercicio de la profesión.

Beber principalmente de una sola fuente, además oficial y de una parte de los que se sublevaron y encontraron sentido a sus vidas y a su condición ideológica de «apolíticos», es decir de extrema derecha, en el ejercicio de la represión sobre cuánto les oliera a republicanismo, conduce a expresar numerosas inexactitudes. Más cuando se trata sobre una época tan turbulenta y donde la contaminación de lo que figura debe presuponerse. Estos servidores públicos trataron a toda costa justificar el abandono de sus obligaciones, con el susodicho «repliegue», traicionando al mando y al Gobierno a los que se debían y a los que habían prestado juramento de lealtad. En consecuencia, como es lógico y normal, introducen enormes desatinos y tremebundos errores de bulto sobre la veracidad narrativa de los hechos que se sucedieron lo que debería a obligar, antes de su exposición, a tener que someterlos a una profunda investigación y contrastación con otras fuentes.

Concluyo, poniéndome a disposición del doctor Núñez, deseando que le haya servido lo expuesto como reflexión para sus futuros trabajos, al igual que me resulta de gran utilidad y he aprendido de lo que de interés viene publicando.

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Fuentes orales consultadas o entrevistadas.

José Manuel Algarbani Rodríguez, Cristóbal Arjona Navarro, Bartolomé Barranco Benítez, Ana Barranco Jiménez, Manuel Barranco Sánchez, Honorat Bauçà Roig, José Bautista Gómez, Melchora Bautista Gómez, Andrés Beffa García, Cristóbal Báez Huércano, Brigitte Butler León, José Carracao Gutiérrez, Ana Castilla Luque, Pilar Casuso Gutiérrez, José María Casuso López, Aurelio Collado Jiménez, María Jesús Collado Muñoz, Pascual Collado Saravia, Juan Manuel Contreras Benítez, María Corbacho Álvarez, Elena Díez Vega, Rosa Escobar Mackinley, Montserrat Esparrach Pérez-Navarro, Rosa Estorach Escurriola, Jesús Fernández Rey, José María Ferrer Pulido, Luis García Bravo, Manolo García Lobato, Juan Gil Plata, Andrés Godino Sánchez “Pichán”, Juan Ángel Gómez López, Ildefonso Gómez Ramos, Carmen Gómez Vázquez, Ernesto González Lobo, Domingo González Quintero, Juan Granado Gutiérrez, Arturo Grinda López, Victoria Guerrero Montero, Sebastián Gutiérrez Gil, Pilar Gutiérrez Luengo, Francisco Gutiérrez Ordoñez, Joaquín Hita Pérez, Antonia Infante Aguilar, Marile Izquierdo Arjona, Rocío Izquierdo Arjona, Francisco Jiménez Jiménez “Currini”, Sebastián Jiménez Ordoñez, María Jesús Lavado Rodríguez, Alberto León Díaz, Helios López Lamothe, Andrés Macías Sánchez, Blanca Marina Benítez. Salvador Marina Benítez, Gregorio Marina Díaz, Antonio Marina Pérez Navarro. Antonio Marina Puigdó, Simón Marina Ureña, Diego Mariscal Gómez, Bernardo Medina Sánchez, Francisco, Melchor Guzmán, Juan José Montero Ortega, Leopoldo Moreno Barranco, José María Moreno Vega, Cristóbal Navarro Mena “Caín”, Christian Ortega, Carmen Ortega de Cossío, Guillermo Ortega Lupiáñez, Isabel Ortega Ortega, Mercedes Parages Revertera, Álvaro Parages Revertera, Juan Parra Barranco, Juan Peláez Sarrias, Antonio Pérez Gil, José María Pérez-Navarro Bonelo, Cristina Pérez Pérez-Navarro. José Pérez Pérez-Navarro, Juan Pintor Jiménez, Gonzalo Prieto Cabrera, Francisco Quirós Ocaña “Pacurro”, Andrés Rebolledo Barreno, José Regueira Ramos, Miguel Ríos Jaén, Carlos de las Rivas Hidalgo, Diego Rocha Sánchez, German Rodríguez González, Bartolo Rojas González “Cascorroto”, José Luis Rondán Angulo, Juan Rondán Angulo, Guillermo Ruiz Ruiz, Gonzalo Saavedra Gil, Diego Sánchez, Francisco Sanmartín Medina, Jerónimo Sánchez Blanco, Francisca Sánchez Gil, Carmen Sánchez Medina, María Ángeles Sánchez Medina, Jesús Solís Trujillo, Francisca Téllez Medina, Juan Carlos Tirado López, Melchora Torres Prieto, Carmen Troncoso López, Juana María Ureña de Juan, Teodosio Vargas-Machuca García y Juana Vázquez Ramos.

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