Malos tiempos para la lírica (1º parte) (02.12.2021)

Posted on diciembre 2, 2021

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Viaje al fondo y más abajo de unas “primarias”

Ignacio Trillo Huertas

Ignacio Trillo con Germán Coppini, una noche en La Malagueta

Me lo aseveró con rotundidad el gallego Germán Coppini –que eran malos tiempos para la lírica- pocos años antes de su marcha definitiva, sucedida en la fatídica Nochebuena del 2013. Entonces se hallaba en Málaga en un pub de la calle Keromnes, junto al hotel Miramar en el barrio de la Malagueta, donde charlamos ampliamente de música, de la movida de los ochenta, y de fotografía y tribus juveniles urbanas por aquello de su profunda amistad con mi célebre hermano Miguel. Su pronta desaparición representó otro golpe bajo para los que lo conocimos.

Cuando ese deceso, ocurrido en el 2013, nos encontrábamos envueltos en pleno crack financiero e inmobiliario y los jóvenes mejor formados de España se iban a otros países para realizar “turismo de aventura”, en expresión de Fátima Báñez, la que fuera ministra de Trabajo de los recortes salariales y de la temporalidad laboral, que contaba en su equipo con la Virgen del Rocío, con competencia divina en materia de desempleo humano. También el ministro del Interior de ese mismo equipo de Rajoy que nos gobernaba, el opusino de comunión diaria, Jorge Fernández Díaz, en las pausas que le permitía la constitución de su policía mancillada, que llamó patriótica, para borrar las huellas de la corrupción por la cleptómana manera de financiarse que tiene el PP, se dedicaba a condecorar a otras Vírgenes con medallas policiales. Frente a la intensa crisis económica, por tanto y como antídoto, mucho himen santo para prevenir y sortear que penetraran sus efectos más profundamente en el mundo empresarial y laboral de nuestro país. En tanto, el PSOE malagueño ya llevaba unos cuantos años perdiendo elecciones y funcionando con mecanismos clientelares y pesebriles. Se auguraba, por el estado calamitoso que presentaba la gestión de Heredia con una María Gámez que tras haber perdido con rotundidad las elecciones municipales a la alcaldía de Málaga y seguía sin levantar cabeza con constantes crisis en su grupo de concejales, que podía haber llegado a su límite de deterioro, y Podemos estaba a punto de ser alumbrado porque se le esperaba.

No era inédita esa frase que me refirió Germán Coppini aquella noche, nos la había vocalizado momentos antes como melodía insignia que llevó al espaldarazo al grupo Golpes Bajos del que era su alma páter, antes de Siniestro Total, ni tampoco ajeno al momento de preocupación que atravesábamos cuando se nos fue.

Dando un salto en el tiempo, fue lo primero que me vino a la mente la noche del domingo día veintiuno de noviembre del presente año. Estaba recién finalizado el escrutinio de papeletas de “las primarias” celebradas por el PSOE de Málaga que bendijo como ganadora para ser próximo secretario general del aparato de los socialistas malagueños la opción que presentó el poder fáctico oficial, y de todo lo demás, que encabezó el nuevo gran timonel Dani Pérez, tan joven de edad y tan viejo en la política, liberado orgánico desde su más tierna infancia.

21 de noviembre del 2021. Dani Pérez proclamándose triunfador de "las primarias" del PSOE de Málaga. Acompañados de sus predecesores, por su lado izquierdo Marisa Bustinduy y José Luis Espejo. A su detecha Miguel Ángel Heredia. Tambén figuran en el esenario, a la izquierda Nacho López que le pilló con el pie adelantado al declarar que dejaba su puesto en la ejecutiva federal para salvar al PSOE de Málaga del continuismo y ha acabado teniendo que dar varios pasos atrás para apoyar el continuismo de cara a salvarse él. Y a la derecha de Heredia el hombre fuerte de esa nueva dirección que saldrá el domingo 12 de diciembre, José Bernal derrotado de las ultimas elecciones para la alcaldía de Marbella. Y más a la derecha, un póster de carnaval donde figura Francisco Conejo, en plan Oliver Hardy, al que se le atribuye ser el muñidor de haber logrado que todo el voto de los antiguos susanistas, los que apoyaron a Espadas, Dani y Heredia, y los que apoyaron a Susana, Espejo y él, en las pasadas primarias de junio, se volviesen a reunir en el apoyo a Dani Pérez para que todo siga igual en el PSOE de Málaga. Fotocomposición propia.

En contra de lo que se creía hacía ocho años que todo se tambaleaba en el PSOE de Málaga y era previsible la caída mortal de quienes lo dirigían, en cambio, prosiguiendo todo igual y a pesar de su mengua y de irse sumando nuevos desastres, han sobrevividos los mismos dirigentes y a su costa. Pareciera como si no fuera de este mundo. Ocurrió el relevo de José Luis Espejo a Miguel Ángel Heredia y sucederá el de Espejo a Dani Pérez el próximo domingo 12 de diciembre en una sucesión ininterrumpida, sin riesgo de que se fracture el continuismo de los mismos que han venido presidiendo, penosamente, la organización provincial psoista, caracterizada por la ausencia de gestión y de asunción de responsabilidades ante las escandalosas derrotas electorales que acumulan y el no menos retroceso descomunal de su presencia en la sociedad malagueña. El único cambio formal experimentado que se visualiza es que aparecen ahora sus mismos dirigentes al unísono con la etiqueta de exsusanistas, como si les hubiese importado en su trayectoria de poder la coherencia y la lealtad.

Dani Pérez, heredero de la misma familia política que lleva dos décadas llevando al PSOE malagueño a la ruina, tal y como ya se ha dicho sustituirá a José Luis Espejo, hombre insulso de triste figura y grisácea tonalidad por naturaleza innata, que a la vez tuvo como predecesores, de la misa estirpe, a los no menos infortunios en sus respectivas gestiones, Miguel Ángel Heredia y Marisa Bustinduy. A pesar de ello y de los años transcurridos, tal vez por solidaridad de clase o intergeneracional, continúan los dos últimos citados como supervivientes políticos sine die, o sea en candelero, perdón en nómina del erario público, ambos vivitos y coleando en el cementerio de vivos en que se han empeñados en convertir al Senado, donde hace poco se ha sumado la afligida Susana Díaz que bate récord olímpico de derrotas en menos tiempo.

Podemos por tan tanto asistir este doce de diciembre en Málaga de relevo, siguiendo la era continuista, a un brindis por el traslado de la tripulación del PSOE malagueño, especialistas en salvarse de sus propias catástrofes, del mando del Titanic para tomar el del Costa Concordia italiano.

Fue un interventor, militante socialista que lleva un nombre de pila exacto, que había participado en una mesa electoral de estas últimas “primarias” que auparon a Dani Pérez, el que, distrayéndome en este momento de mis quehaceres cotidianos centrados en la investigación histórica y en la publicación de varios libros biográficos, me envió, vía wassap, la noticia del resultado matemático de esas “primarias”, solicitándome a continuación que nos viéramos personalmente para relatarme, siguiendo aún instalado en el asombro, la serie de avatares que durante esa jornada había vivido con intensidad en la observancia de cuanto acaecía a su alrededor.

Y este destinatario del ruego, que no escarmienta, siempre mostrándose dispuesto a seguir perdiendo el tiempo con el consabido culebrón sin solución del PSOE malagueño, porque dicen algunos que nunca es el momento de efectuar la operación quirúrgica de envergadura que necesita para contener sus hemorragias, o porque los superiores jerarcas no lo ven prudente no vaya a quedarse sin un hilo de vida en la sala de operaciones, el caso es que para no hacerle el feo al militante, cedí una vez más, realizando una pausa en atención al respeto que me merece como paciente veterano con carnet de partido y por la admirable ilusión infantil que preserva, a pesar de su avanzada edad, quizás por estar dotado de fuertes dosis extraídas de la moral del Alcoyano CF que le llevan a aventurar la llegada un día, más tarde que temprano por lo que, en base a la lógica de vida y su naturaleza senil, no podrá disfrutar, de la buena nueva que anuncia  que el cambio de fachada e interiores del PSOE de Málaga se ha producido.

Este militante socialista, que como se ha dicho había desempeñado el rol de interventor en estos comicios internos ese pasado día del 17 de noviembre, es de los de pata negra por los trienios que lleva acumulados y cotizados en su afiliación. Cuando al fin nos vimos esa noche había finalizado ya su papel en el control y fiscalización formal de la mesa electoral de su Agrupación de distrito de Málaga capital a la que pertenece y tomando aire con trasfondo de ruidos musicales pulmonares, no sé si por una afección bronquial que padeciera, yo por si las moscas nunca me desprendí de la mascarilla anti Covid-19 a lo largo de todo el encuentro, comenzó lo que deseaba narrarme.

El susodicho controlador, como una pesadilla vivida a pesar de que le sobrevino todo el tiempo permaneciendo despierto, me fue detallando lo que contempló, desde su posición sentada y con la mesa electoral a la altura de su abdomen, es decir sin que existiera ningún obstáculo que le hubiese dificultado visualizar el horizonte. Su estupefacta mirada fue in crescendo a lo largo del día. Observó cómo se sucedían discontinuas rachas de colas de votantes que se formaban según franjas horarias muy puntuales, aunque no hiciera ese día viento, con aluvión de extraños que irrumpían por grupos guiados cuyas fisonomías eran desconocidas para él como miembros que tenían que ser teóricamente de su misma Agrupación, con idénticos derechos y obligaciones, donde lleva militando más de cuatro décadas, según me perjuraba con reiteración y de forma vehemente. Además, me añadió para la ocasión, pagando sus cuotas religiosamente, como se dice en el argot orgánico, y asistiendo a todas las reuniones a las que había sido convocado, salvo que por algún resfriado se lo hubiera impedido. Pues ninguno de los que se presentaron integrados en esos grupos era conocido por él

Otros concurrentes –prosiguió en su descripción- entraban en el espacio habilitado para las urnas, con prisas y a lo loco, preguntando con descaro por el secretario general para saber a quién había que nominar. Ancianas impedidas acompañadas de familiares pretendiendo comportarse como si de unos comicios generales se tratase, disponiéndose con testarudez a que las llevaran a las cabinas instaladas al efecto, obteniendo como respuesta: «pero si tú ya sabes lo que tienes que votar», para, poco después de depositar la papeleta que le fue previamente dirigida, oírle el comentario: «qué raro es todo esto… ¿y qué es lo que se votaba?».

Por cierto, este insólito personal estaba incluido rigurosamente en el censo de afiliación, me aseguró dicho interventor. No faltaría más –prosiguió- como para que encima de montar este tinglado, que no es nada fácil pertrecharlo, se viniera abajo, incluida la tramoya desplegada, porque surgiera algún espabilado de turno haciendo gala de una osadía irresponsable y se atreviera a impugnar el impecable proceso, seguido, acorde con los reglamentos en vigor, de un desarrollo impecable sin incidentes de importancia que reseñar; me ironizó así de un tirón, faltándole otra vez oxígeno para acabar, cambiando el tono habitual de su habla que hasta entonces había empleado por otro a trompicones como tartamudeando saltándose algunos vocablos y deformando otros que no sé si suplantaba a Francisco Conejo, Nacho López o al propio Dani Pérez, o una mezcla de los tres, como guasa amarga. Tampoco quise preguntarle.

Después, con voz ya propia y fogosa, como si no lo creyera o dudara de su exposición de hechos, mostrándose de lo más convincente, este sufrido militante prosiguió contándome otros pormenores acaecidos en esa andanza electoral no menos kafkianos. En un momento determinado desconecté, dejé de prestarle atención. Me sumergí una y otra vez en la letra de la cancioncilla de Germán Coppini: «… Contra las rocas se estrellan mis enojos…  Las ratas corren por la penumbra del callejón… Malos tiempos para la lírica…».

Finalmente, el paciente afiliado me enseñó una servilleta de papel, ya seca, que había contenido antes gel anti Covid-19, porque, entre votante y votante y sus observaciones alucinantes, había habido tiempo para que le llegase cierta inspiración lírica. Había escrito con rotulador reflexiones inconexas aunque apuntando en una misma dirección, tales como: «Se resquebraja mi ortodoxia y me deslizo hacia la perdición herética…. ¿quién como el aparato para triunfar?… sustituir la militancia con la afiliancia deja abierta la puerta a la electorancia interna para llevarnos a la irrelevancia externa…».

Como andábamos con cierto vacío estomacal producto de no haber cenado, nos fuimos a un lugar de tapeo pero donde también ponían raciones y en el transcurso le comenté algunas otras anécdotas sucedidas en otras citas electorales de “primarias” organizadas por los mismos, de similar línea a lo expuesto pero de agrandada dimensión en la trama. Las reflejaré en otro momento para no alargar este relato y que podrían servir, al menos, para guion de película del estilo que argumentaba el genio de Berlanga en paz descanse. Le añadí algunos pasajes de la historia reciente del PSOE de Málaga que detalla por qué ha llegado de esta forma deformada a la actualidad y como corolario unas cuantas reflexiones, ambas cuestiones de mi cosecha que si son las que traslado a continuación. El caso es que finalmente nos amaneció aquella larga madrugada y le agradecí el desayuno con el que me deleitó, ya en su domicilio particular y, antes de marcharme al mío para descansar.

Comencé soltándole: No me ha sorprendido nada lo que me has referido y claro que me las creo a pie juntillas. Ha sido una dinámica perversa la que introdujeron los Ni-Ni (ni estudiaron, ni trabajaron) cuando se apoderaron del aparato del PSOE malagueño. Para hacer lo que me has contado, y otras fechorías más de mayor grosor, debieron nacer con dientes ya formados, más bien con piezas de hechuras retorcidas, que seguirían más tarde deformándoselas en su militancia en las Juventudes Socialistas donde nada se tuvieron que cultivar de democracia -estos no venían de la clandestinidad, y la Transición les pilló ya chupando, no del bote todavía sino, de la teta maternal o de una nodriza sustituta, y ciscándose pero en los pañales. Menos aún aterrizarían en el aprendizaje de lo que significa la democracia interna, quizás porque chocaría contra sus privativos intereses, teniendo en cuenta que la perspectiva de futuro de sus vidas, que siempre la tuvieron clara, fue adentrarse cuanto antes en la profesionalización en la política. Ya se lo manifestó, sin disimulo y sin sonrojo, el propio Dani Pérez a un entrevistador: «desde chico pensé que me dedicaría a la política», como si la política fuera un oficio para toda la vida y no un servicio público con carácter temporal.

Así, en los albores del nuevo milenio, conteniendo ya sobradamente vellos en sus intimidades, estos jovencitos malagueños (Heredia, Conejo, Cañestro, Benítez, el sobaco ilustrado bis del grupo…, Espejo fue de la hornada anterior, Dani de la siguiente, en tanto el flamencólogo Guerrero no llegaría a las filas socialistas hasta mucho más tarde, como asesor de imagen de Marisa Bustinduy pagado por la Diputación; ya apuntaba) acompasados al unísono de sus mismos colegas de generación de las otras provincias andaluzas (las Susana Díaz de Sevilla, los Velasco de Córdoba o los Mario Jiménez de Huelva), fueron haciéndose, en ambos planos territoriales, provinciales y regional, con el PSOE andaluz.

Lograron de fondo como objetivo anhelado transfigurar el instrumento político en un sindicato desclasado al servicio del empleo público para la militancia, donde el demérito, el fracaso electoral, escolar, laboral, desarraigo del tejido asociativo tan contaminador, el desconocimiento de la comunicación y de sus derechosos medios de prensa…, como ellos mismos personificaban, no serían inconvenientes para que entrara en el PSOE de Málaga una nueva oleada de afiliación, sino todo lo contrario. Serían estas altas las primeras en beneficiarse, con la puntuación debida, en el reparto de empleos públicos (« ¡alpiste!, ¡alpiste!», fue la denominación empleada por Conejo) de cara al renacer, con resplandor e imagen juvenil, de un nuevo PSOE totalmente unido por sumisión y dependencia económica. Y al carajo los brillantes y la excelencia: los intelectuales, los librepensadores, los profesionales que ya tenían a bien para vivir con sus despachos, ugetistas sin disponer de tiempo para los trabajos en la sede, o los críticos ideólogos; todos ellos sobraban en el partido porque a lo único que se dedican cuando militan, según ese prisma con demasiadas dosis de miopía galopante, es a cuestionar todo y a erosionar la organización, acabando con cualquier dirección provincial que se forme, con lo que eso supone de desestabilización permanente, sobre todo para los que viven de ello, los miembros del aparato, causándoles zozobras, incertidumbres e intranquilidad en su futuro laboral y familiar. «Así es imposible montar aparatos férreos con militantes fieles y leales por su dependencia económica», concluía el más espabilado del clan.

Queda claro que bajo ese criterio y con esos parámetros ninguna empresa del mundo económico, por la ruina que le reportaría a su cuenta de explotación, llegaría a final de año sin haber echado las persianas y el candado, lógicamente incluidas también las corporaciones de economía social. Pero resulta que la política para ellos funciona con otras partidas que son intangibles y por tanto no contabilizables, que no les impide medrar y no tener que desaparecer del mapa. Misterios a descifrar por un Iker Jiménez en un Quinto Milenio.

Lo lógico, no obstante, compañero militante –dirigiéndole la mirada hacia el contertulio veterano para comprobar que me seguía- es que se produjera a partir de que se hicieron con el poder orgánico, como así ha sido y de forma acelerada, la descapitalización del recurso humano de valía. Sus consecuencias también estaban servidas, como lo ha significado el empobrecimiento de sus iniciativas, propuestas, y programas políticos, así como la carencia de representantes adecuados para seducir a los votantes en los procesos electorales y para relumbrar, por carisma y buena gestión, una vez llegados a las instituciones.

El prestigio de la sigla que valía como paraguas para tapar los desaguisados que se realizaban, comenzó a no poder cubrir todas las goteras. No obstante, eso significaba a la vez que la composición pesebril y clientelar de la organización estaba implantada, consolidada y garantizada como irreversible. O sea, el divorcio, la nula identificación y el desvanecimiento de todo tipo de complicidad entre el cuerpo electoral socialista malagueño y la organización con su impresentable trama orgánica provincial, se había producido, con los ramales que de ello se derivaban para la obtención de óptimos resultados en los comicios, fueran generales, autonómicos o locales. Por ello, la meta alcanzada con la reconversión del instrumento, como lo significa todo partido político, que sirve como medio -para estos Ni-Ni es un fin y ahí se quedan- para alcanzar los instituciones de cara, en clave socialista, a cambiar y mejorar la vida de la gente -ya esto segundo apartado no lo entienden- les llevó a disponer de un engendro de partido de pensamiento coagulado que comenzó a parir la pérdida a raudales de votos, de alcaldías empezando por las grandes ciudades, siendo la provincia de Málaga eminentemente urbana, para seguir reduciendo la presencia de primeros ediles y de un partido fuerte en las localidades pequeñas. En consecuencia, la Diputación provincial, gran nicho para repartir empleos y prebendas, pasó a manos del PP. En tanto, aprovechando ese vacío dejado por la organización socialista, la derecha andaluza ha ido surtiéndose de la provincia de Málaga para captar y desplegar sus cuadros más relevantes.

¿Andas perdido, compañero? No, para nada; me respondió. Al revés, se me estás aclarando muchas ideas. Pues, le añadí, vamos a acabar la cena que se están quedando las cosas frías y te cuento tras el postre, si te apetece tomarlo, una segunda parte ¿Vale?, vale me contestó.

(Continúa en esta 2ª parte: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/12/05/malos-tiempos-para-la-lirica-2a-parte/)

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