El trastorno de los populistas (12.03.2022)

Posted on marzo 12, 2022

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Ignacio Trillo

Nunca resulta fácil ni gratificante adentrarse en la complejidad que ofrece el pensamiento humano ante lo que nos está ocurriendo. Tampoco emplear la psicología como disciplina vehicular para analizar los trastornos que en ella se producen ante una realidad aceleradamente cambiante. Más, cuando acontece en un mundo convulso, deseando salir de una pandemia que ha golpeado fuertemente el Planeta como no lo hacía desde hace un siglo y, en una sucesión continua, encontarse con la amenaza de dar el siguiente paso con destino al estallido de una Tercera Guerra Mundial que pudiera mostrarse por su poder destructivo como la última para la supervivencia del ser humano.

En este sentido, en un mundo nuevo en el que se pretende reiterar historias pretéritas que se daban por superadas, nos encontramos con mociones planas o respuestas emocionales limitadas o inapropiadas, descontextualizadas, que al final resultan como sí la mirada fija estuviera puesta al otro lado de donde acontece la actualidad, con argumentos espurios y a la defensiva que nada tienen que ver con dar salida a los interrogantes que se plantean, acompañadas para sus adentros de cierta ansiedad social persistente y excesiva, que se suelen justificar en el mantenimiento de sólidas convicciones ideológicas de toda la vida, independientemente de las coyunturas a aplicarse, porque de lo que se trata realmente es de encuadrar unos principios para ser ratificados, colocándose a modo de clichés para así quedarse tan panchos.

El populismo no solo se está dando en la extrema derecha sino que la derecha que se suponía sistema y que abre las puertas al neofascio en las instituciones y en la gobernanza.
El alto costo que le está significando al PP y a Cs desde la foto de la plaza de Colón, marzo de 1919, no fijar un cordón sanitario a la extrema derecha tal y como realizan sus homónimas europeas.

El populismo de que hace gala las derechas vergonzantes estos días, a colación del pacto PP-VOX castellano-leonés, ante la negativa a una condena sin paliativos a ese acuerdo, en línea opuesta a lo declarado sin paliativos por el PP europeo, porque es contrario al ordenamiento constitucional (contra los derechos de la mujer, el principio de igualdad, la ley de la Memoria Histórica, la no discriminación por razones de sexo, nacionalidad….) realizado por el partido político más corrupto del Viejo Continente que se coaliga con un partido de inspiración fascista contrario al Estado de las autonomías, a la Unión Europea, al reconocimiento de la diferencia…, lleva a una situación de quiebra no solo a esa formación política sino también a la necesaria estabilidad del sistema democrático. Más, cuando saca a colación para justificarse su rechazo al pacto de Pedro Sánchez con etarras, separatistas y comunistas, así como la utilización de la guerra en Ucrania para consolidarse, partiendo de que seguimos estando bajo un Gobierno ilegal e ilegítimo a pesar de haber sido emanado de unos comicios generales cuyos resultados no fueron en ningún momento cuestionados como el resultado de la votación en el Congreso de Diputados, al igual que según ellos significó la pandemia, como si hubiera surgido no de la ciudad china de Wuhan sino de la madrileña Moncloa y transmitido a la población española través de las manifestaciones del 8M del 2020, hace que esta derecha se sitúe en un mundo que no pertenece a este mundo.

En lo que se refiere al populismo de la extrema derecha, para ocultar el siniestro itinerario curricular que arrastra VOX desde su origen, salido su líder de una mamandurria de Esperanza Aguirre y organizado con financiación iraní, coaligado con la extrema derecha europea como caballo de Troya de la política de Putin para la destrución de la Unión Europea, fija su atención hoy en aprovechar el malestar generalizado de la ciudadanía para denunciar la inflación galopante que nos asola sin abordar sus raíces sino solo sus efectos demoledores sobre el precio de la luz, de la gasolina, de los cereales, de las materias primas… sobre los bolsillos de las economías domésticas, plantea recetas para hacerle frente de lo más contradictorias, entre la autarquía franquista y el neoliberalismo más salvaje.

Y así llegamos al populismo de raíz izquierdista, que ya bautizara Vladímir Ilich Uliánov, Lenín, antecesor del Vladimir Putin, como enfermedad infantil, no menos vergonzante, al que el nombre Rusia parece que le sigue recordando la extinta URSS en lo que se refiere a las hondas transformaciones realizadas con respecto a un pasado feudal zarista, no en cuanto a la cara oculta por la que perdió «la guerra fría» y colapsó relacionadas con su naturaleza no democrática, con sus gulags, o con el desarrollo de una economía ineficiente, contaminante y obsoleta en su competencia con la economía social de mercado, que es tan reacio a condenar sin reservas y sin peros la invasión agresora y genocida a Ucrania, como crimen de guerra contra su población civil, contra infraestructuras básicas para la ciudadanía, contra edificios domiciliarios, escuelas y hospitales.

La propaganda rusa de las intervenciones, golpes de Estados y guerras fomentadas o con intervención directa de los Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, incluyendo las realizadas más allá de la caída del muro de Berlín. La cuestión a reprochar no es que lo recuerde, sino que lo emplee para hacer lo mismo en Ucrania.

Cuando repudian la invasión para levantar cabeza ante la abrumadora indignación que entre la población española está significando esta invasión a lo Atila de Goliat contra David, dicen que también hay que condenar las invasiones de Yemen. Irak, Libia, Granada. Panamá, República Dominicana, el golpe de Estado de Chile, de Bolivia, de Argentina, el bloqueo a Cuba, a Venezuela, los bombardeos a Serbia, el exterminio sionista de Palestina, la marcha marrón contra el Sáhara…o sea, que al final queda difuminada lo que se trata ahora; tachar de genocidio lo de Ucrania y calificar al autoritario Putin, lanzado en su aventura imperial, aparte de criminal lesa humanidad, de sátrapa y psicópata.

También muestran esa elocuencia kafkiana cuando se suman estos días a las manifestaciones, la mayoría de las ocasiones organizadas por colectivos de inmigrantes ucranianos o de doble nacionalidad, con la mente puesta en el No a la Guerra del 2003, en los gritos de, Otán No, Bases Fuera de 1985, con la estupefacción de los acompañantes azul-amarillos que no entienden nada ya que por el contrario piensan que sí estuvieran bajo el paraguas de la OTAN seguro que no les estaría pasando la actual masacre.

La imagen de la Puerta del Sol de mano izquierda no es del 2003 contra la guerra de Irak sino del pasado día 25 de febrero de este 2022 en una manifestación teóricamente convocada contra la invasión de Ucrania y de repulsa a la agresión de Putin. A la derecha, el mismo día, ucranianos en Zaragoza en manifestación contra la invasión y masacre a su país por el gobierno imperialista ruso de Putin.

Por tanto, en vez de relajarme y evitar el estrés como recomienda esta imagen, -difundida en las Redes por populistas izquierdosos ante lo que está pasando como drama humanitario lesa humanidad en Ucrania-, mirando para Palestina, Oriente Medio, o poniendo la foto de Joe Biden en la mesita de noche, no precisamente para que le rece antes de dormir; me van a permitir estos desmemoriados que no me vaya geográficamente tan lejos y fije mi mirada retroactiva en la España de 1936-1939, invadida por militares felones africanistas, mercenarios marroquíes, por los ejércitos nazifascistas de la Alemania de Adolfo Hitler y de la Italia de Mussolini. En los bombardeos aéreos de los aviones de la Legión Condor alemana y de la Aviazione Legionaria italiana al Madrid del No Pasarán, a Guernika, al mercado de abastos de Alicante o a la Desbandá de la carretera de la muerte de Málaga a Almería. Ignoro sí con tal hecho se agravará aún más el trastorno patológico que padece esta tribu populista, cuando con anterioridad siempre vinieron manteniendo la condena a las potencias democráticas (Francia, Gran Bretaña y EEUU) que en la guerra de España acordaron la no intervención ante la masacre que sufría el pueblo español por las potencias extranjeras fascistas, y sin embargo hoy llegan a condenar que se ayude al pueblo ucraniano con armas, a todas luces insuficientes para hacer frente a esa maquinaria de guerra destructiva que significan las acciones del ejército ruso, coincidiendo, en esta cuestión, las declaraciones de la señora Le Pen con la opinión de partido expresada por la señora Belarra.

Ucrania 2020. La Desbandá, carretera de Málaga a Almería febrero 1937.
Ucrania 2020. Madrid 1936
La región de Kiev en Ucrania marzo 2022. Guernica abril 1937 Euskadi-España

Imposible por tanto durante estos días que mire a otro Continente para no fijarme en lo que está ocurriendo en Ucrania. Sería tanto como renunciar a principios, o como mero ser humano carecer de una mijita de sensibilidad y hasta de corazón ante el drama que le está sucediendo a ese pueblo.

El matón Putín en pleno siglo XXI queriendo con su política belicista en ser el sucesor de  Iván el Terrible (1530-1584), fue un Gran príncipe de Moscú y de toda Rusia (desde 1533), primer monarca ruso en adoptar el título de zar (desde 1547). considerado como uno de los creadores del Estado ruso. En realidad lo qe ya está consiguiendo es reactivar la industria armamentística mundial, ahí están ya las declaraciones del gobierno alemán, y llevar a la quiebra económica a Rusia y veremos sí los oligarcas de su entorno, no acaban relevándolo por poner en peligro sus negocios.

No es concebible en pleno siglo XXI admitir que persiga Putin a costa de lo que sea los mismos fines que los zaristas, espoleados y bendecidos siempre como ahora por su iglesia ortodoxa: la reconstrucción de la gran Rusia, cuyas fronteras naturales solo están o estuvo en sus mentes, basada en peligrosas razones étnicas que tanto recuerdan al nazismo. Nada de derechos humanos, menos del respeto al derecho internacional, a la soberanía y decisiones de sus pueblos. Nada de nada: retorno a la incivilizada «cultura» de los antaños bárbaros caucasianos, el poder de las armas frente a la democracia de los pueblos, y la preeminencia de las razas frente a las ideologías y a las diferencias de clases. Ningún miramiento a que cuando el desmoronamiento de la Unión Soviética, Ucrania entregara a Moscú el arsenal atómico a cambio del respeto a su soberanía, a que conservaran la base naval de Sebastopol. Ocuparon la península de Crimea, las provincias de mayoría de emigración rusa, puso sus gobiernos títeres en Bielorusia y Georgia hoy lo intenta con el resto de Ucrania; ¿mañana: Moldavía, Polonia, Países Bálticos, Finlandia, Suecia…?

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