Ángela Reyes, poeta jimenata (12.04.2021)

Posted on abril 12, 2021

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Introducción

Ignacio Trillo

Concluyo los capítulos dedicados a los tres poetas nacidos en Jimena de la Frontera que tuvieron vinculación con el Premio Nacional de Poesía, Leopoldo de Luis que se casó con la jimenata, María Gómez Sierra, con la autobiografía, que se presenta en dos partes, de la poeta y escritora consagrada Ángela Reyes

Al ser la única que se halla en vida y en plena actividad literaria, a diferencia de los dos poetas que han visto aquí reflejados sus vidas y obras, tanto Diego Bautista y como José Riquelme, ha aceptado amablemente la propuesta que le he hecho de que sea ella misma la que escriba sobre su vida y su obra.

Ángela Reyes fue la que más tardíamente conoció a Leopoldo de Luis, finales de la década de los setenta, pero con la que más intensa y estrecha fue esa relación como vamos a comprobar. Nuevamente el nexo común el día que se produjo el encuentro fue Jimena de la Frontera. Ese preciso momento dio vida a la amistad profunda que mantuvieron, unido a la de su marido, el gran amor de su vida compañero y cómplice en las artes literarias, Juan Ruiz de Torres. Continuó en el mismo sentido hasta el día del fallecimiento del poeta de la generación del 36.

De padres y abuelos de la localidad, sucedió pronta su marcha de la estación de Los Ángeles de Jimena donde había tenido lugar su nacimiento. Contó con multiples residencias por mor igualmente de los distintos destinos de su padre militar, hasta establecerse de forma definitiva en Madrid, donde conoció y se casó con el ingeniero y filólogo, Juan Ruiz de Torres. Esta distancia geográfica lleva a que Ángela no sea suficientemente asociada por el vecindario de Jimena a la localidad a pesar de su trascendencia en el mundo de las letras donde cuenta con más de una treintena de obras publicadas.

Ángela es una persona encantadora, muy sencilla, amable, accesible y dotada de una personalidad y formación humanista realizada por esfuerzo propio que la hacen ser una `rara avis´ de esa generación nacida en la difícil posguerra de tanto retroceso para los derechos y la promoción de la mujer. Asimismo, nunca renunció ni soslayó el amor que siente a su tierra natal donde hunde sus primeras raíces. Sus fugaces visitas y estancias vacacionales a Jimena le hicieron no perder el contacto. Hoy ya, de esa amplia y activa saga de seis hermanos de su madre, solo quedan en vida permaneciendo en La Estación de Jimena, su también nonagenario tío Guillermo y su mujer Paquita que no tuvieron descendencia Tras el fallecimiento de su marido, acaecido en el año 2014, continuando en la capital de España, vive junto a su madre Manuela Jiménez Caballero de noventa y siete años, dotada de una lucidez y memoria envidiables, para la que Jimena y la Estación donde pasó sus mejores años siguen siendo su pasión.

Os dejo con Ángela.

ÁNGELA REYES Y JIMENA

Ángela Reyes Jiménez

Ángela Reyes. Foto: Archivo de Ángela Reyes..

Nací un caluroso día de agosto, en la barriada de Nuestra Señora de los Ángeles, sita en la estación de Jimena de la Frontera. Nací en la cama de mi abuela y en su casa nos quedamos unos meses, mi madre y yo, dando lugar a que ella se repusiera del parto.

Mi madre, la estacionera-jimenata, Manuela Jiménez, y mi padre el jienense Laureano Reyes. se conocieron casualmente en Algeciras, Sucedió una tarde en que mi madre fue con su hermana Anita a una peluquería a Algeciras a hacerse la permanente Se casó en el año 1945 contando con diecinueve años en el Santuario de la Reina de los Ángeles. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

Poco después vino mi padre a buscarnos para viajar hasta Alcazarquivir (por aquellos años territorio español y ahora una ciudad de Marruecos), donde él, como teniente del ejército de tierra, estaba destinado.

Estación de Jimena, año 1933. escuela particular, públicas aún no existían en esta barriada de los Ángeles. La casa donde se impartía estaba cercana a la estación de tren. Es tal la efusión que sentimos sobre lo que nos llega a nuestro domicilio en Madrid relacionado con Jimena que mi madre, con la que vivo y cuenta con noventa y siete años conservando una memoria envidiable, fue recibir esta foto de J Ignacio Trillo y se emocionó notablemente. Como centro privado, rememora mi progenitora, costaba una “perra gorda” (diez céntimos de la peseta) al día. Por las mañanas se daban clases para leer y escribir y para aprender las cuatro reglas de matemáticas. Y por la tarde, se impartía la gimnasia, costura y bordado. A continuación fue nombrando a las niñas que figuran y las recordaba, ochenta y siete años después de que fuera tomada la foto. Así, ha señalado con el número 1 a, María Gómez Sierra, hija de Antonio Gómez Domínguez, el del bar junto a la estación de RENFE, que precisamente se casaría con el insigne poeta nacional, Leopoldo de Luis. La número 2, Isabel Huertas García, madre de Trillo. La número 3, María López Morales. La número 4, la hermana de la anterior, Pepa López Morales. La número 5, Francisca Sánchez Gil “La Larguita”, madre del actual cartero de Correos Luis Ferreira Sánchez. Las 6, 7 y 8,  son las hermanas, Anita, Pepa y ¿ ? hijas de José Caballero, muerto por aquellas fechas por el que vestían de luto, y primas de mi madre. La 9 es la maestra particular, doña Consuelo Ojeda. La 10, Luisa Macías. La 11 es ella, Manuela Jiménez Caballero, mi madre. La 12 es Luisa Gómez. La 13, Anita Jiménez Caballero, hermana mayor de mi madre. La 14 es María Jiménez Caballero (también hermana de mi madre) Y la 15 es Isabel Ávila Marían, que hemos sabido por su hija María Eugenia El resto en su mayoría le sonaban pero no alcanza a recordar sus nombres. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA.

Dos años después regresé nuevamente a Jimena con mi madre y a casa de mi abuela, para que naciera mi hermana Gloria. Y desde entonces mi infancia y adolescencia fue un trasiego de muebles, baúles y libros, hacia casas nuevas, colegios nuevos, amigos nuevos, debido a que mi padre no permanecía mucho tiempo en la misma ciudad. Soy la mayor de seis hermanos y salvo Gloria y yo los demás nacieron en Provincias diferentes. 

Madrid 1959. Mis padres tuvieron seis hijos, al igual que casualmente tuvieron mis abuelos tanto por la rama paterna como materna. Fui la mayor, la primera por la derecha de pie.. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

Mis abuelos maternos fueron Francisco Jiménez Menéndez  y  Francisca Caballero Sánchez. De solteros los dos vivían en Jimena de la Frontera y cuando se casaron vinieron a instalarse en la Barriada de la estación, donde tuvieron seis hijos, siendo mi madre el cuarto hijo que les nació.  A mi abuelo no llegué a conocerlo. Murió siendo mi madre una niña, pero por las fotos que de él conservo he podido ver que era un hombre delgado, de rostro pálido y delicado, bigotito fino, bien vestido y dedicado al negocio del corcho. Sin embargo, a mi abuela la conocí muy bien por las veces que ella nos visitó, bien en Granada o bien en Madrid, y también por las veces que mi madre y yo fuimos a su casa de la Barriada de la estación. Mi abuela era una mujer alta, de rostro muy pálido y cabello castaño recogido en un moño bajo. La recuerdo como una mujer muy prudente y vestida siempre de negro. A ella le dediqué un poema:

(Fragmento) “Porque es domingo de verano / y llegas tú, madre, / ella se ha puesto el traje negro apretado a su talle./ Los tres botones que lo cierran / son tres ojos abiertos / muy próximos al corazón tendido./ Tres botones que cuidan / el ritmo de su voz / y ese golpe de sangre muy caliente./ Con qué cuidado pone/ nuestro cansancio en orden./ No nos habla de muertos ni de ruinas,/ no comenta las lobas / que cada noche pasan por su almohada./ Y cuando canta el Ángelus / nos sirve un vaso de agua de su pozo, / tan solo un vaso de agua / que nos bautiza el cuerpo hasta los bordes. (…)”    (Fantasmas de mi infancia, 2011)

Pero ahora, desde la distancia, lo que más valoro de ella es su fortaleza y la capacidad que tuvo para hacer frente y superar los momentos tan difíciles que le puso la vida por delante, como fue quedarse viuda muy joven, con seis hijos y una guerra civil llamando a la puerta.

Mis abuelos, Francisco Jiménez Menéndez y Francisca Caballero Sánchez. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

En la parte trasera de su casa había un patio, con un pozo y una maceta grande que sostenía un alto y oloroso jazmín. Conforme la blanca flor iba cayendo al suelo, ella la recogía en un plato que depositaba sobre la mesa del comedor para que  aromara toda la casa. También la recuerdo sentada y balanceándose en la mecedora, con el rostro calmado, dándose aire con un abanico.

Año 1949. En brazos de mi madre, Manuela Jimenez Caballero contando con cinco años. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

En uno de nuestros viajes hacia la casa de mi abuela, tendría yo ocho o nueve años, fuimos con toda la familia a La Línea de la Concepción para reunimos con mis primos, los hijos de mi tía Anita Jiménez Caballero, fallecida hacía ya algunos años. Fue un día muy importante para mí pues aquella mañana conocí el mar. Aún veo a la niña que entonces fuera, de pie junto a la orilla, midiendo con mis ojos asombrados la inmensidad inabarcable que ante mí se extendía. No volví a estar junto al mar hasta que no cumplí los 18 años.

Mis recuerdos de la infancia sobre esta calle de la Estación. Foto: Retratos de Jimena. Ediciones OBA

De la Barriada de los Ángeles donde vivió mi abuela recuerdo la calle recta que baja desde la estación de tren, algo en pendiente, y se pierde a la vista del viajero en la curva a mano derecha frente la fábrica de harina de los Vallecillos que siempre mantuvo su particular color gris de fachada. Por lo que cuenta mi madre, en los años de su niñez, este núcleo de población estaba lleno de vida, de gente joven, con su trasiego de vendedores que iban casa por casa vendiendo a dita. La llegada y la partida del ferrocarril  marcaban el horario de las familias.

Años 50. La tienda de tejidos de mi tío Manuel Jiménez Caballero. Foto: Ignacio Trillo

Por aquellos años, en esta Barriada había muy buen comercio, siendo una de las tiendas más importantes de Jimena y de muchos pueblos de los alrededores la de mi tío Manuel Jiménez, “Casa Jiménez”. Al lado estaba la misteriosa finca de El Gurugú. Y digo misteriosa porque siempre tenía la cancela cerrada. En uno de mis viajes, siendo niña, me así a los barrotes para mirar los caminos de tierra y frondosos y altos árboles que la habitaban. Tuvieron que pasar muchos años y con la finca ya convertida en una importante urbanización para que yo pudiera entrar por primera vez en ella. Fue en 1999 cuando la recorrí buscando la casa donde vivían y viven mis tíos Paquita y Guillermo.

En la imagen superior la Barriada de los Ángeles de Jimena que conocí en mi infancia. A mano izquierda, la verja de entrada a la finca El Gurugú. A la derecha, la tienda de tejidos de mi tío Manuel y al fondo la entrada a la estación de Renfe. Dando un salto en el tiempo, en 1999 con mi tío Guillermo Jiménez Caballero en el andén de Renfe cuando ya vivía con su mujer Paquita en la urbanización construida en un Gurugú totalmente transformada. Foto superior: Retratos de Jimena. Ediciones OBA. Foto inferior: archivo de Ángela Reyes.

Mi madre, ya casi centenaria pero dueña de una buena memoria, comenta que todo Jimena de la Frontera fue  un pueblo tranquilo, familiar, hasta que vino la guerra civil, trayendo consigo enfrentamientos entre familias y vecinos, muertes injustas,  heridas que tardaron muchos años en cerrarse. Otro suceso de mucha menor importancia fue el derrumbamiento de la plaza de toros portátil. Esto acaeció en 1961,  la tarde que toreaba el diestro Carlos Corbacho y, casualmente, unos días antes de la boda de mis tíos Guillermo y Paquita. Mi madre se encontraba en Jimena, en esta ocasión acompañada de mi hermana Gloria, adonde había ido para ser la madrina de boda de su hermano. Mi tío Guillermo presenció en vivo el accidente por estar en el tendido, disfrutando de la corrida. Salió ileso, aunque fue a su boda cojo.  

17 de agosto de 1961, hundimiento de la plaza de toros portátil instalada entre la Estación y Jimena. Al fondo los espectadores corriendo anta la falsa alarma de que se había escapado el toro intentando alcanzar las copas de los olivos para estar a salvo. En esa carrera, mi tío se lesionó un pie. A mano izquierda mi tío Guillermo, aun cojeando, con mi madre Manuela que hizo de madrina en su boda con Paquita. Foto de mano izquierda, Retratos de Jimena. Ediciones Oba. La siguiente foto: del archivo de Ángela Reyes.

A pesar de vivir siempre lejos de Jimena de la Frontera, mi pueblo me ha dado tanto que se ha convertido en una deuda imposible de pagar. Para mi sorpresa, se creó en el 2011 y en la biblioteca Miguel de Cervantes el aula de lectura que lleva mi nombre. De aquel paso por Jimena, acompañada por Juan Ruiz de Torres, mi esposo, y por mi hermana Alicia, tengo muy vivo el acto de hermandad que se llevó a cabo en la biblioteca Cervantes. Todo ello fue posible gracias a la labor que desempeñó, en mi favor, José Regueira cronista de Jimena. Aquella tarde, además, me obsequiaron con una caja de Piñonate y ello fue como regresar a mi niñez por las veces que se lo vi hacer a mi abuela.

Verano 2011. En Jimena de la Frontera junto a la Casa de la Cultura Leopoldo de Luis con ocasión de la creación de la sala de lectura que lleva mi nombre en la biblioteca Miguel de Cervantes gracias a la iniciativa del cronista oficial y farmacéutico José Regueira. A mi derecha, mi tío Guillermo. Detrás de ellos con camisa blanca mi marido Juan Ruiz de Torres. Le sigue a mi hermana la bibliotecaria Lucía Coronil y el cronista Regueira al que le estoy muy agradecida. Me fue igualmente grato que estuvieran presentes vecinos de la Barriada de los Ángeles como el profesor Juan José Gómez que se halla a la izquierda de mi marido con polo de color naranja, así como José Luis Rondán Angulo y su esposa (a mano izquierda de la imagen ella con camiseta de color verde y él a su lado a su derecha medio tapado) que portaban uno de mis libros y a los que sumo gusto les escribí una dedicatoria. Me fue una sorpresa encontrarme como vecino del pueblo a Manuel Cerezales Laforet. pintor y escritor, hijo de la gran escritora Carmen Laforet del que ahora por el amigo J Ignacio Trillo he sabido sintiéndolo en mi alma su reciente fallecimiento. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

Con las jimenatas, la primera a la izquierda, Victoria Sierra Márquez, dueña del bar La Tasca, a mi derecha. Lucía Coronil Montero, bibliotecaria, e Inmaculada García González, trabajadora de correos y también gran amante de la literatura, el día de la visita a Jimena. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

A cambio yo solo pude escribir el poemario Fantasmas de mi infancia, dedicado al Sur, concretamente a Jimena donde nací, y a Granada donde pasé mi infancia. En él recopilo instantáneas, voces, sabores, que aún permanecen vivos en mi memoria y que corresponden a toda mi familia sureña. Así lo digo en la dedicatoria del libro: A mi madre, que es del Sur. Y al Sur, testigo de mi niñez feliz. También Juan, en el año 2000, escribió un poema que habla de Jimena y de Andalucía.

Mi poema sobre la Estación y la de mi marido, Juan Ruiz de Torres sobre Jimena. Archivo de Ángeles Reyes.

La mayor parte de mi vida la he pasado en Madrid, pero bajando siempre que podía a Andalucía, unas veces a Villanueva del Arzobispo (Jaén) donde vivía la familia de mi padre y otras a Jimena de la Frontera. A la edad de 19 años me coloqué, como secretaria de dirección, en la Federación Nacional de Vehículos de Alquiler, Madrid, donde trabajé durante 23 años. En Madrid me casé con el escritor madrileño Juan Ruiz de Torres, un hombre optimista y tan lleno de vida que, cuando se jubiló a los 59 años, se inscribió en la Universidad Complutense de Madrid para hacer su tercera carrera, en esta ocasión de Filología Española. Nos casó el alcalde del ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, don Luis Partida. En Madrid hice toda mi vida literaria. En Madrid enterramos a mi abuela materna, Francisca Caballero Sánchez. Cinco años antes, mi madre había ido a la Barriada de la estación de Jimena y la trajo a Madrid para que se repusiera del ictus que le había dado. Pero no pudo ser. En Madrid enterramos a mi padre, a mi tercer hermano y a mi esposo. Toda mi familia descansa en la Sacramental de San Justo. Esta fotografía recoge el día en que toda mi familia se reunió para celebrar el 50 aniversario de la boda de mis padres.


Año 1995. En el 50 aniversario de la boda de mis padres, hermanos, suegra, cuñados y sobrinos en Cava Baja (Madrid) Foto: Archivo de Ángela Reyes.

De aquella numerosa familia mía que vivió tanto en Jimena de la Frontera como en la Barriada de la estación hoy solo permanecen mis tíos Guillermo y Paquita. Ellos son los cancerberos que custodian los recuerdos de tantos nombres y voces, de tantos momentos algunos difíciles y otros dichosos de quienes cumplieron con la vida y que ahora, muchos de ellos, incluso ahí descansan para siempre.

MI AMISTAD CON LEOPOLDO DE LUIS


Año 2002 con Leopoldo de Luis tras el funeral de su esposa Maruja cuando mi marido Juan Ruiz de Torres que nos hizo la foto y yo pretendimos que ante el estado de apesadumbre que ofrecía lo mejor era que tomara aire y no se encerrara seguidamente en su casa solo con su dolor. Foto; Archivo de Ángela Reyes

En 1980 y sin que él me conociera, yo sabía que Leopoldo de Luis era un poeta importante, que acabada la guerra estuvo preso en Jimena y que pasados unos años se casó con María Gómez, una amiga de juventud de mi madre. Incluso yo tenía en mi biblioteca dos poemarios suyos, comprado en las viejas librerías de la Cuesta de Moyano de Madrid: Alba del hijo e Igual que guantes grises. Yo iba con frecuencia a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles de Madrid, centro literario donde Leopoldo de Luis y otros muchos   poetas, ya consagrados, daban conferencias y lecturas de poesía. Nunca me atreví a presentarme a él aunque tenía la buena excusa de argumentarle que era jimenata, como su esposa. Hasta que un día di el paso y rápidamente supe que estaba ante un hombre cálido, muy educado y muy generoso. Tan generoso que cuando en 1984 publico mi segundo poemario, Las muerte olvidada, él estuvo a mi lado arropándome con unas palabras. 

Tanto Juan Ruiz de Torres como yo mantuvimos con Leopoldo de Luis  una larga y serena amistad. En las décadas de los 80 y los 90, Juan y yo, desarrollamos una gran actividad cultural llevada a cabo con la Asociación Prometeo de Poesía, fundada por Ruiz de Torres, y en la que Leopoldo de Luis colaboró en muchas ocasiones con lecturas y charlas poéticas, en talleres e incluso prologando libros de cuantos por aquel entonces nos iniciábamos en el verso. Guardo, como un tesoro, varias cartas suyas en las que comenta algunos de mis poemarios publicados. Como guardo también el soneto que le dedicó a Juan y que voló hasta Miami, donde fue publicado en El Diario las Américas, en 1997.

Julio 1997. Poema de Leopoldo de Luis a Juan Ruiz de Torres. Imagen: Archivo Ángela Reyes.
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28 de abril 1982. Carta de Leopoldo de Luis Ángela Reyes en respuesta a haber recibido “Amaranta” el primer libro publicado conteniendo treinta y siete poemas. Archivo de Ángela Reyes.

Leopoldo de Luis fue un gran sonetista. Uno de sus últimos libros, Cuaderno de San Bernardo (2003), premio de poesía Paul Beckett, lo escribió en el hospital de la calle San Bernardo de Madrid, lugar donde falleció su esposa. La tarde que Juan y yo fuimos al hospital, nos encontramos al poeta sentado en una mesita junto a la ventana de la habitación, escribiendo un poema. Nos dijo que era un soneto y segura estoy  que era uno de los que luego aparecería en este libro, todo él dedicado a Maruja. En el libro se advierte la pincela triste y desoladora del hombre que está pasando por uno de los peores momentos de su vida. Todo aquel que hable y escriba sobre la actividad cultural de Leopoldo de Luis deberá mencionar también a su esposa, María Gómez. Ella fue su inseparable compañera, la persona que siempre estaba a su lado en todos los actos culturales que él llevó a cabo, que fueron muchísimos. En 1988, la Asociación Prometeo de Poesía le concedió el premio Prometeo a su obra poética. Muchos años después, con Leopoldo ya ausente, nuestra Asociación celebró el centenario de su nacimiento.

Madrid, 1988. Entrega del premio `Prometeo¨ a Leopoldo de Luis por su obra por parte de los poetas Alberto Baeza Flores y Ángela Reyes. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

José Riquelme Sánchez. No quiero cerrar este apartado sin mencionar a mi amigo  Riquelme, un gran poeta jimenato, con quien mantuve abundante intercambio de libros y de cartas. Aunque las circunstancias no permitieron que nos conociéramos físicamente, sí estábamos al corriente de lo que cada uno íbamos publicando.


Cartas del 2 de mayo de 1997 y de 1 de enero 2000 del entrañable y cariñoso José Riquelme con el que siento no haber llegado a coincidir físicamente aunque me tenía al tanto de muchos eventos literarios que se celebraban en el Campo de Gibraltar así como de sus publicaciones y a la vez me comentaba las que yo iba publicando. Ahora que he sabido de su biografía completa a través del exhaustivo relato narrado por Juan Ignacio Trillo lo he ido situando cronológicamente en las distintas etapas de la vida que atravesó este ilustre jimenato. En la primera misiva me felicita por mi obra “Breviario para un recuerdo” y aprovecha para mandarme su publicación “Jimena de la Frontera: entre la poesía y la literatura”. En la segunda, a un año justo de su fallecimiento, tras agradecerme que le remitiera mi cuento “Elisa Yerbabuena” me habla ilusionado de la investigación que lleva a cabo sobre el pintor José Gärtner nacido en Gibraltar que pensaba publicar y que cuando se produjo, año 2008, fue su obra póstuma. Foto: Archivo de Ángela Reyes.

Tampoco tuve la suerte de conocer a Diego Bautista, otro paisano jimenato. Creo que fue un grave error de la vida no darme la oportunidad de entrecruzar siquiera con él unas palabras o unas cartas, como sí me la ofreció con José Riquelme. Y es ahora cuando, ya demasiado tarde y gracias a mi amigo J. Ignacio Trillo, he leído su vida trabajosa y difícil, por culpa de una guerra que nunca debió de existir; ahora me he enterando del gran poeta que fue y de lo mucho que amó a Jimena. Tanto a Riquelme como a Bautista fueron dos personas tan valiosas que me hubiera gustado conocerlas.

La página Web de Ángela Reyes: www.angelareyes.org

(Conclute esta autobiografía con esta 2ª parte: https://ignaciotrillo.wordpress.com/2021/04/20/angela-reyes-y-2a-parte-20-04-2021/

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