LA CÁRCEL DE CRUZ DE HUMILLADERO Y LA REVISIÓN DE LA HISTORIA (20.10.2020)

Posted on octubre 20, 2020

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LA CÁRCEL DE CRUZ DE HUMILLADERO Y LA REVISIÓN DE LA HISTORIA (*)

Ignacio Trillo

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Pasquín de la convocatoria a modo de esquela mortuoria con interviniente e incógnita sobre el titular del responso.

En la puerta principal de la antigua cárcel de Cruz de Humilladero, como ha recogido la revista El Observador, el pasado viernes 25 de septiembre aconteció un acto en recuerdo a “los mártires” de “la cruzada de 1936” ocasionados en Málaga por “las checas republicanas durante los seis meses que gobernó el Frente Popular”.

Concentró a ochenta y nueve personas, incluidos los reporteros que cubrieron la noticia, y cuya repercusión no hubiera trascendido externamente si no hubiese contado con la presencia del alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre.

Papel protagonista lo jugó el historiador revisionista de aquel periodo y promotor del acto, autoproclamado de “reconciliación global”, el catedrático jubilado, Antonio Nadal.

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25.09.2020. Antonio Nadal, el convocante, escoltado a ambos flancos por el reverendo míster Raimond y el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre

No seré yo quien descalifique ningún evento que propicie, como iniciativa ciudadana o jubilatoria, la integridad y dignidad que merece toda vida humana.

Tampoco, el encuentro entre personas de ideologías diversas o pensamientos dispares que estuvieron confrontadas o son descendientes de víctimas heterogéneas. Más, cuando se trata de un periodo turbulento de nuestra historia contemporánea que fue cerrado falsamente como lo muestra que transcurridos más de ocho décadas siga de radiante actualidad.

Pero ese foro que pareciera ambicionarse no puede sustentarse sobre premisas que faltan a la verdad histórica e interpretan, en la puesta en escena con guión sesgado y la misma parafernalia estética de aquel antier, una parte de pésimos actores.

¿De verdad que pretenden los promotores del acto un acercamiento sincero entre partes antagónicas para la reconciliación en vez de producir arcadas de rechazo cuando lo que se exhibe es una patética tramoya enmarcado en la involución política actual que pretende un puñado de nostálgicos de la extrema derecha con encubrimiento cuando no falseando la historia que transcurrió?

Normal que esto suela ocurrir una vez más cuando la parte promotora procede del sector social que precisamente como premisa básica ha venido negando a lo largo de la historia su grado de responsabilidad en la destrucción por las armas de un sistema político constitucional para que fuera sustituido por un Estado filo fascista.

Lo anormal es que esta corriente para la revisión de la historia haya renacido en Málaga a través del surgimiento de otro Pío Moa, o haya hecho acto de presencia en el acto un alcalde democrático que antes que fraile fue cocinero en el convento de la misma orden religiosa azulada y se creía curado e inmune.

Que algún que otro árbol no impida ver el bosque.

Y que conste que por más difícil que resulte producir un encuentro entre contrarios, no sería imposible su logro, además resultaría de lo más reconfortante, pero sobre bases bien distintas a lo ostentado en ese acto ante la puerta de la antigua cárcel que solo puede provocar repudio en la parte que se pretende reconciliar cuando no que acuda provisto de desinfectantes higiénicos sanitarios relacionados con el Zotal.

Ejemplos de reconciliación sin falseamiento de la historia han habido en el reciente devenir aunque lamentablemente no se haya extendido a muchos más casos como sería de desear.

Dejando aparte los más recientes entre familias de etarras y las de sus víctimas; por ceñirnos a aquel periodo de la segunda mitad de la década de los años treinta del pasado siglo, hacer mención al caso que aconteció entre la familia del aviador, Carlos de Haya, con el propio piloto republicano, Francisco Viñals; ambos aeronautas participantes en la batalla de Teruel donde halló la muerte.

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Mayo 2006. Encuentro conciliatorio del aviador republicano, Francisco Viñals, y Mirentxu de Haya, hija del aviador rebelde, Carlos de Haya, muerto en la batalla de Teruel al chocar con el avión que pilotaba Viñals para impedir que disparase contra otro aparato rebelde perteneciente a la escuadra italiana.

Para ello no tuvo la familia de Carlos de Haya que ocultar ni falsear que el principal hospital de nuestra ciudad hubiera llevado durante casi seis décadas su nombre, ni mentir que se trataba de un aviador aborigen malagueño, ni tampoco inventarse que el suelo donde se elevó el complejo sanitario fuese producto de una donación por su herencia, como que en sus horas libres del servicio de vuelos el piloto lo destinaba a curar a heridos o enfermos.

Simplemente que se trataba de un militar vasco con brillante carrera profesional que se sumó a la sedición y que era esposo de la hija del doctor malagueño, Gálvez Ginachero.

Sin embargo, no se ha despachado de esa forma trasparente y sin trampas esta unilateral convocatoria sobre lo que califican de homenaje a los “mártires” del periodo republicano del Frente Popular, que para los concentrados de forma interesada pareciera que no se inició tras las elecciones generales del 16 de febrero de 1936 sino a partir del 18 de julio, día del «glorioso Movimiento Nacional». De este modo no trasciende el relato de las conspiraciones que motivaron muchas de esas encarcelaciones sin víctimas al tener el control las autoridades republicanas así como los asesinatos por falangistas de cargos electos de la capital y provincia.

Hasta para envolver el acto en oropel de terciopelo, tal vez como lapsus freudiano, se presentó con el calificativo de “apolítico”, vocablo al que tanto recurre de forma vergonzosa la derecha de toda la vida cuando pretende exponer sus planteamientos de parte con ridículo enmascaramiento partidista, como sí así colase mejor.

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25.09.2020. El público «apolítico» asistente

Ignoro también sí eran “apolíticos” los respetables asistentes, aunque sea fácil suponer su tendencia, tan solo visualizando el formato estético de su puesta en escena, la exteriorización de algo íntimo como son los rezos que se oyeron, y como colofón el himno nacional, musicalmente a toque de trompeta militar como aperitivo introductorio, letra del José María Pemán de Amenábar, y extraído del que versionaba el antiguo NO-DO en blanco y negro.

Precisamente quienes más hacen política, hasta con la actual pandemia, sin embargo rehúyen a todas horas de esa acuñación, como si la polis, desde su origen aristotélico, no tuviera una connotación noble, ajeno a lo perverso.

También Franco lo invalidaba cuando dirigiéndose a uno de sus ministros le instaba: “hazme caso, haz como yo, no te metas en política”.

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Año 1940. El «apolítico» Franco y demás «apolíticos» acompañantes, autoridades civiles y religiosas del nuevo Estado.

Pintoresco resultó, asimismo, aunque no extraño en este renacer de las esencias patrias que estamos asistiendo, todavía lo del imperio español no ha asomado la patita, que en esta cita, partidista-nostálgica, junto a la profusión de banderas que “tú bordaste en rojo ayer”, se hiciera imprescindible la presencia estelar del nacional-catolicismo, uno de los pilares fundamentales que dieron cuerpo a la justificación del golpe de estado y genocidio posterior.

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25.09.2020. El reverendo irlandés Raimond que protagonizó el responso en una estampa más propia del nacional-catolicismo de 1936, con reivindicación por algunos de los presentes de una monarquía celestial, frente a la actual borbónica algo desgastada, y que nos retrotrae también a tiempos siniestros y de ultratumba que creíamos haber superados.

En este sentido, reapareció en el acto concelebrado la luz de esa vela clerical, tal como estuvo anclada en aquellas fechas del pasado, intacta, en estado puro, como si no hubieran pasado ochenta y cuatro años por ella. Tampoco el aggionamento del concilio Vaticano II de hace cincuenta y seis años perturbó su puesta en escena.

Un sacerdote católico, aborigen irlandés, ataviado con el mismo textil de entonces, junto al representante del señor obispo de Málaga, con las desgastadas palabras de siempre por reiteradas desde el Medievo, cargado del surrealismo metafísico, volvió a catapultarnos a la misma institución eclesiástica del antepasado.

Como tesis central de su iluminación sobre el transcurrir de la etapa republicana vivida, formuló que estuvo presidida por “el odio a la religión” y donde fueron mártires “los perseguidos por su fe que acabaron dando la vida por Cristo”.

Los términos expresados por este clérigo en ese mitin, difícilmente se conciben a estas “jarturas”, siempre con la misma letanía, procedentes de alguien ilustrado que se hubiera interesado en estudiar algún pasaje de la historia de España, por otro lado no achacable per se, dios me libre, a su condición de irlandés.

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Ian Gibson versus reverendo Raimond, dos irlandeses distintos y una sola historia verdadera.

Disponemos de claros ejemplos en nuestro país, como el escritor, Ian Gibson, que nos muestra con lucidez que sinónimo a esa nacionalidad no es la ignorancia.

Como tampoco es de recibo que el referido presbítero no hubiera ojeado alguna página de la abundante publicación editada por historiadores anglosajones de corte hispanista que reflejan en sus obras con nitidez extrema aquella sociedad española.

La iglesia exaltó tanto al golpista general Franco, su «Salvador», que bien pronto lo elevó a los altares, denominando «Cruzada» al levantamiento de una parte del ejército contra el ordenamiento constitucional, y a caballeros cruzados a sus soldados. Ocurrió el 23 de agosto de 1936 por el obispo de Pamplona, Marcelino Olachea. Aquí se observa en este piadoso cuadro al Dictador, acompañado de la representación iconográfica del Apóstol Santiago , el «matamoros», que vuela sobre su cabeza encima de la montura del caballo blanco y con la espada en la mano, pero donde ya no juega de justiciero, como en el guión original, donde tendría que matar al «moro infiel», sino que, al contribuir como mercenario al derrocamiento de la República, pasa a ser protegido, situándolo el autor del lienzo, y según instrucciones recibidas de la Superioridad, con mosquetón en mano a la diestra del «Caudillo» .

Qué lejos se situó el Reverendo Raimond, representante del pastor obispal en la puerta de la antigua cárcel de Cruz Humilladero, para haber aprovechado el referido acto de cara a realizar un profundo examen de contrición sobre los gravísimos pecados que cometió la jerarquía de la iglesia católica en las operaciones desestabilizadoras que se desarrollaron para derribar la IIª República.

Más, habiendo citado en el inicio de su plática el nombre del papa Francisco, que bien pronto por sus siguientes palabras se comprobó que era en vano.

Anhelada era el deseo de la iglesia católica de que se produjera cuanto antes la voladura de la República, como la de este Reverendo ocultarlo.

Así, lo tuvo claro la jerarquía eclesiástica desde el instante en que fue proclamada, y el rey Alfonso XIII, a pesar de la pecaminosa vida carnal que portaba por su entre pierna y la corrupción que practicaba para cubrir sus juergas y bolsillos, era considerado su líder político para la salvaguarda de sus intereses, privilegios y bienes terrenales.

Al tener que hacer las maletas con rumbo al exilio, el monarca dejó huérfana a aquella santa iglesia que bien pronto tuvo que sustituirlo por un general de la conspiración.

La iglesia católica pasó en un santiamén del apoyo a una monarquía que había gobernado con un golpe de estado protagonizado en 1923 por el general Miguel Primo de Rivera, a apoyar indubitamente al que Franco protagonizó para llegar al poder sin importarle el tremendo coste en vidas humanas.

Se hace muy necesaria esa autocrítica como premisa para que la reconciliación que se pregona sea sincera, sin tener para ello que romper ningún postulado doctrinario sobre la fe cristiana, sino pregonar el mismo mensaje evangélico hacia la justicia social y la igualdad que propugnaba en versión laica el sistema político republicano, cuya Constitución proclamaba en su primer apartado: «España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia».

Sí, señor Reverendo, democrático, eso que tanto le cuesta, incluso hoy en día, ser aceptado al Estado Vaticano al que pertenece, que le lleva a ser el único país europeo que no lo practica. Sobre la misoginia y discriminación que ejerce contra la mitad de la población, la mujer, solo apuntárselo.

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9 de Febrero de 1937. El obispo de Málaga, Balbino Santos Olivera, oriundo leonés, en el centro de la imagen, cara al sol con sus hábitos ordinarios, sito en la Alameda Principal, acompañado de los representantes de las fuerzas vivas y victoriosas ocupantes de la ciudad de Málaga, alzando el saludo a la romana mussoliniana, a la misma hora que con su silencio la cárcel de Cruz de Humilladero se hacinaba de presos republicanos presuntamente acusados por el delito de haber votado por el Frente Popular o por haber sido interventor o apoderado ante sus urnas, o haber militado en algún partido de dicha candidatura, o afiliado a algún sindicato de clase, CNT o UGT. Presos con destino, sin juicio alguno, al paredón del cementerio de San Rafael para ser fusilados también con el silencio del señor obispo. En tanto, a la misma hora de este ejercicio vocal en coro y con un solo brazo que se celebraba en la Alameda Principal, se seguía masacrando a las decenas de miles de criaturas indefensas que en multitudes huían por «la carretera de la muerte», de Málaga a Almería, para no correr el riego de ese mismo destino fúnebre.

Por el contrario, ante el mutismo sepulcral del señor Reverendo Raimond sobre la sedición acaecida aquel 18 de julio de 1936, que encendió las llamas del diablo entre los españoles que en su mayoría defendían la República, mientras la minoría apostaba por instaurar por las armas un Estado hitleriano o fascista, a la vez que retornar a la imposición de una sola religión calificada de Estado, solo le cupo argumentar, “el odio a la religión” que presidió ese sistema político.

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La Constitución republicana de 1931, en sus apartados sobre derechos y libertades, así como en la separación de las religiones del Estado laico

De forma interesada, o en su ignorancia, hacía nuevamente mutis, esta vez del artículo 27 de la Constitución republicana de diciembre de 1931 donde expone: «La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública»...«Todas las confesiones podrán ejercer sus cultos privadamente. Las manifestaciones públicas del culto habrán de ser, en cada caso, autorizadas por el Gobierno» (…) «Nadie podrá ser compelido a declarar oficialmente sus creencias religiosas». Y en artículo 48: «Se reconoce a las Iglesias el derecho, sujeto a inspección del Estado, de enseñar sus respectivas doctrinas en sus propios establecimientos».

Todo ello para seguir apoyando a aquella iglesia, procedente del ancestro inquisitorial, que nunca aceptó la IIª República porque el artículo 3 de aquella Constitución de 1931 establecía que: «El Estado español no tiene religión oficial»; el artículo 25: «No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas»; el artículo 26: (…)«El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas. (…) «Quedan disueltas aquellas Órdenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes».

Asimismo, porque en el artículo 27 figuraba que: «Los cementerios estarán sometidos exclusivamente a la jurisdicción civil. No podrá haber en ellos separación de recintos por motivos religiosos»; y por el artículo 43, que declara: «La familia está bajo la salvaguardia especial del Estado. El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos, y podrá disolverse por mutuo disenso o a petición de cualquiera de los cónyuges, con alegación en este caso de justa causa»; y por el artículo 48: «La enseñanza será laica, hará del trabajo el eje de su actividad metodológica y se inspirará en ideales de solidaridad humana».

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Don Niceto Alcalá Zamora que estuvo de presidente de la IIª República desde 1931 hasta marzo de 1936, personalidad profundamente religiosa y en posesión de una importante hacienda ¿Es concebible que defendiera un régimen político que se caracterizara por su odio a la religión católica o contra los que poseyeran dinero, cómo se afirmó en el acto de Cruz de Humilladero?

Fue muy torpe sí lo que pretendía el señor Reverendo, como los demás oradores, era ocultar que la iglesia española durante la República defendió los intereses y privilegios que gozaban los caciques, terratenientes y nobles, así como que fue contraria en el plano individual, para la mujer especialmente y para la ciudadanía en general, a cuanto significara cultura, libertades y derechos, así como para el logro de la regeneración y la modernización de aquella España tan atrasada y oscurantista.

Y sobre la responsabilidad y colaboración de la institución eclesiástica en la represión y el genocidio que originó el franquismo desde los primeros disparos que efectuó el 17 de julio de 1936 contra sus compañeros de armas, leales al ordenamiento constitucional que se oponían a la sublevación, hasta sus últimos del 27 de septiembre de 1975, ya moribundo el Dictador, se sobreentiende la omisión del señor Raimond, en que esas otras víctimas republicanas o antifranquistas son bien distintas a las de la sufrida derecha antirrepublicana y golpista de la Cruzada ya que no se trataban de vida de seres humanos sino de “infieles”.

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11 de febrero de 1937. Misa oficial de la iglesia católica en honor a los ocupantes de la capital malagueña concelebrada en el Parque, a espaldas se sitúa el ayuntamiento, con un altar instalado en la plaza de Torrijos, preparado ex profeso con el yugo y las flechas típicas de Falange, en acción de gracia por la victoria lograda y la liberación de la provincia y de la capital de las «hordas marxistas». Los oficiales golpistas presentes en la ceremonia al mando del coronel Francisco de Borbón y de la Torre, primo hermano del ex-rey Alfonso XIII que defendía el golpe de Estado desde su exilio en Italia, ni se tuvieron que bajar de los caballos para postrarse de rodillas ante el santo sacramento de la eucaristía. Francisco de Borbón había irrumpido en la capital malagueña tres días antes procedente de la conquista de los municipios de la Costa del Sol, dirigiendo a los mercenarios del «Cuerpo de Ejército Marroquí», lo que llamaban «los regulares», en tanto los republicanos: «los moros de Franco», que a dicha fecha constituían un grueso de 60.000 hombres repartidos en distintos frentes de guerra, en lo que fue una auténtica invasión de nuestro país. El primer acto que realizaron al entrar en nuestra ciudad fue poner en libertad a los presos de la derecha golpista que se hallaban precisamente en la cárcel de la Cruz de Humilladero sin que fueran previamente asesinados. A la misma hora de la celebración de esta solemne misa en el Parque, seguían los bombardeos, desde el aire por la Aviación Legionaria italiana y por aviación Cóndor alemana, en tanto por el mar lo efectuaban los buques de guerra, «Cervera» y «Baleares», contra una población civil indefensa que caminaba en su inmensa mayoría a pie, constituída por decena de miles de personas, fundamentalmente mujeres, niños y ancianos, en la que se calificó «La Desbandá» o «la carretera de la muerte», de Málaga a Almería, cuyo balance de miles de asesinados está aún por cerrar, pero que no será inferior a siete mil.
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8 al 16 de febrero de 1937. A la misma hora de la misa de los victoriosos en el Parque de Málaga, seguía sucediendo las imágenes del genocidio de la «Desbandá» de Málaga a Almería. Más de 150.000 personas, en su mayoría mujeres, niños y ancianos, a lo largo de los 200 kms que las separan , sufrieron, por mar procedentes de los barcos rebeldes, Cervera y Baleares, y por el aire de aviones italianos y alemanes con base en Tablada (Sevilla), los más criminales bombardeos de la contienda, originando miles de víctimas mortales.

Como pensará el señor Reverendo que tampoco hubo responsabilidad clerical alguna en los miles de ejecuciones de republicanos malagueños que no huyeron, realizados por los sediciosos, sin juicio alguno a los que no citó.

Se tratan además de supervivientes de los previos y masivos bombardeos contra la población civil antes de la ocupación donde fallecieron cientos de malagueños civiles. Un total de cuarenta y siete se sucedieron desde mediados de diciembre hasta el siete de febrero de 1937, llevados a cabo por «el glorioso ejército aéreo nacional» que estaba compuesto por aviones con sus correspondientes pilotos de la Alemania hitleriana y de la Italia de Mussolini. 

También se ocultó, imperdonable encontrándose en el acto el historiador señor Nadal, que muchas de esas llamadas «sacas» de presos de la derecha antirrepublicana que serían asesinadas, fueron producto, no de una acción premeditada de las autoridades republicanas sino de personas civiles desesperadas que habían perdidos familias enteras por estos bombardeos, asaltaron la cárcel de Cruz de Humilladero y se tomaron la justicia por su mano.

Explíquele señor historiador Nadal, por ejemplo, el terrible bombardeo que sufrió la población civil de Málaga el 22 de agosto de 1936, cuántos civiles muertos hubo y cuantos fueron exterminados en el penal de Cruz de Humilladero por una muchedumbre presa de la indignación que asaltó la prisión, entre ellos el general Francisco Patxot que ni fue debido a su fe católica ni porque tuviera dinero sino porque había sido el jefe de la rebelión el anterior 18 de julio en la capital malagueña. Acláreselos a los asistentes al acto, señor Pío Moa bis, si no se le ha olvidado de forma consciente.

Diciembre, enero y principio de febrero de 1937. Aviones rebeldes procedentes de la base sevillana de Tablada que todas las mañanas aparecían en los cielos de la capital con destino bombardear edificios civiles en la ciudad de Málaga.
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22 de agosto de 1936. El primer bombardeo aéreo destructivo ocasionado por los sublevados. Los efectos en la capital malagueña del primer gran bombardeos por la aviación rebelde con base en Tablada (Sevilla) comandada desde Sevilla por el general, Gonzalo Queipo de Llano. Cuarenta y siete veces fue atacada posteriormente la ciudad desde el aire solo contando los meses de diciembre de 1936 y enero de 1937. Llegó a ser de tal intensidad y dañino para la población civil, que cada mañana a las nueve horas empezaban a caer bombas de forma indiscriminada sobre edificios civiles sin contemplar objetivos concretos de contenido militar o estratégico. De ahí que el humor local, al mal tiempo buena cara, también como resistencia, le llamara, la hora del «tío mollete», por coincidir para muchos con el desayuno. Ya en los últimos días previos a la toma de la ciudad, los bombardeos aéreos se recrudecieron también por la noche acompañados por los lanzamientos de bombas procedentes de los cañones de los barcos rebeldes posicionados en el litoral marítimo. Foto: Google.

Si le cito otros hechos, me contraargumentará el Reverendo que el papel de los sacerdotes católicos no era impedir esos fusilamientos sino limitarse a acompañar a los pelotones de gatilleros por si había algún “rojo” entre los condenados a morir que se arrepintiera de su condición y pidiera una confesión de última hora para pasar al otro mundo sin pecado mortal; y si no surgía, para dar la bendición postmortes de cara a que Lucifer se apiadara de ellos, ya que se supone que, también sin formación de causa alguna ni por tanto juicio, esta vez celestial, irían condenados directamente al fuego eterno del infierno.

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Franco bajo palio eclesiástico

Como el rol de los obispos, arzobispos y cardenales a los que tampoco corresponde exigir por el señor Reverendo que pidan perdón por sus pecados, ya que tan solo se dedicaron a bendecir y dar cobertura divina bajo palio al Dictador, con el brazo a la romana bien levantado, como mandaba el fascio, para ampararlo en su seno tras haber acabado con los enemigos de Dios.

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El general golpista, Gonzalo Queipo de Llano, jefe de mando de los sublevados en Andalucía, el autor y actor de las terroríficas soflamas incendiarias en su posición diaria frente al micrófono de la emisora de radio Sevilla que utilizada para propaganda y para infundir el temor al enemigo. Especial inquina le tenía a Málaga, por haber fracasado la intentona golpista que él mismo había dirigido personalmente desde la capital hispalense y por mantenerse leal a la República. He aquí algunos de los improperios que lanzaba con esa voz aguardentosa que le caracterizaba, donde incita a sus tropas al asesinato: “¡Sí, canalla roja de Málaga¡ espera hasta que llegue ahí dentro de diez días! Me sentaré en un café de la calle Larios bebiendo cerveza y por cada sorbo mío caeréis diez. Fusilaré a diez… por cada uno de los nuestros que fusiléis aunque tenga que sacaros de la tumba para hacerlo“.  Y sobre las mujeres republicanas, les dirigía estas «perlas» para que fueran violentadas y violadas: Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a las mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad. No se van a librar por mucho que forcejeen y pataleen”. También incitando a asesinatos que quedarían impunes: «Mañana tomamos Peñaflor, así que vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: Morón, Utrera, Puente Genil, ir preparando sepulturas. Yo os autorizo a matar como a perros a todo aquél que se resista a vosotros, que si lo hiciereis así, quedaréis exentos de toda culpa”.

En fin, como también, aquellos sátrapas y generales genocidas, al igual que el citado innombrable que aún en pleno siglo XXI yace acogido a pie del altar de la basílica de la Macarena en Sevilla.

¡Ay, don Antonio Machado, qué razón tenía usted con lo de las dos Españas!, pero a este Reverendo no es que por ser irlandés se le haya helado el corazón al nacer, es que siempre lo tuvo congelado.

En cuanto al historiador negacionista: Señor, Señor, no le perdones, porque sabe bien lo que hace. Y lo del alcalde: «las cosas de Paco».

(*) Este artículo ha sido publicado en la edición del día 20.10.2020 en la revista digital de Málaga: EL OBSERVADOR. https://www.revistaelobservador.com/opinion/51-tribuna-abierta/15895-la-carcel-de-cruz-de-humilladero-y-la-revision-de-la-historia?fbclid=IwAR1KrLCmO2F-tZqBOYQEaEbUO6Q_-1G0qjwuhUZZ9M95gGF0cUXcmHg7Ubg

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