¿ALBERT RIVERA ES FROILÁN? (25.02.2019)

Posted on febrero 24, 2019

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¿ALBERT RIVERA ES FROILÁN?*

Ignacio Trillo 

La plana mayor de las derechas que emularon en la plaza de Colón por el ambiente y colorido que se derrochó lo que significaron bajo el franquismo las concentraciones de ultras en la plaza de Oriente, de lealtad inalterable y adhesión inquebrantable al Dictador; en esta ocasión para echar a Pedro Sánchez de la Moncloa.

No es normal, por más desnortada que se halle la cosa pública, que un líder como Albert Rivera, al que se le suponía avezado y haber llegado a etapa adulta, se haya pegado conscientemente un tiro político en el pie.

Accidentalmente le puede ocurrir a cualquiera. Hasta a un menor de edad, como le sucedió a Froilán de Marichalar y Borbón, recogiendo una larga tradición en materia de disparos intrafamiliares fortuitos, si bien en este caso tampoco fuera lógico que tuviera acceso tan tempraneramente a un arma de fuego.

De ahí que el silogismo de las dos premisas anteriores nos pudiera llegar a la aparente conclusión de que el dirigente Rivera sea de compulsivo proceder a su alteza Froilán, con las debidas distancias por diferencias existenciales.

Hasta aquí la reflexión que hice el pasado domingo, día diez, cuando observaba la concentración de los cuarenta y cinco mil ultras de VOX en la plaza de Colón de Madrid presididas por la plana mayor de los partidos PP y Ciudadanos junto a Abascal, y donde el propio Manuel Valls al husmear el siniestro panorama salió pitando, como diciendo pies para qué te quiero, no para pegarse un tiro.

Froilán, hijo de la infanta Elena y cuarto en la sucesión al Trono, cubriéndose el rostro cuando acudía a la concentración ultra de la plaza de Colón sin conocimiento de la Casa Real en unión de su pandilla `patriótica´. Diario El Mundo. 

Pues bien, dos semanas después al nostálgico evento, hemos tenido conocimiento de la imprudente presencia en dicho acto del joven de la realeza, Froilán de Marichalar y Borbón, vividor del erario público. No sabemos si en solidaridad con Albert Rivera al haberle emulado políticamente su percance accidental del tiro en el pie o también por sus profundas convicciones muy acordes con su primo, el rey de Francia y presidente de la Fundación `Francisco Franco´, Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú. 

La cuestión es que yendo a la raíz de la valoración política que me merece esta nueva gesta descubridora en la plaza de Colón, cualquier profano en politología calificaría su celebración como otra tuerca en el suicidio que lleva Ciudadanos de la mano de Albert Rivera.

Más, tras lo acontecido en Andalucía con la configuración a tres bandas del nuevo gobierno autonómico donde la envalentonada extrema derecha de la Reconquista a lo Cid Campeador, desde su flamante presencia institucional, campea con aire exterminador encima de su Babieca, y osa ya a elaborar listas negras, empezando por los profesionales que trabajan en la violencia de género, sospechamos para sus futuros campos de concentración, encargándose el juez prevaricador Francisco Serrano de que consten los informes de rigor necesarios a fin de dar garantías jurídicas a la selección de los deportados.

Pero este involucionista hecho no se está dispuesto a que quede tan solo en tierra sureña. Así, siguiendo aquella máxima anónima de cuando un tonto coge un camino, el camino se acaba y el tonto sigue; Albert Rivera anuncia, dando por iniciada la turbulenta precampaña a las generales, no las medidas de su programa electoral para la mejora de la calidad de vida de la ciudadanía española sino, la política de alianza que va a llevar a cabo con las derechas tras el veredicto de las urnas. Construir la casa por el tejado. Además insistiendo en que, como otro insulto a la inteligencia de los demás, los independentistas, con los que ha coincidido en la votación contra los presupuestos de 2019 derrocando al Gobierno Sánchez, son los aliados del malvado socialista que ha roto España por las concesiones que le ha hecho.

El triparto (PP/Cs/Vox) que llevó al perdedor de las elecciones andaluzas, Juan Manuel Moreno Bonilla (PP), a la presidencia de la Junta de Andalucía. Imagen: Rosell. Diario de Sevilla 09.12.2018.

En resumidas cuentas, aunque las cuentas de los votos no se sepan al día de hoy, Rivera predica sin disimulo la misma proeza que ha hecho en Andalucía. El lenguaje además es idénticamente cansino, donde solo Cataluña es leitmotiv de su batiburrillo para la confrontación y el catastrofismo. Ni agenda política ni social, y donde solo cambia los nombres, no los contenidos, de lo que estamos hartos de escucharle desde su reciente campaña andaluza: Pedro Sánchez por Susana Díaz. Echarlo del Palacio de la Moncloa; antes, echarla del Palacio de San Telmo. Versión revival del gran timonel y espadachín de las tres derechas, José María Aznar: “¡váyase, señor González!”.

dinastía aznar

El autor intelectual que desde desiertos no lejanos ha hecho posible la unidad y formación del trifachito andaluz como experiencia piloto para su extensión como plaga a toda España en contra de las tendencias de los partidos democráticos europeos.

Nada nuevo cada vez que la derecha no sustenta el poder que cree pertenecerle por derecho de pernada, aunque ahora ya sepamos que uno de los tres mosqueteros que sustituye a los socialistas sea VOX.

Rivera fija su cordón sanitario, no hacia la extrema derecha, como se afanan sus homónimos europeos, sino por el contrario hacia el PSOE, aliado imprescindible de la derecha democrática en el Viejo Continente para hacer frente a la invasión exterminadora de los nuevos bárbaros: lepenistas, salvinistas o brexitanos; y todo ello, además, a escasas semanas de las elecciones al parlamento de la UE ¿Se puede estar más desacertado? 

Para más inri, ¿a quién se le ocurre a más de dos meses vistas de la cita con las urnas fijar, además con anatemas, exclusiones y cordones sanitarios, una política de alianza postelectoral con otros partidos cuyos números de diputados a obtener para formar Gobierno también se desconocen?

Comparecencia en rueda de prensa del triste y espeso, José Manuel Villegas, anunciando el cordón sanitario de Ciudadanos al PSOE y su disposición a aglutinar las fuerzas de las derechas para desalojar a Pedro Sánchez de la Moncloa. 

Más inapropiado aún, en una realidad de vertiginosos cambios como los que se están dando en el presente tablero político español y mundial donde todo es posible y lo contrario según el minuto en que se efectúe la valoración. Encima, disparándoseno solo a los pies sino arrojando piedras de dimensiones meteoríticas contra su propio tejado para sepultar los postulados ideológicos que dieron origen a la formación naranja y que hasta hace nada se resumían en: socialdemócrata –ahora abominando sin embargo del PSOE- regeneracionista –apoyando a la inversa que siguiera en el poder el partido político más corrupto de Europa- del consenso, el diálogo y heredera del liberalismo de centro-izquierda europeo: a la inversa, formando parte de mayorías donde figura la ultraderecha.

Pues bien, estos bandazos desconcertantes a que nos viene acostumbrando el volátil señor Rivera, ajenos a un líder serio y coherente, tan solo podría hallar explicación en la doble personalidad que le persigue, como si se tratara a la vez de un político y un humorista, más propio por tanto de su cántabro diputado Felisuco; o de alguien que no está bien de sus cabales. O de quién le da el valor a su palabra lo mismo que un trilero, ya le ocurrió cuando no iba a votar nunca por Mariano Rajoy. O tal vez, debido a una patología de desequilibrio emocional que le impide madurar y en cambio le obliga a instalarse en una insatisfacción permanente, de ahí su culito de mal asiento o de veleta maluco (dícese de quien padece cierto tipo de malestar) que va de flor en flor.

Lo extraño de todo este desvarío es que se haya dado la información de que el acuerdo sobre la política de alianzas de Ciudadanos con tan malas compañías ha sido tomado unánimemente por su dirección, lo que debería ser motivo de una mayor preocupación si cabe, porque entonces indicaría la presunta enajenación mental de su núcleo directivo, algo así como acontece en el mundo del independentismo catalán, al que dice la formación naranja combatir su secesionismo sin salida, contraponiendo para ello otro patriotismo de fetidez añeja.

¿Cómo es posible que personas que se les puede suponer cierto rigor y talla, como al economista Luis Garicano, o que procedieron en su día del campo socialdemócrata y hasta de las filas del PSOE, como Luis Salvador, hayan podido comulgar con semejante hostión en forma de rueda de molino?

Albert Rivera que se postuló como el Adolfo Suárez del siglo XXI, en la involución sufrida se ha posicionado en su diáspora, significando un nuevo fiasco en el aggiornamento de la derecha española, una constante en su historia y que vuelve a seguir como asignatura pendiente y elemento diferencial con los demás países europeos de larga tradición democrática. Foto: Diario La Información.

Si levantara la cabeza Adolfo Suárez a cuyo espejo dice reflejarse Rivera lo correría a gorrazos.

El caso es que una joven formación política nacida para regenerar la política y abordar sin estridencias las grandes reformas estructurales que España necesita, cuando más imprescindible es, ante el giro tomado por el PP aznariano de Pablo Casado y la irrupción sin tapujos de la extrema derecha de la sinrazón, en vez de cumplir su papel histórico, del que lamentablemente carecieron a lo largo del tiempo pasado las fuerzas conservadoras, va y se tira al monte con ellos y deja huérfano de representación política al sector social que dio sentido a su nacimiento.

Como siempre fue y así nos llevó al gran fracaso de la política española a lo largo y ancho de gran parte de los siglos XIX y XX.

Presentación del libro «Manual de Resistencia» donde Pedro Sánchez es entrevistado por la periodista Mercedes Milá y el montañero Jesús Calleja. Foto: Ricardo Rubio / Europa Press

En consecuencia, al socialista, Pedro Sánchez, le encomienda paradójicamente el señor Rivera que se haga cargo también de representar a ese sector social de centro que le resulta impresentable su alianza con VOX, también por su condición ilustrada para que su voto no sirva para armar políticas ultraderechistas y del Medievo. 

Ante ello, hay que manifestar que Pedro Sánchez no es cierto que sea, ni un héroe ni un resistente, por más que lo insista el manual que está haciendo volver a leer a una población que se había olvidado de hacerlo. Simplemente es un personaje con mucha suerte, bien distinto a Zapatero cuya baraca con mal de ojo lo lanzó a la lona del ring. 

Al señor Sánchez se lo han venido poniendo a huevo sus contrincantes, más que a Fernando VII, empezando por quien cuando nadie lo conocía le avaló y lo alzó a Ferraz para tenerlo en su sombra como perrito faldero; continuando por el `sobreseado´ Rajoy de la corrupción interminable; del disidente interno de la patada en la puerta; siguiendo por los jarrones chinos; por la golpista por desmarcarse de sus planes; por los que ya no pueden darle el `sorpasso´ de tanto romperse; y ahora, por la cabra loca de Ciudadanos que, ante un giro más del PP hacia su marginalidad, va y se tira al monte dejando todo el centro político abonado para que seguidamente venga Sánchez a recoger los frutos.

«¡Gensanta!», diría el recordado, Antonio Fraguas `Forges´, que hace ahora un año que nos dejó ¿No hay nadie más que se pegue otro tiro en el pie, de aquí al domingo 28 de abril? ¡Hagan juego, señores! 

*Este artículo ha sido publicado en la revista digital «ConfidencialAndaluz.com»: https://confidencialandaluz.com/albert-rivera-es-froilan/

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