¡QUÉ GRAN PAÍS, SÍ TUVIERA UNA MEJOR CLASE POLÍTICA! (13.03.2016)

Posted on marzo 13, 2016

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¡Qué gran país, si tuviera una mejor clase política!

Por Emilio A. Díaz Berenguer e Ignacio Trillo Huertas

La firma de los Pactos de la Moncloa. 1977.

La firma de los Pactos de la Moncloa. 1977.

Desde la Transición, nunca España se había enfrentado a un reto tan importante para dar satisfacción a los intereses generales del país. Pero para apreciar este fenómeno político, hay que procurar: o bien observar los árboles que unen, sin que el follaje verborreico del bosque de la dispersión de cada cual lo impida, o direccionar generosamente la mirada hacia los demás, y no a la egocéntrica cutícula del propio ombligo. La ciudadanía, una vez más, se muestra lúcida. Se afana, desde el presente y pisando suelo firme, en la construcción de un mejor país, en tanto muchos nos tememos que podría ser paralizada por su representación política.

los cuatro segunda transición

Urnas 20-D: Pablo Iglesias, Albert Rivera, Pedro Sánchez y Mariano Rajoy.

El resultado de las urnas del 20-D es de tal riqueza democrática que sólo unos deficitarios gestores políticos podrían frustrar las esperanzas puestas en los equilibrios dictaminados por más de dos decenas de millones de votos. Nunca, a lo largo de los últimos cuarenta años, se nos había presentado la gran oportunidad de acabar, de una vez por todas, con la herencia y los restos autoritarios y fácticos de la Dictadura a través de la profundización y la regeneración de la democracia; hito que no fue posible realizar por la correlación de fuerzas que se dio en la primera Transición.

Un Congreso de los Diputados que recupera el papel de control real del ejecutivo, y que en buena medida le había sido negado de forma sistemática uno u otro de los dos grupos políticos que han venido siendo mayoritariamente elegidos. Asimismo, tras el recuento de las urnas del 20-D, el cuerpo electoral se ha sentido cómodamente representado en su pluralidad: los de izquierda, los de centro, los de derecha, los centralistas, los autonomistas, y hasta los independentistas.

Con estos mimbres, tras un sexenio de siniestra negritud, el pueblo soberano volvió a recuperar la confianza en la política, sintiéndose protagonista del cambio, esperando la correspondencia de políticos a su altura capaces de hacernos recobrar la confianza en ellos, no despilfarrando tanta ilusión generada, sino acatando el mandato electoral recibido mediante un acuerdo que permitiera la gobernabilidad cimentadora de un nuevo escenario. Para ello, era obligado demostrar que la cultura del pacto es posible y funciona, de manera que las renovadas propuestas y derogaciones normativas sólo serían operativas mediante consensos negociados y estables; lo contrario a lo que ha venido ocurriendo hasta ahora.

Pero esta oportunidad de oro quedará frustrada si la incapacidad de nuestros actuales representantes y sus grupos parlamentarios para negociar y concertar nos aboca a nuevas elecciones.

pacto paella valenciana

¿Pactando?

En este sentido, algunos líderes por sus acciones u omisiones ya están apostando irresponsablemente para que se repitan, sin calibrar que el cuerpo electoral probablemente y de forma particular les castigará en las urnas. Y también a todos en su conjunto, por una más que previsible abstención. Que ninguno se frote las manos por tanto, porque los que ganasen escaños lo harían con un voto sensiblemente menor, atentando al espíritu participativo de la democracia aunque pudiera favorecer sus espurios intereses. Y para colmo, sí la composición final que resultase de las nuevas urnas poco se diferenciara de la actual, se habría hecho un pan con una torta.

No se puede insultar la inteligencia de la soberanía popular como si no supiera votar, suspendiéndole por lo que ha dictaminado, para a continuación exigirle que repita, como no puede seguir esperando la llegada de las soluciones a los graves problemas de emergencia social que nos asolan.

En definitiva, todos perderíamos con una repetición de las elecciones y nuestra democracia se empobrecería, penalizando el mandato popular que tiene que ser sagrado e imperativo, a la vez que se despilfarraría la actual sinergia de cambio para la catarsis ética y política contra la corrupción de cara a salir moralmente fortalecido de esta profunda crisis, también de valores.

Las urnas del 20-D obligan a un acuerdo porque ni la derecha ni la izquierda pueden gobernar en solitario y porque además se hace necesario, más allá de la simple suma aritmética, alcanzar una amplia mayoría política para poder presentarse ante Bruselas con suficientes apoyos de cara a negociar e impedir un nuevo austericidio. Nadie puede creerse estar en posesión de la verdad política, porque a nadie le ha sido concedida en exclusividad por la mayoría del electorado.

rajoy trabajador duerme

Un agónico Presidente en funciones que ni tomó el encargo del Rey para su investidura ni asume responsabilidad alguna ante el nuevo Congreso de Diputados

Una democracia madura no puede consentir el escenario de una repetición de elecciones, ni tampoco prolongar la agónica situación actual de un Gobierno en funciones que para más inri se niega a asumir responsabilidades ante las Cámaras. Tampoco es de recibo que los líderes políticos paseen la mayor parte de su tiempo en platós televisivos, discurseando sus sectarios bucles para esparcir sus consabidos y reiterados galimatías, discrepancias o cabezonerías, antes que sentarse y encerrarse en negociar, que es tanto como tener que ceder y flexibilizar sus maximalismos.

En consecuencia, de proseguir este sombrío panorama hasta el día dos de mayo, deberá exigirse a los actuales parlamentarios que queden amortizados por su fracaso, no debiendo figurar de nuevo como candidatos para representarnos, y menos para gobernarnos. Asimismo, sería indecente que los partidos políticos recibieran en pocos meses una doble financiación por los mismos conceptos a cargo del erario público.

La sociedad civil debe manifestarse públicamente antes de que no haya vuelta de hoja, haciendo ver a los políticos y a sus partidos que su cheque firmado no iba en blanco y que si incumplen el mandato de las urnas podrían pagarlo muy caro, tanto política como económicamente. Se acabaron ya en la cosa pública los cortijos y los manijeros.

En esta línea, hemos decidido enviar a los parlamentarios y a sus partidos un nítido mensaje para que sepan que con el tiempo hemos aprendido y queremos ser parte activa, y de forma ininterrumpida, de la vida democrática; agentes participativos y de control del sistema, no meros depositantes de una papeleta en las urnas cada cuatro años.

Por tanto, exigimos los cambios normativos necesarios, de manera que, demostrada la incapacidad manifiesta de la clase política de turno con la convocatoria de nuevas elecciones, deje de representarnos en el futuro con su inhabilitación política, y a sus partidos políticos se le impongan las penalizaciones económicas oportunas para que no se convierta esa repetición de las urnas en una sobreprima para su financiación.

Congreso de Diputados

Congreso de Diputados

A tal fin, más de mil doscientos ciudadanos y ciudadanas estamos impulsando una petición en la plataforma (pinchar a continuación) change.org, dirigida al Presidente de las Cortes de España para anunciarle nuestra voluntad de presentar una ILP, Iniciativa Legislativa Popular, que recoja dichas reformas, bajo el título: “Si se repiten las elecciones, que la paguen los partidos”.

Si se está de acuerdo, invitamos a su firma y a sumarse activamente para su divulgación.

Emilio A. Díaz Berenguer e Ignacio Trillo Huertas, iníciales promotores de la iniciativa: “Si se repiten las elecciones, que la paguen los partidos”. 13 de marzo 2016

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