MÁLAGA, HACE 14 AÑOS (12.07.2016)

Posted on agosto 11, 2012

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PREÁMBULO.

Ignacio Trillo

Calendario del mes

Hace ahora, catorce años, me eché a la calle, cámara de foto a cuesta, para ir recorriendo los diversos rincones de la ciudad de Málaga, a la vez que, a través de sus huellas edificadas, reflexioné, desde su devenir histórico hasta aquella actualidad, para imaginarme el futuro que, de no corregirse la situación, nos podría deparar.

Lo publiqué (páginas, 427 a 461) en el libro que, sobre doce monografías de varios autores, en su mayoría profesores universitarios relacionadas con “El Medio Ambiente Urbano”, fue dirigido por el profesor de derecho administrativo de la UMA, Diego Vera Jurado, y editado por la Diputación Provincial de Granada a través de CEMCI Publicaciones.

Plaza de la Merced

A pesar del tiempo transcurrido, hay temas de rabiosa actualidad, en el debate hoy existente sobre la ciudad, que de forma pionera introduje, sin ser consciente de la eclosión tan rabiosamente presente de la propuesta, agudizada por las ruinosa operación de adquisición municipal transacionada, con mi pretensión de esponjar el entramado urbano del centro histórico. Me estoy refiriendo a la demolición de la manzana de los cines Astoria y Andalucía, para nada se planteaba su adquisición para el patrimonio municipal, y otras tantas, para realzar, en el suelo de los citados,un espacio cultural único entre la plaza de la Merced picassiana, en su interconexión con La Alcazaba, el Teatro Romano, el entonces futuro

La Alcazaba y a pie el Teatro Romano

Museo Picasso, La Aduana que se empezaba a reivindicar ya por entonces como museístico y cultural y la Catedral como fachada principal del paisaje de Málaga en su entrada por el Puerto.

No avanzo más, os dejo con su lectura, sin haber modificado ni actualizado un ápice de la literalidad escrita -a pesar de que contengan algún que otro error por cambio ulterior, modificación o no realización en el tiempo previsto de proyectos de futuro que se citan, hecho que es normal en la Málaga sempiterna de nuestras pasiones, – ni las fotos que le acompañaban, tan solo añadidas algunas más; de eso hace ya 10 años:

EL CASO DE MALAGA

PAISAJE URBANO Y CALIDAD DE VIDA

 “Por J. Ignacio Trillo Huertas

Vista a la Bahía de Málaga desde El Morlaco

La situación geográfica y climática de Málaga la convierte en una de las áreas culturales y ambientales más interesantes, atractivas y privilegiadas de nuestro planeta común. A orillas del Mar de Alborán, punto de encuentro de las aguas del Mediterráneo y el Atlántico, la capital de la Costa del Sol comparte y disfruta de un espacio especialmente rico en cultura y en potencial de diversidad de flora y fauna. Este milenario emplazamiento fronterizo de Málaga, que en versión de hoy sería entre el mundo desarrollista de la Unión Europea y el del también insostenible subdesarrollo del Tercer Mundo, le ha supuesto ser cuna de las más importantes civilizaciones desde nuestra pretérita historia, transcurrir que ha marcado en sus gentes el carácter cosmopolita y abierto que nos caracteriza, y en sus diversos asentamientos, valiosas huellas históricas dejadas por nuestros antepasados. Este envidiable entorno natural, sin embargo, no ha sido ajeno a las constantes agresiones que las actividades humanas, nada armoniosas y compatibles con la calidad ambiental y el paisaje urbano, han originado.

Calle Carretera de Almería (El Palo)

Respetar los distintos paisajes urbanos que se han venido dando en nuestra ciudad significa preservar las señas de identidad de la milenaria y privilegiada urbe en que vivimos,  elemento fundamental de las referencias históricas, culturales y ambientales de nuestra procedencia. Por el contrario, destrozar los hitos legendarios que han ido conformando la actual urbanización de Málaga, representa empobrecer el presente y futuro de la ciudad al romper los puentes con todo lo que hoy nos puede relacionar sentimentalmente con el pasado.

La formulación del paisaje urbano debe ser entendida como una unidad equilibrada basada en el respeto a lo que de valioso hay en la configuración histórica y organizativamente diferenciada de los distintos espacios urbanos de una ciudad. En el caso de Málaga nos referimos al casco histórico (memoria colectiva de la ciudad), a los ensanches, al litoral, a la periferia, a la distribución de sus actividades económicas y a sus zonas metropolitanas, lugares que deberían haber sido diferenciados con interrupciones en su continuidad, aunque intercomunicados y vertebrados en su trama por zonas libres destinadas a la práctica de deportes, auditorios para espectáculos, plazas públicas, galerías comerciales y pasillos verdes continuos, horizontales y transversales. Estos últimos, basados en la originaria y rica jardinería mediterránea -bien distinta de las monocordes especies de modas; de los focalizados y contados guetos verdes exclusivamente ornamentalistas sin continuidad y comunicación alguna-, que, aparte de su evidente valor estético, ofrecen una mejora de la calidad ambiental al ejercer como sumidero de la contaminación, pantalla amortiguadora de ruidos, ennoblecedor de las edificaciones, además de ser punto de encuentro de la ciudad con la naturaleza a la que un  día hizo desaparecer, recuperando para su interior escenarios de zonas que se dieron ancestralmente en su borde urbano.

Así, las políticas municipalistas que en la línea de lo anteriormente expresado han sabido respetar la configuración histórica del entramado urbano, o han llevado a cabo políticas activas de rehabilitación y restauración de las distintas unidades paisajísticas, son las que generan como resultado una imagen urbana de calidad muy atractiva para residentes y visitantes. Prioridad que habría de tenerse en cuenta además ante la nueva demanda turística de alto nivel cultural que nos ha de llegar con la apertura del Museo Picasso.

¿Ha sido éste el caso de Málaga?. Todo lo contrario, esta ciudad se ha ido construyendo a jirones de coyunturas económicas favorables, sobre todo a partir de la mitad del siglo XX. Carente inicialmente

Calle Granada

de un proyecto global de urbanización, han primado las más de las veces criterios especulativos e inmobiliarios frente al de la planificación y el respeto al patrimonio cultural y natural heredado, de ahí el enorme deterioro que sufre esta ciudad, también desde el punto de vista de su valor como recurso paisajístico.

Además, Málaga se ha proyectado ignorando las fragilidades de su propio emplazamiento, del valioso y privilegiado recurso paisajístico que representan sus montes y el litoral de su bahía; fragilidades olvidadas, tales como los riesgos naturales a los que estamos expuestos. Unos, meramente físicos (seísmos, sequías, lluvias torrenciales, terral, ríos y arroyos que la atraviesan,  relieve montañoso y accidentado…). Y otros, inducidos por la intervención humana (taponamientos de cauces, deslizamientos de tierras y laderas, inundaciones, cambios en la dinámica litoral…)

A diferencia de lo acontecido con las ciudades europeas, que conocieron como consecuencia de la Revolución Industrial profundos cambios en el siglo XIX que perduran hasta hoy, Málaga -en aquella época una excepción andaluza que se subía en su etapa pionera al carro de este tipo de desarrollo- fracasó tempranamente en el intento, dejando una impronta cuyas huellas al día de hoy son meramente simbólicas: calles rotuladas con la irrupción de esta burguesía (Heredias, Larios, etc.), naves y recintos de la industria pretérita demolidos, no recuperados e integrados

La Chimenea en la Malagueta, encerrada entre bloques de edificios

en otros usos (siderurgias, textiles, fundiciones, jabonerías, molinos, destilerías de vinos…); símbolos de lo que quiso y no pudo ser. Nos quedan tan sólo contadas excepciones. Verbigracia, las chimeneas: las valiosas de la Misericordia, antigua CROS y El Guindo, aisladas en el paisaje litoral occidental de nuestra bahía; y la de la Malagueta, asfixiada y encarcelada en el más osado de los diseños cementeros, quizás como cruel venganza de las moles hoy existentes por haber formado parte del relajado y despejado paisaje del otro lado del litoral, junto al faro y morro del puerto, a espaldas de la Alcazaba y del por entonces no urbanizado Monte Sancha. Hecho que lamentablemente también ocurre con las dos existentes en los entornos de Héroes de Sostoa y calle Salitre. Pasando por otras chimeneas, algunas ya desaparecidas, en la Colonia de Santa Inés.

Málaga Cinema

Cine Goya

Antiguas iglesias, teatros, cines…, demolidos que dieron paso a horrendas edificaciones, insultos al paisaje urbano. Obsérvese si no con lo acontecido en la plaza de Uncibay con los desaparecidos inmuebles que albergaban los cines: Málaga Cinema y Goya.

Gibralfaro. Barrio de La Coracha

Hoy toda esa historia de la ciudad, cargada de sentimientos íntimos y vivenciales nos llega por libros y estampas de época: el bárbaro desarrollismo -filosofía  que parece que vuelve a estar de nuevo en boga con renovadas fuerzas- acabó por destrozarla.

Calles y avenidas diseñadas transversalmente a ríos y arroyos, con múltiples recovecos que obstaculizan el necesario desagüe de las lluvias y lodos que fluyen hacia el mar procedente de los deforestados montes que nos circundan, y una presa de contención, la del Limonero, amenazante a las puertas de la

La Malagueta

ciudad. Un mar que se ha aprovechado durante una época de nuestra reciente historia como una nueva fuente de generación de suelo. Un litoral, cargado de monstruosas barreras arquitectónicas continuas, compitiendo en su irracionalidad para que el valioso y sosegado recurso paisajístico que ofrece el azul de sus aguas, sean privilegio de unos pocos, no importándoles incluso la modificación del confort climático-marítimo de sus postreros vecinos…

Pero este panorama, lejos del desánimo, debe conducirnos a intentar su reconversión. Hay que censurar que se continúe  sustituyendo en el casco histórico la tipología edificatoria tradicional por “modernos” diseños con materiales extraños a los mismos -la verdadera modernidad no obvia el continuo histórico-, o que se construya a distintas alturas, rompiendo la necesaria calidad y linealidad del paisaje edificado y su integración dentro de la trama urbana heredada. Nuevas edificaciones de diseños pasticheros en lo que es histórico, desmanes sobre monumentos y edificaciones a respetar. Compruébese con lo que está aconteciendo con el barrio de Capuchinos, Goleta y sus aledaños o  las nuevas  construcciones de pisos que hacen desaparecer jardines privados y mansiones de las otrora, residenciales Limonar y Pedregalejo. Sirvan también como prototipos las actuaciones aberrantes en el entorno de Monte Sancha, -enormes desmontes, construcciones en laderas para ocultar su silueta natural y taponamientos de arroyos-; el edificio Quinta Clavero en el Morlaco –especie de olímpica alucinación con forma de estadio invadiendo el bosquete del anexo pinar que sobrevive-; o las construcciones de más de seis plantas que continúan ejecutándose en el entorno de la estación de autobuses y grandes centros comerciales cercanos, en una de las zonas más congestionadas por el tráfico rodado y aparcado –tema extendido en la ciudad cada día más agravado y pendiente de soluciones-. Todo ello encaminado a no deteriorar aún más esta parte fundamental de nuestra identidad.

Ante esta problemática, habría que plantearse, ¿Se avanza hacia las soluciones o, por el contrario, se crean nuevos conflictos?

Calle Beatas

El actual boom de la construcción, lejos de haber servido para una rehabilitación integral del casco histórico de la ciudad que se cae a pedazos (visítense los entornos de las calles Beatas u Ollerías), se ha dedicado a consumir vorazmente nuevos suelos de la periferia. Esta no habitabilidad completa del centro histórico, ante el ruinoso estado de muchos de sus inmuebles, repercute en el dinamismo de su sector de servicios, agravado por la abrumadora irrupción competencial de las grandes superficies. Málaga sigue sin estar presentable para la avalancha de excelencia turística que nos va a venir tras la conversión del Palacio de Buena Vista en Museo Picasso. Escandaloso estado de abandono de sus aledaños, inmuebles nobles degradados, tales como el Colegio de San Agustín, cine Echegaray…

Junto a esta necesaria rehabilitación, se debe llevar a cabo el esponjamiento de nuestro casco histórico. En esta línea, expropiaciones o

El hotel Málaga Palacio, barrera arquitectónica entre el Parque y la Catedral

compensaciones urbanísticas en vez de haberse destinado a desaguisados varios, podrían haber dado lugar a nuevos espacios abiertos que hubieran contemplado, por ejemplo, la desaparición de tres manzanas de edificios atentatorias a la correcta visualización en el paisaje de dos de los principales monumentos de la ciudad. La Catedral de Málaga, que se uniría en continuidad con el Parque de Málaga, sin barrera arquitectónica por medio uniéndose con el futuro e inmediato Plan Especial del Puerto y el Complejo Histórico Teatro Romano-Alcazaba.

Cine Astoria

Me estoy refiriendo, respectivamente, a los entorpecedores y nada integrados inmuebles existentes entre Cortina del Muelle y Postigo de los Abades; o los ubicados entre calle Alcazabilla-monte Gibralfaro, a los que habría que añadir la manzana constituida por los cines Astoria y Andalucía; Esta última además serviría para abrir e integrar la Plaza de la Merced en el conjunto monumental cercano, convirtiéndola en un maravillosos y noble espacio de aromas picassianos que no tendría en nada que envidiar a las más espléndidas plazas mayores hoy existentes.

Un rayo de esperanza.

Muelle Uno del Puerto. Al fondo Gibralfaro

El Plan especial del Puerto es la gran oportunidad de la Málaga del XXI. Delicadeza en el tratamiento de su diseño, y gran consenso debe reinar sobre este gran proyecto. No sólo litoral sino vertebrador del casco histórico en su prolongación y suave deslizamiento hacia la bahía. Eje vertebrador de los corredores de comunicaciones del litoral y valle del Guadalhorce. Cuarta arista que se sumaría al actual triángulo constituido por el PTA, Universidad y Aeropuerto. Destino natural para la llegada del AVE al centro de la ciudad. Puerto turístico del Mar de Alborán por excelencia. Gran puerto deportivo  en el muelle del Bulto que respondería al actual déficit de puntos de atraque existente, evitando, con la construcción de otros puertos, nuevas afecciones ambientales en nuestra maltrecha dinámica litoral… En resumidas cuentas, un nuevo complejo portuario como centro y motor económico de la nueva Málaga del siglo XXI.

Ennoblecido este Plan Especial en sus extremos con la necesaria remodelación del litoral este de nuestra ciudad, desde la playa y Paseo Marítimo de la

Los Baños del Carmen

Malagueta hasta el Peñón del Cuervo, prestando especial sensibilidad a la restauración de los Baños del Carmen, bella estampa viscontiana que aún nos queda y que debería simbolizarnos con su blanda restauración, distinto al de su actual estado de abandono y dejadez, el balneario de la Málaga de principios del XX enmarcado en un entorno de noble jardinería y mobiliario urbano de la época. Y en el otro extremo del Puerto, un recién inaugurado litoral oeste, donde el parque de viviendas en galopante

La Chimenea de la Misericordia

construcción ha impedido recrearnos en un proyecto sobre la Málaga museística industrial que fue y no nos llegó, y donde nuevamente la tipología constructiva despersonalizada hunde su cimentación en las raíces exterminadas de nuestras señas de identidad, imposibilitando otra gran realización para la ciudad. Una vez más la catadura moral de la ilógica socialización de costes basada en inversiones públicas que revalorizan un entorno, como es este nuevo Paseo Marítimo, para que los espabilados de turno recauden sus beneficios dejándonos otro enjambre de contenedores de ladrillos y coches.

Se continúa por tanto sin imaginación, sin planificación pública, al socaire de reducidos intereses privados, en una ciudad sin proyecto donde lo periurbano sirve actualmente de escombrera en expectativas de revalorización inmobiliaria y el interior de su entramado patrimonial, histórico, ambiental y vertebrador sigue como asignatura pendiente.

La Coracha a pie de Gibralfaro

Lejos de tejer el paisaje urbano, los descosidos siguen estando a la orden del día. Baste citar otra muestra de lo que no se debe hacer: introducir en el paisaje urbano de la demolida Coracha -arrasada por los bulldozers días después de presentarse una maqueta para su rehabilitación-, un incomprensible túnel, no se sabe para qué (primero se construye, después se hace el estudio sobre los flujos del tráfico y a continuación se saca un concurso de ideas para paliar los desaguisados ocasionados en la falda de la ladera), de bananera anchura transeuropea, peligrosa oquedad negra que fragiliza y compite con el bello paisaje de la Alcazaba. En su entorno, un teórico museo de la ciudad de Málaga (otra kafkiana obra, esta vez por su carencia proyectiva de  museo; algo que al parecer se va a repetir en el próximo centro de arte contemporáneo a privatizar antes de su inauguración, que será ubicado en el antiguo mercado mayorista), que por no saber de qué contenido vestirlo se inauguró con una exposición, no de Málaga sino de AENA, la compañía responsable de los aeropuertos nacionales, ausencia de ideas que aún perdura hasta nuestros días. Mientras tanto, a escasos metros, la mayoría de las obras del

La Aduana

antiguo Bellas Artes dormitan embaladas en la Aduana, edificio representativo, no de la sensibilidad cultural sino de la prepotencia administrativa central de estirpe neocolonial.

Y el Convento de la Trinidad: ¿Bellas Artes, Museo Arqueológico o ruina inminente?. Mientras esto se decide, sigue soportando este noble inmueble el insultante juego que con él se está llevando a cabo, no se sabe si con la intención, no ya de enfrentar entre sí a ciudadanos malagueños, sino de esperar a su irreversible deterioro.

Con esta falta de imaginación y de voluntad política, nuestra Málaga pierde la oportunidad de definirse como moderna ciudad europea que aspira a convertirse en la capital mediterránea, puerta de entrada y reencuentro con la pluralidad de ricas culturas que se han desarrollado a ambas orillas de nuestro Mare Nostrum. Papel al que habría que añadir el de la centralidad ambiental y económica-financiera, de cara a la intercomunicación, coordinación y puesta en marcha de proyectos transcontinentales relacionados con la restauración de los ecosistemas que tan ricos en biodiversidad existen en esta región del planeta. A su vez aspirar a ser Subsede de la Unión Europea para la realización de programas relacionados con el desarrollo socioeconómico de la franja sur del Mediterráneo, donde el subdesarrollo hace estragos en sus poblaciones y en el medio ambiente. Las partidas presupuestarias procedentes de los fondos europeos, tras la próxima ampliación de la U.E., podrían quedar finiquitadas en el 2006 para nuestro país. La privilegiada ubicación geopolítica de nuestra ciudad y el grave problema que los flujos migratorios no controlados representa para el equilibrio europeo, significan una magnífica ocasión para plantearse qué nuevos presupuestos europeos, mas allá del horizonte indicado, pudieran gestionarse desde Málaga, para ser destinados específicamente a programas transfronterizos y transcontinentales relacionados con el imprescindible desarrollo sostenible del Mediterráneo que aspire a fijar a las poblaciones en sus territorios. ¿Cuándo se enterarán “los grandes” de que solo un nuevo Plan Marshall hacia esos países detendrá las macabras pateras que convierten nuestro mar en la tumba de los parias del hambre y la desesperación? Málaga se beneficiaría, su PTA, UMA, sus empresas,… , de la sinergia que dicha capitalidad nos reportaría, irradiando proyectos en dirección a los tres continentes que compartimos este mar casi cerrado.

Única casa de La Coracha que sobrevivió. A la derecha, Museo de Málaga. Al fondo la torre de pisos de Los Elíseos

Adentrándonos nuevamente en el paisaje urbano de la ciudad. El diseño de fachada del Museo de Málaga junto al  edificio  ileso  de  la  que fue la Coracha y el gran dislate de torreta de viviendas pomposamente denominado Elíseos; en su figuración, sin pretenderlo, representa una apretada síntesis de lo comentado sobre la violentada discontinuidad del paisaje urbano en la tipología de las edificaciones. Parece como si se tratase de sintetizar la unión de las tres épocas urbanísticas habidas en Málaga: la tradicional, la de los años sesenta, y la actual que emerge; estas dos últimas de negativas consecuencias para el paisaje urbano de la ciudad y la calidad de vida de sus moradores.

Zona de la Carretera de Cádiz

En el ensanche de la ciudad, donde las principales actividades económicas tuvieron lugar desde el siglo XIX hasta la década de los 50, el desmantelamiento de lo existente y su brutal y acelerada sustitución, en los años sesenta y setenta, por penosos bloques en altura sin orientaciones estudiadas, dio lugar a una abrumadora densificación y degradación progresiva del tejido urbano (zona de la estación de RENFE, Carretera de Cádiz, Cruz de Humilladero, etc.) con un penoso déficit en equipamientos y dotaciones ambientales. Aquí, es urgente esponjar la zona y recuperar espacios libres para la práctica del ocio, introduciendo redes de desplazamiento alternativas al automóvil privado (senderos peatonales y carriles bici), creando zonas verdes intercomunicadas entre sí y con el centro de la ciudad, que además amortigüen el impacto paisajístico negativo de los nada estéticos diseños arquitectónicos de estas viviendas.

Zona de Paseo de los Tilos-Cruz de Hulladero.

Hay que evitar que estas zonas jueguen un mero papel de dormitorios. Por el contrario, hay que diversificar el desarrollo de actividades comerciales, culturales y económicas de bajas afecciones ambientales, para que una determinada autosuficiencia en estos barrios pueda evitar a sus residentes la dependencia del vehículo; además, hay que reordenar el asfixiante tráfico que soportan estas zonas y solucionar el grave problema de aparcamientos que padecen. En síntesis, lo que hace falta como en otras zonas de la ciudad es apostar firmemente por  el policentrismo, y este espacio tan poblado como está debería articularse en torno a un eje propio.

La estación terminal del AVE está hipotecada por la intensa densificación existente alrededor de las actuales vías férreas en su entrada a la ciudad. Provéase y aprovéchese esta ocasión histórica para -antes que estos nuevos miles de pasajeros que cada día nos han de llegar colapsen aún más la ciudad y el litoral- unir este destino en conexiones ferroviarias al aeropuerto, a las líneas 1 (Malagueta-PTA) y 2 (Malagueta-Martín Carpena) del futuro metro y al corredor del tren del litoral. Con ello habremos dado un gran impulso al cada vez más necesario transporte colectivo moderno, urbano y metropolitano, basado en el ferrocarril ligero.

Estación de Renfe

La remodelación del corredor ferroviario, con la irrupción del AVE y el anhelado soterramiento de las vías de tren, acompañado de una enérgica y decisiva oposición municipal a la pretensión de RENFE de dar “el pelotazo” inmobiliario en dicha zona con su Plan Especial, haría posible el suelo necesario para el cumplimiento de lo apuntado. Pero, al parecer, los tiros no apuntan en la dirección deseada. Y como muestra sirva el reciente convenio firmado con Altadis, “eufemismo” inmobiliario de Tabacalera, que introduce nuevo techo edificatorio en la zona, contribuyendo a seguir los pasos ya recorridos en otros espacios de la ciudad. Parece como si se pretendiese masificar el nuevo Paseo Marítimo de Poniente, y saturar la nueva red viaria de calle Pacífico y Antonio Machado. Más colapso circulatorio e incremento del déficit de aparcamientos, que se agravará como consecuencia del futuro traslado de todas las dependencias municipales a ese entorno, no es apostar precisamente por la sostenibilidad de esta nueva fachada marítima.

Autovía de Málaga a Las Pedrizas

¿Y qué de positivo hay que destacar de la nueva y colapsada Málaga que surge en la ronda de circunvalación, polígonos industriales, Teatinos, Universidad, Hospital Clínico, grandes superficies (por cierto, salvo excepción, con una desangelada tipología edificatoria, hermética, pensada para otro clima, de ahí su constante despilfarro energético: luz, refrigeración, calefacción) o área del Aeropuerto y entorno? Pues tan solo, tal vez, la enseñanza de cómo no se deberían hacer las cosas, dado que, a diario, con impotencia y demasiada paciencia, percibimos sus consecuencias en colapso circulatorio y contaminación tanto acústica como atmosférica.

No es de recibo tampoco que esta parte nueva de la ciudad aparezca congestionada en tan escaso tiempo y se siga introduciendo nuevas actuaciones (grandes promociones inmobiliarias, superficies comerciales…) sin prever la infraestructura que sería necesaria para

Campus de Teatinos de la Universidad de Málaga

acoger la nueva carga de población y actividades. Un Campus de Teatinos convertido en un gran parking bordeado por edificios universitarios como clamorosa denuncia al fracaso del transporte colectivo. Un nuevo centro comercial amenizado y amenazado por el vuelo rasante de la divisoria de salida del aeropuerto que colapsa aun mas la autovía del Mediterráneo…, muestras de la “correcta” planificación ambiental con que se está efectuando la expansión de la ciudad.

En la periferia productiva se debería propiciar una remodelación del espacio donde se ubican los cutres polígonos industriales existentes, nefastos, entre otras muchas cosas, para el paisaje urbano. Estos polígonos representan una gran ruptura a lo que debería ser la expansión natural de la ciudad. Con exquisita programación debería llevarse a cabo su desmantelamiento y traslado 

Barrio de Teatinos

infraestructura para que la ciudad se desarrolle pausadamente en dirección al Valle del Guadalhorce. Eso sí, previamente realizada la infraestructura y equipamientos públicos de la nueva zona a ubicarse y no al revés como suele hacerse en la mayoría de las veces: Para ello, esta amalgama de naves llamados polígonos industriales, deberían ser ubicados en otra zona, teniendo en cuenta la infraestructura de comunicación necesaria, evitando la abusiva densidad actualmente existente y bajo el planteamiento de ciudad de la actividad económica con todos los servicios necesarios, calidad en la tipología constructiva, zonas verdes y viviendas públicas para sus trabajadores, red de aparcamientos, punto ferroviario de conexión, carriles moto y bici tendentes a disminuir los flujos de tráfico que colapsan desde el

Parque Tecnológico de Andalucía en la barriada de Campanillas

primer día de su inauguración a estos complejos… En este sentido, el Parque Tecnológico es un claro ejemplo de paisaje sostenible, que logra conciliar al sector económico con la naturaleza, aunque habría que avanzar en una oferta de servicios más completa con cierta autosuficiencia para evitar a quienes trabajan o la visitan continuos desplazamientos externos al complejo.

La Laguna de Los Prados

Estos nuevos espacios que se ganan para la vida residencial, tras liberarse del de la actividad económica, deberían contemplar que muchas de esas zonas son inundables. Que en un pasado estuvieron ocupadas por zonas húmedas, unas más estacionales que otras, donde existía una gran riqueza de avifauna de la que sólo conservamos por su importancia la desembocadura del Guadalhorce y la Laguna de los Prados, esta última amenazada por la última hilera de naves colindantes al lagunar. Restaurar estos ecosistemas singulares e integrarlos en la trama urbana, tan necesitada de esponjamientos, aparte de hacer justicia con quienes comparten y nos dan vida, constituiría un gran atractivo a nuestra ciudad, tan necesitada de estos parajes naturales como de ennoblecer la gestión local.

La trama verde debería envolver el entorno de la urbe, abarcando sus bordes de la ronda de circunvalación, y armonizando la ciudad con el impresentable trasero que le quedó al descubierto tras la

Ronda de Circunvalación a Málaga capital

apertura del nuevo viario. Y digo debería porque la realidad es que se está más empecinado en rodear la ronda de nuevas construcciones -acelerando su actual estado de saturación- que de preservarla como zona natural de ocio y esparcimiento para la ciudadanía, sin tener que llevar a cabo grandes desplazamientos al interior de la provincia. Es más, con presupuestos del Plan Hidrológico Nacional acogido a los fondos europeos se está llevando a cabo la pretensión de construir unos parques urbanos, “erróneamente” llamados actuaciones de corrección hidrológico forestal de la Cuenca del Guadalmedina. Pues bien, lejos de presentarse como el fin urbano de la expansión de la ciudad en dirección al norte de la ronda, aparece para algunos “gestores” políticos como zona intermedia para revalorizar una ulterior especulación residencial que pretende avanzar en dirección al municipio de Casabermeja, y hacia el

Cauce urbano del río Guadalmedina, desembalsando la presa del Limonero

Parque Natural de los Montes de Málaga. Así, el llamado Plan Guadalmedina representaría, una vez más, la socialización de los costes de urbanización y equipamientos con presupuestos públicos de una intervención humana con enorme afección ambiental que  va a propiciar pingües negocios inmobiliarios a los  mercaderes de siempre. Nada del proyecto de defensa de la ciudad de Málaga ante las inundaciones, fenómeno que periódicamente nos visita; nada de cinturón verde; sí mucho de negocios especulativos, a pesar de la frágil orografía del entorno y de los costes ambientales y económicos que generan acometer nuevas redes viarias. Pero al final la naturaleza es testaruda, no perdona, y el día que vaticine: ¡agua va!, ó: ¡fuego viene!, nos lamentaremos de sus consecuencias. Nuestra historia en ese apartado no deberíamos olvidarla. Y las imágenes acontecidas este verano, unas veces por riadas y otras por los incendios -Estados Unidos, centroeuropa y el continente asiático- están muy recientes, por no hablar de las mas cercanas de Tenerife y Denia al inicio del estío, o los incendios que suelen acontecer en las zonas interfases entre las urbanizaciones costasoleñas y los terrenos forestales.

Zona costera de Guadalmar

También hay que evitar que en nuestro litoral se siga incrementando la presión urbanística. Regenerar ambientalmente la franja costera, preservar la parte occidental no ocupada de nuevos proyectos impactantes y crear corredores naturales entre la costa y los relieves montañosos del interior son desafíos inaplazables, que se frustrarán si se persiste en la actual dirección de los acontecimientos tendentes al agotamiento del suelo disponible con un Plan Bahía en el Arraijanal que pretende desarrollarse urbanísticamente con un nuevo puerto, cuyas afecciones sobre la dinámica del litoral están reconocidas explícitamente en el proyecto como carga a ser trasladada a su futura comunidad de propietarios, los cuales deberán hacer frente a la rehabilitación anual de las playas colindantes. Cercano, Comandante Benítez, ejemplo de posible zona verde litoral y centro intermodal y metropolitano del transporte público ferroviario y de carreteras, convertido hoy en un pugilato mercantil entre el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento por ver quién hace el negocio de la venta de este patrimonio público que debería pertenecer a la ciudadanía malagueña.

Frente a esta nueva reproducción del cemento abrumando a nuestro litoral, un auténtico High Park newyorkino, pero de estirpe mediterránea, podría elevarse para que sirviera de relax, ocio y sosiego a una ciudadanía estresada, entre diferentes razones, por los “modelos” urbanos de Málaga, Torremolinos y otros del área matropolitana y litoral.

No obstante lo anterior, hay que impedir que prosiga también la salvaje ocupación de suelos, con déficit de equipamiento y desorden urbanístico y paisajístico, debido a las nuevas edificaciones que se elevan en zonas como el Puerto de la Torre, Campanillas, Churriana, etc., de cara a ir elaborando las tramas necesarias de su integración en la futura ciudad, hoy ya área metropolitana. Estamos, de seguir creciendo a este ritmo, cada vez más cerca de unirnos a Alhaurín de la Torre, Cártama, Rincón de la Victoria y Torremolinos, que a su vez prosiguen el mismo caótico camino en dirección a  ninguna parte armónica. La necesidad aquí de una ordenación urbanística del territorio con carácter supramunicipal es urgente.

A todo lo anterior, habría que añadir el fracaso de las políticas municipales de prevención y corrección de los principales parámetros ambientales que, en el caso de Málaga, son preocupantes.

Los estudios que se han llevado a cabo para la elaboración del Plan Estratégico sobre el Gran Bilbao lo corroboran. Málaga figura como última ciudad, de entre las sietes grandes de España, en el índice de sostenibilidad. Este índice integra tanto los indicadores medioambientales como los relacionados con la calidad de vida. Por el contrario, otro informe, esta vez en materia de fiscalidad local, sitúa a Málaga, también en su comparación con las siete grandes ciudades españolas, en segunda posición en cuanto a mayor carga impositiva local.

En la estadística nacional sobre la generación de residuos sólidos urbanos (basuras) por habitante y día, lamentablemente nuestra ciudad aparece destacada en la cabecera de dicho ranking, contraviniendo todas las recomendaciones europeas tendentes a su reducción. Y en ruidos es para alarmarse. Así, en las encuestas que se llevan a cabo en la ciudad, los entrevistados sitúan al tráfico, los ruidos y la limpieza como los problemas que más le afectan.

El actual criterio de ubicar los aparcamientos en edificaciones  dentro del casco histórico es totalmente erróneo y está reñido con la tendencia a su peatonalización, pues lejos de aligerar el tránsito lo incrementa con obligados desplazamientos hacia los mismos; además, la carencia de un eficaz transporte colectivo convierte en inútil para los usuarios de vehículos la ubicación de estos garajes en la periferia de la ciudad. Si a esto le añadimos la continua pérdida, en los cinco últimos años, de millonarias cifras de viajeros de la EMT, la insostenibilidad de la calidad de vida de los malagueños está servida. Así, hasta tanto no haya una decisión política que apueste sin reservas como prioridad número uno de la ciudad por un eficaz transporte colectivo, intercomunicado, intermodal, metropolitano, ágil y racional en el diseño de sus redes, todas las medidas de ordenación del tráfico serán meros parches condenados al fracaso.

Pero este cambio de tendencia puede y debe producirse. No obstante para ello, la voluntad política de nuestros gestores municipales es fundamental. El Consorcio de Transportes del Area Metropolitana, las líneas de metro previstas para nuestra ciudad, el corredor ferroviario del litoral, un nuevo diseño y funcionamiento para la EMT, la futura segunda pista del aeropuerto, y la intermodalidad entre ellos, deben ser prioridades que tengan como base la primacía del transporte colectivo en relación con el individual. Pero también aquí las miras del interés general desaparecen tras las gruesas lentes miopes de algunos gobernantes locales. La actitud de municipios como los de Torremolinos o Fuengirola, encerrados en sus búnkers cantonales, o las polémicas en Málaga sobre, números de líneas del metro, soterramiento parcial o total, … parece que lo único que persiguen es que sigamos siendo los primeros disparando las cifras de adquisiciones de vehículos privados, eso sí, a costa de vivir su ciudadanía cada vez más horas atrapada en el interior de un automóvil. Más extraño resulta que procedan las propuestas inflacionarias de nuevas líneas de metro soterradas -sin haber comenzado a ejecutarse ni tan siquiera la primera- de aquellos responsables que promovieron en su día un estudio (que retrasase la puesta en marcha del Plan Especial del Puerto), sobre el soterramiento viario del Paseo de los Curas, para, una vez pagado por el erario público municipal, proceder a guardarlo en el cajón de los proyectos no viables, entre otros, por su elevado coste económico y las graves afecciones ambientales que conllevaba su ejecución.

Plan Guadalmedina de ciencia ficción

Mas, cuando han pasado ya casi cuatro años desde que fuera presentado el proyecto de “ciencia ficción”, metro bajo el cauce del Guadalmedina, y la ciudad ha seguido cada día más ocupada y copada de coches, sin haber cumplido lo prometido. Como para que ahora se descuelguen los progenitores de aquellos preelectorales inventos mágicos, reivindicando tuneladoras para el metro que plantea la Junta de Andalucía. Habría que preguntarles irónicamente a tan irresponsables gestores, si las tuneladoras que ahora reivindican no las tendrán aparcadas en el subsuelo de la presa del Limonero prestos a iniciar el soterramiento del prometido metro bajo el cauce del Guadalmedina en su travesía por la ciudad. Desbloquéese cuanto antes este urgente tema, el de la movilidad, crucial para la calidad de vida de nuestra ciudad, dejen aparcados los sectáreos celos partidistas, y que se convenzan todos de que la solución al tráfico rodado conlleva la prioridad a todos los efectos del transporte colectivo. Empezando también a diseñar, para ejecutar una vez resuelto lo anterior, una ciudad para la ciudadanía con: peatonalizaciones, zonas verdes, nuevos paseos, lugares abiertos, .. en espacios públicos ganados al vehículo particular que un día todo lo invadió.

Edificio en Teatinos

El acceso de la ciudadanía malagueña a una vivienda digna es cada día más difícil. En cambio el parque de inmuebles crece y crece consumiendo cada vez más suelo, al socaire de la mala coyuntura bursátil que lo convierte en un activo inmovilizado de alta rentabilidad, lo que propicia que los precios se desorbiten (la tercera capital española de mayor incremento en el último período), mientras los niveles de ocupación de esos edificios bajan y los hijos de los malagueños se ven condenados a habitar en el extrarradio, teniendo que realizar obligados desplazamientos de retorno hacia nuestros atascados accesos. Simultáneamente, Málaga aparece en la cola en la promoción pública y VPO de viviendas, por debajo de la mitad de la media regional. Y lo que es más grave en acelerado descenso. Los datos del primer trimestre de este año acentúan escandalosamente la tendencia hasta situarlo por debajo de la ridícula cifra del 1,5% del total de proyectos visados.  La política que sobre enajenación del suelo público lleva a cabo la institución municipal contribuye decididamente a que este hecho se esté produciendo.

Es necesario también, en este apartado, introducir en las concesiones de licencias para nuevas viviendas, exigencias respetuosas con el paisaje urbano del entorno donde se pretende construir, otras, bioclimáticas en eficiencia energética y empleo de fuentes alternativas, y de fomento al uso de materiales de calidad respetuosas con la seguridad y el medio ambiente.

Así pues, el desarrollo sostenible de Málaga tiene que basarse en una arquitectura innovadora que aplique diseños bioclimáticos en sus edificaciones compatibles con la revalorización del paisaje urbano, adaptadas para la eficiencia en el consumo de energía y en la optimización de la gestión o recogida selectiva de los residuos que desde el domicilio se generan. Que cuente con redes de transporte público, tanto urbanos como metropolitanos, que permitan recuperar la calle como lugar de encuentro y convivencia ciudadana, acabando con el actual estado de ocupación automovilística y del colapso circulatorio que nos abruma y atrapa, tan atentatorio a la calidad de vida como a nuestro medio ambiente. Espacios públicos y equipamientos suficientemente cualificados y accesibles a todos. El concepto de sostenibilidad plantea, pues, cambios de estructura, movilidad y organización urbana para lo que se requiere adicionalmente la recuperación de una cultura de participación vecinal y compromiso social, a la vez, que unos cambios en las pautas de comportamientos prácticos, en todos los ámbitos y escalas, por parte de la ciudadanía malagueña.

La Málaga sostenible, en el privilegiado entorno de bonanza climática en que nos ubicamos, debe, en sus nuevos diseños y reconversiones, caminar en la dirección del cumplimiento de toda una serie de requisitos ambientales y sociales. Aspirar a ser una ciudad equilibrada, donde la formación, la cultura, los servicios públicos y las oportunidades se distribuyan ponderadamente entre la ciudadanía y el territorio; y que sus habitantes se sientan partícipes de su gobierno local en la cotidiana labor de hacer ciudad. Una urbe respetuosa con su medio, donde el paisaje de su entorno, tanto marítimo como natural, sea su principal baza cotizable.

Que apueste por una arquitectura moderna, autóctona y mediterránea, que recoja el rico arte heredado de las civilizaciones que se asentaron en este territorio y nos legaron su impronta, contribuyendo a fomentar la imaginación y elevando el nivel y espíritu de nuestra ciudadanía. Una ciudad que incorpore en su quehacer diario, en todas sus facetas, la introducción de las nuevas tecnologías, los avances de la sociedad del conocimiento, el teletrabajo las nuevas actividades económicas relacionadas con el medio ambiente, como nuevos yacimientos de generación de empleo, propiciando la diversificación en nuestras fuentes de riqueza que equilibre la actual dependencia económica del monocultivo constructivo e inmobiliario (tan devorador de recursos naturales) y del turismo de masas. Que apueste por nuevos segmentos de visitantes de calidad, no masificado, y de moradores cualificados, emprendedores, creativos y capaces. Que facilite a la ciudadanía, a la producción y a los servicios a ofertar, la necesaria dotación de infraestructuras públicas y privadas para su incorporación a las redes de las nuevas autopistas de la información. Una ciudad ecológica, que mime la arquitectura de su paisaje y sea metabólicamente eficiente, en el consumo de recursos naturales (agua, energía, suelo,..) y en el control, reciclado y eliminación de contaminantes (residuos, vertidos, emisiones a la atmósfera, ruidos,..) Una ciudad de contacto, con espacios públicos que permitan la movilidad y el intercambio; compacta y policéntrica que mantenga un equilibrio no agresivo con su entorno natural; integradora de las diversas y plurales comunidades de residentes y visitantes; basada en criterios de cohesión social entre sus ciudadanos y entre éstos con las nuevas corrientes migratorias de nuestro tiempo. Donde la seguridad ciudadana aparezca intrínsecamente unida a políticas sociales de prevención e integradoras, que impidan la formación de guetos marginales Y a la persecución, con sofisticados métodos y equipos profesionales especializados, de la delincuencia de cuello blanco que dificulte el asentamiento o consolidación de mafias internacionales en nuestro entorno. En resumidas cuentas, una ciudad diversa, plural, con dosis cada vez más creciente de su carácter multiétnico, cuyo grado de actividad cultural, de nueva economía, inspire y promueva una comunidad humana de la excelencia, cohesionada, solidaria, vital y dinámica.

A la vez que todo lo anterior ocurre, se debería ir abordando correctamente sus soluciones, hay que reflexionar sobre los límites al crecimiento y la modulación con que debe efectuarse el cambio de esta ciudad -el mero crecimiento ilimitado no es motor de desarrollo urbano alguno- para que su expansión no siga siendo a costa de la pérdida de calidad de la ciudadanía malagueña, generando nuevas incomodidades a los residentes. En esta dirección, hay que contemplar la limitación en el uso y abuso de los recursos naturales (agua, suelo, flora y fauna, energía…).

A la fecha de finalización de este trabajo, las reservas de agua embalsadas en nuestra provincia para abastecimiento a Málaga, de no llover, se agotarían mas allá de los próximos seis meses, en contra de las erróneas cifras con que desinforma la Confederación Hidrográfica del Sur. Otra fragilidad de nuestro medio urbano. También habría que tomar nota de sus perversos efectos ambientales sobre el medio (ruidos, residuos, vertidos, contaminación, pérdida de la biodiversidad…); así como de los déficit que se van generando por este crecimiento desbocado en los equipamientos sociales (hospitalarios, escolares…), infraestructura viaria, verde.. La introducción del concepto “huella ecológica” con lo que conlleva de carga poblacional admisible en un determinado territorio compatible con los recursos existentes, con su renovación y preservación, debe formar parte de la metodología de los planificadores urbanos.

Limitaciones a este crecimiento desmadrado que en absoluto debe entenderse como paralización de la actividad económica de la construcción ni mucho menos de pérdidas de puestos de trabajo alguno. Todo lo contrario. Es mucho el tajo que hay para reconvertir, rehabilitar, restaurar, reconstruir… ciudad.

En resumidas cuentas, humanizar la ciudad, bien distinto al de su destrucción con las nefastas actuaciones presentes tendentes a dejarnos hipotecados para un largo futuro. Trampa esa de los puestos de trabajo, pan para hoy y hambre para mañana, monocorde, reiterativo y abusivo componente del discurso oficial para justificar las barbaridades más descomunales.

“Pena, penita, pena…”, ratificaría el letrista por excelencia.

Cuando procedo a finalizar estas reflexiones sobre nuestra ciudad, una nueva avalancha urbanística pretende agudizar  la insostenible situación actual: más de medio millón de nuevos metros cuadrados a urbanizar. Lugares ambientales sensibles que serían afectados, como Pinares de San Antón y el Retiro, zonas de repoblación obligatoria.. Rusos, Tabacalera, Parque Temático de viviendas adosadas, geriátricos de interés social y prohibitivos para el bolsillo de los pensionistas malagueños, hoteles y más hoteles, nuevas viviendas que escandalosamente pasan de VPO a desorbitada renta libre.. Y con ello, ochenta y cuatro modificaciones a un PGOU que data tan sólo de un quinquenio y que lleva agotado más del 80% de su

Palacio de Ferias y de Congresos

nuevo suelo a urbanizar. Como colofón, se nos anuncia adicionalmente un hotel de treinta y ocho plantas, medio de financiación a un Palacio de Congresos que la Unión Europea no cree de utilidad para el desarrollo de Tánger y Nador -y tampoco para el islote de Perejil, añado-; Palacio y Hotel que moverían más de tres millones de personas al año en una zona por la que transitan más de cien mil vehículos/día en la encrucijada más colapsada de la ciudad, sin salida directa a la ronda viaria. Tal vez, primer paso para volver a desmantelar la reciente ubicación ya encajonada de la feria del Cortijo de Torres, cuando aún no ha finalizado la ejecución de su infraestructura. Encorsetado este recinto lúdico en su otro extremo por los nuevos y ya saturados polígonos industriales de la Estrella y San Luis, y ahora con lo que se avecina…  ¿Adónde nos llevarán el futuro espacio ferial, una vez que los terrenos se han revalorizado para nuevos pelotazos, ante el intenso y nada planificado proceso urbanizador de sus alrededores?

Urge más que nunca la imaginación para regenerar esta ciudad. Es imprescindible proyectar políticas alternativas a las actuales. Necesario impregnar e ilusionar a la ciudadanía con nuevas propuestas para que otras fórmulas –bien alejadas del estéril marketing que nos abruma destinado a que el árbol no nos deje ver el fervor que se profesa  al desierto horizontal y vertical de asfalto y cemento-  acaben con esta clamorosa carencia actual de proyecto de ciudad.

Hay que dignificar lo público, el urbanismo como instrumento de interés general al servicio de la ciudadanía, de su calidad de vida y no como moneda de cambio para pingües negocios que desprecian y depredan nuestra urbe. Resulta imperdonable además si se sigue utilizando como fuente de financiación de las arcas municipales. Hay que hacer realidad la transformación cultural y sostenible de la ciudad, humanizarla por mor de nuestro presente y el de las futuras generaciones que nos han de suceder y que de seguro no nos van a perdonar la herencia de insostenibilidad que les vamos a trasladar de seguir a este caótico rumbo y a este desenfrenado ritmo.

Y para alcanzar esta meta es necesario provocar un gran debate público en la ciudadanía donde se genere una gran participación para que nazca un ilusionante PGOU de Málaga que los malagueños asuman como propio, planteando iniciativas que reformulen el actual marco urbano y ambiental en dirección hacia la sostenibilidad, no basado en priorizar lo privado, sino fundado en la calidad de vida de cuantos vivimos y trabajamos en este privilegiado paraíso del que tanto hablaran y disfrutaran ilustres personajes de la generación del 27.

Es en este marco donde radica esta reflexión, exclusivamente de carácter personal, basado en: Un nuevo modelo integral, de ciudad y vida urbana, basado en nuevas pautas económicas, culturales, sociales y ambientales, intrínsecamente sostenibles.

Málaga, 1 de agosto de 2002″

J. Ignacio Trillo Huertas es economista. En la fecha de este artículo era delegado provincial en Málaga de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

 

   

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