LAS INUNDACIONES EN MÁLAGA Y ESE SALTO INVIABLE A LA RONDA (30.07.2012)

Posted on agosto 2, 2012

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MÁLAGA, ENTRE INUNDACIONES E INCENDIOS FORESTALES.

SOBRE CONSTRUIR AL NORTE DE LA RONDA DE CIRCUNVALACIÓN MÁLAGA ESTE.

El TSJA avala la prohibición de la Junta de que se construya.

Oportunidad para la ampliación del Parque Natural Montes de Málaga y la restauración forestal de esos suelos.

Hace menos de una semana, se hizo público una sentencia del alto tribunal andaluz (TSJA) que considera fundada y fundamentada la protección que el Gobierno de la Junta dio a los suelos del municipio de Málaga capital situados al norte de la Ronda de Circunvalación Este, entre la divisoria oeste y norte de Pinares de San Antón y en su perpendicular del tramo Cerrado-El Limonar, igualmente en dirección norte hacia el Parque Natural “Montes de Málaga”, en la corrección que le hizo el ente autonómico al ayuntamiento de Málaga tanto a la revisión del PGOU que quedara definitivamente aprobado meses atrás al igual que se contempla en el plan subregional metropolitano (POTAUM)

Así lo informaba, el periodista Jesús Hinojosa este 25.07.12  en el Diario SUR de Málaga:

“El pronunciamiento judicial zanja una década de debate sobre el ‘salto de la ronda’”

 “Tras casi una década de debate sobre si la ciudad debe o no crecer por encima de la Ronda Este, un fallo judicial ha resuelto la cuestión avalando los argumentos de la Junta de Andalucía, que hace tres años estableció en su plan metropolitano la protección medioambiental de los suelos pese a no formar parte del parque natural de Los Montes. Este periódico ha podido tener acceso a una sentencia emitida por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que ya es firme, en el sentido de considerar bien fundamentada la prohibición del Gobierno andaluz a urbanizar los terrenos situados al norte de la circunvalación oriental, como pretendía inicialmente el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) tramitado por el Ayuntamiento, en una zona de casi dos millones de metros cuadrados en total donde el gobierno local pretendía la construcción de medio millar de chalés, zonas verdes y equipamientos.

Arbitrariedad

Los propietarios a los que el TSJA ha rechazado el recurso incidían en que los terrenos carecen de valor ambiental, por lo que consideran la decisión de la Junta de «arbitraria» e «inválida». Este aspecto, la sentencia considera que no se ha acreditado que el Gobierno andaluz «haya incidido en arbitrariedad o subjetivismo caprichoso», ya que en la memoria del Plan de Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Málaga (POTAUM) queda justificado que se otorgue una protección a estos suelos porque «sin tener valores medioambientales excepcionales, reúnen características naturales o paisajísticas, actuales o potenciales, de interés en el contexto del ámbito urbano-turístico que merecen ser tratadas de modo que queden preservadas de los procesos clásicos de urbanización».

Para la Sala de lo Contencioso Administrativo de Málaga, encargada de los asuntos urbanísticos a nivel regional, este extracto de la memoria del POTAUM «viene a demostrar que la decisión administrativa no está inmotivada, lo que hace que no sea arbitraria y, en este punto, desde la legitimidad de la actuación del ente autonómico (igualmente avalada por el fallo), bien está que se traiga a colación la discrecionalidad con la que la Administración puede actuar en el planeamiento», asevera la sentencia, que fue notificada a mediados de junio. Según pudo conocer SUR, hay otros tres fallos judiciales similares sobre este asunto.

Riesgo de inundaciones

Los magistrados del TSJA también recalcan que los informes elaborados a petición de los propietarios que presentaron la demanda y las conclusiones de la prueba pericial practicada «no llegan a tener virtud de contradecir suficientemente los motivos que ha tenido en cuenta la Administración» para proteger los suelos. La sentencia recalca que esos informes «ponen de manifiesto la degradación del terreno, fruto de su deforestación y de su uso y, ello, visto desde la sana crítica, no evita que pueda considerarse que desde la cercanía de los sistemas montañosos que rodean al terreno en cuestión, el inmediato llano del litoral, tras fuertes pendientes, con una importante red hidrológica cercana a la costa, después de una sistemática desforestación y erosión que, a la vez, priva de permeabilidad al suelo, y el régimen de lluvias de la región, que pueden llegar a ser torrenciales, maximiza el riesgo de inundaciones y avenidas que hace que dicho suelo esté incluido en el plan de prevención de avenidas e inundaciones en centros urbanos andaluces con la máxima calificación».

En ese sentido, el Ayuntamiento sostenía que su propuesta para generar una urbanización de baja densidad al norte de la autovía oriental -a la altura de la urbanización paralizada de Colinas del Limonar- serviría para frenar la erosión, ya que incluía la reforestación de la mitad del ámbito (un millón de metros cuadrados), y la no ocupación de las llanuras de inundación, entre otras cuestiones. El fallo del TSJA invalida igualmente este criterio.”

Hasta aquí lo publicado por el periodista Hinojosa del diario SUR.

Como esta cuestión fue, del mismo modo, objeto de mis atenciones en la etapa de Delegado Provincial de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta en Málaga, negando dicho salto constructivo tanto en la Declaración de Impacto Ambiental a la Revisión del PGOU de Málaga de 1997 como a la última efectuado en el 2011, asimismo en lo contenido en los informes que sirvieron de base al POTAUM para tal determinación, no puedo por menos, frente a otras sentencias judiciales controvertidas emitidas en dicha instancia, mostrar mi satisfacción y coincidencia con los fundamentos explicitados.

Parece que no bastó al ayuntamiento de Málaga comprobar in situ los enormes daños ambientales –masivos desmontes, desaparición de la cubierta vegetal, desviaciones de las escorrentías…- acontecidos al norte del Limonar, previo al salto de la Ronda, contenidos en el desarrollo del proyecto “Colinas del Limonar”, al final abandonado a medio hacer, pero por la crisis económica que nos asola, y sin que el peligro real creado por estas obras haya desaparecido para cuando se reproduzca una de esas riá que cíclicamente nos visita. Insisto, parece que para nuestro gobierno municipal no fue suficiente. Habría que repetir ese desastres pero además a lo bestia, es decir en mayores pendientes, superficies perimetrales y con superiores afecciones ambientales, de ahí que se planteara ese Salto constructivo que planeaba a la Ronda de Circunvalación Este en el preciso tramo que sigue defendiendo.

Esas obras, “Colinas del Limonar”, como insostenible proceso urbanizador, fueron paralizadas justo al inicio de la actuación, era mediados el 2004, por la Delegación ambiental que por entonces presidía, al carecer de Informe Ambiental. Sin embargo, una autorización firmada, escasos meses antes de la citada suspensión, concedida por la ya, en ese instante, extinta Confederación Hidrográfica del Sur, también competente en la materia, lo había aprobado momentos previos a su transferencia a la Junta de Andalucía. Ello motivó que tuviera que anular la resolución de paralización que ya había sido dictada y notificada al grupo empresarial promotor.

Parece ser que, -a pesar de la actual crisis inmobiliaria que el sector de la construcción sufre por el inflacionario estocaje de viviendas existentes sin salida, y, además, contando actualmente el gobierno municipal con un planeamiento aprobado en el 2011, y sin desarrollar en parte el anterior de 1997, que le permite en su suma construir, en otros suelos aptos al respecto, más de 30.000 inmuebles-, los intereses, que presionan sobre estos sensibles terrenos al norte de la Ronda de circunvalación, no paran, y vuelven a la carga con los mismo y falaces argumentos que la sentencia emitida tira para atrás.

Tales son:

La división artificial, por tanto carencia de suficiente motivación, que significa que una autovía de circunvalación marque el límite de la construcción para prohibirla por encima de esa infraestructura viaria.

Estos polemistas no recatan razones. parecen que olvidan que Pinares de San Antón, Carlos de Haya, el Palacio de Ferias, o el Puerto de la Torre, están más allá de esa ronda de circunvalación y sin embargo construidas, por tanto pinchan en hueso.

En cambio, se desentienden de responder a las causas reales de esa prohibición, como lo significa que esos terrenos donde la Junta prescribe no construir, por ejemplo, no culminan a poca distancia de algo similar a lo que representa “Las tetas de Málaga”, Monte San Antón” (508 ms de altitud de su cima, 4,3 kms del nivel del mar), que evacua las aguas de las lluvias al encauzado arroyo de Jaboneros con destino al mar, sino muchos más kilómetros hacia arriba subiendo cuestas y canchas de mayor envergadura, de superior distancia hacia el mar y sin encauzamientos, con laderas y superficies súperaccidentadas y cauces mucho más ambiciosos para lanzar a gran velocidad y con gran virulencia, llevándose lo que le pille por delante, ingentes hm3 de aguas, y toneladas de lodos y materiales sueltos. Y, desde su punto más alto, el Puerto del León, a escasos metros de La Fuente la Reina, que por el contrario tiene 940 metros de altitud y está a una distancia de la capital de 16, 3 kms; abriéndose a amplias subcuencas a modos de ramblas típicas mediterráneas, secas hasta que estalla la tormenta y sus descosidas aguas marchan a toda leche en dirección al mar atravesando y saltando cuanto se encuentra en su discurrir en dirección a la ciudad, con ingentes escorrentías que llegan sin tiempo para avisar a la población, de que: “¡¡¡aguas, lodos y arrastres, van!!!”.

En el mismo sentido, hay otros engañosos argumentos se quedan instalados en la política del agravio victimista. Comparan al municipio de Málaga con su colindante Rincón de la Victoria. Bonito ejemplo si nos atenemos a las inundaciones, casi recién y reiteradamente sufridas durante este siglo, acontecidas en esa localidad litoral, ejemplo de insostenible urbanismo, argumento que doy como sobrada respuesta en la Tribuna que figura al final de este post y que publiqué hace ya casi cuatro años en el Diario Málaga Hoy.

También existen quienes -y siento discrepar porque lo visten de ropaje con cierta dosis de sostenibilidad- manifiestan que esos suelos, a diferencia del Parque Natural “Montes de Málaga”, están muy degradados porque no albergan especies nobles endémicas a proteger por su rareza, como para quitarle importancia que allí se pueda construir, como si el problema para que no se edificara fuera ese: proteger endemismos. ¿No se plantean si no han quedado suficientemente arrasados los suelos, que estaban previamente degradados, de la abandonada obra de “Colinas del Limonar” para que se pretenda extrapolar más experiencias de devastación en sus inmediatos suelos situados tras el salto a la ronda de circunvalación en dirección norte?- ¿Ignoran que el actual Parque Natural “Montes de Málaga”, tan cercano a la pretensión de urbanizarse, se ha originado por la artificialidad humana de una repoblación forestal emprendida por la generación de humanoides que nos ha precedido, también sobre unos suelos que presentaban hace ochenta años similares niveles de erosión y degradación, ennobleciéndolos con su repoblación al estado que presentan en estos momentos, y cuyos mismos suelos deteriorados, como prolongación, aún hoy día continúan en la parte no repoblada más allá de la carretera de Málaga a Colmenar, C-345, en dirección a la capital por su vertiente Este, precisamente donde se pretende dar el salto a la ronda. Terrenos, que no fueron repoblados, en aquel pasado histórico de la década de los treinta del pasado siglo XX, por agotamiento del presupuesto, y haber fracasado los intentos posteriores de recuperar el proyecto primitivo, también por mor de la economía, ya que, desde el punto de vista de la legalidad, tiene el preciso marco normativo publicado para su protección, tanto por la vocación forestal de sus suelos como en prevención de las temibles inundaciones para la ciudad de Málaga?

Esos mismos terrenos acogieron y cosecharon en un pasado, hasta la segunda parte del siglo XIX, plantaciones de viñedos; época floreciente en lo económico para esa zona por la venta y exportaciones del vino de Málaga, y que no era inconveniente para que la ciudad bien conociera sus cíclicas riadas al haber desaparecido el cuerpo forestal que históricamente actuó de esponja en los momentos álgidos de la caída de una gota fría.

La irrupción de la filoxera, o mildiu de la vid, hizo además que se abandonara ese cultivo, echando de menos, antes y después, el antaño que significaba la presencia del bosque mediterráneo allí existente donde se entremezclaban centenarios algarrobos, encinas y alcornoques, flora ancestral que había permanecido sobre esos suelos hasta que la llamada Reconquista cristiana, que a todo iba prendiendo fuego como arma de ataque para sitiar y asfixiar a la Málaga mora, a la par que ulteriores prácticas agrícolas perversas que acabaron desforestando el espacio, pusieran fin de esta forma al milenario bosque que albergó, lo que no obvia el objetivo aún más presente que nunca, que, por la vocación de esos terrenos y en prevención de inundaciones y daños a la ciudad de Málaga, no es la construcción de viviendas, carretera y avenidas en esas pendientes, bordeando sus laderas y coronando cerros, lo que hay que hacer, sino su futura integración, ya restaurados y regenerados esos suelos, como ampliación del Parque Natural “Montes de Málaga”.

Tampoco entiendo,  a quienes apuestan por combinar construcciones edificativas con compensaciones de repoblaciones forestales, en esos accidentados terrenos donde el mayor impacto ambiental lo representarían los desmontes, terraplenes, zanjas, apertura de calles… e infraestructuras necesarias para su urbanización, de prohibitivo coste económico para economías públicas y privadas  como resultado final para su inviabilidad dineraria, a añadir al daño ambiental.

La contrucción de viviendas al norte de la ronda Este, en el preciso territorio que se pretende efectuar, exigiría, previo estudio geotécnico, no sólo la edificación de costosas edificaciones con cimentaciones piloteadas a ingentes profundidades en el subsuelo, con morrocotudos muros para la fijación del terreno y parcelación, sino sobre todo también contar con costosas infraestructuras de comunicación a incluirse como inversión en la adquisición de esos inmuebles. Asimismo, incorporar el coste adicional de llevar allí los servicios urbanos: agua, luz, gas, depuración,.. recogida de basura, transporte escolar… y encima, como pretente la solución urbanística municipal, la necesidad de culminar como red viaria una nueva ronda de circunvalación súper Este en su norte, atravesando y arrasando en la zona de pinar adulto de las fincas forestales allí existentes, “Las Chirosas” y “Pastor”, que juegan un papel primordial a la hora de sujetar esos suelos, evitar la erosión y prevenir los consiguientes daños de inundaciones a la ciudad.

A agregar, la pretensión que tuvo el ayuntamiento de Málaga de hacer pasar a la Junta, -así se me hizo llegar cuando presidía la responsabilidad ambiental de la institución autonómica-, la gestión de la zona de equipamientos públicos urbanos que contenían especies arbóreas forestales, como lo significan Gibralfaro o Parque Forestal de Cerrado de Calderón, lo que hablan por sí mismo de la “disposición” del equipo de gobierno municipal de hacerse cargo de las teóricas nuevas masas forestales que saldrían de ese proceso urbanizador de ficción al norte de la Ronda, a pesar de estar contemplado, la zona verde, como figura urbana de competencia exclusiva municipal, por tanto de imposible recepción para su gestión por parte de la administración forestal autonómica.

Y como clímax municipal en esta materia, no habría que olvidar el frustrado parque forestal municipal, “Ciudad de Málaga”, realizado en los primeros años de este siglo XXI,  junto a la presa del Limosnero o Limonero, donde se invirtieron cientos de millones de pesetas para tirarse prácticamente, hasta contuvieron pintorescas y disparatadas especies exóticas (acacias africana, araucarias americanas, casuarinas, jacarandas, eucaliptos australianos, palmeras, robinias mejicanas, sophoras japonesas, washingtonia, yucas sudamericanas…- no incluidas en las escalas sucesionarias naturales de la vegetación correspondiente a la zona a repoblar y por tanto con riesgos de graves transformaciones ecológicas negativas sobre esos suelos de haberse consolidado y no quedar secas inmediatamente a su plantación) y burlando la legalidad sobre la necesidad de haberse evaluado el proyecto desde el punto de vista de la exigencia de un estudio de impacto ambiental. Basta hoy una visita al “parque”, tras superar su cercado de alambrado, instalado para su vergonzosa inaccesibilidad cuando su destino era para el uso público, y apreciaremos un monumento representativo del despilfarro municipal, como un parque pensado para la alimentación de las cabras cuneteras, lo más parecido, con la distancia debida, al dislate del aeropuesto para peatones de Castellón. Ello, con dinero europeo de los Fondos FEDER, cofinanciado por el Gobierno de España, a través del ínclito presidente que presidía la CHS, y tras unas polémicas expropiaciones forzosas municipales forjadas a los propietarios privados de esos suelos que aún yacen en los tribunales de justicia con amenaza, a cuenta del desacuerdo sobre el justiprecio pagado por el ayuntamiento de Málaga, de hacer quebrar las arcas municipales.

Además, esas casas, en el supuesto producto final de ciencia ficción acabadas, en un entorno intercalado con lo forestal y en esas pendientes, representarían una amenaza para sus propios moradores, también para el inmediato Parque Natural, si contemplamos lo que las prácticas urbanas pueden significar para el aumento de riesgos por incendios forestales, en este fenómeno consustancial a nuestro clima irregular mediterráneo, al que se suma el carácter pirófita de nuestra vegetación, proclive a arder a la primera acción de negligencia humana, no hablemos de la criminal intencionalidad.

Y por si fuera poco la argumentación anteriormente esgrimida, que se estudie el estrepitoso fracaso que ha representado las repoblaciones forestales efectuadas por particulares acogidos a las suculentas subvenciones europeas para la retirada de tierras en producción agrícola, aquí habría que sustituirlo por constructores de viviendas, que por su picaresca lo que realmente ha significado es una política de rentas como complemento económico para los titulares de esos terrenos.

Corriendo un velo sobre lo anterior, me retrotraigo a continuación al debate habido en la última revisión del PGOU de Málaga, en lo referido a un ayuntamiento empeñado en construir saltando La Ronda por encima de ese tramo de la circunvalación Este, lo que me hizo escribir el texto, que ahora reproduzco, entonces efectuada para su publicación en la prensa de Málaga, que a la vez sirvió a la Federación de Asociaciones de Vecinos de Málaga capital para presentar alegaciones al texto urbanístico municipal que ahora la sentencia judicial también les ha dado la razón.

Lamentándolo en aquel entonces, este articulo no salió publicado, en contra de mi deseo, y el inmediato cese en mi responsabilidad ambiental en la Junta le hizo dormir el sueño del tiempo, hasta que en este preciso momento, al calor de esta sentencia judicial, lo he recuperado y aquí lo reproduzco.

EL SALTO A LA RONDA, UN NUEVO SALTO AL VACÍO (14.07.2008)

La nueva revisión del PGOU de Málaga, cuyo Avance cuenta ya con tres años y dos meses desde su aprobación inicial, por fin se nos indica por el gobierno de la ciudad que va a ser aprobado provisionalmente el próximo 14 de agosto 2008, para más inri ,no solo fecha veraniega sino además vísperas de feria. Viva la agosteña decisión política para la participación ciudadana, y si es bajo el terral, mejor.

En este último documento urbanístico, se dice que aparecerá la propuesta de construir viviendas al norte de la ronda Este de circunvalación, a la altura de Cerrado Calderón y El Limonar. Se trata, dicen, de una actuación urbanística de carácter residencial de poca densidad, acompañada de importantes zonas verdes y lindando al norte con una nueva carretera híper ronda Este.

Lo que no se nos dice es que se ha elegido el peor punto para producir ese salto de entre los que se podrían haber seleccionado. Una expansión urbana no deseada al norte de la circunvalación oriental, con vocación de conectarse a otras áreas ya habitadas como El Limonar, Cerrado, La Mosca o Pinares de San Antón. condenada a ser mayor que la propuesta, a la vista de tener que absorber los enormes costes económicos que supondrá la radical transformación urbana de esos accidentados suelos y paisajes, a la vez que la de tener que satisfacer la demanda de nuevos sistemas generales e infraestructuras, que, por otro lado, no estarían exentas de colosales impactos ambientales.

Hoy, la ronda de circunvalación, diseñada para que los largos recorridos no colapsaran el tráfico de la ciudad, por el contrario, al convertirse la Avenida El Limonar, El Mayorazgo, Cerrado Calderón y Pinares de San Antón, en puntos negros de tráfico en su conexión con la ciudad litoral, se ha transformado en una “vía de escape” para los desplazamientos intraurbanos de vehículos que huyen de algunos cuellos de botella, como avenida Pintor Sorolla o J. S. Elcano con La Caleta, ya que la colmatación del espacio habitable se ha venido produciendo en una “ordenación urbanística” demasiado supeditada al interés especulativo, muy dependiente del automóvil y sin recabar los nuevos viales necesarios.

De no pararse el actual dislate de seguir construyendo junto a esta ronda, nos va a pasar lo que a la autovía que circunvalaba el núcleo urbano de Torremolinos, hoy convertida en avenida, con bloques de viviendas a ambos lados y un tráfico motorizado apabullante, con peligrosas bandas sonoras que tratan de controlar las velocidades ya como travesía urbana, y un vecindario enfadado demandando pantallas contra los ruidos. Como para un monumento, no al “turista egipcio”, como figura en su rotonda de entrada, sino a la insufrible contaminación acústica. No aprendida la lección, le toca ahora a la nueva autovía que circunda la anterior, en su dirección al municipio colindante de Benalmádena, ser devorada también por los descomunales crecimientos residenciales de Torremolinos y litoral costasoleño que se siguen postulando.

Por eso no podemos permitirnos el lujo de renunciar a la experiencia, ni seguir obviando que también las futuras generaciones serán, como nosotros, victimas de este urbanismo bulímico. Pero como no se aprende, el documento de aprobación inicial del PGOU de Málaga plantea la expansión de la ciudad al norte de la circunvalación oriental, lo que requerirá la construcción además de una hiperronda Este, que atravesaría pinares de gran valor hidrológico-forestal, próximos al Parque Natural de los Montes de Málaga, presentes en las fincas Las Chirosas y Pastor, ignorando el papel primordial que desempeñan la cubierta vegetal y los terrenos forestales en la prevención por lluvias torrenciales de riesgos de avenidas e inundaciones con morrocotudos daños a la ciudad.

Pero mas preocupante aún, resulta la circunstancia de que, en este salto a la ronda, se pretenda urbanizar parte de una cuenca hidrográfica, la del Arroyo Carnicero, tributario del Arroyo de la Caleta, que poseen todas las características propias de una rambla mediterránea. Por tanto, mas preocupante aún, porque no se tienen en cuenta en absoluto conceptos como el de vulnerabilidad y el de riesgo, lo que pasaría desapercibido si no considerásemos que aguas abajo a esas subcuencas viven cerca de 100.000 personas. Pareciera, como si la historia hidrológica reciente -ahí están en el recuerdo las inundaciones de 1989 o las más recientes de Rincón de la Victoria- no nos hubiese enseñado suficientes ejemplos de lo que no se debe hacer como chapuza urbanística.

El régimen hídrico de arroyos como Carnicero, Toquero y Caleta, que atraviesan la ciudad de Málaga, que se pretende urbanizar con estas actuaciones, exige una consideración particular para la que no debe ser suficiente la proyección de “soluciones”, a veces malas y simplistas, con embovedados injustificables que se empeñan en ignorar en sus perímetros la prevención de inundaciones ante no solo las lluvias sino los demás arrastres que conllevan como densos lodos los terrenos erosionados, acompasados de materiales sueltos. Y esto no se lo merecen, insisto, las más de cien mil personas que habitan en los tramos bajos de estas subcuencas.

Aunque tenemos como ejemplos más recientes las del Rincón de la Victoria; fueron las catastróficas inundaciones de 1989 en Málaga -en ese lugar donde se pretende el salto se alcanzaron caudales puntas de 240 m3/s- las que dieron origen al Decreto 119/1990 por el que se declaraba zona protectora a las cuencas del Guadalmedina y del Campanillas, que incluyen los arroyos que circundan o atraviesan la ciudad, con la finalidad de prevenir nuevos episodios y que implicaba, entre otras cosas, evitar su urbanización. Así, en los planeamientos de Almogía, Casabermeja y en el de Málaga de 1998, quedaron calificados esos terrenos como no urbanizables. Por ello no es de recibo que ahora, ignorando otra vez la experiencia, se plantee la urbanización y ocupación de esos lechos inundables, contribuyendo además, con la impermeabilización en parte de sus suelos, a que, al impedir la infiltración del agua, el desastre pueda ser aún mayor para los bienes y las poblaciones que habitan por debajo de la ronda.

El Plan Forestal Andaluz, aprobado por el Parlamento de Andalucía, o el reciente Plan Director de Riberas, demandan un tratamiento adecuado de los cauces, y muy particular en los de carácter torrencial que producen la evacuación de grandes volúmenes de agua y el arrastre de materiales. Así que debe asegurarse su capacidad de desagüe y la protección de los suelos en las cabeceras de cuenca, todo lo contrario a su urbanización.

Resulta por ello inaceptable que en el nuevo documento del planeamiento urbanístico de Málaga, se haga caso omiso al citado Decreto o, incluso, al estudio de la UMA, encargado por el entonces ICONA, que curiosamente, como canto al sol, tanto interés tuvo en presentar en 1996, en la Casona del Parque, el ministerio de Medio Ambiente del ejecutivo de Aznar, que presidía Isabel Tocino, junto a la alcaldesa Celia Villalobos y el concejal de Urbanismo, actual alcalde, Francisco De la Torre. Por si fuera poco, el equipo de gobierno municipal también ha decidido ignorar la Declaración de Impacto Ambiental de 1996 a la revisión del PGOU de Málaga, y el Acta de sesión de la CPOTU de 1997, sobre el planeamiento todavía vigente y que impedían la urbanización de estos suelos.

Así las cosas, es pertinente hacer una llamada de atención a los responsables políticos y a los técnicos redactores de la revisión del vigente PGOU, sobre la consideración que deben prestar: a la vulnerabilidad del sistema hidrológico que bordea y atraviesa nuestra ciudad, al riesgo cierto de inundaciones, a la recurrencia de los episodios extremos del régimen pluviométrico tan especial que tenemos, y a los consiguientes daños sobre personas y bienes. Deben ser factores suficientemente valorados en las propuestas de ordenación urbanística. Y para ello, no cabe la improvisación o el oscurantismo en el procedimiento administrativo que ha de seguir el expediente urbanístico hasta su aprobación definitiva.

La participación de una ciudadanía bien informada es imprescindible, como también lo es la colaboración de todas las administraciones implicadas, sobre todo la ambiental y urbanística de la Junta de Andalucía, que deben dar su aprobación definitiva, y a las que, a diferencia de las revisiones anteriores, ni tan siquiera en esta ocasión han sido consultadas. Sería lo mínimo a exigirse como práctica democrática avanzada, más procedente de un Ayuntamiento que ha contraído compromisos ambientales con la ciudadanía a través de la Agenda 21 y de su adhesión al Programa de Ciudades Sostenibles. Desgraciadamente nada de esto se ha producido a lo largo de la primera fase de esta tramitación para un nuevo documento urbanístico, de ahí los fallos tan garrafales e imperdonables que presenta, como el de este salto que más que al norte de la ronda, lo es al precipicio.

Aún se está a tiempo de rectificar.

Ignacio Trillo, delegado provincial de medio ambinte de la Junta de Andalucía. Málaga, 14 de julio 2008.

Trascurrido ya mi cese como delegado de la Junta, septiembre del 2008, leí lo que consideré desafortunadas declaraciones en la prensa del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, sobre la misma cuestión, planteando el agravio que significaba para el municipio de Málaga que no se construyera al norte de la Ronda de circunvalación -así dicho parecía referido a toda la circunvalación- y en cambio se permitiera en el colindante municipio de Rincón de la Victoria; lamentable ejemplo de una ciudad que había padecido en muy poco espacio de tiempo dos inundaciones de lo más dañinas por mor de un urbanismo pleno de despropósitos.

Ello me llevó, esta vez sí se publicó en el diario Málaga Hoy, a escribir lo que continua, y que igualmente está en consonancia con lo expresado en la sentencia objeto de este post.

LA TRIBUNA

El salto a la ronda y Rincón de la Victoria

IGNACIO TRILLO | Diario Málaga Hoy 31.10.2008

HACE días, J. M. Atencia, periodista de la SER de Málaga, en la presentación en el Ateneo de Málaga de su libro Cazando grillos, ironizaba con humor, como suele impregnar sus columnas, la realidad política malagueña. Entre otras, reflexionó sobre lo que perdería el discurso de ciertos personajes públicos que se basan en el agravio victimista si no existiera Sevilla.

Como la realidad a veces supera a la ficción, acaba de innovarse, geográficamente hablando, el clamor de que Málaga se siente discriminada. Ya no es por Sevilla, que no tiene montes que la rodeen, sino por Rincón de la Victoria o, aunque no se cite ahora pero se pueda ver más adelante, por Benalmádena.

Lo anterior viene a colación de la polémica surgida por la revisión del PGOU de Málaga. Entre las negativas ambientales de la Junta figura el salto urbanizador a la ronda, pero no en todo el norte a la autovía, sino expresamente en la zona este, entre El Limonar y Cerrado de Calderón. Denegación no novedosa sino con antecedentes, tanto por la declaración previa de impacto ambiental como por el Plan de Ordenación Territorial de la Aglomeración Urbana de Málaga.

La reacción del Consistorio malagueño, sin rubor ni rigor alguno, no se ha hecho esperar. Dicen, los de Sevilla -tradúzcase por la Junta de Andalucía- discriminan a Málaga en relación a Rincón de la Victoria, porque aquí sí se ha permitido el salto inmobiliario a esa misma autovía. Cuánto rigor. Pareciera que en nuestra capital, Pinares de San Antón, el Carlos de Haya o el Palacio de Ferias se encontraran, no al otro lado de la ronda, sino en primera línea de playa.

No se señala que al municipio de Rincón le ha sido denegado por la Junta, hecho no ocurrido con Málaga, la totalidad del nuevo PGOU y ahora se afana simplemente en adaptar su planeamiento a la LOUA. También, cuando los regidores de Málaga se refieren a los edificios que en no tan lejanas fechas se han elevado en Rincón, al norte de la autovía, ocultan que -tras sufrir dilatados procedimientos concursales y judiciales- fueron aprobados en 1979, lejana fecha para hacer responsable a la Junta de Andalucía y a las actuales normas urbanísticas y ambientales. Caso similar es Benalmádena, con esos impactantes inmuebles que vemos cada día realizarse por encima de la autovía y cuyo beneplácito municipal se remonta a 1982.

Lástima que se resalte lo que no debe hacerse ni para engrosar los agravios. No creo que los dos citados casos con la vista puesta al día sean espejos de sostenibilidad. Tampoco de cómo y a qué ritmo se debe crecer. Rincón de la Victoria y Benalmádena han triplicado sus poblaciones en el corto periodo de dos décadas, y eso ha generado pérdidas en calidad de vida para sus urbes como para que no sean referencias a imitar.

De otra, la historia de Málaga no es extraña al fenómeno de inundaciones, con pérdidas materiales cuantiosas y hasta humanas, cada vez que acíclicamente nos visitan lluvias torrenciales. Aunque estemos ahora en largo periodo de sequía, no convendrían olvidarlo. Tampoco de la destructiva de 1989.

Pero no se aprende. La propuesta del PGOU de Málaga plantea, en este salto a la ronda, urbanizar parte de una cuenca hidrográfica, la de los arroyos Toquero y Carnicero, tributario a su vez del de La Caleta. Para nada tiene en cuenta conceptos como el de vulnerabilidad y riesgo, a pesar de que aguas abajo viven cerca de 100.000 personas. El régimen hídrico de los citados arroyos exige que no se ignore la prevención de inundaciones tanto por agua como por lodo y arrastre de materiales.

Además, la expansión de la ciudad en esa parte, para no colapsar más nuestra movilidad, requeriría la obra, tan deseada por el Ayuntamiento, de una nueva hiperronda este, que arrasando con pinares de gran valor hidrológico-forestal, próximos al Parque Natural de los Montes, entre las fincas Las Chirosas y Pastor, ignoraría el papel primordial que desempeña la cubierta vegetal en la prevención de avenidas.

Pareciera, como si la historia hidrológica reciente -ahí están también en el recuerdo más reciente las dos riadas de Rincón de la Victoria- fuera una fábula. En ese lugar de Málaga donde se pretende el salto a la ronda, en 1989, se alcanzaron caudales puntas de 240 m3/s, lo que dio origen al Decreto de la Junta de Andalucía sobre las cuencas del Guadalmedina y del Campanillas, que incluye a todos los arroyos que circundan o atraviesan la ciudad, a fin de evitar su urbanización. No sólo para Málaga, asimismo para los planeamientos de Almogía y Casabermeja. En el PGOU de Málaga de 1998 se contempló. Por ello, no es de recibo que ahora se plantee ocupar esos lechos inundables para que, con la impermeabilización de sus suelos que impediría la infiltración del agua, el desastre pudiera ser aún mayor entre los que habitan bajo el nivel de la ronda.

A la vez, la mutación a urbana de esos quebrados suelos y paisajes obligaría a nuevos sistemas generales e infraestructuras, generando adicionales y colosales impactos ambientales. Véase, como ejemplo, la barbaridad de la actuación urbanística que está en desarrollo al norte de El Limonar, por debajo de la ronda, gracias al Ayuntamiento y a la Confederación Hidrográfica del Sur que gobernaba el PP. Por todo, este salto, más que al norte de la ronda, lo es al precipicio. Se está a tiempo de rectificar.

APROVECHAR ESTA SENTENCIA PARA QUE LA JUNTA PROTEJA ESTOS SUELOS, PROCEDA A LA AMPLIACIÓN DEL PARQUE NATURAL MONTES DE MÁLAGA Y ABORDE LA RESTAURACIÓN DE ESOS TERRENOS EROSIONADOS QUE ANTIGUAMENTE ACOGIERON EL VIÑEDO QUE LA FILOXERA PUSO FIN, ES EL OBJETIVO QUE SE HA PRETENDIDO CON ESTE POST.

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