¿NECESITA ESPAÑA UNA PASADA “A LA ISLANDESA”? (08.05.2012)

Posted on mayo 8, 2012

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ANTE LO OCURRIDO EN BANKIA,

¿NECESITA ESPAÑA UNA PASADA “A LA ISLANDESA”?

NO MÁS MENTIRAS. REPROBACIÓN DEL GOBIERNO RAJOY POR LA CIUDADANÍA MEDIANTE REFERÉNDUM

Si resulta imposible sorprenderse cada mañana de los escándalos que nos están reportando las incomprensibles decisiones políticas que  toma el Gobierno de la nación, o del estado en el que se encuentra el sistema financiero español, del que se nos había dicho, por este y por el anterior ejecutivo, que era uno de los más sólidos y solventes de los existentes a nivel internacional; lo acontecido, en la mañana de este lunes con Bankia, supera con creces todos los récords de desatinos políticos anteriores, hasta de los que se creían inalcanzables.

Así, cada amanecer, una ciudadanía estupefacta percibe que los citados agentes, Gobierno y banca, son los principales responsables de la profundización de la crisis que está agrediendo a la inmensa mayoría de nuestra población, y sirviendo además de excusa para desandar las conquistas económicas y sociales alcanzadas a lo largo del turbulento siglo pasado, a la vez que los máximos obstáculos para una salida satisfactoria.

En este sentido, lo ocurrido en la mañana de este lunes, con el estallido del caso Bankía, para una ciudadanía informada y madura, desborda los límites de la anormalidad que ha venido ocurriendo. Pareciera que, a partir de este hecho, hubiera un antes y un después. Como una necesidad obligada de exigir cuanto antes una pasada “a la islandesa”, tanto para la clase política que mal nos gobierna como para la banca y el sistema económico que se está montando, de cara a que no se reproduzca nunca más la raíz de los males que desde el año 2008, y con el antecedente del boom inmobiliario, nos viene llevando al desastre.

Que llegara hace tan poco tiempo un partido político al Gobierno de la nación de forma democrática, para a continuación engañar a la ciudadanía, demostrado en el corto espacio de tiempo que media entre la toma de posesión y su primer Consejo de Ministros, es inédito en los anales de la más indisimulada sinvergonzonería que pudieran llevar a cabo politicastros ruines; travestidos de servidores que anteponen sectarios intereses partidistas y particulares, precisamente, sirviéndose del poder público para romper la confianza que inmerecidamente les ha sido otorgada por la soberanía nacional, abusando de la desesperada situación por una crisis económica que le ha llevado a votarles, ante la percepción de la incapacidad sobrepasada de los que les han precedidos en el Gobierno a la vez que creyéndose las promesas de solución que traían a sus problemas.

Que, encima, todas las medidas de este Gobierno, contraviniendo sus propias propuestas anunciadas en campaña electoral, las tome, improvisadas y torpemente comunicadas, cuando no a escondidas o camufladas, bajo la justificación de una herencia recibida, y por aquellos que decían saber lo que había que hacer, que todo lo tenían perfectamente programado, prometiéndonos salidas y hasta felicidad para todo. Cuento de la lechera que a colación de los que viene sucediéndose suena a insulto a la inteligencia de cualquier ciudadano normal, a la vez que de demostrada insolvencia para abordar la gestión que deberían realizar, situándose permanentemente instalados en una rencorosa mirada hacia atrás; más incomprensible en cuanto que la historia pasada quedó más que amortizada en cuanto a responsabilidad política, el mismo día del 20N, jornada en la que los electores auparon a un nuevo Gobierno y a un partido para remediar los problemas del país, no para crear otros o para constatar su superior incompetencia frente a la anterior administración.

Que Carlos Floriano, portavoz del PP, vuelva a achacar en la tarde de este otro lunes aciago, que lo que pasa en Bankia es debido “a la herencia recibida”, cuando esta entidad financiera que tiene su marca matriz en Caja Madrid viene siendo dirigida desde septiembre de 1996, fecha en la que fue nombrado como director, Miguel Blesa, hasta que cesó a principios del 2009 para producir su traspaso a Rodrigo Rato, por tanto dos personajes más que ligados al Partido Popular, es tener una impresentable cara, ó, por sistema, como exigencia de un guión previamente trazado, estar obligado a decir siempre lo mismo como respuesta en cuanto sea preguntado el PP por algo que transcurriera tras la prehistoria.

En esta línea de tomarnos por mamelucos, nos someten a subidas de impuestos, recortes sanitarios o educativos, o a otras  fechorías más, como la reforma laboral de los despidos y del siglo XIX; ocurrencias que les han dado las ganas de aplicar en los escasos cuatro meses que llevan en el poder. De este modo, blindan argumentalmente su prepotencia bajo la cifra de una mayoría absoluta que obtuvieron para hacer otra cosa bien distinta a lo que vienen aplicando, muchas veces hasta acompañado de sañas y sadismos en sus discursos de bisturíes, cuando no en editoriales o columnas de casposos palmeros que les aplauden y envalentonan para extender miedo, sin sentir los máximos responsables de este desaguisado ni tan siquiera la necesidad de dar explicaciones algunas de lo que hacen, incluso para obviarlo el tener que huir por los garages. Con un presidente de Gobierno a la cabeza, que nos había jurado explícitamente que no llevaría a cabo estas mismas medidas que está imponiendo. Así, no solo estamos asistiendo a una tomadura de pelo, sino a la mayor depravación política por quienes deberían de ejercer la actividad noble y voluntaria de servir a los demás, y, no mereciendo la confianza que les ha sido depositada por la ciudadanía para  por el contrario servirse de ella para asimismos.

Que una población temerosa ante lo que le dicen sus gobernantes frente a la crisis, que llegan a aseverar que no hay dinero para pagar los servicios públicos más esenciales para la comunidad, contemple a diario que continuan los despilfarros o el mangoneo en la que está metida esa misma clase política e institucional gobernante, corrupta hasta en su cúspide real, que tiene que acudir a diario a los juzgados, a juicios, a calabozos carcelarios… no es nada gratificante ni ejemplarizante como para que acepte de buena gana los sacrificios que se les exige, porque no percibe que todos los españoles sean iguales ante una crisis que pone la economía al servicio de que los ricos sean cada vez más ricos, empobreciendo a las clases medias, mucho más a las trabajadoras, llevando el desempleo a la mayoría de la fuerza de trabajo cualificada y no cualificada, a lo más preciado de la juventud más formada de nuestra historia, y a los que, a todos ellos, se les dice para más inri que no despilfarren, que sean austeros,  y a cambio se les dilapida hasta su propia mano de obra forzada al paro, negándoles el derecho a lo más imprescindible para el sustento material, formativo y también, a partir de ahora, a la preservación de su salud.

En este contexto hemos conocido en el día de hoy la gota que colma el vaso de la paciencia y de la indignación contenida.

El director de la entidad financiera Bankia, Rodrigo Rato, con un salario diecisiete veces superior al presidente del Banco de España, que portaba el antecedente de haber sido el director del Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo que ni se enteró de la crisis que montó precisamente el desregulado sistema bancario que ante sus propias narices estaba operando y especulando a nivel mundial, llevándonos a la actual ruina, dimite y se va “de rositas” abandonando la nave de la entidad financiera que sucedió a Caja Madrid, como el capitán Francesco Schettino lo hizo con el crucero Costa Concorde,  después de haberse inyectado a esa entidad fusionada miles de millones de euros procedentes del Fondo de Reestructuración bancaria.

Y para su sustitución se nombre a un ejecutivo que estuvo en el BBVA, José Ignacio Goirigolzarri,  jubilado el año 2009 por lo que recibió la cantidad de 69 millones de euros, para añadir a sus generosos cobros el sueldazo que hasta ahora goza Rodrigo Rato. Esto es situar al límite del posible estallido social la desesperaranza contenida por la que atraviesa nuestra ciudadanía .

Para colmo, llega todo un presidente del Gobierno, Mariano Rajoy -otra vez mintiendo sobre lo dicho en campaña electoral- declarando que el próximo viernes se va a aprobar una inyección a Bankía de varios miles de millones de euros procedente de dinero público, cifrado entre 7.000 y 10.000;  el mismo personaje que días atrás manifestaba que no había dinero para pagar los servicios públicos esenciales. Es para que, al menos, la Fiscalía General del Estado interviniera de oficio e investigara y destapara qué es lo que ha pasado en esa entidad financiera y en otras tantas, que llevan metidas en sus cajas fuertes, como si de un saco roto se tratara, otros tantos miles de millones de euros.

Y ello, cuando el Banco Central Europeo lleva destinado más de un billón de euros para financiar a los bancos con el 1% de interés para que, avalados por los propios Estados, compren su deuda pública soberana al 5 o 6% de interés, agudizando los propios déficits presupuestarios que obligan así mismo a la introducción de recortes en la inversión pública y en los servicios sociales, sanitarios y educativos, y sin que un euro de ese dinero recibido vaya a parar a la economía productiva o a las familias.

En esta nefasta dirección, cuando estamos a dos meses escasos de la última reforma del sistema financiero que nos anunció Rajoy, como excelente y definitiva para la solución a los problemas de la fluidez del dinero a la economía por parte de la banca, denostando la que anteriormente había realizado el Gobierno anterior en no lejanas fechas, se constata que todo  igualmente ha resultado fallido ¿Otra vez la herencia recibida por el Gobierno del PP de la reforma del sistema financiero que este mismo Gobierno del PP ha llevado a cabo en el reciente febrero? De Kafka.

También estos “liberales” de la no intervención del Estado, pero que van a meter dinero público de todos para salvar la banca privada sin nacionalizarla, y con un dirigismo impropio de la ideología que pregonan, plantean en la reforma financiera que van a llevar a Consejo de Ministros del próximo viernes que las entidades finanancieras españolas deben fusionarse y reducirse a cuatro.

Aviados estamos los ususarios de sufrir en el futuro los abusos del sistema bancario oligopolista que se va a establecer, rompiendo la libre concurrencia en el sector, paradójicamente impuesta por los llamados “liberales” que nos gobiernan. También merecedores de un juzgado de guardia por los organismos que deben de velar por la libre competencia y por las asociaciones de consumidores, salvaguardas del interés general de la clientela de los bancos.

Al ritmo que se va, la palabra de un político, por la práctica que está demostrando el PP, va a merecer la misma credibilidad que la de una prostituta que al cabo de veinte años del ejercicio de su oficio se confiesa que es virgen.

Volviendo al affaire Bankia y a lo escandalosamente ocurrido con otras entidades, como la CAM valenciana o determinadas cajas de ahorros en Galicia, Cataluña o la propia exCajasur cordobesa de los obispos católicos y apostólicos de la iglesia “de los pobres”, ¿se va a librar todo este mundo que es de este mundo de la responsabilidad judicial para irse con “el calentito” en sus bolsillos y pasando de todo, “de rosistas”? ¿Hasta dónde y cuándo va a llegar nuestra paciencia?

Esta mañana, al enterarse un amigo, hasta entonces lo tenía por moderado, sobre lo que estaba aconteciendo con Bankia, se quedó helado, para a continuación dirigirse a mi para decirme: “Ignacio, España necesita ya, cuanto antes, una pasada a “la islandesa”, que ponga fin a la mentirosa clase política que nos gobierna, y también al indecente, insaciable y vomitivo sistema financiero que tenemos, tan putrefacto, de cara a que se nacionalice cuanto antes y sirva a partir de entonces al interés general”.

De esa literalidad, tomé nota, y así lo traslado.

PD: Ante la carencia de los más elementales principios de la ética política que está demostrando el Gobierno Rajoy de las mentiras, me sumo a la iniciativa de los sindicatos para pedir un referéndum de cara a su reprobación.

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