SOBRE EL MAL LLAMADO DEBATE (07.11.2011)

Posted on noviembre 8, 2011

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Más pena que gloria. Poco nivel para gestionar la profunda crisis que tenemos encima. Además, ambos faltos de reflejos. Rubalcaba más agresivo como si fuera el aspirante a presidente del Gobierno y Rajoy con la soflama que le acompaña como defendiendo para una nueva legislatura esa Presidencia.

Creía, aunque poco influyera en el cambio del voto para el 20-N, que Rubalcaba le derrotaría ampliamente. Y no es porque Rajoy haya estado bien, sino como siempre: Torpe, leyendo y tan insípido como resulta. Simplemente se ha debido a que Rubalcaba en todo momento ha sido consciente en bastantes ocasiones a lo largo del “debate”, que lo ha tenido inseguro y a veces hasta impacientemente nervioso, de su dificultad para salir airoso de este trance por haber estado en el Gobierno que está gestionando la crisis. Asimismo, porque carece de la claridad y frecura que significaría tener un nítido modelo económico y laboral alternativo a Rajoy que no pase por: tanto monta monta tanto, Sarko-Merkel que Merkel-Sarko.

En este sentido, ni una sola palabra sobre el modelo económico que vaya a crear empleo. Por el contrario, más interés en hablar de gestionar el desempleo. Nada de innovación e I+D+I para las pymes y demasiado tiempo para charlar sobre sus convenios colectivos del siglo XIX. Demasiado tiempo para las Diputaciones y casi nada para Europa, cuando cada día dependemos más de sus políticas y tomas de decisiones. Aquí la debilidad de ambos ha sido más que preocupante. Sólo esa propuesta de Rubalcaba, como canto al sol y tomada del defenestrado Jordi Sevilla, de retrasar dos años el cumplimiento del déficit, si no viene acompañada de una modificación del actual estatus del Banco Central Europeo y de una política fiscal única, haría insoportable la reacción de los mercados con aumentos de las primas de riesgos de los países más entrampados incrementando a su vez la deuda soberana. Por lo demás a resaltar, bien poco, quizás que Rubalcaba haya perdonado a Rajoy al final en el bloque de libertades cuando lo tenía cogido por los cataplines y encerrado en el armario. También han hablado los dos más de competencias autonómicas que de las estatales que tienen que gestionar.

Y por descontado: nada de regeneración y renovación de la política y de la clase política. Nada de reformar la ley electoral. Nada de salarios e incompatibilidades de los políticos. Nada de soluciones a las tremendas desigualdades sociales que se incrementan entre nuestra ciudadanía cada día que pasa. Nada de banqueros con sus bonus e indemnizaciones. Y menos aún de cómo perseguir y eliminar la corrupción en la política empezando cada uno por sus respectivos partidos. Ni los términos: “ética política”, “principios”, “valores”… han aparecido en los monólogos. Los dos tenían bastante que guardar.

Claro que el formato encorsetado, que consta como denunciado en el comentario que a continuación expongo, sólo permitía que hablaran y se liaran con los temas y contenidos que les iban a interesar a ellos y previamente ensayados. No a las preguntas cuyas respuestas acercarían a lo que a la sociedad les inquieta y desea conocer de los candidatos en estos momentos, y tampoco a lo que podrían interrogar expertos o la propia prensa.

Insisto: poco nivel para decir que contamos con dos pedazos de estadistas, independientemente que a unos les haya gustado más Rubalcaba que Rajoy o viceversa, que hayan abierto esta noche ventanas de esperanzas para el futuro.

No saben, no contestan sobre cómo salir de este atolladero.

¿POR QUÉ LE LLAMAN DEBATE SI NO LO ES?

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? es una película española que dirigió Manuel Gómez Pereira

¿Por qué lo llaman debate cuando quieren decir monólogos?, no es ninguna película española ni ha sido dirigida por Manuel Campo Vidal, sino que así han sido pactados los predicamentos unilaterales ofrecidos en versiones de Rajoy y Rubalcaba, y porque el presentador es limitado a ser un ente pasivo en esta ausencia de morbo para tan solo cronometrar y dar paso a los bloques temarios de igual manera férreamente acordados.

¿Por qué esa preocupación precipitada en haber modificado el pasado mes de enero, por un pacto PSOE-PP, con nocturnidad y alevosía, la ley electoral para dar mayores controles y poderes de cara a apuntalar el bipartidismo en nuestro país y no se preocuparon de hacer obligatorios, al menos tres, los debates parlamentarios con participación como interpelantes de prestigiados profesionales de la comunicación o de las universidades que preguntaran libremente a los presidenciables, sin cortapisas y temas previamente pactados, sobre lo que consideraran oportuno y que esa metodología fuera extensible a los candidatos que encabezan las circunscripciones electorales para que nos diéramos cuenta si votamos a vacas locas o paracaidistas recién aterrizadas?

¿Por qué son malos tiempos para la profundización de la democracia y fomentar la participación ciudadana y en cambio son buenos momentos para hacer todo lo contrario de cara, dicen, a calmar a los insaciables mercados?

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