ASI QUE PASEN 20 AÑOS (Mi Tribuna en el Diario “Málaga Hoy”, de 27.06.2011)

Posted on julio 18, 2011

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Tras la derrota descomunal que el PSOE ha sufrido, particularmente en la provincia y capital malacitana, se hacía necesario analizar las causas, más allá de la denostada crisis económica a la que se le quiere achacar todo, y a la vez porque no puede dimitir. A ello responde la Tribuna que el pasado día 27 de junio publiqué en el diario Málaga Hoy.

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Así que pasen 20 años

 Ignacio Trillo, exmilitante del PSOE | Diario Málaga Hoy 27.06.2011

FEDERICO García Lorca solía manifestar que el teatro precisa que a los actores que aparezcan en escena se les vean los huesos, la sangre que les corre y la tragedia de sus vidas. Así que pasen cinco años es una obra dramática del genio granaino del 27, de soplo surrealista, lirismo radiante, sutil y chispeante. Aquí, los personajes acaban sin luz, sin energía, no hay mañana para ellos; han sido reducidos a casi sombras que deambulan hacia lo único que les es dado experimentar ya: su desaparición.
 
Me sirve este prólogo como remedo de lo que le sucede a la dirección del PSOE de Málaga tras el batacazo electoral del 22-M, pero cuyo inicio de declive no le surge en los últimos cinco años, cuando el mal se le agrava hasta hacerse terminal, sino hace dos décadas. Entre esos 20 años, dos crisis económicas, y trece largas añadas del boom económico sustentadas sobre los frágiles pies de barro del ladrillo -que tanto denuncié y que ni caso me hicieron- acompañaron, no como causa única, a convulsionar el mapa malacitano, pasando del rojo rosal socialista que de forma hegemónica cubría más de su 90%, hasta hacerse, por igual, pero de tono azulado chillón PP.
 
Sin embargo, ¿tanto cambió la sociología de nuestra tierra para que se produzca ese vuelco en las urnas tan opuesto y simétrico en sólo dos décadas? Está claro que aunque 20 años no sean nada en la historia de Málaga, el salto acontecido queda manifiesto. Pero la crisis no ha sido el único motivo del descalabro del PSOE, aunque se atrincheren sus cabecillas para eludir ceses. En cambio, esta derrota socialista, ya anunciada, sí es debida a otras crisis: de identidad, de valores y de proyecto. Aquí en Málaga, además, adquiere tintes específicos muy alarmantes: 18 puntos frente a los 5 que el PP saca al PSOE como media de las otras siete provincias andaluzas.
 
Abundando, si preguntamos a los malagueños cómo se posicionan entre los dos extremos políticos, de 1 a 10, apreciaremos que, desde 1991 al 2011, han permanecido casi invariables, con leve zigzag, definiéndose en una media que va del 6 al 7. Dicho en el lenguaje político: de centro izquierda. Este hecho no resulta en la mayoría de Andalucía. Por tanto, menos es explicable que, elección tras elección fuera percibiéndose ese trasvase de apoyos del PSOE al PP que en este 22-M ha sido demoledor; saltándose incluso el umbral del interior de nuestra provincia, hasta ahora infranqueable para los populares. Pero si eso se venía indicando, ¿por qué el PSOE no ponía remedio? ¿O es que el PP lo hacía de manual de excelencia? El naufragio del PSOE malagueño es más atribuible a deméritos propios que al exultante acierto del PP, sin que le niegue a éste su parte.
 
El PP ha sabido transmitir en Málaga solidez y confianza, una interesada imagen de partido no instalado en esa derechona dura y extrema que pulula por España. Con una efigie de equipo, equilibrado intergeneracional y espacial, cohesionado en su unidad interna, sin irradiar su logro a base de despotismo. Ligado al progreso y al futuro al copar lo urbano donde más posibilidades hay de trabajo y formación. Que lidia, y aísla, los perversos casos de corrupción que se le presentan y a los que el electorado de forma incomprensible perdona…
 
Por contra, la última carga que proyecta el PSOE malagueño no puede ser más negativa, con muchos elementos de lo denunciado ahora por el 15-M que los viciaron en la postrera década. Partido que, a pesar de decirse de izquierda, ha ido tirando por la borda jirones de sus principios, ética, referentes morales y de buena gestión. Agotado, sin proyecto y sin saber reaccionar ni a adónde ir. Que lo mismo acoge en su seno el transfuguismo como justifica la imputación urbanística corruptiva, a la vez que confina lo que descifra como talento y que es su mejor nexo con la sociedad. Con una débil y bisoña dirección desmalagueñizada, dependiente de la centralidad transprovincial. Que usa obscenamente a las instituciones, en su confusión partido/administraciones públicas, no para el interés general sino como sindicato del empleo público de cara a sus enjuagues y redes clientelares, con repartos individuales de cargos con destino a la mediocridad, el bajo perfil y la adulación más vil: todo lo opuesto al conocimiento, la eficacia y la especialización.
 
Un partido donde la responsabilidad política y el rendimiento de cuentas no existen. Carente de liderazgos, de pensadores y de credibilidad. Con enormes problemas para gobernarse. La huida de los ocho primeros ediles de la lista de la capital originada antes del 22-M es una muestra. Hecho trozos entre sus clanes del poder por el poder, el debate democrático interno se percibe como imposible y la designación dedocrática su vocación ante la pavorosa alergia que le tiene a las primarias. Asentado sobre un enorme desequilibrio geográfico en su composición interna, a favor del interior frente a la periferia, con dejadez hacia los sectores sociales más dinámicos. Cimentado en un gran abismo entre sus veteranos militantes y esa prole de jóvenes inexpertos, revejidos y desideologizados, iracundamente ambiciosos, sin currículum y aislados socialmente, que, además, han tomado la política como una profesión para toda la vida.

Partido sin comunicación, que ha abandonado el tejido asociativo vecinal, cultural y sindical, enrocándose en sus conspirativas y siniestras agrupaciones ajenas al ideario socialista. Y donde la afiliación en estos 20 años se ha reducido en un 75%. Así no es de extrañar lo declarado en las urnas por el sufrido elector socialista: hasta aquí pesadamente os he portado, no hay más prórrogas si no os regeneráis. Y lo peor del caso es que siguen igual: anclados para su desaparición. Es la gran tragedia del PSOE de Málaga, como El gran teatro del mundo de Calderón.

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